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Platino Brillante
carlosarguelloo
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Registrado: ‎01-03-2009

Decreto sobre el ecumenismo promulgado en el Vaticano II

El papa Juan XXIII vivió lo suficiente para poner en marcha el Concilio Vaticano II pero murió poco después, en junio de 1963, mucho antes de la clausura del concilio en diciembre de 1965. Sin embargo, el 21 de noviembre de 1964 el papa Pablo VI promulgó el Decreto sobre el ecumenismo, cuya introducción decía: “Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los fines principales que se ha propuesto el sacrosanto Concilio Vaticano II”.


►Jehová es el único Dios verdadero.

►Jesucristo no es parte de una divinidad trina y una, sino que es el Hijo unigénito de Dios.

►La redención que libra del pecado es posible únicamente mediante la fe en el sacrificio de rescate de Cristo

►El espíritu santo no es una persona, sino que es la fuerza activa de Jehová, y su fruto tiene que manifestarse en la vida de los adoradores verdaderos

►El alma humana no es inmortal, como afirmaban los paganos de la antigüedad; muere, y la esperanza de vida futura está en la resurrección

►Dios ha permitido la iniquidad debido a la cuestión de la soberanía universal.

►El Reino de Dios es la única esperanza para la humanidad. Desde 1914 hemos estado viviendo en los últimos días del inicuo sistema de cosas mundial.

►Solo 144.000 cristianos fieles serán reyes y sacerdotes con Cristo en el cielo, mientras que el resto de la humanidad obediente recibirá vida eterna en una Tierra paradisíaca.
Diamante
holguinero007
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Registrado: ‎04-20-2005

Re: Decreto sobre el ecumenismo promulgado en el Vaticano II

 La doctrina jehovista

Escritura

En principio no admiten otra fuente de Revelación que la Escritura, aunque a diferencia de otros grupos surgidos en el mismo contexto histórico no asumen el principio de ´libre interpretación´, que sería incompatible con la organización teocrática de la Sociedad. La Sociedad se atribuye a sí misma infalibilidad en la interpretación.

Definen a la Biblia como la "palabra escrita de Jehová Dios para la humanidad" (Razonamiento a partir de las Escrituras, art. Biblia, p. 61) según su enseñanza Dios "utilizó" 40 secretarios humanos para ponerla por escrito en un período de 16 siglos, siendo Él mismo quien dirigió activamente su escritura, es por eso que la consideran inspirada por Dios.

Presentan como "prueba" de su inspiración, el cumplimiento de las profecías que reflejan un conocimiento detallado del futuro, el contenido científicamente exacto respecto a los hallazgos más recientes y la armonía interna a pesar de haber sido escrita por 40 hombres diferentes (Cf. el artículo arriba citado).

Tienen su propia versión de las Escrituras, denominada "Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras Hebreas y Griegas" y que corresponde a la traducción lanzada por Knorr a partir de 1950, que ha sido objeto de numerosas críticas de los especialistas por su traducción amañada, críticas que no encuentran una respuesta seria dentro de la Sociedad. Algunos ejemplos en ese sentido son las traducciones de Jn 1,1; Tt 2,13; 2Co 4,4; Mt 28,17; Jn 14,9-11; 1Tm 4,1; Lc 23,43.

También se caracteriza por un vocabulario que le es propio, y a partir del cual cambian la traducción tradicional de una serie de términos utilizados habitualmente por los cristianos, alterando en algunos casos el verdadero sentido de las palabras. Algunos ejemplos de este vocabulario particular son:

bienaventurados por "felices"

Evangelio por "Buena Nueva"

cruz por "madero de tormento"

fin del mundo por "conclusión del sistema de cosas"

Espíritu Santo por "fuerza activa de Dios"

Antiguo Testamento por "Escrituras Hebreas"

Nuevo Testamento por "Escrituras Griegas Cristianas"

iglesia por "congregación"

gracia por "bondad inmerecida"

obispo por "superintendente"

Apocalipsis por "Revelación"

adorar a Dios por "rendir servicio sagrado"


Otra característica de esta "traducción" (en realidad deberíamos denominarla "versión libre") es el esfuerzo contra toda lógica que realiza por aferrarse a la transliteración "Jehová" que utiliza para referirse al Nombre divino.

Pero lo más grave en este tema es que esta obsesión los lleva incluso a insertarlo en el Nuevo Testamento 237 veces, inserción que, resistiendo a toda razón y fidelidad al texto bíblico, justifican diciendo que Jesús y los Apóstoles "usarían" el texto hebreo del Antiguo Testamento. Esta afirmación no encuentra un solo punto de apoyo en los manuscritos griegos del Nuevo Testamento y la investigación histórica tiende a contradecirla totalmente.

En este sentido, es muy importante tener siempre presente la ambigüedad con que defienden sus dichos. Cuando alguien contradice sus afirmaciones, exigen que la contradicción sea a juicio de ellos "científicamente" probada; mientras que en casos como el del nombre de "Jehová", se justifican diciendo ligeramente que la "forma ´Jehová´" es de "aceptación general en el español" (Cf. Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras -con referencias-, ed.1987, Introducción, p.6); afirmación que no soporta tan siquiera una rápida revisión de las versiones españolas de las Escrituras, tanto católicas como protestantes y ortodoxas.

