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franko62002
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MEXICANOS EXTRANJEROS EN SU PROPIO TERRITORIO

EL TRATADO DE GUDALUPE, MEDIO TERRITORIO PERDIDO

 

 

Overnight, Mexicans became foreigners in their own land.

 

When the Treaty of Guadalupe Hidalgo was signed on Feb. 2, 1848, Mexico ceded about half of its territory to the United States, mainly parts of what are now Arizona, California, New Mexico and Texas.

 

Experts say the treaty that ended the Mexican-American War (1846-1848) also created a new ethnic group - Mexican-American - and started a civil-rights struggle.

 

While the authors of the accord promised property and citizenship rights for the Mexicans who suddenly found themselves living north of the newly established border, none was granted.

 

The original document will be displayed in Tucson this month. It is a document that continues to shape people's perceptions of identity, said historian Michael Brescia, associate curator at Arizona State Museum. "The international border exists, in part, because of the treaty," he said.

 

Key original excerpts from the historic treaty can be seen at the Arizona State Museum starting Wednesday and until Feb. 28. The featured originals on display are on loan from the national archives and brought to Tucson by a local nonprofit, Amistades Inc.

The complete bilingual treaty is housed in the National Archives in Washington, D.C.

"The articles coming to us are the most important excerpts from the larger documents," Brescia said in a press release. "Visitors to this exhibit will see Article V, for example, that established the location of the international border."

THE TREATY

The Treaty of Guadalupe Hidalgo was named for the town near Mexico City where it was signed. The peace treaty, historians say, was largely dictated by the U.S. to a military-occupied Mexico and ended the war.

 

There is the misconception that Mexico sold the territory to the U.S., but the 15 million pesos it received for the land wasn't a payment: "It was in compensation for war-related damage to Mexican property," according to the history book "Historia General de Mexico," published by Colegio de Mexico in 2000.

 

"It wasn't a payment for the land," the book says. "It had been conquered."

 

THE EFFECTS

 

Experts said the treaty benefited the United States because, for a relatively small cost, it acquired land that would help the country push industrial development.

"A very high percentage of the economic growth in the U.S. is based on the production from territories that belonged to Mexico, like California and Texas," said Oscar J. Martínez, regents professor in the history department at the University of Arizona.

He noted that much of U.S. mineral production comes from land obtained through the treaty. "It's a huge loss for Mexico and a huge gain for the United States," he said.

Effects were more than economic. In Texas, for example, Mexicans weren't allowed to vote; in New Mexico, some were targets of violence; and in California laws against Mexicans were passed - some known as the "greaser" laws.

 

THE PEOPLE

 

 

When the U.S. Senate ratified the treaty, it deleted Article X, guaranteeing the protection of Mexican land rights. It also modified Article IX, which guaranteed citizenship rights for Mexicans in the new land.

There were about 80,000 Mexicans living in the ceded territory - about 20 percent of Mexico's population. Most decided to stay and live in the southwestern U.S. By the end of the 19th century, most Mexicans had lost their lands and were forcibly removed.

Mexico had failed to set up a way to enforce the treaty, so there wasn't an international agency to monitor violations of the agreement.

"That would have been helpful," said Richard Griswold del Castillo, a treaty scholar and professor of Mexican-American studies at San Diego State University.

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franko62002
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Re: MEXICANOS EXTRANJEROS EN SU PROPIO TERRITORIO

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franko62002
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Re: MEXICANOS EXTRANJEROS EN SU PROPIO TERRITORIO

 

Durante varias dècadas, el gobierno federal ha librado una guerra contra los inmigrantes mexicanos que intentan entrar en Estados Unidos.

 Les ha disparado con armas de fuego en confrontaciones violentas, hasta matándolos. Los ha encerrado en centros de detención.

 El gobierno federal ha gastado millones de dólares en construir una muralla fortificada por la frontera de California con Mèxico.

 Ha convertido en un crimen el contratar a los trabajadores indocumentados. Ha invadido hogares y negocios en busca de gente que deportar.

