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Miembro - Platino Brillante
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bamras

♥♂◘ EL HOMBRE PERFECTO♥♂◘ CAPITULO 5

◘♂Capítulo 5♂◘

 

El sábado por la mañana amaneció temprano y luminoso..., dema­siado luminoso, y demasiado temprano, diablos. Bubú despertó a Anahí a las seis maullándole al oído.



—Vete —murmuró ella al tiempo que se tapaba la cabeza con la almohada.

Bubú maulló de nuevo y golpeó la almohada con la pata. Anahí captó el mensaje: o se levantaba, o el gato iba a sacar las uñas. Apartó a almohada hacia un lado y se sentó en la cama mirando al minino.



—Eres muy malo, ¿sabes? No pudiste hacer esto mismo ayer por la mañana, ¿verdad? No, tienes que esperar hasta que yo tenga el día abre y no tenga que madrugar.



El gato permaneció impasible ante aquella regañina. Era algo tí­pico de los gatos; hasta el más sucio y desaliñado de ellos estaba convencido de su innata superioridad. Anahí lo rascó por detrás de las orejas y un grave ronroneo se extendió por todo su cuerpo. Sus ojos amarillos y oblicuos se cerraron de placer.



—Ya verás —le dijo—. Voy a convertirte en un adicto a esta cos­tumbre de rascarte y después voy a dejar de hacerlo. Vas a sufrir síndrome de abstinencia, amigo.



Él bajó de la cama de un salto y se dirigió hacia la puerta abierta del dormitorio. Al llegar se detuvo un momento para mirar atrás, como si quisiera asegurarse de que Anahí en efecto se había levantado.



Anahí bostezó y apartó los cobertores. Por lo menos, no la molestó el ruidoso coche del vecino durante la noche, y además había bajado la persiana para que no entrase la luz del día, de modo que había dormi­do profundamente hasta el toque de diana de Bubú. Levantó la per­siana y atisbo por entre los visillos para observar el camino de entrada que discurría al lado del suyo.

 

Allí estaba el destrozado Pontiac ma­rrón. Eso quería decir que o bien estaba agotada y había dormido como un lirón, o bien el vecino se había comprado un silenciador. De­cidió que lo del agotamiento y el lirón era más probable que el silen­ciador recién comprado.



Era obvio que Bubú opinaba que estaba perdiendo tiempo, por­que le lanzó un maullido de advertencia. Suspirando, Anahí se retiró el pelo de la cara y fue hacia la cocina a trompicones. «Trompicones» era la palabra adecuada, porque Bubú la ayudó a avanzar de aquel modo metiéndose entre sus tobillos a cada paso.

 

Necesitaba desesperada­mente un café, pero sabía por experiencia que el gato no la dejaría en paz hasta que le diera de comer. Abrió una lata de comida, la vertió en un cuenco y la depositó en el suelo. Mientras el gato estaba ocupado, dejó preparada una cafetera y se dirigió hacia la ducha.



Se quitó la ropa que usaba para dormir en verano, consistente en una camiseta y unas bragas —en el invierno sumaba a aquello unos calcetines—, se metió debajo del chorro caliente de la ducha y dejó que éste la despertara del todo. Algunas personas eran aves madruga­doras; otras eran búhos nocturnos. Anahí no era ninguna de las dos co­sas.

 

No funcionaba bien hasta haber tomado una ducha y una taza de café, y de noche le gustaba estar en la cama a las diez como muy tar­de. Bubú estaba alterando el orden natural de las cosas con sus exi­gencias de que le diera de comer antes de hacer ninguna otra cosa. ¿Cómo había podido su madre hacerle esto a ella?

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bamras

♥♂◘ EL HOMBRE PERFECTO♥♂◘ CAPITULO 5

—Sólo quedan cuatro semanas y seis días —musitó para sí. ¿Quién hubiera pensado que un gato que normalmente era tan cariñoso iba a convertirse en semejante tirano cuando no estaba en su entorno ha­bitual?



Después de una larga ducha y dos tazas de café, sus sinapsis cere­brales empezaron a conectarse y comenzó a recordar todas las cosas que tenía que hacer. Comprarle al tipejo de al lado un cubo de la ba­sura nuevo... OK. Hacer la compra... OK. Hacer la colada... OK. Cortar el césped... OK.



Se sintió un poco emocionada por el último punto de la lista. Te­nía césped que cortar, ¡su propio césped! Desde que se fue de su casa había vivido en apartamentos, ninguno de los cuales incluía un jardín. Por lo general había un diminuto parche de hierba entre la acera y el edificio, pero era el servicio de mantenimiento el que siempre se en­cargaba de cortarlo.

