Responder
¡Bienvenido a los Foros de Univision! Participa, intercambia mensajes privados, sube tus fotos y forma parte de nuestra Comunidad. | Ingresa | Regístrate Gratis
Diamante
frutafresca01
Mensajes: 29,388
Registrado: ‎04-05-2003
0 Kudos

PEGARLE A UNA MUJER

Un deportista sabe o debería saber mejor que nadie las diferencias de fuerza bruta que hay entre hombres y mujeres.

 

A nadie se le ocurre poner juntos a los hombres y a las mujeres en las competencias de levantamiento de pesas, de lucha libre, de atletismo… Creo que ni siquiera hay boxeo femenino; no digamos boxeo de hombres contra mujeres. En ningún deporte olímpico compiten unos con otras. Una vez intentaron meter a las hermanas Williams en un torneo masculino de tenis, pero incluso los jugadores profesionales peor clasificados les ganaban 6-0. Solamente en el ajedrez, que es un juego en el que interviene más el cerebro que los músculos, ha habido mujeres que compitan de igual a igual con los hombres (la húngara Judit Polgar consiguió estar entre los diez mejores ajedrecistas del mundo, hombres y mujeres).

Las diferencias anatómicas entre machos y hembras, sobre todo en lo que se refiere a la estatura y a la masa muscular promedio, no son un invento machista ni una herencia cultural: son una herencia biológica y un dato genético de nuestras diferencias de género. Que un hombre amenace, grite o le pegue a una mujer es más grave que la misma acción de una mujer contra hombre. ¿Por qué? Pues por la sencilla razón de que los hombres, en general, tienen mucha más fuerza y pueden hacer más daño.

Piensen en un ejemplo muy común: una pelea en un colegio. Si la pelea es entre dos tipos, se despierta, sobre todo en los demás hombres, un sentimiento de excitación animal. Corren chorros de hormonas y de adrenalina; unos gritan, ¡reviéntelo!, otros azuzan con un ¡dale!, al uno o al otro. La masa que los rodea son como tiburones que olieron sangre: se deleitan en la riña. En este caso, aunque pelear siempre esté mal, se siente que la pelea es justa, en el sentido de que es entre iguales. Si en cambio es un hombre el que le pega en el colegio a una mujer, o uno de bachillerato a un niño de primaria, la indignación es general e instintiva. ¿Por qué? Por la desigualdad. La famosa frase “Te voy a dar en la cara *****”, no está bien: pero si la amenaza hubiera sido contra una mujer, habría sido monstruosa.
   
El Bolillo, Hernán Darío Gómez, fue futbolista profesional. Es decir, fue un atleta. Y como entrenador de una selección es alguien que -por gordito que esté- debe mantenerse más o menos en forma. Así como no es lo mismo recibir un puñetazo de un hombre que de una mujer, tampoco es lo mismo recibir una patada de un poeta que de un futbolista. Eso hace que su acto de agresión (en el que hubo incluso patadas, según los testigos) sea más grave y más censurable. Que antes se haya tomado una botella de aguardiente -o media, si la otra media se la tomó su acompañante- no le resta gravedad a su agresión. Seguramente esta no es la primera vez en la vida que el “profesor” se emborracha, y si la borrachera lo vuelve más agresivo, habría tenido que dejar de beber hace mucho tiempo.
   
Se le abona al entrenador que pidió disculpas públicas. Admitió su error. Eso hace más ridículas las afirmaciones de uno de los miembros de la Federación de Fútbol, que dijo que estaban juzgando al profe por un chisme callejero. Pues no: ese chisme callejero lo confirmó el mismo protagonista al admitir la agresión. Los defensores del Bolillo, al hablar, lo hunden más. Las declaraciones de la senadora Liliana Rendón no pudieron ser más estúpidas: “Si mi marido me casca, yo me la gané”, le dijo a Yamid Amat. Por bruta que sea la senadora, creo que entendería la diferencia de género si un hombre le pegara a una de sus niñas. Lamento tener que poner ejemplos tan personales y cercanos, pero por muchas reacciones de esta semana, da la impresión de que muchos colombianos no han entendido ni quieren entender que hay cosas absolutamente intolerables. La tolerancia tiene límites. Y nunca se puede admitir que un hombre le pegue a una mujer. Nunca. Hizo bien el Bolillo en renunciar. No puede dirigir un equipo, después de lo que hizo