En el corazón de esta polìtica de tantos años, radica una premisa fundamental: que serìa algo malo si los mexicanos pudieran entrar libremente a Estados Unidos. Esta premisa, ¿es válida? Si no lo es, ¿no serìa, pues, mucho más racional y humanitario, sencillamente poner fin a la guerra contra la inmigración, y abrir la frontera al libre movimiento de gente y mercancìas? Un resumen de la herencia mexicana en el sudoeste norteamericano, podrìa asistirnos a cambiar de la polìtica de guerra y enemistad, a otra nueva de amistad y apertura para con nuestros vecinos del sur.

Antes de Mèxico ganar su independencia de España en 1821, el imperio español se extendìa de la Amèrica Central hasta las tierras que hoy dìa incluyen los estados norteamericanos de Texas, Nuevo Mèxico, Arizona y California. Estos territorios tambièn comprendìan partes de los estados actuales de Utah, Colorado y Nevada. Los españoles trataron de atraer gente que colonizara estas comarcas septentrionales de la Nueva España, pero con poco èxito. El territorio desolado y las incursiones de los indios servìan para disuadir a los colonizadores.

Cuando España acepta la independencia de Mèxico en 1821, al cabo de diez años de revolución, todo este gran territorio se hace parte de la nueva nación mexicana. Para desalentar la infiltración de extranjeros a las partes norteñas de su paìs, las autoridades mexicanas tambièn hacen lo que pueden por atraer al norte a sus propios ciudadanos. Pero ellos igualmente sólo tienen un èxito parcial. La población mexicana en el norte permanece relativamente escasa.

Es importante tener en cuenta que todos estos territorios -- asì como casi todo el pueblo que allì vivìa cuando Mèxico ganó su independencia -- eran españoles y mexicanos. La lengua y la cultura, eran españolas y mexicanas. La gente comìa comida española y mexicana. Aprendìan la historia de España, de Mèxico y de los indìgenas. El sistema polìtico y económico se basaba en el de España. Los pueblos y las ciudades tenìan nombres españoles: San Diego, Los Angeles, San Francisco, El Paso, San Antonio. La mayorìa de los habitantes de esta región eran tan españoles y mexicanos, como los habitantes de Massachusetts y Virginia habìan sido británicos.

La historia de Texas es crìtica para la de los pueblos del Sudoeste -- mexicanos, mèxicoamericanos, y angloamericanos. En el año 1822, con el permiso del gobierno mexicano, Stephen F. Austin (quien dio su nombre a la capital estatal) comienza a llevar inmigrantes norteamericanos a Texas, un territorio en el estado mexicano de Coahuila. A cambio de recibir permiso para establecerse en Mèxico, los inmigrantes han de convertirse en ciudadanos mexicanos, de jurar lealtad a Mèxico, y de aceptar el cumplir con las leyes mexicanas. Los colonizadores reciben terrenos a precio barato y la promesa del gobierno mexicano, de quedar exentos de aranceles durante siete años.

Texas empieza a ser inundada de colonizadores norteamericanos, y èstos en poco tiempo llegan a ser muchos más que los mexicanos. Por ejemplo, hacia fines de la dècada de 1820, ya hay unos 25.000 mexicanos de origen estadounidense en Texas, en comparación con unos 4.000 mexicanos de habla española.

La Constitución Mexicana de 1824 habìa garantizado un tipo federal de gobierno, descentralizado. Es decir, el paìs habìa de constar de estados particulares, cada uno autónomo dentro de su propio territorio, parecido al sistema de Estados Unidos en el siglo pasado. El gobierno central mexicano habìa de tener poca ingerencia sobre los asuntos de cada estado.

En 1834, Antonio López de Santa Anna asume la presidencia de Mèxico. Preconizando el concepto de un Estado fuerte y centralizado, Santa Anna desecha la Constitución de 1824 y, desde la capital nacional en Ciudad Mèxico, comienza a reglamentar la vida de los habitantes de los diversos estados mexicanos, de manera parecida a como hoy dìa el gobierno de Estados Unidos lo hace con el pueblo norteamericano desde Washington, D.C.

