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Junior
diixana
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Re: ****CRONOLOGIA Y BIOGRAFIA DE LA HISTORIA DEL PISCO CHILENO******

Sin embargo, hay un detalle crucial en favor de la calidad de los mostos chilenos y de sus productos derivados: que por esas mismas condiciones climáticas, la mayoría de los grandes centros de producción vitivinícola de reconocimiento internacional se encuentran en sólo dos sectores del globo. A saber:

1.

La periferia Norte de la banda desértica del Trópico de Cáncer (Estados Unidos, Portugal, España, Francia, Alemania, Inglaterra, Italia, Europa Oriental, Medio Oriente y Norte de África).
2.

La periferia Sur para el caso del cinturón árido del Trópico de Capricornio (Chile, Argentina, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelandia).

Vemos que la producción chilena queda justo dentro de esta concentración de los centros de calidad, con sus grandes valles productores al Sur del trópico. En cambio el Perú (Ica, Nazca, Cuzco), se encuentra al Norte de este límite, fuera del área privilegiada.

Este patrón geográfico es tan estricto que, de hecho, el único centro vitivinícola histórico de Chile que no pudo alcanzar la prosperidad y se desplomó, era el situado en la generosa zona del oasis agrícola de Pica, al interior de Iquique y, por lo tanto, al Norte de la Línea del Trópico. Hoy en día, sin embargo, los habitantes del poblado utilizan las instalaciones antes destinadas al vino para la producción abundante de exquisitas chichas dulces de uva, preparadas también con mezclas de las ricas frutas cuya suculencia y sabor únicos caracterizan la zona.

En el caso concreto de la región chilena de Coquimbo, un clima de condiciones como las descritas tiene la particularidad de permitir la producción de vides muy concentradas en sabor y dulzor, pues la sequedad ambiental y la irrigación del suelo hacen que la planta concentre sus fuerzas en la producción de las frutas donde se encuentra su descendencia, "engañada" por la posibilidad de morir próximamente, castigada por el clima.

La pureza armosférica y la influencia de los factores ambientales que son propios de la zona pisquera chilena, parecen intervenir también en la concentración de taninos de sus uvas, multiplicando las bondades del territorio para la industria vitivinicultora. Súmese a ello la curiosa y bendita marginación de Chile a la influencia de plagas destructoras de cultivos, como la filoxera, por razones que aún no son del todo bien comprendidas.

Los destilados de Ica y Nazca, cuyo puerto más cercano era Pisco, eran realizados inicialmente con uvas negras corrientes. La adaptación de una variedad de uva blanca al terreno local dio origen a la denominación "aguardiente de Quebranta" para definir el producto, contrariamente a lo que en la actualidad alega el mito peruano sobre un uso ancestral del concepto de "aguardiente de Pisco" para definir el producto. Veremos después que el mismo licor recibió varios otros nombres a lo largo de su historia.

Los trabajados en estas grandes haciendas peruanas eran hechos por esclavos negros al servicio de los religiosos. Tras la prohibición, sus productores destinaron la mayor parte de sus uvas a la obtención de este brebaje, que no tardó en hacerse comercialmente más rentable incluso que el vino.


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diixana
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Re: ****CRONOLOGIA Y BIOGRAFIA DE LA HISTORIA DEL PISCO CHILENO******

Todo indica, así, que no es para nada extraño o ajeno el proceso de destilación de aguardientes en tiempos coloniales muy tempranos dentro de estas regiones de Chile y Perú, de los surgiría la controvertida figura del "pisco".


Primeras referencias coloniales
sobre el aguardiente pisquero de Chile

El fuerte de la posición de la industria pisquera chilena se basó casi desde el principio en la calidad de los vinos, hasta llegar a los niveles internacionalmente reconocidos de hoy en día. Efectivamente, las primeras referencias que se encuentran sobre Chile en materia de comercio de alcoholes, lo hacen invariablemente con relación al excelente vino que ya entonces producía el país.

Aunque el citado Abate Molina describe la existencia de viñedos naturales en Chile desde tiempos remotos, a la altura de Curicó y en valles despoblados (que le llevan a creer erradamente que la vid era autóctona de Chile), este dato es hoy inverificable, pudiendo corresponder más bien a uvas no vitivinícolas y hasta se ha especulado la posibilidad de que defecaciones de aves portando semillas desde otras latitudes hayan permitido la aparición de estas viñas, lo que anticipaba la excelencia del suelo chileno para tales cultivos. En Elqui, por ejemplo, se decía en antaño que las parras prácticamente crecían solas, a partir de unas pocas plantas.

