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emanuel9e
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EL SILENCIO DE JESÚS - EL SILENCIO DE MARÍA - SU INFANCIA

- Mientras que el Hijo de Dios se encuentra en silencio e incluso en impotencia de hablar de su infancia, debemos hablar por él, y lo debemos hacer, tanto más voluntariosamente cuanto es que, es por nosotros que se halla en este humilde estado de silencio y de impotencia, porque por su propio ser y por su nacimiento eterno.

 

El es el Poderío, la Palabra y la Sabiduría de su Padre. Reconociendo entonces lo que El es en la Divinidad, contemplemos lo que se digna ser en nuestra humanidad, y veamos cuánto será el poderío de su amor y la grandeza de su bondad que le han reducido a este estado de pequeñeces y de impotencia. Adoremos, admiremos un estado tan abyecto y un ser tan grande y una tal debilidad y un tal poder.

- Nos gustaría mucho más oír hablar de Jesús, que hablar de El: este estado de silencio que vemos en Jesús nos arrebata y nos atrae en silencio, como vemos también que arrebató entonces y atrajo en silencio a su Muy Santa Madre.

 

Elegiría con mayor voluntad estar en compañía de - Jesús y de María, en su silencio, que con todo el resto del cielo y de la tierra, que incluso con todos aquellos que, en provecho del Evangelio, hablan tan elevada y divinamente de las maravillas que han acontecido en esos días.

 

Ese silencio sacralizado es más propio para honrar cosas tan grandes y tan profundas, y para reverenciar dignamente las grandezas ocultas de Jesús en sus abajamientos, su dignidad velada por nuestra humanidad, sin poder y sabiduría increadas, cubiertas por la impotencia y la puerilidad que nuestros ojos perciben.

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emanuel9e
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Re: EL SILENCIO DE JESÚS - EL SILENCIO DE MARÍA - SU INFANCIA

EL SILENCIO DE LA VIRGEN

- Así es también la participación de la Virgen en este tiempo santo de permanecer en silencio: es su estado; es su camino, es su vida. Su vida es una vida de silencio que adora la Palabra Eterna.

 

Viendo delante de sus ojos, en su seno, en sus brazos a esta misma Palabra, la Palabra sustancial del Padre, ser enmudecida y seducida al silencio por el estado de su infancia, ella entra en un nuevo silencio y es allí transformada a ejemplo del Verbo Encarnado que es el Hijo, su Dios y su único amor.

 

Su vida transcurre así de silencio en silencio, de silencio de adoración a silencio de transformación, su espíritu y sus sentidos cooperan igualmente en formar y perpetuar en ella esta vida de silencio.

Sin embargo, un sujeto tan grande, tan presente y tan propio a ella sería muy digno de sus palabras y de sus alabanzas.

 

¿A quién pertenece más Jesús que a María, que es su Madre?

 

Y, esto que no conviene sino a ella, ella es su Madre sin padre en la tierra, como Dios es su Padre sin madre en el Cielo.

 

¿Quién entonces tiene más derecho de hablar que Ella, que Ella que le hace de padre y de madre a la vez, y no comparte con nadie la nueva substancia de la cual El la ha revestido?

 

¿Quién conoce mejor el estado, las grandezas, los abajamientos de Jesús que María, en quien El ha reposado nueve meses y de la cual ha tomado ese pequeño cuerpo que cubre el esplendor de la divinidad, como una nube ligera que tapa un sol, y como un velo delicado que nos oculta el verdadero santuario?

 

¿Quién hablaría más dignamente, más altamente, más divinamente de cosas tan grandes, tan profundas, tan divinas, que aquella que es la Madre del Verbo Eterno, en la cual y por la cual estas cosas incluso han acontecido y que es la única persona que la Trinidad ha escogido y adherido a sí para operar estas maravillas?

Y, sin embargo, ella está en silencio, arrebatada por el silencio de su Hijo Jesús. Es uno de los efectos sagrados y divinos el introducir a la muy Santa Madre de Jesús en una vida de silencio, silencio humilde, profundo, adorando más santamente y más elocuentemente la Sabiduría encarnada que las palabras de los hombres o de los ángeles.

 

Este silencio de la Virgen no es un silencio de balbuceo y de impotencia, es un silencio de luz y de arrobamiento, es un silencio más elocuente en las alabanzas a Jesús, que la elocuencia misma.

 

Es un efecto poderoso y divino en el orden de la gracia, es decir, un silencio operado por el silencio de Jesús que imprime este divino efecto en su Madre, que la atrae a sí en su propio silencio, y que absorbe en su divinidad toda palabra y pensamiento de su creatura.




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emanuel9e
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Re: EL SILENCIO DE JESÚS - EL SILENCIO DE MARÍA - SU INFANCIA

JESÚS Y MARÍA SOLOS EN EL SILENCIO

Así también es una maravilla el ver que en esta etapa de silencio y de infancia de Jesús, todo el mundo hable y María no diga palabra: el silencio de Jesús tiene mucho más poder para tenerlo en un silencio sagrado que las palabras de los ángeles y de los santos.

 

No tienen la fuerza de traerla a conversación y hacerla hablar de cosas tan dignas y laudables que el cielo y la tierra unánimemente celebran y adoran. Los ángeles hablan allí, y entre ellos mismos y con los pastores, y María está en silencio.

 

Los pastores corren y hablan; María está en reposo y en silencio...

 

Llegan los reyes, hablan y hacen hablar a toda la ciudad, todo el Estado, todo el Sacro Sínodo de Judea; María está en retiro y en silencio.

 

Todo el estado está conmovido, cada uno se asombra y habla del nuevo Rey buscado por los reyes; María se encuentra en tranquilidad y en su sagrado silencio.

 

Simeón habla en el Templo y Ana la profetisa y todos aquellos que esperan la salvación de Israel; María ofrece, da, recibe, lleva a su hijo en silencio: tan así tiene el silencio de Jesús, el poder y la impresión secreta sobre el espíritu y el corazón de la Virgen y la tiene poderosamente y divinamente ocupada y arrebatada en silencio.

Porque por todo el tiempo de su infancia, no tenemos sino estas palabras que nos informan de la conducta de la Virgen, de su piedad en el cuidado de su Hijo, de cosas que son dichas de él y cumplidas en El:

 

"María conservaba consigo estos recuerdos y los meditaba en su corazón" (Lc 2,19).

 

He aquí el estado y la ocupación de la Virgen, he aquí su ejercicio y su vida al cuidado de Jesús durante su santa infancia.

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emanuel9e
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Re: EL SILENCIO DE JESÚS - EL SILENCIO DE MARÍA - SU INFANCIA

¿Quién hablaría más dignamente, más altamente, más divinamente de cosas tan grandes, tan profundas, tan divinas, que aquella que es la Madre del Verbo Eterno, en la cual y por la cual estas cosas incluso han acontecido y que es la única persona que la Trinidad ha escogido y adherido a sí para operar estas maravillas?



Y, sin embargo, ella está en silencio, arrebatada por el silencio de su Hijo Jesús. Es uno de los efectos sagrados y divinos el introducir a la muy Santa Madre de Jesús en una vida de silencio, silencio humilde, profundo, adorando más santamente y más elocuentemente la Sabiduría encarnada que las palabras de los hombres o de los ángeles.