Para entonces, el plazo de siete años de exención de los aranceles de que habìan gozado los amèricomexicanos, ya se ha vencido. Santa Anna declara que van a ponerse aduanas por la frontera oriental de Texas con Estados Unidos. Además envìa tropas mexicanas a Texas para mantener el orden. En su creencia que los inmigrantes amèricomexicanos, entre ellos ilegales norteamericanos, amenazan a Mèxico con su idioma y cultura extranjeras, Santa Anna cierra la frontera del territorio de Texas a la inmigración angloamericana. Los amèricomexicanos se sienten agraviados por la imposición de aranceles y de controles a la inmigración. Consideran tiránicas estas medidas, y recurren al gobierno mexicano buscando reparación de agravios. Pero el proceso de petición nunca habìa sido parte del sistema mexicano ni del español, y el gobierno mexicano trata la petición como una amenaza ilegal a su autoridad. Santa Anna toma el puesto de comandante en jefe, y lleva al ejèrcito mexicano al norte para poner fin a la creciente resistencia.

En una antigua misión en San Antonio, El Alamo, se encuentran atrincherados unos 180 hombres, entre ellos William Barrett Travis, David Crockett, y James Bowie. Las fuerzas de Santa Anna suman unos 4.000. A medida que las tropas mexicanas rodean el Alamo, Santa Anna alza el estandarte de "guerra sin cuartel," lo cual significa que no han de tomarse prisioneros. Las fuerzas de Santa Anna atacan, y todos los defensores del Alamo caen.

No obstante, poco despuès de la batalla del Alamo, el ejèrcito de Santa Anna es derrotado por las fuerzas de Sam Houston en San Jacinto, Texas, y Santa Anna queda prisionero. A cambio de perdonársele la vida, Santa Anna consiente personalmente a que Texas se convierta en una nación independiente, luego de lo cual regresa a Mèxico en desgracia.

Sin embargo, existe un gran problema con este acuerdo: el congreso mexicano nunca llega a ratificarlo. Mèxico no reconoce a Texas como paìs independiente, y sigue reclamando el territorio. Durante varios años despuès de la batalla de San Jacinto, el gobierno mexicano sigue enviando tropas a Texas, pero rápidamente las retira para no provocar un conflicto prolongado con los tejanos.

Un agravante lo fue la decisión de Texas de considerar el Rìo Grande la frontera sureña, pese a que el lìmite meridional del territorio tejano, remontándose hasta la època del imperio español, siempre habìa sido el Rìo Nueces, que corre más o menos paralelamente a unas 125 millas al norte del Rìo Grande.

Por lo tanto, diez años despuès, en 1846, hay dos asuntos contenciosos. En primer lugar, ¿es Texas verdaderamente un paìs independiente, en virtud de su revolución exitosa y del acuerdo con Santa Anna? Los tejanos dicen que sì, y los mexicanos que no. En segundo lugar, si los tejanos tienen razón, ¿cuál es la frontera del sur del paìs nuevo (y, por ende, la frontera del norte de Mèxico): el Rìo Nueces, o el Rìo Grande a 125 millas más al sur, como dicen los tejanos?

Estas dos cuestiones, por supuesto, cobran suma importancia para los pueblos de Mèxico y de Texas. Pero es más aun asì para los residentes de Texas que toda la vida han sido ciudadanos mexicanos, y en particular para los que viven en la franja de territorio entre el Rìo Grande y el Rìo Nueces.

Por ejemplo, my ciudad natal de Laredo, establecido por el Capitán Tomás Sánchez en 1755, se encuentra en la ribera norte del Rìo Grande y, por lo tanto, dentro de la franja controvertida. En 1840, cuatro años despuès de la batalla de San Jacinto, los estados mexicanos de Tamaulipas y Nuevo León, tambièn indignados con la dictadura del gobierno mexicano, declaran su independencia de Mèxico, y Laredo, pese a ser reclamado por Texas, se convierte en la capital de la nueva República del Rìo Grande.

El gobierno mexicano logra suprimir la rebelión a los nueve meses, pero los habitantes de Laredo optan por mantenerse leales a Mèxico y no a Texas.