Las crónicas oficiales indican que Juan Jufré de Loaysa y Montesa sería uno de los precursores en la elaboración de vinos en Chile, al recibir de Pedro de Valdivia las encomiendas de Macul y Nuñoa, en 1546. Dos años después, el sacerdote Francisco de Carabantes desembarcó en Concepción con el objeto de abastecer de vino las fiestas religiosas. Al poco tiempo, descubrió las bondades naturales del territorio para iniciar su propia producción del vino y la noticia del éxito de sus viñas de uva tipo País Negra viajó con la velocidad del rayo por todo el reino, encontrando imitadores por doquier. Aunque el investigador francés Fernand Braudel indica que fue a partir de 1541 que la uva comenzó a crecer en abundancia en los solares y quintas de Santiago, un hito importante lo reviste la encomienda que Valdivia otorgara el 20 de diciembre de 1550 a Diego de Oro, en Concepción, fijándole un plazo de un año para plantar viñedos, con la advertencia de que, si no era cumplida la tarea, la concesión sería caducada.

Un dato que no ha sido considerado suficientemente, a nuestro juicio, es el que aporta Alonso de Ovalle en su obra "Relación del Reino de Chile y de las Misiones y Ministerios que Ejercita en él la Compañía de Jesús" de 1646, a la que ya nos hemos referido. Según asegura allí, los parrones de uvas como la moscatel ya existían en Santiago de Chile desde mucho antes que las introducciones de Juan Jufré, del padre Francisco de Carabantes o de Diego de Cáceres, considerados los tres "pioneros" de las vitivinicultura chilena. Este dato es muy, muy interesante, pero tampoco ha sido verificado.

La experiencia de los cultivos penquistas se repitió en el Norte Chico, donde también comenzó a ser comercializado un fermento de gran calidad tipo vino dulce, aunque sus propiedades gustativas lo hicieron inicialmente preferido más bien en celebraciones y fiestas que para el consumo doméstico diario. El Conquistador y Teniente de Gobernador Francisco de Aguirre, refundador de la ciudad de La Serena, se había valido de sus encomiendas de esta ciudad y de Copiapó para la creación de dos viñedos y la provisión de vinos en sociedad con el Capitán Pedro de Cisternas, inicialmente para servicios religiosos. Aguirre plantó las primeras vides de aquellos valles semiáridos, distribuidas en dos viñedos de La Serena, hacia 1548 ó 1549, permitiendo que la primera cepa producida en tierras chilenas fuese cosechada por el año 1550 (según Gay, en 1551). Cáceres, siendo encomendero de la región, aprovechó de contratar a una docena de indios diaguitas para que cuidaran sus viñedos.

En el negocio de las vides de este territorio le habrían seguido Juan Jufré de Loaysa y Montesa (yerno de Aguirre, y que después se trasladará a Santiago), Diego Sánchez de Morales, Juan de Cisternas y Luis Ternero (notario en el primer Cabildo de La Serena), extendiéndose la actividad por valles vecinos del Huasco, Copiapó, Limarí y Choapa. Aguirre también amplió sus viñedos hasta Huasco y Copiapó. El académico Cortés Olivares recuerda, por su parte, que en 1556, los ediles de ciudad de La Serena censaron todas las unidades agrarias de la zona, registrando dos grandes viñas, una de Aguirre y otra de Cisternas. Para el siglo XVI, los viñedos más extensos eran los de "Aguirre", "Bodega", "El Fuerte" y "Chamonate" de Copiapó.

Por entonces, la medida con que se contaban y comerciaban las unidades de vinos y de aguardientes era la arroba, concepto que reaparecerá varias veces más en todas las citas coloniales que haremos a lo largo de este trabajo. Cada arroba equivalía, aproximadamente, a 25 libras de líquido (cerca de 11,5 kilos, variable según el criterio usado). Como referencia, en 1557 la arroba de vino valía aproximadamente 21,4 tomines de oro, de manera que representaba un negocio definitivamente rentable, que explica el aumento de las viñas catastradas.
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diixana
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Re: ****CRONOLOGIA Y BIOGRAFIA DE LA HISTORIA DEL PISCO CHILENO******

Así como la producción aguardentera del Perú no comenzó en Pisco, sino en Ica y Nazca, vemos también que la tradición de las viñas chilenas tampoco tuvo inicios tan al interior del valle del Elqui, como muchas veces se cree, sino más cerca de la ciudad de Coquimbo, hacia mediados del siglo XVI. Uno de los sacerdotes mercedarios de La Serena relacionados con aquellos cultivos, Juan Cidrón, fue enviado después a llenar una vacante en Santiago del Estero, Mendoza (a la sazón, poblado perteneciente a Chile) donde plantó las aparentemente primeras vides en ese poblado, en 1554. Hoy, Cidrón es considerado oficialmente el responsable de la introducción de la uva y del vino en el territorio argentino.

