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jesuseselsenor
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EL NACIMIENTO DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU

[ Editado ]
EL NACIMIENTO DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU

 

“Respondió Jesús, De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).

 
La Doctrina del Nuevo Nacimiento
Jesús introdujo la doctrina del nuevo nacimiento en Juan 3:5. Muchos pasajes subsiguientes usan esta enseñanza como una base cuando hablan de la regeneración o la nueva vida en Jesucristo. Como mencionamos en el capítulo 1, el nuevo nacimiento es lo mismo que la experiencia de salvación en el sentido pasado. En esta época de la iglesia neotestamentaria, el nuevo nacimiento es una parte indispensable para recibir la salvación eterna.
Cuando Nicodemo vino a Jesús, el Señor le dijo, “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Las palabras que Jesucristo usó aquí, también pueden significar “nacer de arriba,” pero en este caso el significado primario es “nacer de nuevo.” Como W. E. Vine notó, “Nicodemo no se confundió en cuanto al nacimiento de los cielos; lo que le dejó perplejo era que una persona debe nacer una segunda vez.” Nicodemo le preguntó a Jesús cómo podría un hombre entrar en el vientre de su madre por una segunda vez y nacer de nuevo. Entonces Jesús le explicó que estaba hablando del nacimiento del agua y del Espíritu, es decir, no estaba hablando de un segundo nacimiento físico sino de una experiencia que impartiría espiritualmente una vida nueva. Nicodemo tampoco entendió esta declaración, porque él preguntó, “¿Cómo puede hacerse esto?” (Juan 3:9). Entonces Jesús expresó su asombro de que un erudito religioso y un líder como Nicodemo no entendiera lo que él quiso decir.
La doctrina de Jesucristo acerca del nuevo nacimiento no debe de haber sido totalmente extraña para los judíos. El usó como base la promesa de Ezequiel 36:25-26: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.”
Puesto que Jesús a fin de explicar el nuevo nacimiento lo dividió en dos componentes, haremos lo mismo aquí. Debemos entender que el nuevo nacimiento es una sola experiencia que consiste en dos partes; una parte es incompleta sin la otra. Hay un solo nacimiento, no dos.

 
El Nacimiento de Agua
Los teólogos han propagado muchas teorías sobre el significado de esta frase. Las interpretaciones más prominentes son: (1) se refiere al nacimiento natural que es acompañado por un flujo de fluido amniótico acuoso; (2) es idéntico al nacimiento del Espíritu; (3) se refiere a la limpieza espiritual realizada por la Palabra de Dios; (4) es el bautismo en agua; no meramente la ceremonia humana, sino la obra que Dios realiza cuando El perdona los pecados en el bautismo en agua. Permítanos analizar cada una de estas ideas.

 
¿Es el Nacimiento Natural?
Esta interpretación es sumamente improbable por varias razones: (1) Sería una manera muy extraña de describir el nacimiento natural, especialmente puesto que este uso no aparece en otra parte de las Escrituras ni en el discurso ordinario; (2) Jesús informó específicamente a Nicodemo que el nuevo nacimiento era un nacimiento de agua y Espíritu, y no un nacimiento natural. Una comparación entre los versículos 3 y 5 muestra que “nacer de nuevo” es equivalente a “nacer del agua y del Espíritu”; (3) Si el nacer de agua significa el nacimiento natural, entonces Jesús o le dijo a Nicodemo que hiciera algo que ya había hecho o que hiciera algo que era físicamente imposible. Si esto fuera el caso, la pregunta de Nicodemo era válida y Jesús no le habría corregido; (4) parece innecesario decir que debemos nacer en este mundo puesto que todo el mundo obviamente ya ha nacido así; (5) Si el nacimiento de agua realmente es el nacimiento natural, ¿por qué indicó Jesús que el nuevo nacimiento tiene dos componentes? Puede haber un paralelo entre el agua en el nacimiento natural y en el nuevo nacimiento, pero el contexto de Juan 3 establece que el nacimiento de agua no es el nacimiento natural.

