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armoniaconlabiosfera
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A 75 AÑOS DE LA HUELGA BANANERA EN LIMON LIDERADA POR CALUFA

El 9 de agosto de 1934 comenzó en Costa Rica uno de los movimientos sociales más importantes ocurridos en América Latina durante la primera mitad del siglo XX: la huelga de los trabajadores bananeros. Dirigida por el Partido Comunista, la lucha, se extendió por casi seis semanas.
A diferencia de otros conflictos similares, que en países vecinos fueron brutalmente reprimidos, la huelga fue afrontada por el gobierno de Ricardo Jiménez con más negociación que represión.
La huelga tuvo un decisivo impacto en el país, aunque no todos los objetivos del movimiento se alcanzaron de inmediato, y pese a que su participación en él no deparó, a los comunistas, las ganancias electorales que esperaban en los comicios de febrero de 1936.
A la vez, el conflicto fortaleció un anticomunismo socialmente reformista que, en un futuro cercano, impulsaría la gran reforma social de la década de 1940.
Leo R. Sack fue el ministro (representante) de los Estados Unidos en San José entre 1933 y 1937. Él escribió el texto que presentamos. Este permite aproximarse a una dimensión hasta ahora muy poco conocida de esa huelga y revela los cambios que, con el ascenso al poder de Franklin Delano Roosevelt, experimentó la política de los Estados Unidos hacia América Latina. En las primeras tres décadas del siglo XX, dicha política se había caracterizado por la intervención militar estadounidense en varios países de Centroamérica y del Caribe. ÁNCORA LA NACION. Com El País Costa Rica, Domingo 9 de agosto de 2009 Iván Molina Jiménez | ivan.molina@ucr.ac.cr GRUPO NACIÓN GN, S. A Publicado: 2009/08/09 Costa Rica, Domingo 9 de agosto de 2009
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armoniaconlabiosfera
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ESTRICTAMENTE CONFIDENCIAL DOC USA REVELA FRUSTRADAS PRESIONES INTERVENCIONISTAS

ESTRICTAMENTE CONFIDENCIAL
DIÁLOGO TENSO UN DOCUMENTO NORTEAMERICANO REVELA FRUSTRADAS PRESIONES INTERVENCIONISTAS
Para el conocimiento estrictamente confidencial del Departamento [de Estado], tengo el honor de reportar las sugerencias que me fueron hechas ayer en la tarde, en esta Legación, por Mr. G. P. Chittenden, representante en jefe de la United Fruit Company en Costa Rica.
Con la entrada de la huelga de los trabajadores bananeros en su tercera semana, y tras la decisión de la United Fruit Company de no intentar cortar fruta de ninguna clase este fin de semana en sus propias plantaciones, la nerviosidad de Mr. Chittenden sobre la situación de la huelga se ha incrementado en gran medida.
Hasta ahora, él ha procedido calmada y fríamente y, en mi opinión, con discreción y juicio. Como ha sido informado hasta el momento, en ninguna ocasión ha solicitado, a esta Legación, requerir la intervención estadounidense, como ha sido sugerido en conversaciones con otros productores bananeros. Mr. Chittenden tampoco requirió que esta Legación sea más enérgica en lo que, creo, ha sido la cuidadosa manera en que he discutido la situación de la huelga con funcionarios del gobierno.
Como he informado al Departamento, mi objetivo ha sido, dentro del marco institucional existente, proteger al máximo las vidas y propiedades estadounidenses. Al mismo tiempo, me he refrenado de hacer algo o de ofrecer sugerencias o de hacer críticas que, en alguna manera, podrían contribuir a la nerviosidad del Gobierno; pero, ayer en la tarde, la calma de Mr. Chittenden parecía haber desaparecido y él me buscó con las siguientes sugerencias:
Después de discutir el trasfondo comunista de la huelga y el evidente hecho de que el movimiento está bajo la dirección de agitadores políticamente orientados, quienes en última instancia esperan tomar control del Gobierno –una opinión con la que coincido–, Mr. Chittenden preguntó si el Gobierno de los Estados Unidos no consideraría desfavorablemente una forma de gobierno comunista en Centroamérica.
“La forma de gobierno decidida por las otras naciones no es un asunto del Gobierno de los Estados Unidos, según como interpreto la política de mi Gobierno”, le contesté a Mr. Chittenden. “El Gobierno de Estados Unidos reconoce la responsabilidad de los otros pueblos y sus derechos a tener la forma de gobierno que decidan por sí mismos. Esta política, estoy del todo seguro, ha sido hecha extremadamente clara bajo el Presidente [F. D.] Roosevelt”.
