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Re: { ♥ } NW: UN APUESTO CABALLERO, Cindy Gerard { ♥ }
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Publicado: 10-03-2008 11:55 PM
Anahi se agachó para recoger la rana. Estaba sonrojada y tenía un aspecto adorable.
Alfonso se quedó de pie en silencio, absorbiendo el delicioso aroma a helado de vainilla y a verano que la rodeaba, estudiando la raya que le separaba el pelo en dos mitades, considerando la posibilidad de acariciar aquellos mechones de seda que parecían el cabello de un bebé. La tentación era. tan fuerte que tuvo que meterse las manos en los bolsillos para no hundir los dedos en ellos.
Alfonso no lo comprendía. No comprendía por qué estaba tan fascinado por ella. No era lo que pudiera decirse una sirena, y sin embargo sentía cómo lo atraía. Debería sentirse aliviado por haber cumplido con su deber. La había dejado sana y salva en la puerta de su casa. Era libre de marcharse. Por eso no entendió por qué cuando ella puso boca abajo aquella estúpida rana, sacó una llave de un agujero que tenía en el vientre y abrió la puerta de su casa, sintió una oleada de ternura que hizo saltar las sirenas de alarma de su cerebro.
No debería importarle tanto que aquella mujer sufriera el acoso de un ex novio pendenciero. Ni debería importarle tanto que guardara la llave de su casa dentro de una rana y probablemente lo considerara un lugar seguro.
No debería importarle tanto que, a primera vista, la hubiera encontrado una mujer vulgar.
Pero le importaba.
Porque ella estaba tan lejos de la vulgaridad como un paseo por los fondos marinos del arrecife de coral de las islas Micronesias. Tan lejos de la vulgaridad como la orquídea que Alfonso había tenido el placer de ver al natural en las montañas de Abisko, al norte de Laponia.
Muy lejos de la vulgaridad.
Y al mismo tiempo, muy lejos también de la sofisticación. No era glamorosa. No sabía ir por el mundo. De hecho, probablemente necesitaría un guardaespaldas.
Y él debería marcharse de allí antes de cometer alguna estupidez como ofrecerse voluntario.
Pero en lugar de despedirse deprisa, Alfonso sacudió la cabeza y dejó escapar un profundo suspiro. Luego le quitó la llave de las manos agarrotadas, la insertó en la cerradura y le abrió la puerta. Una oleada de aire caliente salió del interior de la casa y saludó a la brisa fresca del exterior.
Anahi estaba a punto de volver a darle las gracias cuando él colocó una mano en el umbral de la puerta por encima de su cabeza y clavó la mirada en aquel rostro que le recordaba al de un bebé búho tierno y pequeño que estaba aprendiendo a volar.
-¿Te pongo muy nerviosa, Anahi? -le preguntó con un mohín en los labios.
-¿En una escala de uno a diez? -preguntó ella a su vez, mirándolo un instante antes de desviar de nuevo la mirada-. Veinticinco, más o menos.
-¿Es por culpa de ese Jason? -dijo Alfonso en-tornando los ojos ante aquel pensamiento negativo-. ¿Porque temes que pueda ser como él?
-No, por supuesto que no. Tú nunca podrías ser como Jason Collins -lo tranquilizó Anahi-.No se trata de eso en absoluto.
-Entonces, ¿es porque no me conoces?
-Justo lo contrario -respondió ella con un sonido parecido a un gruñido-. Porque te conozco. Al menos sé quién eres.
Anahi alzó la mano para volver a llevársela al pelo por enésima vez, pero Alfonso se la cazó al vuelo. Ella tenía la mano grácil y ligeramente temblorosa. Alfonso volvió a sentir una oleada de ternura, y la soltó con mucha más reluctancia de la que hubiera sido necesaria.
-Ya sé que no es muy sofisticado admitirlo –se explicó Anahi, todavía aturdida por el con-tacto-, pero no sé muy bien cómo actuar al lado de un hombre como tú. No sé qué decir. No sé que hacer... con los ojos, ni con las manos.
