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Diamante
holguinero007
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EL SER HUMANO «IMAGEN Y SEMEJANZA» DE DIOS

EL SER HUMANO «IMAGEN Y SEMEJANZA» DE DIOS

La acción creadora de Dios alcanzo su culminación en el hombre. La narración sacerdotal presenta a Dios deteniéndose a proyectar cuidadosamente la creación del hombre (Gn 1,26-28). La palabra «hombre» tiene en este texto un sentido colectivo: todo ser humano, por su misma naturaleza, es imagen y semejanza de Dios. El que Dios cree al hombre Así, deliberadamente a su imagen y semejanza, «significa no solo racionalidad y libertad como propiedades constitutivas de la naturaleza humana, sino además, desde el principio, capacidad de una relación personal con Dios, como ‘yo’ y ‘tú’, y por consiguiente, capacidad de alianza, que tendría lugar con la comunicación salvífica de Dios al hombre» (Juan Pablo II, Dominum et Vivificantem, n.34). Se podría decir que Dios se ha complacido en la creación de cada ser humano, mujer u hombre, y ha volcado en cada uno su capacidad de amar. Joseph Ratzinger ha hecho notar muy acertadamente que «Dios ha creado el universo para entablar con los hombres una historia de amor». Ninguno viene al mundo por casualidad, si no que todos existimos gracias a la benevolencia de Dios que ha querido bendecir el amor de nuestros padres haciéndose presente con la creación de una nueva vida. Y, así como Dios ha dejado impreso el designio de su sabiduría en las leyes que rigen la Creación con un orden admirable, también tiene un proyecto de amor para cada ser humano. A todos llama a la Bienaventuranza. Pero a cada uno, hecho con unos rasgos físicos y psíquicos singulares que configuran una personalidad irrepetible, le traza un camino personal para alcanzar su perfección humana y lo llama a recorrerlo. Sólo siguiendo ese itinerario personal es posible realizar plenamente todas las capacidades que el Señor ha puesto en el corazón. En el relato yahvista, contenido en el capítulo segundo del Génesis, se hace notar que la existencia del ser humano es consecuencia de una acción singular de Dios (cf. Gn 2,7). El ser humano, que tiene un cuerpo material, pertenece a la tierra. Es frágil, quebradizo como el barro. Sin embargo, lo propio del hombre entre todas las criaturas consiste en haber sido hecho partícipe de la vida de Dios, y esto lo expresa simbólicamente el texto al decir que «Dios insufló en sus narices aliento de vida». Esto es algo específico del ser humano. Aunque también los animales respiran no se habla en el texto sagrado de una intervención singular de Dios para crear su cuerpo ni para darle vitalidad. Si se hace notar que Dios infunde la vida al hombre de ese modo significa que, aunque por su corporeidad este participa de la materia, su existencia como ser vivo procede directamente de Dios: esta animado por un principio vital (el alma o espíritu) que no proviene de la tierra. Este principio de vida recibido de Dios, hace que también el cuerpo humano tenga una dignidad propia y se sitúe en un orden distinto al de los animales.

Platino Brillante
sarlika
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Re: EL SER HUMANO «IMAGEN Y SEMEJANZA» DE DIOS

Holguinero,

Cierto. Seres humanos. Ahi no dice: Exclusivamente catolicos. Asi que todo ser humano es creacion de Dios a su imagen y semejanza. Es hora de que te bajes de tu pedestal y muestres humildad con el ser humano en general.

Diamante
holguinero007
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Re: EL SER HUMANO «IMAGEN Y SEMEJANZA» DE DIOS

EL SER HUMANO «IMAGEN Y SEMEJANZA» DE DIOS

La acción creadora de Dios alcanzo su culminación en el hombre. La narración sacerdotal presenta a Dios deteniéndose a proyectar cuidadosamente la creación del hombre (Gn 1,26-28). La palabra «hombre» tiene en este texto un sentido colectivo: todo ser humano, por su misma naturaleza, es imagen y semejanza de Dios. El que Dios cree al hombre Así, deliberadamente a su imagen y semejanza, «significa no solo racionalidad y libertad como propiedades constitutivas de la naturaleza humana, sino además, desde el principio, capacidad de una relación personal con Dios, como ‘yo’ y ‘tú’, y por consiguiente, capacidad de alianza, que tendría lugar con la comunicación salvífica de Dios al hombre» (Juan Pablo II, Dominum et Vivificantem, n.34). Se podría decir que Dios se ha complacido en la creación de cada ser humano, mujer u hombre, y ha volcado en cada uno su capacidad de amar. Joseph Ratzinger ha hecho notar muy acertadamente que «Dios ha creado el universo para entablar con los hombres una historia de amor». Ninguno viene al mundo por casualidad, si no que todos existimos gracias a la benevolencia de Dios que ha querido bendecir el amor de nuestros padres haciéndose presente con la creación de una nueva vida. Y, así como Dios ha dejado impreso el designio de su sabiduría en las leyes que rigen la Creación con un orden admirable, también tiene un proyecto de amor para cada ser humano. A todos llama a la Bienaventuranza. Pero a cada uno, hecho con unos rasgos físicos y psíquicos singulares que configuran una personalidad irrepetible, le traza un camino personal para alcanzar su perfección humana y lo llama a recorrerlo. Sólo siguiendo ese itinerario personal es posible realizar plenamente todas las capacidades que el Señor ha puesto en el corazón. En el relato yahvista, contenido en el capítulo segundo del Génesis, se hace notar que la existencia del ser humano es consecuencia de una acción singular de Dios (cf. Gn 2,7). El ser humano, que tiene un cuerpo material, pertenece a la tierra. Es frágil, quebradizo como el barro. Sin embargo, lo propio del hombre entre todas las criaturas consiste en haber sido hecho partícipe de la vida de Dios, y esto lo expresa simbólicamente el texto al decir que «Dios insufló en sus narices aliento de vida». Esto es algo específico del ser humano. Aunque también los animales respiran no se habla en el texto sagrado de una intervención singular de Dios para crear su cuerpo ni para darle vitalidad. Si se hace notar que Dios infunde la vida al hombre de ese modo significa que, aunque por su corporeidad este participa de la materia, su existencia como ser vivo procede directamente de Dios: esta animado por un principio vital (el alma o espíritu) que no proviene de la tierra. Este principio de vida recibido de Dios, hace que también el cuerpo humano tenga una dignidad propia y se sitúe en un orden distinto al de los animales.

Diamante
gasarita
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Registrado: ‎08-29-2001

Re: EL SER HUMANO «IMAGEN Y SEMEJANZA» DE DIOS

Poned vuestro empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos” (Ef 4, 3-6).