Diamante
frutafresca01
Mensajes: 29,388
Registrado: ‎04-05-2003

Re: PEGARLE A UNA MUJER

Diamante
frutafresca01
Mensajes: 29,388
Registrado: ‎04-05-2003

Re: PEGARLE A UNA MUJER

No le pegue a la mujer

 

 

Por: Salomón Kalmanovitz

 

En la canción de Joe Arroyo, no le pegue a la negra, el propietario de la esclava le da látigo sin misericordia.

 

 

La desigualdad entre amo y esclavo así lo permite. En la sociedad colombiana, la desigualdad de género continúa alentando la violencia contra la mujer. Es así como el director técnico de la selección nacional de fútbol sintió suficiente hombría como para arremeter a puñetazos y patadas contra su acompañante en un sitio público, lo cual es un delito y lo convierte en un peligro para la sociedad.

 

 

La Federación Colombiana de Fútbol adujo primero que era un problema privado y después se abstuvo de tomar la decisión de aceptarle su dimisión, esperando un plebiscito que perdone la violencia ejercida en estado de embriaguez. Los jugadores escogidos por el técnico firmaron una carta pía de respaldo unánime.

 

 

Sucede que la Federación es una institución privada, que administra dineros públicos, y que está plagada de problemas de corrupción pues ha albergado clubes financiados por el narcotráfico. Si mantiene el técnico en su posición, volcará su estigma sobre la imagen del país en todo el mundo, pues el escándalo fue divulgado por todos los medios internacionales. Es que el director de la selección es nuestro embajador y adonde quiera vaya demostrará que en Colombia se tolera la violencia contra la mujer.

 

 

Hay que preguntarse, ¿qué pierde Colombia si cambia un personaje que ejerce violencia contra una mujer como técnico de su selección nacional? Uno va a analizar su trayectoria y encuentra una larga lista de fracasos en el fútbol nacional y en el de Centroamérica y un solitario destello en su paso por Ecuador. Es un historial mediocre que informaría que no ha hecho méritos como para conducir la selección nacional y sin embargo ahí está. Creo que aun si fuera el mejor técnico del mundo, continuaría siendo necesario darlo de baja porque es un pésimo ejemplo para la juventud colombiana y nos llena de vergüenza frente al mundo.

 

 

¿Qué mantiene a Hernán Darío Gómez en un puesto que le debería corresponder a un técnico con méritos probados? La razón fundamental es que la Federación Colombiana de Fútbol está capturada por dirigentes que se reeligen ellos mismos, reflejo en el deporte de un sistema clientelista nacional de intercambio de favores, falta de transparencia e incompetencia sistemática que no tienen consecuencias. Los medios de comunicación deportivos se confabulan para mantener ocultas estas realidades. Se puede afirmar entonces que las mismas instituciones que frenan el desarrollo económico del país están impidiendo el progreso del deporte.

 

 

¿Y por qué se tolera tanto la violencia contra las mujeres? Una razón es que el país ha sido educado en el machismo que sustituye la racionalidad por la imposición violenta. Las ideas religiosas lo perpetúan al hacer responsable a la mujer de la provocación y del pecado. La mujer tiene la doble naturaleza de santa y pecadora, la virgen María contra María Magdalena. Para la senadora por el Partido Conservador, Liliana Rendón, domina el segundo aspecto: las mujeres son provocadoras y manipuladoras, así que se merecen las golpizas que reciben. Por lo mismo, ella se proclama esclava de su marido.

 

 

El fútbol no escapa a lo que le pasa al país. Así, el subdesarrollo se perpetúa por los siglos, resultado de la combinación de instituciones clientelistas y arbitrarias con una cultura religiosa que no atiende las razones de la razón.

 

 

Diamante
frutafresca01
Mensajes: 29,388
Registrado: ‎04-05-2003

Re: PEGARLE A UNA MUJER

Diamante
frutafresca01
Mensajes: 29,388
Registrado: ‎04-05-2003

Re: PEGARLE A UNA MUJER

Patán de moda

 

Por María Jimena Duzán
 
Sería un deleite para los muchachos de la selección que la senadora los ilustrara sobre esa tesis según la cual cuando un varón nos pega es porque nos está educando.
 