Las cuestiones de las fronteras polìticas finalmente las deciden la guerra de 1846 entre Mèxico y Estados Unidos, y el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848. La guerra y el tratado de paz tambièn hacen más complicados que nunca los asuntos de familia, idioma, historia y cultura a lo largo de la frontera del sur de Estados Unidos.

En febrero de 1846, la nación independiente de Texas se une a los Estados Unidos de Norteamèrica, como estado nuevo. Ahora los ciudadanos de Texas son ciudadanos norteamericanos. Sin embargo, queda por resolverse un asunto difìcil. Mèxico todavìa considera suyo el territorio tejano, y amenaza tomar las armas en contra de la anexión de Texas, que no reconoce.

En la creencia que era su "destino manifiesto" extenderse al Ocèano Pacìfico, anteriormente Estados Unidos habìa ofrecido comprar los territorios mexicanos de California, Nuevo Mèxico y Arizona por $15.000.000, oferta que Mèxico rechazó con indignación.

Despuès de la anexión de Texas, el presidente norteamericano James Polk decide enviar tropas al sur del nuevo estado. Pero los soldados no paran en el Rìo Nueces, que cuando el dominio español y mexicano siempre habìa sido la frontera meridional del territorio tejano. Texas, y ahora Estados Unidos, reclama la lìnea del Rìo Grande, más al sur. Polk manda las tropas a marchar a la zona de lo que hoy dìa es Brownsville, en la embocadura del Rìo Grande, bien dentro del territorio que Mèxico y Texas se disputan desde la revolución tejana, unos diez años antes.

Mèxico exige varias veces a Estados Unidos que quiten sus tropas del territorio en disputa. Polk no solamente se niega a hacerlo, sino que envìa una fuerza naval a la costa de California con instrucciones de hacer preparativos bèlicos.

En abril de 1846, las tropas mexicanas atacan un pequeño destacamento de tropas norteamericanas al otro lado del rìo en Matamoros, Mèxico, que todos los dìas lanzan pullas a los mexicanos alzando la bandera estadounidense al sonido del pìfano y tambor. Polk informa al Congreso que Mèxico ha atacado a soldados norteamericanos. El Congreso declara la guerra, y comienza la guerra con Mèxico.

Asimismo, la lucha no goza del apoyo unánime de los norteamericanos. El representante Abrahán Lincoln exige que Polk dè prueba que la zona donde las tropas fueron atacadas sea verdaderamente territorio estadounidense. Entre los que se oponen a la guerra se encuentran los autores Henry David Thoreau y Ralph Waldo Emerson, y los estadistas Henry Clay y Daniel Webster.

Uno de los episodios más curiosos de la guerra entre Mèxico y Estados Unidos, tiene que ver con el Batallón de San Patricio. Entre las tropas norteamericanas habìa un contingente de soldados oriundos de Irlanda. Al estallar la guerra, 200 de estos soldados deciden que están con el bando equivocado. No les gusta que Estados Unidos emplee su gran poderìo para invadir y conquistar un paìs mucho más dèbil, paìs que además es católico en su gran mayorìa. Desertan del ejèrcito norteamericano y se unen al de Mèxico. Cuando el general estadounidense Winfield Scott, luego de desembarcar en Veracruz, llega a Ciudad Mèxico con sus tropas y acepta la rendición de los mexicanos, captura a los soldados de San Patricio -- y manda ahorcar a 50 de ellos.

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franko62002
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Re: MEXICANOS EXTRANJEROS EN SU PROPIO TERRITORIO

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Mèxico por su parte tiene un punto de vista distinto. Hoy dìa hay un monumento conmemorativo que dice en español:

EN MEMORIA DE LOS SOLDADOS IRLANDESES DEL HEROICO BATALLON DE SAN PATRICIO

y traducido del inglès:

EN MEMORIA DEL CAPITAN JOHN RILEY DE CLIFDEN, FUNDADOR Y LIDER DEL BATALLON DE SAN PATRICIO Y DE LOS HOMBRES BAJO SU MANDO QUE DIERON SUS VIDAS POR MEXICO DURANTE LA GUERRA EE.UU.-MEXICO DE 1846-1848

La guerra con Mèxico termina con la rendición de Mèxico y el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848. La mayor parte de los norteamericanos la consideran apenas un hipo en el marco de la vida nacional, pero no asì los mexicanos. La guerra y sus consecuencias han surtido un efecto catastrófico sobre Mèxico y el pueblo mexicano, una experiencia desquiciadora cuyo impacto sigue hasta nuestros dìas.

