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Platino Brillante
susanachile
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Tratado sobre el purgatorio (Santa Catalina de Siena)

http://www.geocities.com/iglesia_catolica/santosydifuntos/purgatorio2.html
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vivajesus
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Re: Tratado sobre el purgatorio (Santa Catalina de Siena)

:cara_angelito:
Timoteo 4:2-4 EMPERO el Espíritu dice manifiestamente, que en los venideros tiempos alguno apostatarán de la fe escuchando á espíritus de error y á doctrinas de demonios 2 Que con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia.
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chickenlady
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Re: Tratado sobre el purgatorio (Santa Catalina de Siena)

Gracias, susy
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luzaz2
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Re: Tratado sobre el purgatorio (Santa Catalina de Siena)

:cara_yes:
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vivajesus
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Re: Tratado sobre el purgatorio (Santa Catalina de Siena)

Sobre la existencia del Purgatorio


¿A dónde vamos cuando morimos? Mucha gente cree en el cielo y en el infierno, pero sólo unos cuantos saben del purgatorio. El principal argumento de los protestantes es que en ningún lado en la Biblia hay pruebas del purgatorio. Pero las hay. El problema es, que son sólo mencionadas en un pasaje en el Antiguo Testamento, y en tres pasajes del Nuevo Testamento. El primero es el segundo libro de los Macabeos, que fue rechazado por Lutero cuando tradujo su biblia.

Sobre Lutero y su rechazo de los libros de la Biblia.

Si ponemos más atención, veremos que Lutero rechazó muchos libros que soportaban la doctrina Católica. ¿Quién le dió la autoridad para hacer eso?

En la historia podemos ver que cuando el Papa definió un dogma, o cuando aceptó o rechazó un libro, no lo hizo por sí mismo; antes, lo discutió profundamente con teólogos y en concilios, para asegurarse que no cometía ningún error. Obviamente, un hombre inspirado por el Espíritu Santo tendría la sabiduría de verificar cualquier afirmación con otros, antes de tomar una decisión definitiva; Si su afirmación es correcta, nadie en la Iglesia podría declararse contra ello.

Tomemos como ejemplo a San Pablo, quien nos dice que "Estaba siguiendo una revelación. Le expresé a los líderes [los Apóstoles] el evangelio que anuncio a los paganos, no sea que trabaje o hubiera trabajado en vano. (Gal 2:2).

Este fue el Concilio de Jerusalén, narrado en el libro de los Hechos 15. Notemos que después de una larga discusión, fue Pedro quien dirigió la primera palabra. Y, después de eso, TODA la gente en asamblea calló (cf. Hch 15:7,12).

Ahora, veamos que en este primer Concilio ecuménico, el Concilio de Jerusalén, la decisión no fue una decisión de los líderes de la Iglesia, sino la decisión del Espíritu Santo (Hch 15:28). Y que TODA la Iglesia llegó a un acuerdo, porque el Señor es Uno, y la verdad es Una. El Espíritu Santo es Uno.

Fue por eso que "cualquier asunto sea decidido por la declaración de dos o tres testigos" (2 Cor 13:1, Deut 19:15).

Lutero, en cambio, al interpretar la Biblia por sí mismo, sin consultar con otros obispos o sacerdotes, cometió más de un error (tanto por ignorancia, como a propósito). Ya que, en sus orígenes, la Iglesia Católica, dirigida por el Papa y los obispos, quienes eran iluminados por el Espíritu Santo (porque la Iglesia Católica era la ÚNICA iglesia cristiana en ese entonces. Y debe quedar claro que el Espíritu Santo tuvo que iluminar a los Líderes de la Iglesia en ese entonces - y esto es cierto sin importar si los está iluminando en este momento o no). Dios simplemente NO PUDO abandonar a Su Iglesia a la ignorancia religiosa, así que con su iluminación, el Papa y los Obispos estudiaron cuidadosamente las Escrituras, y finalmente, determinaron, con el Papa Dámaso, en el año de 392 D.C., qué libros efectivamente pertenecen a la Biblia, y el resto lo declararon como apócrifos.

Regresando al libro de los macabeos, citaré este pasaje, que claramente soporta la existencia del Purgatorio:

2 Mac 12:40-45: Bajo la túnica de cada muerto, encontraron [los hombres de Judas] objetos consagrados a los ídolos de Jamnia, prohibidos por la Ley a los judíos. Comprendieron entonces por qué éstos habían muerto. Todos se admiraron de la intervención del Señor, justo juez que saca a la luz las acciones más secretas; y rezaron al Señor para que perdonara totalmente ese pecado a sus compañeros muertos... Efectuó [Judas] entre sus soldados una colecta que reunió dos mil monedas de plata. Las enviaron a Jerusalén, a fin de que ahí se ofreciera un sacrificio por el pecado. Todo esto lo hicieron muy bien inspirados por la creencia de la resurrección. Pues, si no hubieran creído que los compañeros caídos iban a resucitar, habría sido cosa inútil y estúpida orar por ellos. Pero creían firmemente en una valiosa recompensa para los que mueren en gracia de Dios; de ahí que su inquietud era buena y santa. Esta fue la razón por la cual Judas ofreció este sacrificio por los muertos, para que fueran perdonados de su pecado.