 

Diablos... er... caramba, eran unos parches tan pequeños que podrían podarse incluso con unas tijeras.



Pero su nuevo hogar traía su propio césped incluido. Previendo ese momento, había invertido en una cortadora de césped nuevecita, modernísima y de propulsión automática, garantizada para que su hermano David se pusiera verde de envidia.

 

David tendría que com­prarse una cortadora tipo cochecito para superar la de ella, y como su césped no era en absoluto más grande, una cortadora tipo cochecito sería un regalo carísimo para su ego. Anahí se imaginó que su mujer Valerie intervendría antes de que él cometiera semejante estupidez.



Hoy llevaría a cabo su primer corte de césped. Apenas podía es­perar a sentir la potencia de aquel monstruo rojo vibrando en sus ma­nos mientras decapitaba todos aquellos tallos de hierba. Siempre se había sentido sumamente atraída por las máquinas rojas.



Pero lo primero es lo primero. Tenía que hacer una escapada al supermercado para comprar un cubo de la basura nuevo para el veci­no. Una promesa era una promesa, y Anahí siempre procuraba cumplir su palabra.



Un rápido cuenco de cereales más tarde, se puso unos vaqueros y una camiseta, se calzó un par de sandalias y se puso en camino.



¿Quién iba a pensar que iba a costar tanto encontrar un cubo de La basura metálico? El supermercado tenía sólo cubos de plástico. Se compró uno para sí misma, pero no creyó tener derecho a cambiar el tipo de cubo de la basura de su vecino. De allí fue a una tienda de ma­teriales para casa y jardín, pero tampoco consiguió nada. Si hubiera comprado ella el cubo metálico que tenía, sabría dónde encontrar otro, pero fue un regalo de su madre con motivo del estreno de la casa. Así era mamá, la reina de los regalos prácticos.



Para cuando por fin dio con un cubo de la basura metálico y gran­de, en una tienda de materiales de ferretería, eran las siete y la tem­peratura ya estaba pasando de ser calurosa a volverse incómoda. Si no segaba pronto la hierba, tendría que aguardar a que se pusiera el sol para que cediera un poco el calor. Decidió que la compra de comestibles podía esperar, encajó el cubo de la basura en el minúsculo asien­to trasero de su coche y enfiló hacia el sur por Van Dyke hasta llegar a Ten Mile Road, y allí giró a la derecha. Minutos más tarde entró en su calle y sonrió al ver las pulcras casas viejas que se alzaban a la som­bra de grandes árboles.

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bamras

♥♂◘ EL HOMBRE PERFECTO♥♂◘ CAPITULO 5

Varías casas lucían triciclos y bicicletas en los jardines de la entra­da. Estos vecindarios antiguos estaban siendo testigos de un influjo de parejas jóvenes que descubrían el precio razonable de aquellas casas envejecidas. En lugar de desintegrarse, las viviendas estaban siendo re­mozadas y reformadas; dentro de unos años se dispararían de nuevo los precios del mercado inmobiliario, pero por el momento aquella zona era precisamente la apropiada para personas que estaban empe­zando.



Al salir del coche, la vecina del otro lado de la casa se acercó has­ta la valla blanca de tablones puntiagudos, que llegaba a la altura de la cintura y separaba ambas propiedades.



—¡Buenos días! —saludó la señora Kulavich.



—Buenos días —contestó Anahí. Había conocido a aquella agra­dable pareja el día en que se instaló, y al día siguiente la señora Kula­vich le había llevado una gran fuente de estofado y unos fragantes bo­llos caseros. Si el tipejo del otro lado pudiera parecerse un poco a los Kulavich, Anahí habría estado en el séptimo cielo, aunque no era capaz de imaginárselo siquiera trayendo bollitos caseros.



Se acercó a la valla para charlar como buena vecina.



—Hace un día precioso, ¿verdad? —Gracias a Dios que hacía buen tiempo, porque de lo contrario el mundo estaría muy necesitado de conversación.



—Oh, hoy va a ser un día achicharrante. —La señora Kulavich le mostró una sonrisa abierta y blandió la paleta de jardinero que soste­nía en la mano enguantada—. Tengo que arreglar el jardín temprano, antes de que empiece a hacer demasiado calor.



—Lo mismo he pensado yo al ir a cortar el césped esta mañana. —Anahí se percató de que los demás tuvieron la misma idea. Ahora que se fijaba, oía el rumor de una cortadora de césped tres casas más allá y otra al otro lado de la calle.



—Buena idea. Procure no sofocarse demasiado; mi George siem­pre humedece una toalla y se la pone en el cuello cuando corta el cés­ped, aunque nuestros nietos lo ayudan y ya no lo hace tan a menudo como antes. —Le guiñó un ojo—. Yo creo que ahora enciende la vie­ja cortadora sólo porque le apetece hacer algo masculino.