 
¿Es Idéntico al Nacimiento del Espíritu?
De acuerdo con esta idea, Jesús realmente quiso decir, “Tú debes nacer de agua, es decir, del Espíritu.” Por supuesto, unos pasajes asemejan al Espíritu con el agua (Juan 4:14; 7:38). Sin embargo hay varias dificultades si tratamos de aplicar este simbolismo a Juan 3:5: (1) La lectura natural y ordinaria de este versículo hace una distinción entre el agua y Espíritu, y todas las traducciones importantes mantienen esta distinción; (2) Muchos otros pasajes indican que el agua y el Espíritu son dos aspectos distintos del mensaje del evangelio. (Véase el capítulo 3); (3) En sus escrituras posteriores, Juan mantuvo la distinción entre el agua y el Espíritu según como se relacionan con la salvación. “Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan” (1 Juan 5:8). Si Juan 3:5 realmente igualara el agua y el Espíritu, Juan no habría hecho una distinción tan clara entre estos dos elementos en 1 Juan 5:8, especialmente puesto que ambos versículos hablan del mismo asunto (la salvación).
 
¿Somos Limpios por la Palabra?
Esta idea depende mucho de Efesios 5:26 que dice que la iglesia es santificada y purificada “en el lavamiento del agua por la palabra.” Sin embargo, puede ser que este versículo esté hablando de ambas cosas. Si Juan 3:5 se refiere al bautismo, entonces Efesios 5:26 podría referirse al bautismo en agua administrado de acuerdo con la Palabra de Dios. De todos modos, no hay necesariamente ninguna relación entre los dos pasajes; no es necesario que uno proporcione una interpretación para el otro.
F. F. Bruce declaró que la frase de Efesios 5:26 pudiera decir “lavamiento por agua y por la palabra” o, como él lo amplificó más allá, “purificado en el lavamiento del agua acompañado por la palabra hablada.”  El continuó: “La palabra acompañante’ (griego: rhema) probablemente no significa aquí las Sagradas Escrituras sino la palabra de confesión o invocación hablada por el converso, como en las palabras habladas por Ananías a Pablo: ‘Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre‘ (Hechos 22:16).”
Hay varias objeciones serias a la idea de que el agua de Juan 3:5 realmente es la Palabra.
(1) Ignora el significado literal de la palabra agua y escoge un significado simbólico sin el apoyo del contexto. Esto a su vez levanta otros problemas. ¿Por qué escogería Jesús un símbolo tan oscuro para explicar un asunto tan vital? Cuando Nicodemo le preguntó más, ¿por qué no le explicaría este simbolismo? ¿Por qué no simbolizó el Espíritu también? ¿Por qué describiría un aspecto del nuevo nacimiento literalmente y otro aspecto simbólicamente?
(2) Este simbolismo no ocurre ni en ninguna parte del Antiguo Testamento ni en las enseñanzas de Jesús, ¿entonces, cómo podría Jesús esperar que Nicodemo lo entendiera? Puesto que el agua nunca había sido usada para simbolizar la Palabra de Dios ni en el tiempo de Nicodemo ni antes, ¿por qué le corregiría Jesús a Nicodemo por su falta de comprensión? Como Dwight Pentecost observó, “Interpretar el agua nomás como un símbolo de la Palabra de Dios. . . sería rendir incomprensible la respuesta de nuestro Señor a Nicodemo.”
(3) No debemos acudir a una interpretación simbólica cuando el contexto no indica una. Este es especialmente el caso aquí, dónde el contexto, la gramática, y el uso posterior ofrecen una buena rendición literal. (Véase la próxima sección.)
(4) Hablando teológicamente, es más apropiado describir la Palabra de Dios como el agente de concepción más que una parte propia del nuevo nacimiento. “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23). “Ustedes han sido regenerados —renacidos — no de un origen mortal (la simiente, la esperma) sino de uno que es inmortal por la Palabra de Dios que es siempre viva y duradera” (LBA).
En uno de las parábolas de Jesucristo, un sembrador sembró semilla en cuatro tipos de tierra, pero solo uno de ellos dio fruto (Lucas 8:4-15). Cuando Jesús interpretó la parábola, El dijo, “La semilla es la palabra de Dios” (Lucas 8:11). Los cuatro tipos de tierra representan cuatro tipos de personas. Aunque Dios trató de sembrar su Palabra en todos los cuatro, tres dieron resultados iniciales y solo uno dio resultados duraderos. En resumen, la Palabra de Dios es el origen de la salvación; es la semilla que producirá la concepción. Sin embargo, el nuevo nacimiento consiste propiamente en el agua y el Espíritu y ocurre cuando creemos, obedecemos, y aplicamos la Palabra.