Anahi se detuvo y levantó una mano en gesto de impotencia, mirando a todas partes menos a él.




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Publicado: 10-03-2008 11:59 PM
Alfonso pensó con cierto cinismo que la mayoría de las mujeres sí sabían cómo actuar. Al menos las que se acercaban a él. Tal vez esa era la razón por la que encontraba a aquella mujer tan intrigante. Era un cambio refrescante en comparación con las mujeres que generalmente trataba de evitar cuando regresaba a Boston. Por norma general, las damas de Beacon Hill lo buscaban porque tenía dinero, o porque ellas tenían dinero y buscaban un igual. Algunas querían cazarlo, otras domarlo, otras, sencillamente, ser vistas a su lado. Y otras, por alguna extraña y enfermiza razón, querían que él las utilizara. Era evidente que Alfonso representaba para ellas la personificación de la aventura.
-Te contaré un secreto -susurró inclinándose hacia ella como si temiera que alguien los escuchara-. Cuando era pequeño me dejaba por la noche la luz encendida.
Anahi soltó una leve carcajada repleta de sonidos de seda, calentando en el interior de Alfonso rincones a los que nunca había llegado el sol de Bora Bora. La sonrisa de Anahi era relajada. Y divertida. Y maravillosa, igual que el brillo que desprendían sus ojos. De pronto, la palabra excitación adquiría un significado completamente nuevo.
-Lo que quiero decirte es que no somos tan diferentes. Excepto que tú eres una mujer y yo un hombre, por supuesto -aclaró con una mueca-. Y, por cierto, ahora pareces mucho más relajada.
-Lo estoy. Gracias.
De acuerdo. Misión cumplida. Ya podía marcharse. Eso sería lo que haría un hombre inteligente.
Pero evidentemente, él no lo era.
¿Lo había hecho de verdad?, se preguntó Alfonso para sus adentros más tarde. ¿Le había dicho de verdad: «Qué te parece si me lo agradeces con algo de beber antes de ponerme en camino?»
Estaba claro que lo había dicho, porque lo siguiente que supo fue que Anahi había vuelto a sonrojarse.
-Claro, por supuesto. Lo sien... Tendría que habértelo ofrecido antes -se corrigió ella-.Tengo té y... déjame pensar... té -concluyó tras dudar un segundo.
-¿Té helado?
Ella asintió con la cabeza.
-Me vale.
Y le valía. Anahi lo invitó a entrar con un gesto de la mano. Le valía perfectamente aunque todavía no tuviera ni la más mínima idea de por qué.
Aquello no iba con él. Ella no era su tipo. Alfonso se acercó a la ventana en la que estaba el gato mientras Anahi desaparecía en lo que probablemente sería la cocina. Intentó hacerle una carantoña, pero el felino levantó la cola en gesto defensivo.
Alfonso optó por dejarlo tranquilo y dedicarse a espiar el nido de su pequeño búho.
¿Su pequeño búho?
Sacudió la cabeza para arrancarse aquella estúpida idea y miró a su alrededor. El salón era pequeño pero primorosamente decorado en tonos plateados y verdes. Las paredes estaban pintadas en color crema, y el suelo era de madera pulida, cubierto por una alfombra de flores que combinaba con el tono de los muebles y las cortinas.
El efecto era de lo más femenino y al mismo tiempo muy cómodo. Un tanto cursi para el gusto de Alfonso, pero cálido y acogedor. Para su propia sorpresa, le gustaba.
Se trataba también de un ambiente muy romántico. Se preguntó si ella también lo sería. ¿Escondería Anahi Puente una romántica oculta bajo su ropa funcional y aquel corte de pelo absurdo? Eso explicaría el aire soñador que había vislumbrado en su rostro bajo las luces de la calle mientras iban en el coche.