Anahí sonrió, e iba a despedirse cuando se le ocurrió una idea, y se volvió hacia la anciana.



—Señora Kulavich, ¿conoce usted al hombre que vive al otro lado de mi casa? —¿Y si aquel tipejo le había mentido? ¿Y si no era policía? Casi se lo imaginaba riéndose a carcajadas a su costa, mientras ella pasaba de puntillas a su alrededor procurando ser simpática.



—¿Alfonso? Claro que sí. Lo conozco desde siempre. Ahí vivían sus abuelos, sabe. Era gente encantadora. Me alegré mucho de que Alfonso viniera a vivir a esa casa cuando su abuela falleció por fin el año pasa­do. Me siento mucho más segura teniendo un policía tan cerca. ¿Us­ted no?

Bueno, aquello tiraba por el suelo su teoría. Anahí logró esbozar una sonrisa.



—Sí, por supuesto.

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bamras

♥♂◘ EL HOMBRE PERFECTO♥♂◘ CAPITULO 5

Fue a decir algo acerca del extraño horario que tenía, pero vio cómo brillaban los ojos azules de la señora Kulavich y se mordió la lengua. Lo último que necesitaba era que su anciana vecina creyera que sentía interés por aquel tipo y menos que pudiera decírselo a él, ya que era obvio que había una buena relación entre ambos. Se ocupó de eso añadiendo:



—Creía que podía ser un traficante de drogas, o algo así.



La señora Kulavich pareció escandalizarse.



—¿Alfonso, un traficante de drogas? Dios mío. No, él jamás haría una cosa así.



—Es un alivio. —Anahí sonrió de nuevo—. Supongo que será me­jor que empiece a segar antes de que haga más calor.



—No olvide beber mucha agua —le aconsejó la señora Kulavich a su espalda.



—Así lo haré.



Bueno, maldición, pensó Anahí al tiempo que sacaba el cubo de la basura del asiento trasero. Así que el tipejo de al lado era policía; no había mentido. Adiós a su sueño de ver cómo se lo llevaban esposado.(ESTA NIÑA PIENSA COMO YO, LA ADORO, JAJAJA)



Depositó el cubo junto al porche de atrás de la casa y acto segui­do sacó del maletero el cubo de plástico que se había comprado para ella. Si no hubiera sido de plástico, no habría podido meterlo allí den­tro, pero el plástico se comprimía. Cuando abrió el maletero, el cubo saltó hacia ella como si estuviera vivo.

 

Lo colocó detrás de la pequeña barandilla de la cocina, justo para que no se viera desde la calle, y a continuación volvió a entrar en la casa y se puso rápidamente unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes. Aquél era el atuendo que usaban las mujeres de los barrios de las afueras para cortar el césped, ¿no? Entonces se acordó de sus vecinos ancianos y cambió la camise­ta sin tirantes por otra normal; no quería provocarles un infarto.(HUYYY CUIDADO ME LA DEJAN SIN EGO)



Experimentó una cierta emoción al abrir el candado de las puer­tas del garaje y penetrar en el interior. Rebuscó hasta dar con el inte­rruptor que encendía la única bombilla del techo. Allí estaba el orgu­llo de su padre, totalmente cubierto por una funda de loneta hecha a medida y forrada de fieltro para que no se rayara la pintura. Maldita sea, ojalá lo hubiera dejado en casa de David. El automóvil no supo­nía tanto problema como Bubú, pero la tenía mucho más preocupada.



El factor decisivo para dejarlo en casa de ella, pensó, era que su ga­raje tenía aún aquellas puertas dobles pasadas de moda en lugar de una moderna que se deslizara hacia arriba. A su padre lo preocupaba que se viera el coche desde la calle, y Anahí podía entrar en el garaje sin abrir las puertas más que los treinta centímetros que necesitaba para colarse ella misma, mientras que en el garaje doble de David se veía todo cada vez que se levantaba la puerta. A la primera oportunidad que se le pre­sentara, pondría una puerta automática.



Había tapado su cortadora nueva con una sábana para que no se llenase de polvo. Retiró la sábana y pasó la mano por el frío metal. Quizás aquel garaje tan poco tecnificado no fuera el factor decisivo para que ella cuidara del coche; quizá fuera porque ella era la única de sus hermanos que sentía el mismo entusiasmo por los coches que su padre.

 

Ella era la única que metía la nariz en el sedán que poseía la fa­milia para observar las misteriosas entrañas mecánicas mientras su pa­dre cambiaba el aceite y las bujías. Cuando tenía diez años, ya lo ayu­daba.