Mediante el Tratado de Guadalupe Hidalgo, Mèxico pierde la mitad de su territorio nacional. Estados Unidos paga a Mèxico lo que le habìa ofrecido -- $15.000.000 más la asunción de la deuda mexicana -- a cambio de los territorios de California, Nuevo Mèxico, Arizona, Utah, Nevada, Wyoming, y parte de Colorado. Además, Mèxico renuncia a Texas, y la frontera internacional se establece en el Rìo Grande.

El tratado de paz da a los habitantes de los territorios conquistados la opción de seguir siendo ciudadanos mexicanos, o de convertirse en ciudadanos norteamericanos. La mayorìa eligen la ciudadanìa estadounidense. Pero algunos no están muy contentos de volverse norteamericanos. En mi ciudad natal -- Laredo, Texas, sobre el Rìo Grande -- pidieron seguir siendo parte de Mèxico. La petición no fue concedida. Un grupo de residentes de Nuevo Mèxico, se trasladaron al sur y establecieron una comunidad nueva justo al otro lado de la frontera. Unos años despuès, deben haberse sentido mortificados al saber que Mèxico vendió a Estados Unidos el territorio donde se mudaron, mediante la Compra de Gadsden.

Los autores Matt S. Meier y Feliciano Ribera, señalan en el libro Norteamericanos Mexicanos - Mexicanos Norteamericanos, que:

"De un plumazo el Tratado de Guadalupe Hidalgo extiende el territorio de Estados Unidos hasta incluir a 80.000 personas cuya cultura se distingue no solamente de la estadounidense, sino tambièn de la del inmigrante europeo tradicional. Sin haberse mudado, estos seres humanos se convierten en extranjeros en su tierra natal. Esta experiencia insólita conduce inevitablemente a malentendidos, a problemas y a conflictos."

"Despuès de la guerra, la cultura del Lejano Suroeste continúa más o menos como lo habìa sido bajo el dominio de Mèxico. La reacción popular a las condiciones nuevas fue mixta; algunos la aceptan, otros se resisten a ella, y la mayor parte sencillamente se quedan despreocupados o bien indiferentes. De inmediato hay cambio escaso en la lengua; el español sigue predominando. El modo de vida tradicional mexicano persiste, salvo en el este de Texas y en el norte de California, donde el influjo inmediato y en masa de los anglohablantes efectúa cambios trascendentales."

La animosidad y el conflicto eran inevitables. Por ejemplo, el Tratado de Guadalupe Hidalgo garantiza los derechos de propiedad de los habitantes de las tierras conquistadas. Sin embargo, en muchos casos la garantìa es vacìa. Muchos angloamericanos tratan a los mexicanos y a los mèxicoamericanos del mismo modo que tratan a los indios -- como pueblo inferior, conquistado y subyugado. A veces vienen paracaidistas norteamericanos a invadir y asentarse en los terrenos de mexicanos. Al entablar pleito en las cortes, a menudo resulta imposible para los dueños legìtimos demostrar con documentos que tienen tìtulo en su propiedad; despuès de todo, cuando vivìan en Mèxico no habìa habido que preocuparse de ello. Y aun cuando el propietario al fin prevalece en los tribunales, ha de vender sus tierras nada más para poder costear los honorarios de representación.