Los señores miembros de la Federación Colombiana de Fútbol acaban de dar un parte de tranquilidad a los millones de hinchas que hay en el país al insinuar, tras bambalinas, que no le van a aceptar la renuncia al Bolillo Gómez como director técnico de la selección de mayores: de ahora en adelante ellos también pueden darles en la jeta a sus mujeres sin que tengan el temor de ser sancionados ni denunciados. Y si corren con suerte, pueden salir hasta reencauchados, como ha sucedido con el Bolillo: la alta consejera para la Mujer, Cristina Plazas, quiere contratarlo para que protagonice una campaña gubernamental en contra del maltrato a la mujer. Me temo que poner al Bolillo en esos menesteres es lo mismo que poner a un cura pederasta a cuidar un internado de niños, pero allá ella.

Sin embargo, ya entrados en gastos, le propongo a la alta consejera que de una vez contrate también al presidente del Partido Conservador, José Darío Salazar. Con el conocimiento que debe haber ganado en el tema de los moteles -un familiar suyo aparece como depositario de la DNE de una casa de lenocinio, incautada a los narcos-, podría serle muy útil al país en el campo de la (doble) moral y las buenas costumbres.

Otra infaltable sería la senadora conservadora Liliana Rendón en representación de la mujer-femenina, que no feminista, según la definición que ella hizo de sí misma en la radio. ¿Y cómo es esa mujer femenina que ella representa? Ah, pues es aquella que se deja pegar en silencio, a sabiendas de que ese es un castigo que se merece, por haber desatado la ira de su amo, como bien lo resaltó en su enjundiosa entrevista con Yamid Amat de la semana pasada. Cuando un hombre le pega a una mujer, "hay que mirar qué desató la reacción", dijo la senadora. "Hay una conducta que es patología de la mujer, que incita, provoca e induce a reacciones como la del Bolillo", fue una de sus frases cumbres. Sería un deleite para los muchachos de la selección, los mismos que firmaron la carta en solidaridad con el Bolillo a instancias de Barrabás, su hermano, otra joya de las buenas costumbres y del buen trato, que la senadora fuera a darles una conferencia y los ilustrara un poco más sobre esa tesis según la cual cada vez que un varón nos pega es porque nos está educando y porque quiere hacer de nosotras una mejor mujer.

Más allá del cinismo que suscita este episodio, me ha sorprendido la forma como la Federación ha justificado su decisión. Para ellos, el proceso que venía adelantando el Bolillo al frente de la selección ha sido exitoso y no hay razón para abortarlo por cuenta de un momento de debilidad, que lo llevó a cometer un "error". Dan a entender que bastante tiene con la perorata que debe padecer en la casa con su mujer, quien lo debe tener entre ojos por haber salido de juerga con otra, para que encima de eso quede en la calle, desempleado. "Eso ya es bastante castigo", han dicho varios locutores en la radio. Otros se han atrevido a decir que si se acepta la renuncia del Bolillo, eso desmoralizaría a los jugadores y podría afectar incluso el rendimiento de la selección Sub-20. ¿Y la moral de la mujer a la que golpeó el Bolillo a nadie le importa en la Federación?

Con una Federación así, lo más probable es que el Bolillo entre en hombros a la cancha de El Campín, como si fuera el hijo pródigo.

Hay otros que han cerrado sus filas en defensa del director técnico porque piensan que se trata de un linchamiento de la prensa bogotana contra un pobre hombre paisa. Las redes sociales están atravesadas por esas recriminaciones y hasta un político como Sergio Fajardo, a quien yo consideraba más o menos moderno en los temas de género, salió a decir en su blog que el Bolillo no debía renunciar, con el argumento, por cierto bastante cantinflesco, de que si lo hacía "nadie iba a volver a recordar que una de cada tres mujeres en Colombia ha sido víctima de la violencia masculina y que cada cuatro días muere una mujer víctima de la violencia de género". Con todo respeto, candidato Fajardo: ¿no sería más aleccionador para una sociedad que maltrata a las mujeres que el Bolillo fuera retirado de la selección por haberle pegado a la mujer?

