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Diamante
gasarita
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¿De qué estan hechos la hostia y el vino de consagrar?

[ Editado ]
La hostia está hecha apenas de agua y harina de trigo -sería como un pan sin sal ni levadura. Pesan aproximadamente 0,2 gramos (un paquete con mil hostias tiene 200 gr.) y pueden ser consumidas hasta tres meses después de la producción.
Hostia

La Hostia (latín: 'Hostia', "Oblación") es un trozo de pan ácimo (sin levadura), de harina de trigo con forma circular que se ofrece en la Eucaristía o Misa cristiana  catolica  como ofrenda o sacrificio.

Pan ácimo
El pan ácimo es el pan que se elabora sin levadura. Su masa es una mezcla de harina de algún cereal con agua, a la que se le puede añadir sal. A esta masa se la da la forma deseada antes de someterla a temperatura alta para cocinarla. La harina utilizada generalmente es de trigo, cebada, maíz u otros cereales.

Los cristianos católicos emplean durante la eucaristía una especie de pan ácimo en forma de oblea llamada hostia, el sacerdote consagra el pan y el vino por medio de una fórmula sacramental que pronuncia el sacerdote celebrante, lo que produce el efecto de la transubstanciación, es decir se convierte en el cuerpo de Cristo, en conmemoración de la última cena de Cristo con sus apóstoles durante la cual él tomó pan ácimo, lo partió y lo repartió a sus discípulos diciendo que era su cuerpo.
Diamante
gasarita
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Re: ¿De qué esta hechos la hostia y el vino de consagrar?

La Hostia, antes de la Consagración, es pan de trigo. La Hostia, después de la Consagración, es el Cuerpo de Jesucristo, con su Sangre, su Alma y su Divinidad.
Del pan sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.

En el cáliz, antes de la Consagración, hay vino de uva. En el cáliz, después de la Consagración, está la Sangre de Cristo, con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad.
Del vino sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.
Jesucristo, en razón de su única Persona, está entero en cada una de las dos especies sacramentales; por eso, para recibirlo, no es necesario comulgar bajo las dos especies de pan y vino: basta cualquiera de las dos para recibirlo entero.

La palabra griega “soma”, en la antropología hebrea, significa “cuerpo” en su totalidad; no en contraposición con la sangre. Igualmente la palabra “airna” (sangre) significa lo que es el hombre en su totalidad.
Cristo repite la misma idea para confirmarla, para remacharla. Es un paralelismo llamado «climático» muy frecuente en el modo de hablar hebreo.

Cristo en la eucaristía está vivo, resucitado. «No se trata de una venerable reliquia, como sería el cuerpo muerto de Cristo; sino de Jesús vivo como dice San Juan pan vivo . Y por ello vivificante. Comer el cuerpo vivo y resucitado de Jesús nos llevará a nosotros mismos a la resurrección final gloriosa» «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el último día».

Autor del texto: P. Jorge Loring

Diamante
gasarita
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Re: ¿De qué esta hechos la hostia y el vino de consagrar?

http://webcatolicodejavier.org/eucaristia1.html

 

 

LA EUCARISTÍA  (1ª parte)

Jesucristo está ahora glorioso en el Cielo y en el sagrario.

Jesucristo es Dios y Hombre verdadero. Como Dios está en todas partes. Como Hombre está solamente en el Cielo y en el sagrario, en el Sacramento de la Eucaristía. La eucaristía es la última prueba del amor de Dios a los hombres.


Amar es dar: Dios nos lo ha dado todo con la CREACIÓN.
Amar es comunicarse: Dios se nos ha comunicado con la REVELACIÓN.
Amar es hacerse semejante al amado: Dios se ha hecho uno de nosotros en la ENCARNACIÓN.
Amar es sacrificarse por el amado: Dios nos ha dado su vida en la REDENCIÓN.
Amar es obsequiar al amado: Dios nos da el supremo bien de la SALVACIÓN.
Amar es acompañar al amado: Dios se ha quedado, para siempre, a nuestro lado en la EUCARISTÍA.

El sagrario es lo principal de la iglesia; aunque a veces no está en el altar mayor. El sagrario es una especie de casita, con su puerta y con su llave. Allí está Jesucristo, y por eso, al lado hay encendida una lamparita. Siempre que pasemos por delante, debemos poner la rodilla derecha en tierra, en señal de adoración, lo mismo si está reservado que si está expuesto.