Durante la guerra de la secesión norteamericana de 1861-1865, se ven sucesos curiosos en las zonas fronterizas del sur de Texas. Fuerzas yanquis y confederadas luchan a lo largo del Rìo Grande. Pero la situación tampoco es pacìfica del lado mexicano del rìo. El ejèrcito francès invade a Mèxico por no pagar la deuda exterior, instaurando al Archiduque Habsburgo, Fernando Maximiliano, como emperador de Mèxico. Benito Juárez, el presidente electo de Mèxico, va al frente del ejèrcito mexicano que intenta expulsar a los invasores franceses. Asì es que los mèxicoamericanos que viven en las riberas del Rìo Grande, que poco antes habìan sido ciudadanos mexicanos y luego estadounidenses, ahora confederados, se ven arrastrados en varias direcciones por las batallas en ambos lados. Puede decirse con certidumbre que se sintieron más orgullosos por la victoria mexicana sobre el ejèrcito francès en 1867, que por la del Norte sobre los estados sureños de la Confederación.

Despuès del Tratado de Guadalupe Hidalgo no da trabajo viajar de un paìs al otro, porque la frontera está completamente abierta, y asì permanecerá durante unos 75 años. Esta polìtica de la frontera abierta seguirá afectando la vida de los que viven por la frontera meridional de Estados Unidos, más que nunca durante la Guerra Civil mexicana que estalla en el 1910.

En el año 1910, Mèxico celebra el centèsimo aniversario del comienzo de la guerra de independencia contra España. El clima polìtico en el paìs se encuentra calmado y ordenado. No está destinado a durar mucho más.

Las fuerzas mexicanas habìan derrotado al ejèrcito de ocupación francès en 1867, capturando y luego fusilando al Archiduque Habsburgo Fernando Maximiliano, instaurado por Francia como emperador de Mèxico. Benito Juárez volvió a tomar la presidencia de Mèxico y allì permaneció hasta fallecer en 1872. Le siguió Sebastián Lerdo de Tejada, quien a su vez fue derrocado por Porfirio Dìaz en 1876. Dìaz sirvió de "dictador benèvolo" hasta 1910.

El dìa despuès de la celebración del centenario, Dìaz anuncia los resultados de la elección presidencial: el 99 por ciento a favor suyo. La noticia provoca la Revolución Mexicana del 1910.

En un principio hay tres facciones revolucionarias: una encabezada por Francisco I. Madero, otra por Emiliano Zapata, y la tercera de Pancho Villa. Dìaz encarcela a Madero pero èste logra escaparse a Estados Unidos. Madero se reúne en San Antonio con otros conspiradores, declara fraudulentos los resultados de la elección, y comienza a planificar la revolución. Las fuerzas de Zapata se levantan en el estado de Morelos, bajo el lema, "tierra y libertad." Villa lucha en el norte y atrae un público de miles de norteamericanos a presenciar, desde los techos de la ciudad tejana de El Paso, el ataque exitoso a Ciudad Juárez.

Finalmente Dìaz dimite la presidencia y Madero lo reemplaza. Pero en breve Madero cae asesinado, vìctima de los agentes del general mexicano Victoriano Huerta, que toma las riendas del poder. Zapata y Villa continúan la lucha contra Huerta, y reciben asistencia de otra facción dirigida por Venustiano Carranza. Mèxico se halla en medio de plena revolución, que durará varios años. (La situación se vuelve más complicada aun con las intervenciones militares norteamericanas, en Veracruz en 1914 para redimir el "honor militar" estadounidense, y en Chihuahua en 1916 en un intento fracasado de capturar a Pancho Villa -- ambas sin haber habido declaraciones de guerra por parte del congreso.)

Asì describió la situatión T.R. Fehrenbach, en su obra Sangre y Fuego: Una Historia de Mèxico:

"Este era el 'Mèxico pobre y sangriento'... un paìs desgarrado por las pugnas estúpidas por el poder entre jefes militares. En los pueblos y las ciudades los hombres iban armados, y los diputados constitucionalistas llevaban pistolas a los recintos del congreso. Algunas autoridades calculan que el caos y la guerra mataron hasta dos millones de mexicanos. Sea cual fuere la causa, entre los años de 1910 y 1920 la población neta disminuyó en razón de varios cientos de miles."