Tal como vamos, a la mujer agredida le va a tocar ofrecerle disculpas al Bolillo y él se va a convertir en el patán de moda.

 
Diamante
frutafresca01
Mensajes: 29,388
Registrado: ‎04-05-2003

Re: PEGARLE A UNA MUJER

                                                                    

Diamante
frutafresca01
Mensajes: 29,388
Registrado: ‎04-05-2003

Re: PEGARLE A UNA MUJER

 

Cuando los machos mandan

Por: María Elvira Bonilla      

 

 

El incidente del Bolillo, confirma que Colombia es un país en el que mandan los machos. Vivimos ochos años con la lógica del Ubérrimo, de patrones y vaqueros, de caballos y novillos, de mandamases y peones obedientes que llega imperativa desde los más altos niveles de poder, se ha tomado los espacios de la política, la toma de decisiones y la vida social en general.

 

 

Es un país donde el grito sustituye el diálogo, no se toleran fácilmente las diferencias ni las discusiones serenas, que han sido sustituidas por una polarización asfixiante. Se descalifica, se insulta y en los extremos se hace a un lado a quien no comparta ideas y posiciones. Se confunde la lealtad con el unanimismo. Esto ha llevado a que los debates sean estériles y no se logren los consensos necesarios por la vía del diálogo y el intercambio de ideas, sino por la imposición arrogante o el tráfico de dádivas e influencias. Se impone, sin atenuantes, la voluntad del más duro en la calle, en los negocios, en la política… Por esto saturan las bravuconadas y aburren hasta la saciedad los insultos radiales, las ofensas televisivas, la gritería bulliciosa que opaca los argumentos e interfiere cualquier reflexión civilizada.

El ambiente “a lo mero macho” en que nos hemos acostumbrado a vivir excluye el sentido de humanidad, de comprehensión, de búsqueda de entendimiento del otro, de sentimientos de solidaridad y apoyo que la mirada femenina de la vida aporta de manera fundamental. Y no se trata de feminismos recalcitrantes, ni de dicotomías elementales, sino de un equilibrio necesario que ha ido quedando borrado, anulado con su consecuente empobrecimiento de la condición humana.

Aunque es un comportamiento generalizado, en el lenguaje de la política y en el ejercicio del poder lleva a que el diálogo esté tan satanizado que hablar del proceso de paz remite de inmediato al fallido Caguán para regresar al mundo de los soldados y más armas, como si ahondar en la posibilidad de dialogar, indispensable para lograr una sociedad armónica, fuera señal de debilidad. Urge equilibrar la sociedad y colocar “lo mero macho” con toda su elementalidad en su justo lugar.

Es el momento de valorar otras miradas. Pensar en la silenciada cultura como fuerza articuladora de la sociedad colombiana. Atreverse a mirar nuevas variables e incluso referirse a aquello que constituye finalmente el propósito de cualquier gobernante: la construcción de una sociedad que les garantice a los ciudadanos los espacios y las condiciones para que se realicen como seres humanos y encuentren la manera de construir el camino hacia la felicidad. Reflexionar sobre estos temas no es debilidad, por el contrario, es saber mirar el mundo en su complejidad, más allá del dialéctica simplista del más duro y el más fuerte. Hablar de afecto, de dignidad, de respeto, de sueños y esperanzas, sin dejarse atrapar por el discurso simplista, elemental y ramplón, que permita vislumbrar un país rico y complejo, debería ser el eje de reflexión del país. Para que los Bolillos dejen de prevalecer.

Diamante
frutafresca01
Mensajes: 29,388
Registrado: ‎04-05-2003

Re: PEGARLE A UNA MUJER

Diamante
frutafresca01
Mensajes: 29,388
Registrado: ‎04-05-2003

Re: PEGARLE A UNA MUJER

 

 

Puño, patada y bolillo

 

 

Natalia Springer

 

El caso del director técnico de la selección de fútbol es un episodio puntual en el marco de una epidemia social.