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Miembro - Platino Brillante
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bamras

♥♂◘ EL HOMBRE PERFECTO♥♂◘ CAPITULO 5

Cuando tuvo doce, se encargaba ella misma de la tarea. Durante un tiempo pensó en la posibilidad de hacerse ingeniera mecánica de automóviles, pero ello suponía varios años de estudios, y en realidad no era tan ambiciosa. Lo único que deseaba era un empleo bien paga­do que no le resultara odioso, y se le daban tan bien los números como los motores. La encantaban los coches, pero no quería conver­tirlos en un trabajo.



Sacó la cortadora de césped pasando por el costado del automóvil de su padre, con cuidado de no rozarlo. La funda de loneta lo pro­tegía del polvo, pero no quería arriesgarse en lo que concernía a aquel coche. Abrió una de las puertas del garaje justo lo suficiente para sa­car la cortadora y condujo a su bebé a la luz del sol. La pintura roja lanzó destellos; las barras del manillar resplandecían. Oh, qué boni­ta era.



En el último minuto se acordó de algo acerca del ritual de cortar el césped, y llevó su coche hasta la calle; había que tener cuidado de no levantar accidentalmente alguna piedra que pudiera romper una ven­tanilla o rayar la pintura. Lanzó una mirada al automóvil del tipejo de al lado y se encogió de hombros; tal vez advirtiera las huellas de Bubú, pero no apreciaría un arañazo más en aquel cacharro.



Con una sonrisa de felicidad, encendió el pequeño motor.



Lo curioso de cortar el césped, descubrió, era que uno experi­mentaba una sensación instantánea de realización. Uno veía el lugar exacto por el que había pasado y lo que había conseguido. Su padre y David siempre se hacían cargo de aquella tarea cuando ella era niña, para gran alivio suyo, porque segar la hierba le parecía aburrido. Sólo cuando se hizo mayor comprendió el atractivo que suponía tener hierba propia, y ahora tenía la sensación de haber logrado por fin, a la edad de veinti ocho años, entrar en el mundo de los adultos. Era dueña de una casa. Cortaba su césped. Genial.



Entonces, algo le dio unos golpecitos en el hombro.

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Miembro - Platino Brillante
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bamras

Re: ♥♂◘ EL HOMBRE PERFECTO♥♂◘ CAPITULO 5

AHORA SI ME LARGO, TENGO SUEÑO Y HAY QUE LEVANTARSE TEMPRANO. ASH TENGO QUE SALIR A HCER MILES DE VUELTAS. NLM CHICAS

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milenitalinda155

Re: ♥♂◘ EL HOMBRE PERFECTO♥♂◘ CAPITULO 5

mmmm lo dejaste en lo mejor :preocupado:.. ya quiero mas acercamientos por parte de estos dos :coqueta:..oye y en que cap vuelve mario?? :omg:??

sigueleeee y yo tbn ya me voy a dormirr bye y suerte mañana :smileywink:

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natalianahi

Re: ♥♂◘ EL HOMBRE PERFECTO♥♂◘ CAPITULO 5

Adiós a su sueño de ver cómo se lo llevaban esposado. eso es que la nina ya se esta haciendo fantasias sexuales inconscientemente :smileywink: su esclavo, ya lo quiere esposado :diablo:

Abrió una de las puertas del garaje justo lo suficiente para sa­car la cortadora y condujo a su bebé a la luz del sol. eso es lo que hace uno cuando esta solitario le llama bb hasta a la cortadora ;;

aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay no la dejaste en lo mejor

dime que es poncho dime que es poncho *-*

seguro vino a cobrar su cubo de basura jajajajaja

siguela! 


my Dobrev 

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kattarbd

Re: ♥♂◘ EL HOMBRE PERFECTO♥♂◘ L.H.

jajajaja ke risa esa anny aunke yo hubiera echado al gato a la calle x desperteme en mi dia libre jajajajajaja

y anny aun con esperanza ke alfonso no fuera policia jajajaja ke mala keria meterlo preso jajajaja

y mas encima ella toda emocionada de cortar el cesped y alguien llega a molestarla jajjajaja pobre de seguro es alfonso

CoNsPiRa UnIvErSo… ahora más ke nunca sigue ConSpIrAnDo a favor de los A :enamorado: Y haz ke su Amor renazca y floresca :coqueta: :diablo: Manteniéndolos juntos en las buenas y las malas :enamorado:  
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celina159

Re: ♥♂◘ EL HOMBRE PERFECTO♥♂◘ CAPITULO 5

sera ponchitoooo???? siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa


      -----People throw rocks at things that SHINE, but this DREAM is OURS!