Dada la situación descrita, las prohibiciones del siglo XVII también afectaron la producción coquimbana de vinos, así que se debió recurrir al mismo truco de destilar para convertir la mayor parte de las bodegas en aguardiente comerciable. Debe advertirse que estas prohibiciones no fueron levantadas sino hasta 1678.

Para la producción del pisco chileno, el criterio de obtener un mosto o un vino es un paso fundamental en la elaboración de un buen destilado, a diferencia del proceso desarrollado en Perú, donde el pisco se obtiene de caldos de mostos jóvenes sin añejado. El vino que surge de los mostos chilenos también es comercializado hoy día en forma de dulce fermento de gran calidad, conocido como "pajarete" (nombre que viene de "pajar" y que fue popularizado por los españoles) y producido bajo el nombre de Huancara por la cooperativa CAPEL, en honor al pueblo homónimo del Valle de Elqui donde una congregación, hacia 1670, habría comerciado este vino dulce conocido entonces como "mercedario", aprovechando las muy particulares características de la uva que crecía en la región: dulce, jugosa, de mucha pureza y buen tamaño.

Un ameno artículo del investigador costumbrista Oreste Plath perteneciente a una edición de 1956 de la revista "En Viaje", dice bajo un subtítulo "Vinos que prestigian a pueblos" que el pajarete está más asociado a la historia de Huasco. En efecto, en las inmediaciones de la actual ciudad de Vallenar los jesuitas produjeron pajarete en El Maitén, la Jarilla y especialmente en Horcón Quemado (actual San Félix), zona donde nacería uno de los piscos de buena calidad que lleva hasta hoy su nombre: "Horcón Quemado". Si bien la mayor parte de las uvas moscatel iban a parar en Huasco a la producción de pasas de alta calidad según lo comenta Gay, allí se iba a establecer don Jerónimo Ramos de la Torre, quien oficiaba como encomendero del Valle del Carmen, desde donde surgió el posterior nombre de otro conocido pisco: "Alto del Carmen", de la CAPEL. Ramos de la Torre tuvo su residencia en El Rosario, y desde allí produjo una gran cantidad de aguardiente y vino. Este lugar fue llamado "el valle español" por los muchos hispanos que hasta allí llegaron, algunos buscando protección de las comunidades indígenas locales, otros tentados con la explotación cuprífera que, como en Coquimbo, también se mezclaba con la producción de las viñas.
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diixana
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Re: ****CRONOLOGIA Y BIOGRAFIA DE LA HISTORIA DEL PISCO CHILENO******

Pero las restricciones legales no eran las únicas amenazas para el comercio de licores. Las tropelías de piratas en Coquimbo casi destruyeron las reservas de la ciudad y la empobrecieron a tal punto que, el 23 de noviembre de 1678, el Cabildo se vio en la obligación de fijar tarifas a los productos de primera necesidad y de mayor consumo en la golpeada población, entre los que figuran el vino y el aguardiente:

"Que se den seis panes de a libra a cada uno por un real; -el vino siendo bueno, menudeado a tres pesos y medio la arroba; -que se vendan los carneros a seis reales; (...) -el cuartillo de aguardiente, por cuatro reales; -cuatro reales, un cuartillo de miel de caña; -la libra de jabón por un real..."

Los valores fijados perduraron por largo tiempo y es así como Domingo Amunátegui Solar recuerda que, el 17 de octubre de 1692, el Cabildo de La Serena había dispuesto:

"En caso de contravención, el alguacil mayor debía distribuir entre los pobres el pan que no tuviera el peso señalado".

"De igual suerte, se le mandó que notificara a los vendedores de vino y aguardiente, la prohibición de hacerlo fuera de las pulperías, so pena de perder sus mercancías".

Es así como las famosas incursiones corsarias que inspiraron estas medidas, también se han cruzado en más de una oportunidad con las historia del pisco chileno. En La Serena encontramos, por ejemplo, la historia mezclada con mito de uno o más legendarios sacerdotes (Fray Gutiérre, según una leyenda comercial) que supuestamente se unieron a las huestes que evitaban las tropelías de piratas en la ciudad y que habría sido famoso por repartir entre el ejército unas botellas de un extraño brebaje apodado "Licor de los Campanarios" cuya receta guardaba celosamente, pero que era considerado como un verdadero elíxir. Bien podría tratarse de destilados de aguardiente en que los religiosos remojaban algunos frutos secos descarozados propios de la zona, algo que se practica aún en localidades de Pisco Elqui y Ovalle. El pisco "Campanario", de la CONTROL, parece llevar originalmente su nombre por esta leyenda, y en la localidad de Pisco Elqui, donde se encuentra la antigua planta, se venden dos variedades del licor (damasco y guinda) como homenaje al brebaje original.