La guerra provoca el caos en el pueblo mexicano, entre ellos a los que viven cerca de la frontera norteña con Estados Unidos. Ejemplo de ello lo fueron mi abuela y su familia, que vivìan en una pequeña población llamada Lampazos, cerca de Monterrey. Eran "porfiristas" eminentes. Mi abuela, que entonces tenìa 21 años, describió la escena:

"Hubo mucho entusiasmo porque habìa llegado una guarnición de tropas federales a proteger el pueblo. Al frente de las tropas iba el Gen. Rubio Novarrete, que llevaba consigo un grupo de muchachos de las mejores familias de Monterrey y de Mèxico. Durante unos seis meses tuvimos muchas fiestas, bailes y banquetes. En marzo de 1913 nos dijeron que los carrancistas iban a atacar el pueblo y que habìamos de salir de inmediato. Nos llevamos lo más indispensable y salimos en carruajes de caballos; era una larga caravana escoltada por tropas federales. Nos tomó tres dìas llegar a Nuevo Laredo. Vivimos en Nuevo Laredo durante unos seis meses y a menudo cruzábamos a Laredo, en Texas, a ir de compras, a ver las pelìculas, o a visitar amigos. Fue en este tiempo que conocì a mi futuro marido, Matìas de Llano. Surgieron rumores de que los carrancistas iban a atacar a Nuevo Laredo y que los federales iban a quemar el puente, y pues los refugiados cruzaron a Laredo."

Igual sucede con miles de otras familias mexicanas. La Revolución Mexicana produce una de las mayores migraciones humanas en la historia. Asì lo ponen Matt S. Meier y Feliciano Ribera, en el libro, Norteamericanos Mexicanos -- Mexicanos Norteamericanos:

"La revolución de 1910, una època de violencia y confusión increìbles, afectó directamente al Sudoeste. Durante la dècada de la revolución perdieron la vida aproximadamente un millón de mexicanos, de una población total de 15 millones, y hubo un desplazamiento de gente en gran escala. Miles huyeron del campo a las ciudades y a los pueblos mayores de Mèxico; al mismo tiempo miles más huyeron a Estados Unidos. Nadie sabe exactamente cuántos mexicanos participaron en el gran èxodo; según un estimado, más de un millón de mexicanos entraron al sudoeste norteamericano entre 1910 y 1920.... Estos seres desplazados aumentaron enormemente la población de los pueblos y los barrios fronterizos. Pese a sus planes de volver a Mèxico, muchos finalmente se quedaron en Estados Unidos porque ahì hallaron comodidad y seguridad cultural en el medio familiar de las comunidades mèxicoamericanas.

"La oleada de inmigrantes mexicanos que la revolución empujó a Estados Unidos incluyó a algunos que pudieron escapar con capital suficiente como para poder abrir negocios en los barrios del Sudoeste. Entre ellos además se encontraban dueños de tierras, comerciantes e intelectuales.... Al mismo tiempo que la revolución causaba la emigración de miles de peones, crecìa rápidamente la demanda de la mano de obra en el Sudoeste."

La facilidad con la que se efectúa esta gran migración humana, se debe a un factor crìtico: despuès del Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, la frontera con Mèxico permanece abierta. El ciudadano mexicano sigue gozando de la misma libertad que tuvieron sus antepasados mexicanos y españoles -- de viajar a lo que, no mucho antes, habìa sido parte de su patria. (La Patrulla Fronteriza estadounidense no fue establecida hasta 1924, y además con un personal tan escaso que poco pudo afectar la habilidad de los mexicanos de entrar libremente a Estados Unidos.)

Los mexicanos siguen cruzando la frontera a visitar, a mudarse, a trabajar, a abrir negocios. Desde luego, el ir a visitar o a trabajar en Estados Unidos no les concede automáticamente la ciudadanìa norteamericana. La frontera abierta quiere decir que el mexicano mantiene su ciudadanìa mexicana mientras vive o trabaja en EE.UU., del mismo modo que los norteamericanos de hoy que viven o trabajan en el extranjero mantienen su ciudadanìa estadounidense.