Como si estas inexactitudes no fueran suficientes, ellos mismos aclaran que en su versión "no se han hecho paráfrasis de las Escrituras. Más bien se ha procurado que la traducción sea lo más literal posible" aunque reconocen que ´"hasta algo aparentemente insignificante como el uso o la omisión de una coma o de un artículo,... puede alterar a veces el sentido correcto del pasaje original." Esta última afirmación, que por cierto es muy acertada, se les vuelve particularmente en contra cuando se considera su modo de traducir algunos pasajes, como por ejemplo Lc 23,43 para la discusión sobre la supervivencia del alma espiritual, o Jn 1,1 para el tratamiento de la divinidad de Jesús, ambos puntos en los que los Testigos tienen creencias marcadamente diferentes de las de los cristianos.

Apelan también a un criterio particular en su traducción literal, y es el uso de lo que denominan el principio de "uniformidad", según el cual se le asigna un significado a cada palabra principal y se atienen a ese significado en toda la traducción. Este principio contradice todos los criterios de una traducción científica, es claramente erróneo en materia de traducción, y que crea serias dificultades de interpretación que los inhabilitan para el diálogo con los cristianos.


Dios

Sostienen un monoteísmo estricto, pero de corte muy material, lo que los lleva por ejemplo, a. determinar el lugar preciso en que habita Dios: "la constelación de las Pléyades, es la sede de su trono eterno" (Rutherford en Reconciliación, p.12 - citado por Hebert en Los Testigos de Jehová, p.164).


El nombre de "Jehová"

Este es según ellos el nombre que el mismo Dios les ha encomendado dar a conocer a los tiempos modernos. Pero, ¿de dónde sale el término "Jehová"?

La lengua hebrea, es originalmente una lengua consonántica, es decir, que el significado de las palabras surgía a partir de las combinaciones de las consonantes. En correspondencia con esto, en su desarrollo escrito el hebreo es originariamente un lenguaje de consonante, es decir, se escribían solamente las consonantes, y la pronunciación de las palabras se transmitía por tradición. De este modo encontramos que en hebreo el Nombre de Dios se escribía: "YHWH" (lo que se ha denominado "tetragrama sagrado").

En la tradición judía más primitiva, llevando al extremo el precepto de no usar en vano el Nombre de Dios, cuando leían el texto bíblico evitaban pronunciarlo, y lo reemplazaban por el vocablo "Señor", que en hebreo se dice "Aedonai".

Cuando en el desarrollo del hebreo se comenzaron a escribir las vocales (que se representaban como puntos por debajo de las consonantes), y como un modo de evitar pronunciar el Nombre de Dios, cuando en los textos bíblicos aparecía el tetragrama, se le colocaban las vocales de Aedonai para que el lector recordara evitar pronunciar el Nombre sagrado.

Estos detalles del idioma hebreo, eran desconocidos en el Renacimiento cuando comenzaron a traducirse los textos sagrados a las distintas lenguas, por lo que los traductores de los siglos XV en adelante se encontraban con lo que parecía la palabra hebrea "Yaehowah", que tradujeron por "Jehová". Así aparece en muchas traducciones que optaron por utilizar el Nombre de Dios, en lugar de conservar el tradicional "Señor", hasta principios de este siglo.

Recién durante el siglo XX, con el desarrollo de la moderna lingüística y el estudio de las lenguas bíblicas, se pudo saber que la verdadera vocalización del tetragrama era "Yahvéh", como de hecho aparece hoy en la mayoría de las traducciones que utilizan el Nombre de Dios.

Cuando los Testigos de Jehová comenzaron su predicación, a fines del siglo pasado, ciertamente el vocablo "Jehová" aparecía en las traducciones al inglés de uso más frecuente. Y cuando el Juez Rutherford, "revela" que el nombre de los miembros de la Sociedad ha de ser "Testigos de Jehová", todavía no sabía que estaba proponiendo como revelado por Dios un error filológico. Pero hoy este ha podido ser claramente dilucidado.

Lo más llamativo, es que los testigos de Jehová hoy se confiesan conocedores del error filológico implícito detrás del vocablo, pero dedican largos y eruditos párrafos en los que mezclan la erudición con la polémica y el fundamentalismo para justificar su persistencia en el uso del mismo (Al respecto se puede revisar: Rutherford, Sea Dios Veraz, c. II; ¿Quién es Jehová? p. 20; La Verdad que lleva a Vida Eterna, c. 3; ¿Quién es Dios?, p. 17; Razonamiento a partir de las Escrituras art. Jehová, p.198; folleto El Nombre Divino que dura para siempre, New York, 1984; toda bibliografía propia de la Sociedad).

En este punto hay una pregunta que nunca encuentra respuesta. Si se admite que el término "Jehová" ha surgido como consecuencia de la ignorancia y el error de los primitivos traductores, ¿cómo podemos pretender que la Voluntad de Dios sea que se dé a conocer este nombre?, Y lo que es peor… que quien no acepte este nombre (este error podríamos decir) se condene.