Entonces Mr. Chittenden me preguntó si yo no estaba preocupado acerca de si el movimiento de la huelga podría o no podría resultar en el establecimiento de un gobierno comunista en este país.
Repliqué que la forma de gobierno escogida por el pueblo de Costa Rica era, en lo que a mí concernía, un asunto enteramente de su propia incumbencia y no uno en el que yo debiera interferir en alguna manera. Añadí que, personal y oficialmente, mis puntos de vista estaban en estricto acuerdo con los del Departamento de Estado y del presidente Roosevelt.
Entonces Mr. Chittenden trató de sondear mi opinión sobre el siguiente punto:
“¿Considera usted que, si un Gobierno Comunista fuera establecido en Costa Rica, sería muy peligroso para el Presidente [Jorge] Ubico en Guatemala, quien hasta ahora ha tenido éxito en poner fin al comunismo en ese país antes de que pudiera cobrar fuerza; para el Presidente [Maximiliano Hernández] Martínez en El Salvador, quien detuvo el comunismo con una pérdida de tres mil vidas; para el Presidente [Tiburcio] Carías en Honduras y para el viejo [Juan Bautista] Sacasa en Nicaragua? ¿Considera usted que sería posible hablarles a ellos a través de los ministros estadounidenses en esos países, y por medio de usted a los representantes de esos países en San José, para señalarles el grave peligro que existe aquí, y que los afectaría si continúa hasta su presente conclusión, con el propósito de que ellos puedan presionar al Presidente [Ricardo] Jiménez, haciéndole saber que los Gobiernos de esos países están vigilando la situación costarricense con mucha preocupación?”.
“¿Está usted sugiriéndome que yo haga eso?”, pregunté a Mr. Chittenden.
“Sí”, replicó.
“Bueno, si usted tiene eso en mente, comuníquese con su abogado en Boston, Mr. Jackson, y permita que, en nombre suyo, él haga esas sugerencias al Departamento de Estado, porque yo no puedo hacerlo por usted”, respondí.
“Oh, no, yo no quiero hacer eso”, replicó Mr. Chittenden.
“Bueno, no puedo hacer nada por usted porque no simpatizo con sus sugerencias. Ello sólo empeoraría la situación y, desde mi punto de vista, supondría interferir en un asunto interno de Costa Rica”.
“Lo siento”, Chittenden continuó, “pero tal vez formalice mi petición para lograr lo que busco”.
“Entonces, si lo hace, hágalo en su propia papelería oficial, fírmela y, como una cortesía y un deber, transmitiré sus sugerencias al Departamento de Estado”, le dije.
Mr. Chittenden pareció muy molesto porque no manifesté ningún entusiasmo por su sugerencia, pero, debido a la posibilidad de que la United Fruit Company, que tiene extendidas ramificaciones en Centroamérica, pueda aún intentar presionar desde afuera al Gobierno del Presidente Jiménez, estoy reportando la conversación anterior para el conocimiento del Departamento. El Departamento quizá pueda sentir que estoy dando mucha importancia a los “sondeos” de Chittenden, que surgieron de su incuestionable nerviosidad; no obstante, prefiero reportar la conversación completa.
En conexión con esto, me gustaría reportar que Mr. Chittenden me informó de que, el pasado jueves, él personalmente le había sugerido al canciller [Raúl] Gurdián que era necesario decretar la ley marcial en el área de la huelga. Evidentemente, su punto de vista persuadió a Mr. Gurdián porque, en la tarde del jueves, cuando lo visité en compañía del Secretario [de la Legación, Edward G.] Trueblood, nos dijo que iba a recomendar al Presidente Jiménez establecer la ley marcial en la zona frutera. Sin embargo, esa tarde, en su conversación con el Presidente, el jefe del Poder Ejecutivo, de setenta y cinco años de edad, obviamente convenció a su Canciller de que la ley marcial no era necesaria en este momento. Asimismo, el Presidente evidentemente persuadió a Mr. Gurdián de que este no era el momento para presentar su renuncia.
San José, 25 de agosto de 1934. Leo R. Sack
ÁNCORA LA NACION. Com El País Costa Rica, Domingo 9 de agosto de 2009 Iván Molina Jiménez | ivan.molina@ucr.ac.cr GRUPO NACIÓN GN, S. A Publicado: 2009/08/09 Costa Rica, Domingo 9 de agosto de 2009
pOR ESO QUIZA usa MNO QUIERE INTERVENIR HOY EN HONDURAS
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bugatti11
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Re: ESTRICTAMENTE CONFIDENCIAL DOC USA REVELA FRUSTRADAS PRESIONES INTERVENCIONISTAS