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Diamante
ateo666
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¿Anunciando el Reino de Jehová? 4

¿Anunciando el Reino de Jehová?

Y finalmente, nos detenemos en su enunciado principal desde hace más de 50 años. Como dijimos antes, la revista La Atalaya en sus orígenes se intitulaba en español “La Torre del Vigía y el Heraldo de la Presencia de Cristo”, pero en el año 1940 cambiaron los titulares, y pusieron “La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová” . Y es que la síntesis del contenido de esta revista ha sido y es, la de afirmar que Cristo “ya ha venido” de forma invisible, que ya está gobernando en los cielos, que está ‘presente’, y que dentro de muy poco, el Reino de Dios [o Jehová], destruirá a todos los demás reinos humanos, se implantará sobre la tierra y hará de ella un Paraíso. Desde que comenzó a gobernar Jesucristo, la humanidad está viviendo en los últimos días de este sistema de cosas.

Independientemente de lo discutible que resulta la expresión ‘reino de Jehová’ en boca de los Testigos, pues cuando ellos utilizan esa expresión se están refiriendo a un gobierno literal como el que nosotros conocemos, pero situado en los cielos y ejercido por el propio Dios sobre la humanidad, con intermediarios en la tierra que ejercerán la labor de ‘gobernadores delegados’, (ellos los llaman ‘príncipes’), queremos analizar el hecho de la inminencia con la que han jugado los redactores de la revista en los pasados 130 años, para mantener unidos a su colectivo en torno de una expectativa que siempre ha resultado equivocada.

Los testigos de Jehová se han equivocado al profetizar que el fin del mundo, los últimos días, la ‘parusía’ de Cristo, y otra serie de denominaciones, han tenido relación o han acontecido en años como 1799, 1874, 1879, 1914, 1919, 1925, la década de los 40, 1975, y últimamente el la década de 1984 a 1994, que era cuando se cumplía aquello de “una generación dura unos 70 años o lo más 80 años”, y que en 1995 cambiaron al ver que no sucedió lo que esperaban. Es decir, han dado multitud de falsas alarmas, en pos de una pretendida actitud de ‘mantenerse alerta’. Han sido como el pastorcillo de la fábula, que anunciaba la venida del lobo, y luego de mofaba de la inocencia de todo aquél que acudía en respuesta a su llamada, hasta que finalmente vino el lobo y nadie le hizo caso.

Pero lo más curioso es que ellos mismos utilizaron esta famosa fábula, en ¡Despertad! del 22 de marzo de 1993, pág.3-4 para recriminar de los fracasos de otros, del siguiente modo:

Diamante
ateo666
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Re: ¿Anunciando el Reino de Jehová? 4

¿Está muy cerca el fin del mundo?

“CUENTA una fábula que cierto día un pastorcillo, para crear un poco de emoción, se puso a gritar: “¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!”, sin haber lobo alguno. Los aldeanos salieron a toda prisa con sus garrotes para ahuyentarlo, pero descubrieron que no había ningún lobo. Tanto se divirtió el pastorcillo que repitió la broma en otra ocasión. De nuevo salieron los aldeanos a toda prisa con sus garrotes, para descubrir que se trataba de otra falsa alarma. Pero llegó el día en que vino un lobo, y el muchacho avisó: “¡El lobo! ¡El lobo!”. Sin embargo, los aldeanos no le hicieron caso pensando que se trataba de otra falsa alarma. Les había engañado en demasiadas ocasiones”.

Para concluir: “Lo mismo ha sucedido con los que proclaman el fin del mundo. A través de los siglos, desde los días de Jesús, ha habido tantas predicciones incumplidas que muchos ya no las toman en serio.”

Y es que en el fondo, ellos saben muy bien del rotundo fracaso con el que se han movido en el pasado siglo. ¿Cómo combatirlo? Con la típica “huida hacia adelante”, es decir, “poniéndose el parche antes de que les salga el grano”. Como saben que la fábula del pastorcillo les aplica plenamente, entonces, antes de que alguien se las aplique, ellos lo relatan y distorsionan su sentido para que sus lectores no perciban su aplicación.

De hecho en el artículo de ¡Despertad! aplican esta fábula a todas aquellas personas que en el pasado han pronosticado el fin del mundo hasta el más inmediato precursor de Carlos T. Russell, y preguntan:

“Como esas predicciones no se cumplieron, ¿pueden ser tachados de falsos profetas los que las hicieron, a la luz de Deuteronomio 18:20-22? Dichos versículos dicen: “El profeta que tenga la presunción de hablar en mi nombre una palabra que yo no le haya mandado hablar, o que hable en el nombre de otros dioses, ese profeta tiene que morir. Y en caso de que digas en tu corazón: ‘¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?’, cuando hable el profeta en nombre de Jehová y la palabra no suceda ni se realice, esa es la palabra que Jehová no ha hablado”.

Para de inmediato razonar contestando:

“Algunos hacen predicciones espectaculares del fin del mundo para captar la atención y conseguir seguidores, pero otros están sinceramente convencidos de que sus proclamaciones son verdaderas. Expresan expectativas basadas en su propia interpretación de algún texto bíblico o algún acontecimiento físico. No afirman que sus predicciones sean revelaciones directas de Jehová y que por lo tanto estén profetizando en Su nombre. De modo que en tales casos no debería tachárseles de falsos profetas como los que se denuncian en Deuteronomio 18:20-22 cuando sus palabras no se cumplen. Son personas que interpretaron mal las cosas debido a su falibilidad humana.”