Aunque veremos que la industrialización del pisco en Chile no comienza sino hasta la aparición de algunos pioneros hacia la segunda mitad del siglo XIX, hay un caso notable que no nos permitiremos dejar en el tintero y que proviene de los Archivos del Cabildo de La Serena: El 31 de diciembre de 1697 fue distinguido el ciudadano serenense Pedro Cortés y Zabala como Marqués de Piedra Blanca de Huana, por Real Cédula de Carlos II, motivo de gran festejo en la ciudad. Cortés y Zabala era natural de La Serena, en cuya plaza tenía su residencia. Nacido en 1651, era bisnieto del Coronel Cortés de Monroy. Como el hombre más rico de la zona, tenía también una casa en Santiago. Poseedor, entre otros muchos bienes, de un huerto en Quilacán, había implementado allí un gran almacén con los productos de sus viñas de Huanillos y de otras chacras, haciéndole muy conocido en toda la zona y constituyendo así uno de los precursores de lo que más tarde sería la industria agrícola local. Es notable el avance que experimentaba por entonces el comercio de productos derivados de la vid, según se puede deducir.
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diixana
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Re: ****CRONOLOGIA Y BIOGRAFIA DE LA HISTORIA DEL PISCO CHILENO******

Por último, cabe recordar que el documento más antiguo encontrado en Chile en donde se registra el nombre de "pisco" para señalar directamente al licor de aguardiente coquimbano, corresponde a un registro de depósito y traspaso testamentario extendido en 1748 en la localidad de El Tambo, en el Elqui, muy cerca de donde hoy se encuentra el embalse Puclaro. En dicho documento, entre otras cosas, la persona fallecida deja entre sus bienes "como seis botijas de pisco llenas". Este hallazgo ha sido dado a la luz, entre otros, por el investigador Fernando Moraga, de la Corporación Cultural de La Serena, y el investigador Hernán F. Cortés Olivares, de la Universidad de La Serena. Esta evidencia echa por tierra una de las principales columnas argumentales de la ofensiva peruana contra el pisco chileno, según la cual el producto habría sido introducido en Chile entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX.


Los alcoholes chilenos
en los mercados coloniales peruanos

Como ni Coquimbo ni Huasco eran centros comerciales suficientemente grandes, parte importante de esta producción de aguardientes y vinos de todo Chile iba a parar al Callao y muy en especial a Pisco, para evadir las restricciones, convirtiéndose este puerto en el mercado natural de licor en la América colonial y administrativamente dominante, por la condición de Virreinato del Perú. Otra parte se vendía desde allí y desde otros puntos costeros hasta el Alto Perú, actual Bolivia. El caso es que en Chile comenzó a destacar el destilado de vino de uva moscato, posterior "pisco" chileno. Coincidía este período con la aparición de nuevas restricciones, esta vez contra la plantación de nuevos viñedos y obligando al pago de tributos entre quienes los poseyeran. Aún así, los criollos continuaron sembrando viñas.

Existen antecedentes muy tempranos sobre el flujo de comercio de alcoholes entre Coquimbo y los mercaderes peruanos, por mucho que esta afirmación pueda indignar a los propagandistas del pisco de ese país. Eduardo Cavieres Figueroa cuenta el caso de una compañía comercial que se formó en 1593 y que, tras ser formalizada inmediatamente, compró 400 botijas de vino en La Serena y la totalidad de la producción anual de una viña en el valle del Huasco para venderla en Charcas e invertir las ganancias en Lima. El autor Marcello Carmagnani, en "Les mécanismes de la vie èconomique dans une societé coloniale: Le Chili 1680-1930" (París, 1973), describe el plan de esta misma sociedad comercial en los siguientes términos (citados por Cavieres):

"...anticipan una típica operación triangular, cuyo primer paso consiste en adquirir en Chile vino, cordobanes, sebo, pabilo e hilo zapatero para vender en Potosí -mercado principal- o Porco y Cochabamba -marcadamente secundarios- e invertir luego la plata en Lima para retornar con mercaderías a Chile y cambiarlas por oro y productos de la tierra, con los cuales vuelve a reiniciarse el circuito a Potosí".