Mensaje editado por jesuseselsenor

Marcos 12:29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 12:32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que UNO (EN NUMERO) OJO (NO EN UNIDAD ) es Dios, y no hay otro fuera de él;
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Re: EL NACIMIENTO DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU

El Bautismo en Agua
Creemos que esta última idea es correcta, a saber, que el nacimiento del agua ocurre cuando Dios perdona los pecados en el bautismo en agua. Muchos teólogos a lo largo de la historia de la iglesia han apoyado esta interpretación, en particular los líderes de la iglesia primitiva y los Luteranos. Aceptamos esta idea por varias buenas razones.
(1) Es el resultado de una lectura sincera y literal del texto. El bautismo es el único uso significativo de agua en la iglesia neotestamentaria, de manera que si lo interpretamos literalmente, el agua indica el bautismo en agua. Por lo general, la iglesia primitiva usaba el término agua para significar el bautismo en agua. Por ejemplo, Pedro preguntó con respecto a Cornelio y su casa, “¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos. . .?” (Hechos 10:47). Juan mismo empleó el término agua de una manera literal cuando dijo que el Espíritu, el agua, y la sangre concuerdan en el único propósito de la salvación (1 Juan 5:8); si el Espíritu y la sangre son literales, entonces agua es literal. El Comentario del Púlpito concuerda en que 1 Juan 5:6-8 se refiere al bautismo en agua. El teólogo bautista Beasley-Murray ha comentado que Juan 3:5 se refiere al bautismo en agua: “En un tiempo cuando en vista del último día, el empleo del agua para limpieza había tomado la forma específica del bautismo, es difícil aceptar seriamente cualquier otra referencia fuera del bautismo.”
(2) El contexto de Juan 3:5 sugiere fuertemente el bautismo en agua. Juan 1:25-34 y 3:23 hablan del ministerio bautismal de Juan el Bautista. Juan 3:22 y Juan 4:1-2 describen los bautismos administrados por los discípulos de Cristo y bajo su autoridad. En este contexto, la comprensión más natural acerca del agua es el bautismo en agua. Esta idea es apoyada por Los Comentarios Tyndale del Nuevo Testamento: “A la luz de la referencia a la práctica del bautismo en agua realizada por Jesús en el versículo 22, es difícil no traducir conjuntamente las palabras del agua y del Espíritu, y no pensar de ellas como una descripción del bautismo cristiano en que la limpieza y la dotación son ambas elementos esenciales.”
(3) Este es el único significado que se podría esperar que Nicodemo entendiera. Como un líder religioso judío, Nicodemo conocía las limpiezas ceremoniales del Antiguo Testamento así como el bautismo del prosélito judío. Más importante, él tenía el testimonio de Juan el Bautista, porque todos los líderes religiosos judíos de su día conocían muy bien el bautismo de Juan (Lucas 20:1-7). Tanto el bautismo del prosélito judío como el bautismo de Juan eran parte de la conversión y el arrepentimiento, entonces Nicodemo no se debe de haber confundido cuando Jesús habló del agua como una parte para hacer un nuevo esfuerzo hacía Dios. De hecho, puede ser que Jesús ya había autorizado a sus discípulos a bautizar, como se ve solo unos versículos después (Juan 3:22; 4:1-2).
(4) El nacimiento del Espíritu significa el bautismo del Espíritu (véase sección posterior); entonces, hablando gramaticalmente el nacimiento de agua debe significar el bautismo en agua.
(5) Hay un solo bautismo (Efesios 4:5), pero la Biblia enseña claramente tanto el bautismo en agua como el bautismo del Espíritu. Podemos reconciliar esta aparente contradicción por reconocer que el bautismo en agua y el bautismo del Espíritu son dos partes de una sola cosa y que una parte es incompleta sin la otra. Hablando doctrinalmente, si uno es parte del nuevo nacimiento, el otro también debe ser parte.
