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Platino Brillante
susanachile
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Anécdotas con san Francisco de Asís:

Aunque ya lo había publicado acá, nuevamente les traigo estas anécdotas con san Francisco de Asís:

Detalles de San Francisco de Asís
Primera semana noviembre 2004
Durante ese tiempo, iba cada tarde a casa de Oscar. En el segundo piso mi amigo había habilitado una oficina donde ambos ideábamos y trabajamos nuestro sitio web de evangelización católica. Por las tardes casi siempre estaba sola, pues Oscar también debía atender sus trabajos de arquitectura.
 
Un día al subir a la oficina, Oscar me mostró muy orgulloso el obsequio que le había hecho una prima suya. Era una figurita de madera de unos veinte centímetros de altura que representaba a San Francisco de Asís, y que lo mostraba llevando un pajarito en una de sus manos extendida, mientras la otra estaba puesta sobre su corazón. Mi amigo, feliz con el lindo regalo, lo puso sobre el disco duro de su computador, que se hallaba sobre su escritorio, a unos metros del mío.
 
En los siguientes días, en una de las tardes en que trabajaba sola en la oficina, imprevistamente por la ventana de Oscar entró un pajarito. No me causó tanta curiosidad hasta que comenzó a revolotear alegremente entre la figurita de San Francisco y el espacio en que me encontraba... Lo hallé simpático, pero no le di mayor importancia. Al otro día martes, por la tarde, mientras estaba sola, nuevamente entró un pajarito por la misma ventana. Ahora estaba más avezado, pues revoloteaba insistentemente sobre mi cabeza. Allí ya comencé a encontrar algo curioso el detalle. Los dos días siguientes, miércoles y jueves, sucedió lo mismo, y ya estaba algo desconcertada, pues llevaba meses yendo a la casa de Oscar y jamás había sucedido algo así y todos los días seguidos. A estas alturas ya me percataba que el pajarito entraba aproximadamente a la misma hora: tres de la tarde. Sin embargo, nunca esperaba que al día siguiente se repitiera la escena. Ya el día jueves cuando mi ilustre visitante entró raudo por la ventana lancé una gran carcajada... Era como mucho!!! Me puse a jugar con él por toda la espaciosa oficina, tratando de atraparlo. Jugué con él, a carcajadas, por espacio de unos veinte minutos hasta que resbalé y caí de espaldas... Ya en el suelo no daba más de la risa. El pajarito parecía celebrar por todo el cielo de la habitación mi estruendosa caída. Cuando me levanté, el pajarito tomó rumbo a la ventana y se fue.
 
Ya había pasado un buen rato del divertido acontecimiento cuando escuché llegar el automóvil de Oscar. Como no había visto a mi amigo en toda la semana, bajé al primer piso a comentarle todo lo que me había ocurrido en esos días con respecto a su figurita de San Francisco y el pajarito visitante... Oscar estaba con Pía, su esposa, así es que les conté a ambos estas situaciones... Mi amigo me dijo que era imposible lo que le contaba pues él había vivido desde pequeño en esa casa y nunca había escuchado a alguien que le hubiera sucedido algo similar y menos todos los días y en la misma habitación...
 
Al día siguiente, viernes, ya me había olvidado por completo del asunto. Llegué, como cada tarde a casa de Oscar y subí al segundo piso. Estaba trabajando frente al computador cuando Pía subió a ofrecerme un jugo. Nos pusimos a conversar y estábamos en eso, cuando el ilustre visitante hizo su triunfal entrada por la ventana... Pía me miró atónita ¡ahora podía ver con sus propios ojos como el pajarito insistía en volar entre la figurita de san Francisco de Asís y mi cabeza...! Grande fue la risotada que lanzamos al unísono. En forma instintiva nos pusimos a jugar, como dos niñas pequeñas, persiguiendo al pajarito por toda la oficina... Cuando se fue el ilustre pajarito, con Pía no dejábamos de reír comentando la que, a estas alturas, considerábamos una dulce y simpática manifestación de San Francisco, toda vez que a este santo siempre se le ha identificado con tan diminutos y frágiles seres de la Creación...
 