¿Qué consiguen de esta manera?

En Nota a pie de página, incluyen una cuña de gran significado, al decir:

“Los testigos de Jehová, llevados por su expectación anhelante de la segunda venida de Jesús, propusieron fechas que resultaron erróneas. Como consecuencia, algunos les han llamado falsos profetas. Sin embargo, en ninguno de esos casos se tomaron la libertad de hacer predicciones ‘en el nombre de Jehová’. Nunca dijeron: ‘Estas son las palabras de Jehová’. La Atalaya —la revista oficial de los testigos de Jehová— ha dicho: “Nosotros no tenemos el don de profetizar” (enero de 1883, página 425, edición en inglés). “Tampoco pretendemos que se reverencien nuestros escritos o que se les considere infalibles” (15 de diciembre de 1896, página 306, edición en inglés). La Atalaya también ha dicho que el que algunos tengan el espíritu de Jehová ‘no quiere decir que los que ahora sirven de testigos de Jehová sean inspirados, ni que los escritos de esta revista, La Atalaya, sean inspirados e infalibles y sin errores’ (1 de octubre de 1947, página 301). “La Atalaya no pretende ser inspirada en sus declaraciones, ni es dogmática” (1 de enero de 1951, página 24). “Los hermanos que preparan estas publicaciones no son infalibles. Los escritos de ellos no son inspirados como lo son los de Pablo y otros escritores bíblicos. (2 Tim. 3:16.) Y por eso, a veces, ha sido necesario, a medida que el entendimiento se ha hecho más claro, corregir algunos puntos de vista. (Pro. 4:18.)” (1 de julio de 1981, página 19.)”

¡Nuevamente genial! Con esta táctica, perturban la objeción de si los Testigos son o no falsos profetas, y si les aplica o no la denominación de Deuteronomio.

Lo más triste es que, para ‘huir hacia delante’ no les importa mentir. Dicen que no hacen predicciones ‘en el nombre de Jehová’, pero dicen que el Espíritu santo, por medio de ‘destellos de luz’ les ha ido revelando progresivamente el entendimiento de la Biblia, y que Jehová ha utilizado al ‘esclavo fiel y discreto’ en conducir a su pueblo; dicen que sus artículos no son ‘dogmáticos ni infalibles’ pero actúan contra todo aquel que discuta un punto y una coma del contenido de esa revista. Finalmente, cuando se equivocan no tienen la más mínima dignidad para pedir perdón, y para reconocer el daño que han hecho, sino que atacan de nuevo con otra serie de aseveraciones del calibre a las anteriores.

Un ejemplo tiene que ver con la respuesta que dieron en la sección Preguntas de los lectores de La Atalaya del 1 de mayo de 1997, pág. 29. En ella plantearon la preguntan:

¿Pudiera decirse que el reciente modo de entender la palabra “generación” que aparece en Mateo 24:34 permite pensar que el fin del sistema de cosas quizá quede relegado a un futuro lejano?

Y contestan con entusiasmo:

“Ese no es el caso, ni mucho menos. Al contrario, la comprensión más clara que hemos tenido recientemente debería ayudarnos a mantenernos en expectativa constante del fin.”

Y después resaltan en dos ocasiones las expresiones “un período relativamente breve” y “un espacio de tiempo relativamente corto, no a un período de cientos de años”, a la hora de volver a puntualizar la manera de entender el término ‘generación’.

Y es que La Atalaya no anuncia el Reino de Jehová, sino que lo que ha venido anunciando en los últimos 120 años ha sido el Reino del llamado ‘Cuerpo Gobernante’ situado en Brooklyn. Este ‘Cuerpo Gobernante’ estuvo materializado al principio en Carlos T. Russell, después en Joseph F. Rutherford, y finalmente en Nathan H. Knorr, Frederick W. Franz que dieron paso a la actual dirección compuestas por diez hombres. Ellos han sido verdaderos reyes sobre sus seguidores, como se puede comprobar leyendo las biografías y experiencias de sus primeros presidentes y de algunos miembros que lo componen en la actualidad, y siguen teniendo grandes privilegios, grandes comodidades y un gran sentido de seguridad mientras se mantienen en el redil que ellos mismos han fabricado.

Juegan con el ‘reino de Jehová’ para justificar sus posiciones organizacionales, buscando precedentes en pasajes bíblicos que de alguna manera justifiquen sus privilegios, responsabilidades asumidas, y posición, pero no creen en realidad en sus propias declaraciones, o por lo menos, no actúan en conformidad con ellas.

Y cuando alguna persona discute o cuestiona dichas posiciones, lo tachan de apóstata, orgulloso, resentido o intolerante. Afirman que ellos siempre tratan de ‘edificar’ con sus artículos y consejos, mientras que los disidentes tratan de derribar lo edificado con acusaciones mentirosas, con dobles verdades, etc.

Y es que La Atalaya lleva 120 años edificando. Pero edificando, ¿qué?