«Hacia el castillo.»
Aquellas palabras le habían hecho sonreír. Ahora las entendía. Y las entendió mejor todavía cuando cruzó la estancia para inspeccionar el contenido de su librería, rebosante de ejemplares. Sacó un libro de su lugar y volvió a sonreír.
A juzgar por la cubierta, se trataba sin duda de una novela de amor, al parecer perteneciente a una serie que giraba en torno a un poderoso caballero y una doncella. Alfonso volvió a dejarlo en su sitio y descubrió otros títulos parecidos, además de una gran colección de novela romántica contemporánea y varios clásicos como Cumbres borrascosas, Camelot y Romeo y Julieta.
Sintió una nueva oleada de ternura por aquella mujer que se tomaba un helado de vainilla sola el viernes por la noche, una velada tradicionalmente cultural en Bostón. Al menos así solía ser antes de que Alfonso metiera un par de cosas en la mochila y se marchara a recorrer mundo ocho años atrás.




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Publicado: 10-04-2008 12:05 AM
Alfonso transformó su gesto de desagrado en una sonrisa cuando la vio aparecer en el umbral con un vaso alto de té helado en cada mano.
-Vaya, gracias -dijo él apurando medio vaso de un trago-. Qué gusto. Es bonita tu casa -aseguró haciendo un gesto circular con la mano-. Muy bonita.
Anahi trató de disimular el orgullo que le provocaban sus elogios bajo una sonrisa tímida.
-Sólo me faltan veinticinco años de hipoteca mensual y será mía. Toda mía. Incluidas las cañerías rotas y la pintura desconchada.
Alfonso se dio cuenta entonces de qué tenía aquella mujer que tanto lo cautivaba, aparte del hecho de que era bonita, refrescante y tan tentadora como el helado de vainilla que había provocado que se conocieran.
Anahi Puente era una persona real. No podía ser otra cosa. Sus nervios anteriores y las sonrisas de ahora eran tan auténticos como su corazón. Aquello era una novedad en el mundo de Alfonso, donde la mayoría de las mujeres luchaba por hacerse con una posición o querían sacar algo de él. Anahi ni siquiera había querido que la llevara a casa.
Ella cruzó la estancia hacia la ventana en la que el gato esperaba con ojos vigilantes. Anahi lo saludó rascándole la cabeza y pasándole la mano amorosamente por el lomo. El animal se arqueó ante su contacto, y Alfonso estuvo a punto de gemir al imaginarse que era él mismo quien recibía aquella caricia de seda que no sólo era encantadora sino también inconscientemente sensual.
Aquello sí que era una novedad. Estaba celoso de un maldito gato. Celoso. De un gato. Decidió no pensar en ello para no sentirse a la altura del betún.
-¿Es un gato guardián? -preguntó para alejar de sí la imagen de su mano acariciando al felino.
-El guardián del reino -respondió Anahi con una sonrisa.
Estaba empezando a sonreír con más facilidad, y Alfonso se temió que, igual que ocurría con las patatas fritas, no iba a conformarse con sólo una.
-También es el que lleva la batuta. Arthur ha puesto las reglas y yo las he cumplido a rajatabla desde el día que lo traje a casa hace ya tres años.
-Un gato con suerte -dijo Alfonso antes de levantar la vista y verla de nuevo acariciando al animal.
Él se aclaró la garganta sin apartar la vista de la escena.
Anahi retiró la mano al instante con las mejillas sonrojadas.
-Eh... por favor, siéntate -le pidió, señalándole una de las sillas-. Normalmente no suelo ser tan desconsiderada.
Y normalmente él no se distraía con tanta facilidad con unos ojos soñadores y una cara bonita que se hacía más bonita a cada minuto que pasaba. Había llegado el momento de hacer uso del sentido común.
-La verdad es que tengo que marcharme -aseguró sintiéndose como un buitre al observar en su rostro un gesto de desilusión.