Pero parece que la cosa recién estaba empezando. A unos pocos días, una mañana salí al patio interior de mi casa para regar las plantas y arbolitos que tenemos allí. Recién había abierto la llave del agua cuando comencé a advertir que llegaban muchos pajaritos a la terraza. Pensé que siendo primavera era normal, sin embargo me parecía curioso que no se quedaran en los árboles o revolteando en el cielo, sino que bajaran sin ningún temor al suelo y se ponían junto a mí. Pero la situación comenzó a parecerme sospechosa cuando reparé que el número de pajaritos crecía. Deben haber sido por lo menos unos cincuenta pajaritos parados junto a mí mientras regaba. Me sorprendí cuando al recordar al pajarito de la oficina y la figurita de San Francisco de Asís, se abrió un silencio absoluto, casi sepulcral. Entonces miré al cielo y lo aprecié más celeste y más transparente que nunca, parecía que el sol era más radiante que todos los días. Emocionada y asustada fui a cerrar la llave del agua y entré rápidamente a la casa. Estaba confundida, no sabía que pensar. Sin volver a mirar a la terraza, después de unos minutos, me dirigí al jardín anterior de la casa, para seguir regando plantas. Caminaba hacia la llave del agua de la entrada cuando sentí un suave ruido que me hizo volver la mirada hacia arriba y vi como por encima de la casa, venían desde el patio trasero un gran grupo de pajaritos, que nuevamente se posó a mi lado con total mansedumbre y sospeché que eran los mismos que minutos antes estaban junto a mí en el patio interior.
 
Ahí si que no resistí, cerré la llave del agua y corrí nuevamente atemorizada hacia la casa. Desde adentro observé por un buen rato como las avecitas se quedaron allí jugando en el jardín, revoloteando cerca de la ventana donde me encontraba.
 
Las tres noches siguientes con Roberto, mi marido, casi no pudimos dormir por el bullicioso, interminable pero jubiloso canto de un gran número de pajaritos, que llegaba a posarse en el pitosporo que tenemos por fuera de la ventana de nuestro dormitorio. Roberto, ya después de la tercera noche, se veía fastidiado y se refería con palabras un poco groseras a estos pajaritos, pues nos era imposible conciliar el sueño. Jamás antes, ni después, hemos vivido algo así en los once años que llevamos en nuestra casa.
 
El último día que percibí estas curiosas manifestaciones estaba afuera de la casa regando los árboles de la calle. De improviso noté que un grupo de unos diez pajaritos se posaron en el pequeño encino que tenemos frente a la casa. Me corrí con la manguera al árbol de Gonzalo, nuestro vecino y el grupo de pajaritos voló hacia la copa de ese árbol. Me volví de nuevo con la manguera hacia nuestro encino y otra vez el grupo de pajaritos voló hasta allí y así, se repitieron los gracioso vuelos como por unas ocho veces. Percibía claramente que los pajaritos estaban jugando conmigo, hasta que por fin decidí entrar a la casa. Esa misma tarde, cuando fui a comprar el pan a un almacén que está a dos cuadras vi que un pajarito me acompañaba de árbol en árbol mientras caminaba. Y a la salida del almacén hizo el mismo recorrido de vuelta...
 
Pareciera que todos estos detallitos, con el natural sello de San Francisco de Asís, anticipaban la enorme gracia que unos días después Dios me regalaría...
 
Cristal
radiantesol
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Re: Anécdotas con san Francisco de Asís:

Aqui subiendo para que los que no lo hayan leido :cara_risa:
Diamante
gasarita
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Registrado: ‎08-29-2001

Re: Anécdotas con san Francisco de Asís:

:cara_angelito: