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Platino Brillante
jazo05
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"El patrón del ma vs Amor Cuativol"...Álvaro Cueva

Para mí, Pablo Escobar, el patrón del mal es una obra maestra, un título fundamental que todo el mundo debería ver. Desgraciadamente ya más de un espectador me escribió para reclamarme.

¿Por qué? Porque se trata de una serie-novela sobre narcotraficantes y porque, se supone, eso es malo, diabólico, lo peor.

¿Qué es Pablo Escobar, el patrón del mal? Una mezcla de serie y telenovela, realizada con capitales de Colombia y Estados Unidos, sobre la vida y obra de un poderoso narcotraficante latinoamericano.

Alguna vez, cuando esto se estrenó del otro lado de nuestra frontera norte, le escribí de ella. ¿Se acuerda?

Pues desde hace varios días la podemos ver, todas las noche, por el canal Unicable.

¿Por qué es una obra maestra? Por ese admirable equilibrio que hay entre su fondo y su forma, que es precisamente lo que convierte a cualquier trabajo en una expresión de esa naturaleza.

Pablo Escobar, el patrón del mal tiene unos libretos perfectos y una producción, igual. Su elenco es lo más fino que nuestros ojos han visto en meses y cada escena está trabajada como para ir y agarrar a besos a sus directores.

¿Cómo es posible que algo tan malo sea tan bueno? Es que no es mala. ¿Acaso El padrino es una mala película? ¿Acaso Scarface es una obra del diablo? ¿Entonces por qué Pablo Escobar tiene que ser maligna?

¿Sabe por qué? Por la ignorancia y la doble moral de nosotros los mexicanos.

No es lo mismo una telenovela que una serie o una serie-novela y no por ver la historia de un delincuente usted y yo nos vamos a convertir en delincuentes, ¿o sí?

¿Entonces por qué me la pasé atacando un producto nacional como Amor cautivo y ahora estoy defendiendo uno extranjero como éste? ¿Es porque en el fondo soy el más asqueroso de los malinchistas?

¡Por supuesto que no! La diferencia entre Amor cautivo y Pablo Escobar, el patrón del mal, La reina del sur y muchas otras emisiones similares es más que obvia.

Mientras que en la telenovela de Azteca el crimen, el secuestro y la violencia eran presentados como enternecedoras fantasías románticas, aquí y en todos los títulos que le acabo de mencionar se presenta como algo monstruoso que tiene sus consecuencias.

Por si esto no fuera suficiente, se trata de proyectos tan profundos que, mientras nos van entreteniendo y nos van contando todas esas historias, nos van haciendo reflexionar sobre el ser humano, sus relaciones y el poder.

Hágame un favor y hágase un favor usted mismo, luche por ver Pablo Escobar, el patrón del mal y dele gracias a Dios de poder sintonizar un producto tan fino justo ahora que las cosas están tan mal en el mundo.

¿Sabía usted, por ejemplo, que la crisis española está cobrando sus primeras víctimas en los espectáculos como el cine y la televisión?

Parece ser que Amar en tiempos revueltos se va a dejar de hacer, que series tan maravillosas como Isabel se van a quedar a medias y que clásicos como Cuéntame cómo pasó van a reducir la duración de sus capítulos para tratar de sobrevivir a la debacle.

Algunos títulos van a emigrar de la televisión pública a la privada, otros van a ir de un canal a otro. Está muy grueso porque se trata de voces que vamos a dejar de tener, de opciones con las que ya no vamos a contar.

Por eso, ahora que puede, disfrute de toda la buena televisión que pueda de todas las regiones del mundo que tenga a su alcance, desde las increíbles telenovelas coreanas hasta las fabulosas animaciones japonesas, pasando por los melodramas brasileños, las serie-novelas colombianas y las superproducciones inglesas.

Mañana, quién sabe qué vaya a pasar con la industria. El momento es hoy.

Y a propósito de buena televisión, de producciones internacionales y del privilegio que es tener todo lo que tenemos en México, este domingo va a ocurrir algo que si no se lo recomiendo, me va a dar “algo”.

Se trata del estreno de la versión, en miniserie, de En busca del tiempo perdido (À la recherche du temps perdu), una de las obras literarias más sublimes que se hayan escrito en la historia de la humanidad.

Es una megaproducción francesa planteada en dos capítulos de dos horas que hará suspirar a más de un televidente por la belleza de ese texto, por la exquisitez del manejo de la época (principios del siglo XX) y por su peculiar visión de todo lo grande y lo pequeño que le da sentido a la existencia humana.

Después de haber leído y estudiado los libros, no me cabe en la cabeza cómo le hicieron los responsables de esta emisión para meter tantas ideas, tantas emociones y tanta belleza en tan pocas horas de televisión, pero la experiencia vale la pena y le juro que le va a purificar el alma.
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