«Anahi, Anahi», pensó Alfonso para sus adentros luchando contra otra oleada de ternura, «eres demasiado clara, demasiado vulnerable». No había ninguna duda de por qué constituía el blanco perfecto para un indeseable como Jason Collins.
-Hazme un favor, ¿quieres? -le pidió Alfonso tras beberse de un trago lo que le quedaba de té para disimular su turbación-. Búscate otro sitio para guardar la llave de tu casa que no sea la rana. Y pon cerraduras decentes en las puertas, ¿de acuerdo? Necesitas una alarma -aseguró dirigiéndose con decisión hacia la puerta-. Mejor aún: llama a una empresa para que te instalen aquí un sistema completo de seguridad.
Anahi dejó su vaso de té, todavía intacto, sobre una mesita auxiliar y se puso en pie, limpiándose las palmas de las manos en los pantalones.
-Estoy bien, de verdad. Pero gracias por preocuparte.
-Ese tipo es un problema, Anahi –aseguró Alfonso frunciendo el ceño cuando ella llegó a la puerta-. No se dará por vencido. Conozco a los de su clase. Has herido su orgullo, su ego. Dime la verdad. Esta no es la primera vez que te ataca, ¿verdad?
Alfonso notó que ella hacía esfuerzos para negarlo, pero supo que era demasiado sincera como para mentir.
-Me ha llamado en medio de la noche alguna que otra vez, y me ha molestado en el trabajo. Pero nunca se había acercado a mí como... bueno, como esta noche.
-Lo que demuestra que seguirá intentándolo -aseguró él exhalando un suspiro-. Supongo que nunca has dado clases de defensa personal, ¿verdad?
Anahi pareció encontrar aquella pregunta muy divertida.
-¿Qué te hace tanta gracia? -preguntó Alfonso ladeando la cabeza.
-En mi mundo y en mi trabajo no sale nunca el tema de la defensa personal. Soy bibliotecaria. Lo nuestro es clasificar libros, no el kárate.
Por supuesto. La hermosa, tímida y pequeña Anahi era bibliotecaria. No podía ser de otra manera.




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Publicado: 10-04-2008 12:06 AM
-Bibliotecaria -repitió él con una sonrisa.
Anahi trató de leer en su expresión si iba a burlarse de su profesión.
-De la biblioteca pública de Bostón –añadió un tanto a la defensiva-. Sección infantil -concluyó relajándose un tanto al darse cuenta de que a Alfonso le gustaba la idea.
-¿Y cómo es que no había bibliotecarias como tú cuando yo revisaba los ejemplares del National Geographic en octavo curso? -preguntó acercándose a ella de manera casi inconsciente-Nunca se me ocurrió pensar que encontraría fotos de mujeres con los pechos desnudos entre los artículos. Imagínate mi estupor al verlos en una revista, y en otra, y en otra...
-Lo imagino -repitió Anahi con una sonrisa tímida.
Alfonso estaba poniéndola nerviosa otra vez. Pero no eran unos nervios incómodos. Eran unos nervios de emoción que le tintaban las mejillas de rosa. A él le gusto su reacción. Tal vez le gustó demasiado.
-¿Fueron esas revistas las que te llevaron a embarcarte en las aventuras que tan famoso te han hecho? -le preguntó Anahi.
Alfonso le había puesto las manos sobre los hombros. Eran frágiles y menudos. No había sido una decisión consciente colocarle las palmas allí. Como tampoco lo había sido atraerla hacia sí. Pero era plenamente consciente de que los ojos de Anahi se habían suavizado en un tono caramelo y lo miraban con una extraña mezcla de rechazo y deseo.
-Totalmente. Yo iba buscando el conocimiento y...
La mirada de Alfonso resbaló por su boca y luego más abajo, hacia los suaves montículos de sus pechos que subían y bajaban bajo su top de algodón. Sus pequeños pezones en forma de botón se le marcaban bajo la tela, a escasos centímetros del pecho de Alfonso.
-¿Y qué más? -susurró ella-, ¿Inspiración?
-Inspiración. Sí, eso es —respondió Alfonso alzando la mano y recorriéndole la mejilla con los dedos-. Y déjame decirte que en estos momentos estoy totalmente inspirado.
-Oh...
Bajo los cristales de las gafas, las larguísimas pestañas de Anahi se inclinaron seductoramente. En muda invitación.
Aquello era un error.
Pero a Alfonso no le pareció tal mientras inclinaba la cabeza, aunque la palabra resonara en un rincón de su mente. Lo que a él le parecía era que rozaba el cielo al estar tan cerca de ella, al reclamar el beso con el que había fantaseado desde que Anahi se dio la vuelta con su helado y lo cegó con una sonrisa.
Alfonso le rozó primero las comisuras con los labios en un lado, y luego en el otro, mostrándole sus intenciones, dándole a su pajarito la oportunidad de salir volando.
Pero ella no salió volando. Ni siquiera levantó un ala. Y antes de que cambiara de opinión, Alfonso alineó la boca con la suya y la besó con todas sus ganas.
Le volvió a la cabeza la palabra «sincera» mientras se hundía en la lujuriosa calidez del sabor de Anahi. Su respuesta era completamente sincera. Todo lo que ella era se dejó traslucir en sus besos: Inocencia, candor y bondad.
La boca le sabía a vainilla, más deliciosa que el más dulce de los helados. Tenía los labios tan suaves como los pétalos de una rosa de verano. Alfonso deslizó las manos por sus brazos y se los sujetó. Anahi dejó escapar un hondo suspiro en el que se mezclaban la indecisión y la inquietud. Y cuando le pidió que se abriera para él con un suave mordisco en el labio inferior, ella dudo sólo una décima de segundo antes de permitirle el acceso.
La ternura que sentía por Anahi se transformó como el aire caliente en algo más intenso, más exigente. Calor. Deseo. Un deseo mucho más fuerte de lo que nunca había experimentado jamás se le abrió paso en el pecho antes de descender rápidamente hacia su entrepierna.
«Esto es demasiado», le advirtió la parte racional de su cerebro.
«No es suficiente», lo contradijo la otra mitad cuando las delicadas manos de Anahi comenzaron a trepar sensualmente por su espalda.
Cielo Santo. Alfonso se obligó a sí mismo a levantar la cabeza y romper el contacto, pero se vio obligado a retomarlo cuando aquellos ojos soñadores de ámbar y aquellos labios hinchados de deseo le pidieron más.
Problema.
Tenía un problema. Y se estaba hundiendo cada vez más en él.
Hacía ya tiempo que debería haberse marchado. Con una fuerza de voluntad hasta el momento desconocida para él, Alfonso dejó de besarla. La sujetó por los hombros para mantener ambos el equilibrio, echó la cabeza hacia atrás y aspiró con fuerza el aire. Transcurrió un largo momento durante el que estuvo tentado de regresar al campo de minas, pero supo recobrarse, y recobrar de paso la voz.




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Publicado: 10-04-2008 12:07 AM
Le sorprendió la pasión que reflejaba su tono de voz, pero decidió pasarlo por alto para terminar con aquello antes de llegar más lejos.
Porque ir más allá de unos besos estaba fuera de lugar. Para Alfonso, por supuesto, y para ella sin ninguna duda. Anahi Puente se merecía diez veces más de lo que él podría ofrecerle.
-Bueno... -repitió esbozando una sonrisa como la que le hubiera dedicado a una tía solterona-. Esto sí que es auténtica inspiración.
Anahi no contestó. Tenía los ojos cerrados y parecía mareada mientras se balanceaba suavemente para tratar de mantener el equilibrio.
-Escucha, Anahi, yo...