Durante la Gran Depresión las condiciones económicas y polìticas invierten el flujo de inmigrantes a Estados Unidos. De 500.000 a 1.000.000 de mexicanos regresan a Mèxico durante la dècada del 30. Claro está, el presidente Franklin Roosevelt y el Servicio de Inmigración y Naturalización (siglas en inglès: INS) los "alientan" a regresar a su paìs.

Durante los años 30, el INS conduce una serie de redadas, bien difundidas en la prensa, de ciudadanos mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos. En ninguna parte pueden escaparse de las garras del INS: una de las infames redadas cae sobre varias familias mexicanas mientras meriendan en un parque en Los Angeles. Claro queda el mensaje del presidente Roosevelt y el INS a los ciudadanos mexicanos, que anteriormente los norteamericanos habìan recibido con los brazos abiertos: "Ya no son bienvenidos aquì. Váyanse de nuestro paìs, o los repatriamos a Mèxico nvoluntariamente." No importa que los mexicanos hubiesen podido entrar libremente a Estados Unidos desde 1848, que hubiesen fundado empresas y criado familias legalmente, que hubiesen comprado hogares y otras propiedades dentro de la ley, que hubiesen contribuido a la prosperidad norteamericana, ni que hubiesen contribuido al fisco. (Desde luego, no es la única ocasión en que el gobierno de EE.UU. empleara el control de la inmigración de tal manera. Tambièn lo emplea para rechazar a refugiados judìos de la Alemania nazi.)

Resulta imposible medir el grado de sufrimiento de los cientos de miles de mexicanos que fueron obligados a migrar a Mèxico en esos años. Recogieron sus posesiones y organizaron sus caravanas de vuelta a Mèxico. A menudo los que se quedaban cantaban "Las Golondrinas" a los que partìan. Las dificultades fueron mayores para aquellas familias con niños que habìan nacido en Estados Unidos y que por lo tanto eran ciudadanos estadounidenses. Los niños mayores a veces se rehusaron a volver a Mèxico con sus padres. Los niños que sì fueron a Mèxico, con frecuencia servìan de blanco para las burlas de los niños mexicanos, por hablar inglès.

El tratamiento por parte del gobierno federal, de los ciudadanos mexicanos durante los años 30, no impidió servir durante la IIa. Guerra Mundial a muchos mèxicoamericanos. Meier y Ribera escriben que:

"Durante la IIa. Guerra Mundial sirvieron más de 300.000 mèxicoamericanos en las fuerzas armadas. La mayorìa se incorporaron en el ejèrcito y, con base en su proporción de la población total, sirvieron más chicanos en las divisiones de combate que cualquier otro grupo ètnico.... Su valentìa los ayudó a ganar una proporción mayor de galardones militares que cualquier otro grupo. De 14 tejanos que recibieron la Medalla de Honor, cinco fueron mèxicoamericanos. Hacia el fin de la guerra, 17 mèxicoamericanos se habìan ganado la Medalla de Honor. Cinco se otorgaron despuès de la muerte."

¿Realmente necesita hoy Estados Unidos una guerra contra los inmigrantes mexicanos -- una Muralla de Berlìn por toda la frontera sureña -- o matanzas de indocumentados por el INS -- o la repatriación forzosa al comunismo de refugiados cubanos -- o redadas en los hogares y negocios norteamericanos -- o la deportación de padres y de madres de ciudadanos estadounidenses -- o la muerte de extranjeros, muertos de sed en el desierto, o ahogados en el mar, tratando de entrar en Estados Unidos?

Durante más de 75 años, el pueblo norteamericano mantuvo una polìtica racional y humanitaria con respecto a la inmigración: de apertura y amistad por la frontera sureña. ¿Acaso no es èsta la única polìtica que concuerda con los principios de la libertad económica, con la Estatua de la Libertad, con el concepto de querer al prójimo como a sì mismo?

Jacob G. Hornberger es fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation, en Fairfax, Virginia, y corredactor del libro, The Case for Free Trade and Open Immigration ( El Caso a Favor del Librecambio y la Libre Inmigración ).