Las imágenes merecen nuestra veneración y respeto porque están en lugar del Señor, de la Virgen y de los Santos, a quienes representan. Son sus retratos, sus estatuas. Pero lo que hay en el sagrario no es un retrato o estatua de Jesucristo, sino el mismo Jesucristo, vivo, pero glorioso: como está ahora en el cielo.

Las imágenes no se adoran, se veneran. Adorar es poner un ídolo en el lugar de Dios, remplazándolo. La adoración sólo es para Dios. Venerar es reconocer el valor que tiene para mí alguien o algo, por lo cual merece nuestro respeto. Yo venero a mis padres y a mi patria, pero no por eso los adoro. Adoro sólo a Dios.

A Jesucristo, en el sagrario, sí lo adoramos. Adoración consiste en tributar a una persona o cosa honores de Dios. Se llama culto de latría. Se diferencia del culto de dulía que consiste en la veneración que se tributa a todo lo que no es Dios, pero se relaciona con Él (imágenes, reliquias, etc.).
A los santos se les tributa culto de dulía, como de intercesores ante Dios. La adoración sólo se tributa a Dios. Por eso, en el Imperio Romano, muchos cristianos fueron mártires por no querer adorar a los ídolos.

El doblar la rodilla tiene distintos significados, según la voluntad del que lo hace: ante la Eucaristía es adoración, ante una imagen es veneración, ante los reyes es reverencia.

La veneración de las imágenes no va dirigida a la materia de la que está hecha (piedra, madera, lienzo o papel) sino a la persona a la que representa. Cuando tú besas la foto de tu madre, tu beso no se dirige al papel fotográfico sino a tu madre en persona. La idolatría se dirige a la imagen misma como a un dios. Dice el Concilio II de Nicea: «el honor tributado a la imagen va dirigido a quien está representado en ella».

Los textos del Nuevo Testamento que hablan de los ídolos, se refieren a auténticos ídolos adorados por paganos, pero no a simples imágenes.
Por eso el Concilio Ecuménico de Nicea del año 787, justificó el culto de las sagradas imágenes.

Los Testigos de Jehová, hasta el saludo a la bandera nacional lo consideran como un acto de idolatría. Esto es absurdo.

Es muy importante que consideres a Jesucristo en el sagrario, no como una cosa, sino como una Persona que siente, que ama, que te está esperando.
Jesucristo está en el sagrario, deseando que vayamos a visitarle. Debemos ir con frecuencia a contarle nuestras penas y necesidades, y a pedirle consuelo y ayuda. Es muy buena costumbre entrar a saludar a Jesucristo al pasar por delante de una iglesia, al menos una vez al día. Aunque sea brevemente.
Por mucha prisa que tengas puedes entrar un momento y decir:

«Señor:
Yo creo que estás aquí presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.
Te adoro con todo mi corazón, como al único Dios verdadero.
Te amo sobre todas las cosas.
Te doy gracias por todos los beneficios que de Ti he recibido.
Te pido por todas mis intenciones.
Te ruego que me ayudes en todo lo que necesite. Amén».

No has tardado ni un minuto. Y si tienes tiempo, el P. Jesús María Granero S.I.. te sugiere que digas: “Señor, lo necesito todo; pero no te pido nada. Vengo a estar contigo”.

Algunas veces, se hace la exposición del Santísimo Sacramento. Los fieles se arrodillan ante Él para adorar al Señor, darle gracias por su amor, y pedirle su ayuda.
Al final de la exposición, se da la bendición con el Santísimo a los fieles: entonces, es el mismo Cristo quien les bendice y derrama sobre ellos sus gracias.

JESUCRISTO ESTÁ REAL Y VERDADERAMENTE PRESENTE EN EL SAGRARIO, AUNQUE ENCUBIERTO BAJO APARIENCIAS DE PAN, EN LA HOSTIA CONSAGRADA.

JESUCRISTO TAMBIÉN ESTÁ ENCUBIERTO BAJO APARIENCIAS DE VINO EN EL CÁLIZ CONSAGRADO.

En la Eucaristía permanecen el olor, color y sabor del pan y del vino; pero su substancia se ha convertido en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo .

Esta conversión se llama transubstanciación. Es el tránsito de una cosa a otra. Cesan las sustancias del pan y el vino porque suceden en su lugar el cuerpo y la sangre de Cristo.
La transubstanciación es una conversión milagrosa y singular, distinta de las conversiones naturales. Porque en ella, tanto la materia como la forma del pan y del vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Sólo los accidentes permanecen sin cambiar: seguimos viendo el pan y el vino pero substancialmente ya no lo son, porque en ellos está realmente el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Cristo.

Substancia es aquello por lo cual algo es lo que es. Lo que hay de permanente en el ser, por lo cual subsiste. No lo que es transitorio y accidental, que no es esencial y constante, y que necesita una substancia donde residir: como son el color, el olor y el sabor.

Cristo está presente en el sacramento del altar por transustanciarse toda la sustancia de pan en su cuerpo, y toda la sustancia de vino en su sangre.

La Hostia, antes de la Consagración, es pan de trigo. La Hostia, después de la Consagración, es el Cuerpo de Jesucristo, con su Sangre, su Alma y su Divinidad.
Del pan sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.

En el cáliz, antes de la Consagración, hay vino de uva. En el cáliz, después de la Consagración, está la Sangre de Cristo, con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad.
Del vino sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.
Jesucristo, en razón de su única Persona, está entero en cada una de las dos especies sacramentales; por eso, para recibirlo, no es necesario comulgar bajo las dos especies de pan y vino: basta cualquiera de las dos para recibirlo entero.

La palabra griega “soma”, en la antropología hebrea, significa “cuerpo” en su totalidad; no en contraposición con la sangre. Igualmente la palabra “airna” (sangre) significa lo que es el hombre en su totalidad.
Cristo repite la misma idea para confirmarla, para remacharla. Es un paralelismo llamado «climático» muy frecuente en el modo de hablar hebreo.

Cristo en la eucaristía está vivo, resucitado. «No se trata de una venerable reliquia, como sería el cuerpo muerto de Cristo; sino de Jesús vivo como dice San Juan pan vivo . Y por ello vivificante. Comer el cuerpo vivo y resucitado de Jesús nos llevará a nosotros mismos a la resurrección final gloriosa» «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el último día».

retelinda
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Re: ¿De qué estan hechos la hostia y el vino de consagrar?

La hostia está hecha apenas de agua y harina de trigo -sería como un pan sin sal ni levadura. Pesan aproximadamente 0,2 gramos (un paquete con mil hostias tiene 200 gr.) y pueden ser consumidas hasta tres meses después de la producción.
Hostia

La Hostia (latín: 'Hostia', "Oblación") es un trozo de pan ácimo (sin levadura), de harina de trigo con forma circular que se ofrece en la Eucaristía o Misa cristiana  catolica  como ofrenda o sacrificio.

Pan ácimo
El pan ácimo es el pan que se elabora sin levadura. Su masa es una mezcla de harina de algún cereal con agua, a la que se le puede añadir sal. A esta masa se la da la forma deseada antes de someterla a temperatura alta para cocinarla. La harina utilizada generalmente es de trigo, cebada, maíz u otros cereales.

Los cristianos católicos emplean durante la eucaristía una especie de pan ácimo en forma de oblea llamada hostia, el sacerdote consagra el pan y el vino por medio de una fórmula sacramental que pronuncia el sacerdote celebrante, lo que produce el efecto de la transubstanciación, es decir se convierte en el cuerpo de Cristo, en conmemoración de la última cena de Cristo con sus apóstoles durante la cual él tomó pan ácimo, lo partió y lo repartió a sus discípulos diciendo que era su cuerpo.

Platino Brillante
loreguti
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Re: ¿De qué estan hechos la hostia y el vino de consagrar?

La hostia está hecha apenas de agua y harina de trigo -sería como un pan sin sal ni levadura. Pesan aproximadamente 0,2 gramos (un paquete con mil hostias tiene 200 gr.) y pueden ser consumidas hasta tres meses después de la producción.
Hostia

La Hostia (latín: 'Hostia', "Oblación") es un trozo de pan ácimo (sin levadura), de harina de trigo con forma circular que se ofrece en la Eucaristía o Misa cristiana  catolica  como ofrenda o sacrificio.