Así, en este pasaje vemos que los hombres de Judas rezaron por aquellos que murieron en pecado; pero cómo podrían haber rezado por ellos, ¿si Dios ya los había mandado al infierno? Simple. No lo hizo. Ya que el cielo y el infierno son situaciones definitivas. (Para obtener más información, ver: La Verdad sobre el Cielo y el Infierno (y el purgatorio)

Antes de llegar a estas situaciones, somos purificados de nuestros pecados. A esto es a lo que los católicos llamamos purgatorio. En el purgatorio somos purificados de nuestros pecados, aquellos pecados que no llevan a la muerte.

"Pero esa gente no había sido bautizada, ni siquiera había Cristo llegado al mundo", podrás decirme. Pero, si Dios no negó el derecho a interceder por nuestros muertos a los judíos, ¿por qué habría de negárnoslo a nosotros? También en el Nuevo Testamento hay pruebas del purgatorio. Aunque no explícitas, como veremos más adelante.

(Toma en cuenta que si cometiste un pecado mortal, NO estás en gracia de Dios. En otras palabras, has caído en desgracia).

¿Acaso significa esto que cuando cometemos un pecado mortal, estamos condenados? En absoluto. Si cometemos uno, PRIMERO debemos arrepentirnos. Entonces, debemos ir a confesar nuestros pecados (ver: Sobre la Confesión de los pecados), y entonces podremos estar seguros que después de completar la penitencia dada a nosotros, Dios habrá perdonado ese pecado que nos llevó lejos de Su gracia. En su primera epístola, San Juan nos pide interceder por nuestros hermanos que han cometido pecados que no llevan a la muerte:

El que ve a su hermano cometer un pecado, de los que no llevan a la muerte, ore por él y Dios dará vida a su hermano. Hablo, por supuesto, del pecado que no lleva a la muerte, porque hay pecado de muerte; por esos pecadores no pido oración.

(1 Jn 5:16).
Timoteo 4:2-4 EMPERO el Espíritu dice manifiestamente, que en los venideros tiempos alguno apostatarán de la fe escuchando á espíritus de error y á doctrinas de demonios 2 Que con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia.
Platino Brillante
susanachile
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Re: Tratado sobre el purgatorio (Santa Catalina de Siena)

Gracias vivajesus, muy buena informacion
Junior
cantogregoriano
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Re: Tratado sobre el purgatorio (Santa Catalina de Siena)

Valgame Dios mio, que la ignorancia, es tal que la quieren hacer pasar por verdad.
Diamante
georginac
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Re: Tratado sobre el purgatorio (Santa Catalina de Siena)

TRATADO SOBRE EL PURGATORIO.
Santa Catalina de Siena, S. XV.
 
CAPíTULO I. El estado de las almas que están en el Purgatorio; cómo están, exentas de todo amor propio.

Esta alma consagrada se encontró a sí misma, estando aún encarnada, colocada por el ardiente amor de Dios, en el Purgatorio, que la quemaba, limpiando en ella todo lo que necesitaba ser limpiado, hasta que al dejar esta vida pudiera ella presentarse a la vista de Dios, su amado Amor.

Por medio de este fuego amoroso, ella comprendió en su propia alma el estado de las almas de los fieles que van al Purgatorio al purgar su suciedad y manchas de pecado, que no pudieron expiar durante sus vidas.

Y desde esta Alma, colocada por el ardiente fuego divino en este amoroso Purgatorio, se unió a ese amor divino con todos, y comprendió el estado de las almas que están en el Purgatorio. Y ella dijo:

Las almas que están en el Purgatorio no pueden, comprendo, elegir sino estar ahí, esto es por orden divina para hacer justicia. Ellos no pueden cambiar sus pensamientos sobre sí mismos ni decir: "Por haber cometido tales pecados merezco estar aquí", ni "no los he cometido, y entonces tengo que estar en el Paraíso", ni "ese se irá más pronto que yo", ni "yo me iré antes que él". Ellos no tienen memoria ni sobre sí mismos ni sobre otros, ni lo bueno o lo malo, de ahí que ellos sufran un dolor mayor del que ordinariamente sufrirían. Tan felices están de encontrarse dentro de la voluntad divina, y de que Él pueda hacer todo lo que le place, como le place que sufran este dolor sin pensar en sí mismas, ven solamente la obra de la bondad divina, que conduce al hombre a su misericordia, para no tener que recaer. No pueden ver que están penando por causa de sus pecados, esa visión no puede mantenerse en sus mentes, debido a que estarían en una imperfección activa, en donde ningún pecado actual puede haber.