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diixana
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Re: ****CRONOLOGIA Y BIOGRAFIA DE LA HISTORIA DEL PISCO CHILENO******

Vale recordar que los citados territorios de la Audiencia de Charcas (Potosí y Cochabamba), futura Bolivia, estaban bajo la administración virreinal de Lima. Esto obra en favor de la tesis chilena del origen del pisco, según la cual parte importante de la producción de Coquimbo llegaba de modo formal o informal (contrabando) a territorio charqueño por la vía de los puertos peruanos y especialmente Pisco, donde la fiscalización era infinitamente menor que en Callao y Lima, de modo que resultaría difícil encontrar una confirmación más explícita que ésta para tal hecho.

Cerca del año 1600, el héroe de la guerra de Arauco, Coronel Francisco Cortés de Monroy, inicia también un próspero negocio de venta de vinos aguardientes de Coquimbo en Perú. Curiosamente, el respetado y acaudalado señor poseía bodegas propias tanto en los puertos de La Serena como de Pisco en Perú, lo que demuestra que una parte de la producción elquina definitivamente iba a parar a esos mercados peruanos, aportando otro notable antecedente sobre la relación del nombre del pisco chileno con ese puerto peruano durante el período colonial. Cabe advertir que el impulso recibido por la actividad minera permitió que Cortés de Monroy y otros comerciantes, extendieran sus negocios en la costa Pacífica pasando por Cobija, Arica y el Callao.

La destrucción reiterada de los viñedos de Concepción por los alzamientos indígenas, y especialmente la gran pérdida de las sesenta mil parras de la hacienda "Catentoa" de Linares, en 1655, permitieron que la popularidad de los vinos de Coquimbo y luego Limarí (valle bendecido por el clima mediterráneo) aumentaran abasteciendo la demanda colonial, lo que estimuló la introducción de más y más cultivos hacia el interior del valle del Elqui. Tanto los vinos como los aguardientes de Concepción eran exportados también para Perú, pero con la destrucción de sus viñedos, rápidamente la producción de licores provenientes de Coquimbo logró reemplazar el nicho que los alcoholes sureños habían dejado abandonado en los mercados nacionales y externos, a precios muy convenientes. Esto se vería favorecido también con la apertura comercial con los buques franceses, a principios del siglo XVIII, estimulando más aún el intercambio con el Perú.

Como gran parte de esta producción destinada al Perú colonial entraba y se comerciaba por el puerto Pisco, como hemos dicho para evadir controles y fiscalizaciones, se hizo común que una parte del bodegaje de vinos y destilados de los valles coquimbanos chilenos fuese denominada "aguardiente para Pisco", cuyo traslado demandaba la construcción de grandes tinajas o botijas de greda cubiertas de brea contra las filtraciones, que resistían los embates y la agitación de un viaje hasta Pisco, Callao o Guayaquil. Según palabras de 1716 del viajero francés Amadeo Frezier, esto se debía a que los chilenos "como no saben barnizar botijas, es decir, los cántaros de barro en que lo ponen, están obligados a cubrirlas de una capa de alquitrán" que, a veces, dañaba el gusto del producto. Frezier también agrega que la brea vegetal obtenida en Copiapó "es muy seca y no sirve más que para reemplazar el barniz de las botijas donde se echa vino y aguardiente".
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diixana
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Re: ****CRONOLOGIA Y BIOGRAFIA DE LA HISTORIA DEL PISCO CHILENO******

Vale recordar que el principal centro continental de este tipo de botijas tenía un nombre bien definido: el puerto de Pisco, en Perú. No es por nada extraño, entonces, que llegaran hasta allá grandes tinajas con aguardiente producida en Coquimbo, donde era envasada y comerciada en estas botijas. Hasta hace algunos años, aún era posible encontrar enormes cántaros para transporte de vino y alcohol, verdaderas reliquias, en patios y jardines de algunos hogares de Coquimbo, generalmente colocadas como objetos ornamentales. Más abajo veremos que los coquimbanos decidieron instalar sus propias fábricas de tinajas, poco después.

Sobre la abundancia de las vides chilenas evadiendo las restricciones reales, otro dato interesante proviene del tomo 2º de la antes citada obra del naturalista francés Claudio Gay:

"...los Chilenos continuaron produciendo plantaciones sin cuidarse para nada de las autoridades absteniéndose siempre de satisfacer la contribución exigida. Estas plantaciones llegaron a ser tan abundantes que en 1664 el fiscal don Manuel Muñoz de Cuéllar creyó deber informar de ello al Rey, y éste pidió explicaciones a la Real Audiencia (de Chile), la que en 1668 respondió que siempre había sucedido lo mismo; que los viñedos habían disminuido mucho en cantidad, y que si quería someterlos a una composición los propietarios no tardarían en dejarlos perderse, lo que obligaría a los habitantes a ir a pedir el vino al Perú, donde se vendía a 16 pesos la botija".