Pan ácimo
El pan ácimo es el pan que se elabora sin levadura. Su masa es una mezcla de harina de algún cereal con agua, a la que se le puede añadir sal. A esta masa se la da la forma deseada antes de someterla a temperatura alta para cocinarla. La harina utilizada generalmente es de trigo, cebada, maíz u otros cereales.

Los cristianos católicos emplean durante la eucaristía una especie de pan ácimo en forma de oblea llamada hostia, el sacerdote consagra el pan y el vino por medio de una fórmula sacramental que pronuncia el sacerdote celebrante, lo que produce el efecto de la transubstanciación, es decir se convierte en el cuerpo de Cristo, en conmemoración de la última cena de Cristo con sus apóstoles durante la cual él tomó pan ácimo, lo partió y lo repartió a sus discípulos diciendo que era su cuerpo.
ratzinger
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Re: ¿De qué estan hechos la hostia y el vino de consagrar?

 

:smileyvery-happy:edos:

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Re: ¿De qué estan hechos la hostia y el vino de consagrar?

El no oponerse al error es aprobarlo; y el no defender la verdad es suprimirla.
Papa San Félix III

Diamante
gasarita
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Re: ¿De qué estan hechos la hostia y el vino de consagrar?

 
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Re: ¿De qué estan hechos la hostia y el vino de consagrar?

 

 

El simbolismo del pan y del vino en la Eucaristía

Publicado 2009/05/18
Autor: Redacción

Jesús fue perfecto en todo lo que hizo, desde sus divinas enseñanzas o sus estupendos milagros hasta el mínimo gesto o actitud. Para el más sublime de los milagros, ¿por qué habrá utilizado el pan y el vino?

 

El simbolismo del pan y del vino en la Eucaristía

 

 

Quién al pasear por el campo y ver un tri­gal magnífico, dora­do y listo para la sie­ga, o sino deparán­dose con una parra cargada de uvas de atractivas tonalidades, a punto de ser llevadas al lagar, podría pensar que to­da esa poesía va a dar lugar al más be­llo milagro ocurrido sobre la faz de la tierra?

 

En efecto, el trigo, después de ser segado y cernido, es transformado en harina, mezclado con agua y prepara­do en el horno, transformándose en el alimento más común para el sus­tento del hombre: el pan.

 

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La uva es exprimida para liberar su jugo, que será guardado con cari­ño por el viñador en grandes barri­les, donde fermentará y saldrá des­pués como el líquido precioso que es “regocijo del corazón y contento del al­ma” (Eclo 31, 36) * el vino *

El pan y el vino –ofrecidos un día por Melquisedec al Señor en sacrifi­cio– son alimentos tan bienamados por Dios, que los eligió para obrar el milagro de la Transubstanciación. Y bajo las apariencias del pan y del vi­no, nuestro Redentor quiso quedarse con nosotros “todos los días hasta la consumación del mundo” (Mt 28, 20).

 

Alimento del alma

 

 

Esta verdad fue negada por algu­nas sectas gnósticas de los primeros siglos del cristianismo. Una de ellas (los artotiritas) utilizaba pan y queso para la Consagración. Otra (los cata­rigios) usaba pan de harina mezclada ¡con sangre de un niño de un año, ex­traída mediante finas punciones! Va­rias otras “consagraban” agua en vez de vino, so pretexto de sobriedad… Lo mismo hacía la secta de los ma­niqueos, para quienes el vino era un “licor diabólico”.

 

Pero la Santa Iglesia puso punto final sin tardanza a todos estos dispa­rates. Y siempre usa pan y vino para el sacramento de la Eucaristía.

 

¿Por qué? Porque Jesús así lo hizo y así lo mandó hacer.

 

En la Última Cena tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discí­pulos diciendo: “Tomad y comed, és­te es mi cuerpo” . Después tomó el cá­liz con vino, y dando gracias se los pa­só, diciendo: “Bebed todos de él, por­que ésta es mi sangre” (Mt 26, 26-28). Así también lo enseña san Pablo, que afirma haber aprendido directamente del Salvador la misma doctrina: “Por­que yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la no­che en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: ‘Esto es mi cuerpo que se da por voso­tros; haced esto en recuerdo mío'. Asi­mismo, después de cenar, tomó el cáliz diciendo: ‘Este es el cáliz de la Nueva Alianza en mi sangre; cuantas veces lo bebáis, hacedlo en memoria mía'” (1 Cor 11, 23-25).