 

 

Menos del 10 por ciento de las mujeres que sufren la violencia doméstica, violencia que termina muchas veces en la muerte o la incapacidad permanente, denuncian a sus agresores, entre otras cosas, porque el sometimiento empieza mucho antes del primer puño, la primera patada. Hasta hoy, la línea de trabajo de quienes las atienden es la misma: no está sola, recibirá el apoyo del Estado y de la sociedad. Pero el otro 90 por ciento no denuncia porque da por sentado que no recibirá ese apoyo prometido (en muchos casos porque lo solicitó en el pasado y no lo recibió), porque cree merecer la violencia de la que ha sido víctima, y porque su familia, sus amigos y el mismo maltratador la convencen de que no tiene salida, de que hay que sacrificarse por los hijos, de que no tiene recursos propios y no podrá sobrevivir sola, y de que al que hay que perdonar, porque el perdón es un peso obligatorio, es al victimario. 'Perdonar' generalmente significa volver a casa, a sus reglas y a quedarse callada, a no armar escándalo, porque tampoco es una sociedad que valora la denuncia, la búsqueda de los canales institucionales para reclamar justicia y la exposición y el diagnóstico de sus males más notables.

 

 

 

 

La realidad es tozuda. La justicia no responde con prioridad a estos hechos: en lo corrido del año solo se han producido 23 condenas entre más de 7.000 casos, registrados tan solo en Bogotá, que es la ciudad que tiene los mejores índices de denuncia del país. La capacidad asistencial del Estado tampoco la considera una población en situación de vulnerabilidad, como bien dan cuenta los pocos albergues disponibles. Ellas mismas retiran las denuncias (y la justicia se lo permite) con argumentos variopintos, que van desde "es que yo me lo busqué", "mi marido puede hacer conmigo lo que quiera", "eso es de nuestra vida y ahí nadie se mete", "lo que pasa es que yo lo provoqué", "me lo inventé", "es el papá de mis hijos" y "yo sí prefiero que sea bien hombre y no que me salga maric    a". La sociedad tampoco se moviliza alrededor de esta causa y es tal vez por eso por lo que los casos de la violencia intrafamiliar casi se han duplicado desde el 2004, sin que esto haya generado ningún tipo de alarma.

 

 

 

Los acontecimientos de los últimos días someten a votación lo innegociable, el 'No a la Violencia', y trivializan un crimen puntual, el de la violencia doméstica, defendiendo al agresor con argumentos tan absurdos como que se trata de su vida privada, que no es tan malo como otros que han recibido el perdón de la sociedad (masacradores, secuestradores, violadores, reclutadores de niños y fabricantes de minas antipersonas) y, por lo tanto, hay que darle una nueva oportunidad. A los primeros se los amnistió en nombre de la paz. Al segundo, en nombre del fútbol. Al final, la culpa es de las víctimas.

 

 

 

 

De tal manera, se notifica a los maltratadores que su conducta no es tan grave y se los alienta a utilizar la misma justificación cuando hayan de necesitarla. Y a las mujeres maltratadas, que constituyen el 88,4 por ciento de las víctimas de la violencia intrafamiliar, se les notifica igualmente que es cierto lo que se temían: no tienen apoyo; para ellas no hay una oportunidad. La próxima vez, a quedarse calladas.

 

 

 

El caso del director técnico de la selección de fútbol es un episodio puntual en el marco de una epidemia social, una crisis de salud pública que no puede pasar inadvertida. El colmo es que toda la violencia derivada del conflicto no solamente no está sirviendo para reunirnos alrededor de unos compromisos que impidan su repetición, sino que se ha convertido en argumento para minimizar el impacto de otros tipos de violencia, como la intrafamiliar.

 

 

 

 ¿Cuál es la Colombia que representa el 'Bolillo'? ¿La que supera la violencia o la que la justifica? Son las mujeres maltratadas las que merecen una oportunidad. El técnico, ¡que se vaya!

Diamante
frutafresca01
Mensajes: 29,388
Registrado: ‎04-05-2003

Re: PEGARLE A UNA MUJER

El Rudo y el fútbol

Cristian Valencia

 

Si la Federación no le acepta la renuncia, ¿qué será de ellas? ¿De mí, de nosotros?.