Este comercio de vinos y aguardientes al mercado peruano aumentó más aún entre fines del siglo XVII y principios del siguiente, luego de que, en 1687, un terremoto destruyera gran parte de los territorios de cultivos del Perú, seguido de una peste de polvillo negro que lesionó sin piedad la producción agrícola, especialmente la de trigo, siendo interpretada esta plaga por entonces como el fruto de "humores terrestres" salidos al exterior con el sismo. Esta calamidad hizo que las demandas peruanas de cereales y otros alimentos, en general, se vieran satisfechas con las producciones de La Serena, el Valle Central y Concepción. Aunque hubo un inicial desequilibro entre oferta y demanda, la rica relación comercial se estabilizó rápidamente. Según palabras textuales de Gay, Chile se convirtió en el granero del Perú.

En el antes citado texto de Frezier de 1716, titulado "Relation du Voyage de la Mer du Sur aux Cotes du Chile et Perú", escribe el autor desmintiendo algunas afirmaciones actuales de parte de propagandistas peruanos que ningunean el comercio entre la región de Coquimbo y la capital del Virreinato:

"La fertilidad de la tierra ocupa a mucha gente en el campo de los valles de Elqui, Sotaquí, Salsipuedes, Andacollo, Limarí y etc., donde se cosecha trigo para poder cargar cuatro o cinco buques de cerca de cuatrocientas toneladas que se envían a Lima. Suministran también a Santiago mucho vino y aceite, considerado como los mejores de la costa..."

"...Como el puerto de Coquimbo no es un lugar de comercio para las mercaderías de Europa, donde no se puede vender al año más de doce o quince mil pesos, los buques franceses no van allá sino a hacerse de víveres frescos, aguardiente y vino".
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diixana
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Re: ****CRONOLOGIA Y BIOGRAFIA DE LA HISTORIA DEL PISCO CHILENO******

Por su parte, en "La Serena Colonial" (Valparaíso, 1983), el historiador Jorge Pinto Rodríguez escribe sobre la agricultura en el Coquimbo de aquellos años:

"En el siglo XVIII casi todo el valle estaba destinado a la plantación de viñas, actividad que derivó en la fabricación de vinos y aguardientes que alcanzaron notable celebridad en los asientos mineros, en Valparaíso y aun en Lima. Era pues, la vitivinicultura la principal actividad en el curato".


Relevancia del comercio colonial
del licor chileno en Perú al final de la ColoniaVOLVER A SUBTITULOS

Los publicistas peruanos conjeturan mucho la supuesta irrelevancia de las vías de comunicación comercial entre Coquimbo y Lima, como una forma de suprimir cualquier posibilidad de que los vinos y aguardientes coloniales de Chile hayan estado llegado a tierras peruanas durante aquellos años, para cuidar así otro de los mitos fundacionales de la denominación de origen del pisco peruano.

Sin embargo, puede advertirse que a principios del siglo XVIII, muchos comerciantes había encontrado la forma de establecer vías directas de provisión comercial entre Coquimbo y Lima y sus fondeaderos intermedios, situación que no se condice con un vínculo irrelevante de comercio. Esto se mantuvo durante los últimos cien años de coloniaje español. Es así como nos enfrentaremos a una serie de casos de sumo interés para el tema que nos ocupa. Por ejemplos:

*

El señor Diego Montero estableció en dichas fechas sus bodegas propias en Coquimbo, abriendo sucursales en los puertos de Cobija y del Callao, armando su propia nave para estos transportes: "Nuestra Señora de los Reyes". Al fallecer, en 1730, dejó a su mujer por herencia legando a su mujer tres solares en La Serena y los viñedos de Pauno, al menos tres haciendas y las bodegas de Coquimbo, entre otros bienes.
*

Otro dato interesante proviene del testamento del comerciante nativo de Cochabamba, Joseph Gómez de Celis, quien en 1713 dejaba constancia de que un sacerdote de Coquimbo le debía dinero por una venta de ganado. El comerciante declaraba su zona de actividades precisamente entre Coquimbo y el Callao, asociado a un tal Joseph González, de quien recibía las mercaderías que, a su vez, hacía llegar al Callao y Cochabamba. Falleció sólo dos años después.
*