-Espera -lo interrumpió ella abriendo los ojos de golpe-. Creo que conozco lo que sigue. Es muy tarde y tienes que marcharte, ¿verdad? Y yo tengo que trabajar mañana, así que es el momento de despedirse. No pasa nada. De verdad.
No había duda de que Anahi le estaba facilitando las cosas. Entonces, ¿por qué se sentía él tan mal?
Porque la boca de ella era tan tentadora como el pecado original. Porque sus ojos eran un susurro suave detrás del cual se adivinaban cientos de emociones, entre ellas el arrepentimiento.
-Estarás bien, ¿verdad?
Anahi asintió dos veces con la cabeza.
-Y vas a...
-... A cambiar las cerraduras -intervino ella forzando una leve sonrisa- Sí, ya veré lo que hago.
-Muy bien -dijo Alfonso apretando el picaporte de la puerta con la mano-. Me ha encantado conocerte.
-Sí -respondió Anahi asintiendo de nuevo levemente-. A mí también. Quiero decir, que también me ha gustado conocerte a ti.
Alfonso la miró a la cara durante un largo instante antes de abrir por completo la puerta y salir. Al final del sendero se giró de nuevo, estudió aquel rostro tan increíble que no volvería a ver jamás y tragó saliva para deshacer el nudo que se le había formado en la boca del estómago.
-Adiós, Anahi.
-Adiós -respondió ella apretando la cara contra el quicio de la puerta.
-Cuídate, ¿de acuerdo?
-Lo haré. Gracias de nuevo por tu ayuda.
Y cerró la puerta.
Mientras caminaba hacia su coche, Alfonso pensó que aquello era el final de la historia. Se quedó sentado tras el volante durante un buen rato sin encender el motor. Y cuando por fin metió la marcha atrás para salir de la entrada de su casa, experimentó la incómoda sensación de estar cometiendo un tremendo error marchándose de la vida de Anahi.
-¿Un error para quién, Herrera? -se preguntó en voz alta mientras esperaba a que el semáforo se pusiera en verde.
Aquella era la cuestión. Alfonso no tenía ninguna duda de que aquello era lo correcto para Anahi. A excepción de Collins, ella llevaba una vida normal y tranquila. No le hacía falta que llegara él para llenársela de agujeros. Porque eso sería lo que ocurriría. Cuando Alfonso se marchara -porque siempre se marchaba-, la dejaría peor de como la encontró. Así que no quería empezar algo que no podría terminar sin hacerle daño.
No era un engreído, pero tampoco estaba ciego. Había sentido el modo en que Anahi había reaccionado a su contacto. Le habría resultado muy fácil llevársela a la cama. Pero Anahi era demasiado dulce, demasiado verdadera y demasiado buena para que la amaran y luego a la mañana siguiente la dejaran.
Así que aquello era lo mejor para ella.
Pero por primera vez en su vida Alfonso se preguntó si dejar a una mujer, a aquella mujer, era lo mejor para él.




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Publicado: 10-04-2008 12:27 AM




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Publicado: 10-04-2008 01:13 AM
Re: { ♥ } NW: UN APUESTO CABALLERO, Cindy Gerard { ♥ }
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Publicado: 10-04-2008 06:56 AM
Siguelaaa!

Re: { ♥ } NW: UN APUESTO CABALLERO, Cindy Gerard { ♥ }
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Publicado: 10-04-2008 08:05 AM
Escrito por gatatraumada:Siguelaaa!


Re: { ♥ } NW: UN APUESTO CABALLERO, Cindy Gerard { ♥ }
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Publicado: 10-04-2008 09:36 AM
Si eso fuera en la vida real y Anhi por eso se junto con rodrigo, por k las cosas no pueden ser como las historias de los libros o en la historias k crean
Siguela Porfa!!!!!!!!!!!!!!!
No quermos k la magia acabe!!!!!!!!!!!
Mi mundo gira alrededor de esa magia
La magia no se perdera!!!!!!!!