 

 

Y los golpes eran duros. El hombre era grande, corpulento, orgulloso, prepotente. La mujer, menudita, de palabras suaves, con miles de argumentos en su cabeza que no podría decir aquella noche. Porque aquella noche era como un allanamiento bullicioso, abundante de gritos y malas palabras, de golpes. Como un allanamiento a un templo. Y el Rudo la golpeaba, y los pequeños íconos amorosos con que ella adornaba ese sagrado lugar eran tumbados a patadas, estrellados contra las paredes, maldecidos. Del otro lado, en la platea oscura del lugar del sacrificio estaban los hijos menuditos, con el alma contenida en lágrimas que no se lloraban, con ganas de gritar "No más", pero eran muy chiquillos para eso, no tenían ni el cuerpo ni la fuerza para frenar aquella tromba de violencia. Hasta que el Rudo daba por terminado su derroche de hombría y salía, enfatizando su rabia con un portazo. Entonces el escenario quedaba como quedan los escenarios después de una masacre: destrozado, y los retazos del amor desperdigados en la escena del crimen; y unas víctimas desoladas.

 

 

 

-¿Vale la pena, mamá? -preguntó el mayorcito, de 13, con un hilo de voz profundo, como si se preguntara a sí mismo.

Entonces silencio, y más lágrimas.

 

 

-¿Y si se va?, ¿qué camino cojo? -se respondió ella a sí misma en voz baja.

-¡Que se vaya, mamá! -dijeron todos en coro. La respuesta no demoró un segundo. Estaban seguros.

 

 

 

Pero a eso de las tres de la mañana, cuando todos dormían (tal vez ella no, tal vez ella masticaba su encrucijada en vilo), un trío maltrataba un bolero en la sala de aquella casa. Cantaba "Sin ti no podré vivir jamás", mientras una voz rotunda, la del Rudo, gritaba "Mija, mire lo que le traje".

 

 

 

Con la serenata venía un pollo asado también. Y ella, y los niños, tenían que aceptar esa manera de disculparse, obligados a comer sin ganas, a decir "gracias, papá"; ella obligada a un abrazo de perdón. Y así los días. Así.

 

 

He hablado con muchas mujeres a quienes sus maridos las golpean. Y cuando les pregunto a cambio de qué soportan esas palizas, ellas desvían la mirada y se sienten sin amparo cuando se piensan sin los Rudos, como si fuera irremediable. "Así es la vida", dirán muchas entre lágrimas solitarias frente al espejo. La promesa de estabilidad las acobarda. El miedo las paraliza. No saben, porque el miedo y la presión sicológica son enormes, que pueden tomar la decisión de demandarlos, de irse; que sea como sea el futuro será mejor sin un Rudo matoneándolas, menoscabando sus ímpetus, denigrándolas, apocándolas al punto de creerse inválidas, incompetentes. Porque les han hecho creer que morirán sin ellos: de hambre, de infortunio, de tristeza. Todo porque los Rudos les han repetido como muletillas permanentes: "a usted quién la va a mirar, usted se muere de hambre porque no sabe hacer nada, usted es una bruta".

 

 

 

Y hoy, cuando veo los directivos del fútbol dudando sobre si aceptar o no la renuncia del técnico de la selección, pienso que esa Federación de Fútbol nos está obligando a todos los colombianos a comportarnos como mujeres abusadas por sus compañeros que prefieren callar, porque el miedo las paraliza. Muertos de miedo de no clasificar a un mundial. Y no debe ser así, a costa de lo que sea, de nosotros mismos.

 

 

 

Las disculpas del agresor debe aceptarlas o no su víctima, la mujer que fue golpeada y que hasta el momento guarda silencio (¿Vale la pena, mujer?).

 

 

 Nosotros, yo; el país entero no puede consolarse con una serenata y un pollo a las tres de la mañana, como si no hubiera pasado nada. Sí pasó, es verdad que la golpeó a puño cerrado, como a un hombre. Y es de interés público: me compete, te compete, nos compete. Si la Federación no le acepta la renuncia, ¿qué será de ellas? ¿De mí, de nosotros? Entonces me pregunto, como ese chiquillo preguntó a su madre. ¿Vale la pena, mamá?