Y un comerciante limeño, Francisco Montes Trujo, tenía su propia fragata para los embarques en La Serena con destino a Lima: "Nuestra Señora de los Dolores". La nave aparece zarpando desde Valparaíso el en febrero de 1748 con proa al Callao, pero haciendo una escala en Coquimbo donde echó arriba varias barras de cobre, sebo y dos cántaros. Este cargamento había sido enviado por el Capitán Ignacio Lugo, un serenense que parece ser un gran comerciante local, pues aparecerá poco después vendiendo 62 arrobas al negocio del ciudadano argentino Matus de Acevedo, establecido también en La Serena.
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diixana
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Otro comerciante limeño, José Gómez de Reyes, aparece al año siguiente adquiriendo "efectos de almacén", a un productor del Elqui llamado Alonso de Moreno.
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Y, hacia 1763, Nicolás Rojas entregó a Joaquín Álvarez, de Illapel, 468 pesos y 7 reales en géneros traídos muy probablemente desde el Perú, pidiendo a cambio 50 arrobas de aguardiente y 100 de vino, con la evidente intención de rebotar estos productos.
*

Las exportaciones de vino y aguardiente coquimbano a Lima reaparecen vistosamente en 1779, con el zarpe de la fragata "Cordelera" rumbo al Callao, con un negocio ejecutado por Francisco Sáenz de la Peña y Francisco Javier Urmeneta, quienes actuaban en representación de Francisco de la Fragua y de Juan Manuel Castañeda, ambos a la espera de estos cargamentos en Lima.
*

A mediados de 1794, los comerciantes Juan Marticorena, Miguel de Elizalde y algunos socios, elevaron a la autoridad presidencial chilena una solicitud para comerciar con mercaderías en Potosí y de la provincia de Charcas, pidiendo a cambio la liberación de impuestos y la exclusividad por doce años, para lo cual ofrecieron rehabilitar el camino de Copiapó a Atacama y construir en el puerto de Cobija una bodega de almacén, un estanque de agua y una capilla. Se informó de esta solicitud al soberano y, en marzo del año siguiente, el Rey accedió, pero sólo por ocho años y marginando de la liberación tributaria a los aguardientes precisamente por la importancia que aún tenían en los mercados coloniales, "quedando sujeto, en lo tocante a los aguardientes, al pago de los demás derechos establecidos de almojarifazgo, de salida y entrada por mar y alcabala en Coquimbo".

Debe destacarse que muchos comerciantes preferían las informalidades no sólo por el castigo tributario que a veces significaban los impuestos y aduanas, sino también por la existencia de verdaderas redes de intermediarios que operaban en la breve distancia que hay del Callao a Lima, encareciendo las mercancías con prácticas que hoy serían consideradas lindantes en la corrupción y el abuso, lo que, sumado al relajo de la fiscalización en Pisco, favorecía la introducción y comercio de los alcoholes chilenos para Lima a través de este puerto peruano.

Debemos advertir, también, la influencia de otros puertos en la ruta de los piscos coloniales de Coquimbo, como sucede en las comarcas de Huasco y Copiapó. Jorge Pinto, en "Un mercado interior en Chile colonial: el corregimiento de Copiapó a fines del S. XVIII", escribe en 1985, que al fundarse la villa comercial de Copiapó (en 1744) en este corregimiento, cerca del 20% de quienes allí se establecieron eran ricos comerciantes de La Serena, interesados "respecto de ser aquel valle tránsito para los comerciantes del Perú".

Tras su viaje por estas tierras en 1757, el Obispo Alday testimonia la existencia de caminos tanto terrestres interiores entre Coquimbo y Copiapó, como escalas hechas en esta ciudad por los tripulantes de las naves salidas desde la primera.

No sabemos si la influencia personal de algunas autoridades muy relacionadas con el Perú y con sus actividades portuarias pudo ser determinante en el comercio entre La Serena o Coquimbo y los mercados y puertos de la periferia capitalina del entonces virreinato peruano. El caso es que aparece una gran cantidad de nombres ligados directa o indirectamente a esta posibilidad.