(6) Dios perdona los pecados en el bautismo en agua. (Véase el capítulo 6). Por tanto, el bautismo debe ser parte del nuevo nacimiento, porque ¿cómo podría haber una nueva vida espiritual sino hasta que la vieja vida de pecado se haya borrado? Hasta que los pecados sean lavados y su castigo llevado lejos, no puede haber ninguna vida eterna en el reino de Dios.
(7) Tito 3:5 es un versículo que acompaña a Juan 3:5, y al parecer se refiere al bautismo en agua. “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.” La regeneración, simplemente significa el nuevo nacimiento, así que aquí vemos un segundo pasaje que identifica al agua y al Espíritu con el nuevo nacimiento. La redacción de este versículo se refiere al bautismo en agua en lugar de las otras alternativas. Describe un hecho específico de lavamiento que es una obra distinta a la del Espíritu.
Muchas traducciones enfatizan la connotación de un hecho específico: “el lavatorio de la regeneración” (Conybeare), “el baño del nuevo nacimiento” (Rotherham), “el baño de la regeneración” (Weymouth), y “el agua del renacimiento” (la Nueva Biblia Inglesa). Este hecho de lavamiento es una limpieza del pecado, y esto nos recuerda las instrucciones de Ananías a Pablo: “Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hechos 22:16). Pablo recontó la historia en Hechos 22 y escribió las palabras en Tito 3, entonces probablemente El estaba consciente del pensamiento paralelo.
La conclusión es ineludible: “el lavamiento de la regeneración,” que significa “el nuevo nacimiento de agua,” es el lavamiento de los pecados en el bautismo en agua. De hecho, según Bloesch, “los eruditos bíblicos generalmente están de acuerdo que el lavado de la regeneración se refiere al rito del bautismo.” 
(8) Muchos otros pasajes juntan el bautismo en agua y el bautismo del Espíritu en el mensaje de la salvación (Véase el capítulo 3) y enfatizan el papel importante del bautismo en la salvación (Véase el capítulo 6).
Los que se oponen a esta idea, por lo general protestan que así se hace que la salvación sea dependiente del bautismo en agua, y de ese modo se niega que la salvación viene solo por la gracia y por la fe. Por supuesto, sin el arrepentimiento del pecado y sin fe en el sacrificio de Jesucristo, el bautismo en agua no tiene valor. No hay poder salvador ni en el agua misma ni en las acciones del hombre en el bautismo en agua. El nacimiento de agua no es el hecho humano sino el hecho de Dios en perdonar los pecados. El bautismo en agua en sí mismo no es un hecho salvador, y el nacimiento de agua depende totalmente de la gracia de Dios. Tito 3:5 demuestra que se puede dar todo el crédito a Dios por la salvación y a la vez enfatizar el papel del bautismo en agua en el nuevo nacimiento.
A lo largo de la historia de la salvación, Dios ha requerido siempre la obediencia a su Palabra como una parte de la fe, y esto no contradice su plan de salvación por gracia por medio de la fe. (Véase el capítulo 2) Al identificar el nacimiento de agua como la obra de Dios en el bautismo en agua, no detraemos de su gracia o de su posición como nuestro único Salvador.
Una segunda objeción es que los santos del Antiguo Testamento no se bautizaban en agua como los creyentes del día de hoy. No obstante, tampoco recibían el Espíritu como los creyentes del día de hoy (Juan 7:38-39). (Véase también el capítulo 8). Los santos del Antiguo Testamento no nacían de nuevo en el sentido que Jesús describió y estableció para la iglesia neotestamentaria. (Véase la sección posterior.)

Marcos 12:29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 12:32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que UNO (EN NUMERO) OJO (NO EN UNIDAD ) es Dios, y no hay otro fuera de él;
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jesuseselsenor
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Re: EL NACIMIENTO DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU

Marcos 12:29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 12:32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que UNO (EN NUMERO) OJO (NO EN UNIDAD ) es Dios, y no hay otro fuera de él;
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