 

Paseo a través del mundo de los símbolos

 

 

Pero, ¿por qué Dios habrá esco­gido el pan y el vino para este sacra­mento? El amor a la Sagrada Euca­ristía induce esta pregunta en mu­chas almas.

 

Invito al lector a seguir los comen­tarios de los teólogos en un atracti­vo y educativo paseo por los campos de la Simbología, en busca de la res­puesta.

 

La Eucaristía –explican– es un ali­mento espiritual, de la misma forma como el Bautismo es un baño del al­ma. Y así como el agua, que sirve pa­ra la limpieza corporal, se convirtió en materia del Bautismo, gracias al cual los hombres son lavados espiri­tualmente, así también el pan y el vi­no, que restauran las fuerzas corpo­rales, se convirtieron en materia de la Eucaristía, gracias a la cual los hom­bres son alimentados espiritualmen­te.

 

El pan y el vino son los frutos más nobles del reino vegetal, con los cuales se nutre y conserva la vi­da del cuerpo, al punto que san Ire­neo los llama “primicias de los dones de Dios” . Por ello convenía que fue­ran elegidos para la Eucaristía, que Jesucristo instituyó para conservar y aumentar la vida espiritual del hom­bre.

 

El teólogo Juan Cornubiense, cita­do por santo Tomás en la Suma Teo­lógica, también incluye en el vino a las gotas de agua que el celebrante coloca en el cáliz antes de la Consa­gración, y afirma del modo más her­moso dicho simbolismo: “Entre to­das las cosas necesarias para el susten­to de la vida humana, el pan, el vino y el agua son las más limpias, más útiles y más necesarias. Por eso fueron prefe­ridas a todas las demás y transforma­das en lo más puro, más útil y necesa­rio que existe para adquirir la vida eter­na, esto es, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo” .

 

El empleo del pan y del vino en el sacramento de la Eucaristía es tam­bién una admirable imagen de la uni­dad de la Iglesia: el pan lo componen muchos granos de trigo que forman una sola masa, y el vino proviene de gran cantidad de uvas.

 

La Eucaristía es como un memo­rial de la Pasión de Cristo, cuando la Sangre preciosísima del Divino Re­dentor fue separada de su Cuerpo Santísimo. Así entonces, para repre­sentar bien dicho misterio, se toma separadamente el pan como sacra­mento del Cuerpo y el vino como sa­cramento de la Sangre.

 

Jesucristo murió en la cruz y pagó así por todos los pecados de la humanidad.
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Re: ¿De qué estan hechos la hostia y el vino de consagrar?

Cuál es el verdadero pan?

 

 

Parece tan sencillo decir: pan y vi­no… Pero, ¿cuál es el verdadero pan y el vino auténtico? La Teología se ocupa también, con belleza y preci­sión, de estos detalles.

 

Para que la Consagración sea vá­lida, sólo se puede usar pan de hari­na de trigo mezclada con agua natu­ral. Si la mezcla se hace con cualquier otro líquido no servirá para el Sacra­mento del Cuerpo de Cristo, puesto que no será verdadero pan, como en­seña santo Tomás.

 

El rito griego utiliza pan con leva­dura para la Consagración, mientras el rito latino emplea pan ácimo, es­to es, sin levadura. ¿Cuál de los dos hace lo correcto? Ambos, porque la levadura en nada afecta la naturale­za del pan, sino sólo su preparación. La Iglesia determina que cada sacer­dote celebre según el rito al que per­tenece.

 

Pan ácimo o con levadura: ¿cuál es más apto?

 

 

Lejos de ser una opción arbitraria o de mera conveniencia práctica, la elección entre un pan con levadura o sin ella deriva de consideraciones al­tamente simbólicas, que demuestran muy bien cómo todo en la Iglesia se encauza a lo más elevado, a la perfección.

 

Argumentan los teólogos de rito griego:

 

La mezcla de trigo y levadura re­presenta bien el misterio inefable de Cristo, que posee dos naturalezas en una sola Persona: la divina y la huma­na. Además, el uso de la levadura, cu­ya acción otorga volumen y consisten­cia al pan, significa que la mente de quien consagra o recibe la Eucaristía debe elevarse al Cielo en la contem­plación de las cosas espirituales y di­vinas. Por fin, la levadura le da al pan un mejor sabor, por eso designa con­venientemente la mayor suavidad del Sacramento de la Eucaristía.