Uno especial lo reviste, por ejemplo, Perafán de Rivera y Mendoza, un comerciante y militar del puerto de Pisco que, en junio de 1695, fue designado corregidor de La Serena por el Presidente de Chile don Marín de Poveda, cuando aún tenía 27 años de edad, pero luciendo aparentemente un nutrido currículo de enfrentamientos contra los piratas. Llegó al puerto chileno el 27 de julio, siendo recibido con honores. Ironía aquella, porque dos años más tarde era apresado y procesado por tratar de fugarse de la ciudad en escandalosas circunstancias.
Junior
diixana
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Re: ****CRONOLOGIA Y BIOGRAFIA DE LA HISTORIA DEL PISCO CHILENO******

Más afortunado pudo haber sido el caso del regidor y posterior alcalde Juan Antonio de Sola, aunque por ahora sólo podemos especular si su influencia tuvo que ver en el crecimiento de comercio de vinos y aguardientes chilenos con el Perú, en el siglo XVIII, que coincide con el aumento de la producción, según veremos. Lo cierto es que este sevillano llegó hacia 1713 presentando ante el Cabildo la orden real que lo designaba regidor de La Serena, siendo un experimentado comerciante con grandes negocios en Lima que incluso le obligaron a regresar a la capital peruana, volviendo a Chile en 1719 y siendo elegido esta vez alcalde de segundo voto. En 1728, llegó a Procurador General. Sus negocios no cesaron y se extendieron incluso a Potosí, Charcas.

En "La Serena en el S. XVIII: Las Dimensiones del Poder Local en una Sociedad Regional", el autor Cavieres Figueroa también aporta otra referencia interesantísima sobre este comercio:

"En 1753, Juan Hurtado de Mendoza, ya avecindado en Santiago y según su propio testimonio en muy malas condiciones económicas, daba cuenta sobre las recogidas de trigos, vino y otros productos que había realizado en los años 1724 y 1725 en los valles interiores de la jurisdicción de La Serena como rematador de la percepción del diezmo en compañía del comerciante Domingo de Luza. En ese contexto señalaba que "doy razón de haberse recogido en toda la jurisdicción dos mil doscientas fanegas de trigo juntas con las que se hicieron de los conchavos por las legumbres de toda la jurisdicción y de estos se perdieron las cien fanegas por haberse agorgojado y sólo vinieron a quedar en dos mil doscientas fanegas que son las mismas que se embarcaron para el puerto del Callao con las mil fanegas compradas para el cumplimiento de la escritura de embarque"."

"Además de la producción local de vino y aguardiente pudo obtener 300 arrobas que vendió a 2 pesos la arroba, 150 que suplió para la remisión de aguardientes al Perú, 120 remitidas a su socio estante en Santiago, 66 gastadas en la saca de 4 cargas de aguardiente enviadas también a Santiago y otras 166 arrobas embarcadas para el Callao en 40 odres y 29 botijas peruleras, todo lo cual significaban 844 arrobas considerando otras 42 partidas (poco más de 29.717 litros)".

Pero Coquimbo -hemos dicho- no era identificado únicamente por el aguardiente o el vino. Desde el puerto eran comunes las salidas de barcos con oro, plata, cobre mineral, cobre labrado, frutos descarozados, aceitunas, cebada, algarrobilla, harina, velas de sebo, pasas, grasa, ceras, pieles, lana y papas. Las distancias hacia centros urbanos como Lima, sin embargo, obligaban a limitar las embarcaciones, por lo que cuando aparecía de vez en cuando un buque chileno por esas costas, era frecuente que semejara un verdadero supermercado flotante, lleno de variadas y abundantes cargas entre las que, como dijimos, también se encontraban los cargamentos de vino y aguardiente. Generalmente, el navío partía con cargas dominantes de cobre o trigo, a las que adicionaba los licores elquinos y otros productos desde este puerto o subidos en las escalas siguientes. El viaje a Lima, peligroso y acosado por piratas, solía durar un mes, pero el regreso exigía el doble o más de tiempo, pues requería navegar mar adentro y con la amenaza de las corrientes que arrastraban a los navíos más al interior del océano. En una de estas aventuras, el famoso navegante Juan Fernández llegó perdido a las islas que hoy llevan su nombre.

Sergio Villalobos y Patricio Estrellé coinciden en señalar que estos tráficos de productos eran controlados por adinerados mercaderes peruanos, que dominaban también el comercio hacia los distritos mineros, la navegación regional, el armado de naves e incluso la comunicación comercial con España, que por entonces llegaba a Panamá:

"Transformado el Perú en gran productor de metales -escriben en el segundo capítulo de su "Historia de Chile"- su vasto territorio y especialmente la ciudad de Lima se convirtieron en centros de riqueza y poder, alrededor de las cuales giraban las economías periféricas de carácter agrícola y ganadero, como era el caso de Chile. El desarrollo de las faenas mineras, el empleo de grandes contingentes de trabajadores indígenas, el aumento de la población, el crecimiento de las ciudades y, en general, la expansión de la economía virreinal, actuaron como poderosas fuerzas que dinamizaron la producción de las colonias vecinas".