Solo una vez, al dejar el mundo, pueden ver la causa del Purgatorio, pero no la volverán a tener. Ellos ya no pueden tener voluntad ni deseos salvo la voluntad de la caridad. Estando en el fuego del Purgatorio ellos están dentro de la ordenanza divina, que es pura compasión y nadie puede apartarse de ello porque ha sido privado del poder del pecado, del mérito y del demérito.

Diamante
georginac
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Re: Tratado sobre el purgatorio (Santa Catalina de Siena)

CAPíTULO II. En qué consiste el disfrute de las almas del Purgatorio. Una comparación podría mostrar cómo ellas ven cada vez más a Dios. Es difícil verbalizar ese estado.

Creo que ninguna felicidad puede hallarse valiosa al ser comparada con ese estado de las almas del Purgatorio, exceptuando el de los santos en el Paraíso; y es una felicidad que crece día tras día al fluir Dios dentro de esas almas, más y más, a medida que se consumen los obstáculos puestos a Su entrada. Las manchas de pecado van siendo consumidas, y el fuego elimina la suciedad más y más hasta que las almas se abren al influjo de la Divinidad. Un objeto que estuviese cubierto, no podría recibir los rayos del sol, pero no por un defecto del sol, el cual brilla siempre, sino por causa de que la cobertura pone un obstáculo; se quita éste y, entonces, se abre al sol; cada vez más el obstáculo es consumido, y entonces, más y más recibe los rayos del sol.

Esta es la forma en que las manchas del pecado cubren a las almas, y en el Purgatorio esas manchas son quemadas. Cuanto más sean consumidas, mayor es el acercamiento de las almas a Dios, su verdadero sol. La suciedad del pecado decrece y el alma se abre al rayo divino, crece así la felicidad, hasta que se cumple el plazo necesario para ello.

El dolor no disminuye hasta entonces. Y en cuanto a la voluntad, nunca pueden decir las almas que el dolor es dolor, pues están contenidas en la ordenanza divina, con la cual, en pura caridad, su voluntad está unida.

Pero, por otro lado, ellas soportan un dolor tan extremo, que ninguna lengua lo podría describir, ni mente comprender si Dios por medio de su gracia especial no nos lo mostrara. Eso tampoco puede verbalizarse. La visión que tuve, la revelación que Dios me hizo nunca abandonó mi mente, y yo contaré lo que pueda sobre ello. Comprenderán aquellos cuya mente Dios se ha dignado abrir.

Diamante
georginac
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Re: Tratado sobre el purgatorio (Santa Catalina de Siena)

CAPíTULO III. La separación de Dios es el principal castigo del Purgatorio. Pero éste es diferente del Infierno.

Todas las penas del Purgatorio se relacionan con el pecado original y el actual. Dios creó al alma pura, simple y limpia de toda mancha de pecado, con un cierto instinto beatífico hacia Él desde el pecado original, que el alma encuentra en sí misma, quita de sí, y cuando agrega otros pecados a ese original se aleja más y más de Dios.

No puede haber ningún bien salvo por la participación de Dios, que va al encuentro de las necesidades de sus criaturas irracionales como quiere y ha ordenado, no fallándoles nunca, y responde al alma racional en la medida en que la encuentra limpia y sin el obstáculo de pecados. Por consiguiente, cuando un alma se acerca al estado puro y claro en que fue creada, su instinto beatífico se descubre a sí mismo y crece sin cesar, tan impetuosamente hasta el final que cualquier obstáculo le parece a esta alma algo del pasado. Y cuanto más ve, más extremo es su dolor.

Debido a que las almas en el Purgatorio no sienten culpa de pecado, no hay obstáculo entre ellas y Dios, excepto su dolor, que las lleva hacia atrás y así no pueden alcanzar la perfección. Ven claramente la gravedad de cada obstáculo en su camino, y ven también que su instinto es obstaculizado por una necesidad de justicia: de ahí nace un rugiente fuego, como el del infierno, pero carente de culpabilidad. La culpa es lo que las hace condenadas en el infierno, en donde Dios no concede Su Bondad, y por eso permanecen allí, en desesperada mala voluntad, opuesta a la voluntad de Dios.