 

Los teólogos latinos, a su vez, fun­dan su preferencia en el ejemplo de Cristo: en la Última Cena se comió pan ácimo, como lo disponía la ley mosaica; por lo tanto, Jesús consagró pan sin levadura.

 

Y al argumento añaden razones altamente simbólicas:

 

El pan ácimo es símbolo de pure­za y, así, representa mejor el Cuer­po de Cristo, concebido sin la menor corrupción en el seno purísimo de la Virgen María.

 

Además, es más adecuado para re­presentar la pureza de cuerpo y alma de los fieles que reciben la Eucaristía, como enseña san Pablo: “Purificaos de la levadura vieja, para ser masa nueva; pues sois ácimos. Porque nues­tro cordero pascual, Cristo, ha sido in­molado. Así que celebremos la fiesta, no con vieja levadura, ni con levadu­ra de malicia e inmoralidad, sino con ácimos de pureza y verdad” (1 Cor 5, 7-8).

 

Cuál es el vino auténtico

 

El Sacramento de la Eucaristía sólo admite el vino de uvas maduras. Por lo tanto, se excluye el “vino” de cualquier otra fruta. Igualmente ex­cluido queda el jugo de uvas verdes, porque todavía está en formación y no posee la calidad ni la misma con­dición de vino.

 

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La Iglesia determinó desde siem­pre que antes de la Consagración el celebrante agregue al vino “una pe­queñísima” cantidad de agua. Y el Concilio de Trento (1545 a 1562) sostiene categóricamente la doctri­na según la cual esa ínfima porción adquiere las propiedades del vino: “De acuerdo a la sentencia y parecer de todos los eclesiásticos, esa agua se convierte en vino” .

La Santa Iglesia se basó en varios motivos para establecer esta norma. En primer lugar, como los judíos acostumbraban tomar vino mezcla­do con agua en la cena pascual, lo más seguro es que Cristo lo consa­gra así en la Última Cena.

Pero a este motivo se suman otros de elevada expresión simbó­lica. Así dice el Concilio de Trento: “La Iglesia prescribió a los sacerdotes que mezclen agua con el vino del cá­liz que se ofrece, ya porque se cree que así lo hizo Cristo el Señor, ya porque de su costado atravesado por la lanza del soldado brotó sangre y agua” .

Cuando el agua se mezcla con el vi­no en el cáliz, el pueblo se une a Cris­to, afirma san Cipriano. Y santo Tomás de Aquino sigue más lejos: “Cuando el agua se convierte en vino, significa que el pueblo se incorpora a Cristo” .

Para otros teólogos, esa mezcla re­fleja una imagen de la íntima unión de Jesucristo con su Iglesia. El vino, elemento noble y precioso, simboliza al Hombre-Dios; y el agua es símbolo de la humanidad inconstante y frágil.

No obstante, el agua no es ne­cesaria para la validez de la Consa­gración. La mezcla de agua con vi­no –enseña la Teología– se refiere a la participación de los fieles en el sa­cramento de la Eucaristía, para sig­nificar que el pueblo se une a Cristo. Ahora bien, dicha participación no es un requerimiento esencial para que el sacramento sea válido.

 

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¡Cuántas veces sentimos desánimo por culpa de nuestra debilidad espiri­tual, o casi caemos derrotados por las tristezas de esta tierra de exilio! Tam­poco es raro que nos sublevemos o queramos culpar a otros; pero basta­ría mirar un espejo para encontrar a quién acusar con seguridad.

En efecto, nosotros, que tanto cuidamos nuestra alimentación fí­sica, desatendemos nuestra alma y olvidamos que también ella –so­bre todo ella– necesita ser tratada con cariño. Para eso disponemos del “Pan del Cielo” (Jn 6, 32) que nos dará fuerzas para soportarlo todo, para crecer, para alcanzar la santidad, según la promesa de Je­sús: “El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él” (Jn 6, 56).

 

Acerquémonos lo más posible al Sacramento del Altar, preludio de nuestra eterna convivencia con Je­sús en el Cielo.

 

 

 

 

Jesucristo murió en la cruz y pagó así por todos los pecados de la humanidad.