Responder
¡Bienvenido! Para que puedas participar, intercambiar mensajes privados, subir fotos, dar kudos y ser parte de las conversaciones necesitas estar ingresado en los Foros. | Ingresa | Regístrate Gratis
Plata
puca23
Mensajes: 9,423
Registrado: ‎09-06-2006
0 Kudos

La Ciencia y el Comienzo de la Vida Humana

Autor : Nicolás Jouvé de la Barreda
 
Catedrático de Genética de la Universidad de Alcalá. Dr en Ciencias Biológicas. Imparte cursos de Genética en la Facultad de Medicina y de Genética Evolutiva en la Facultad de Biología de la Universidad de Alcalá (UAH). Director del Departamento de Biología Celular y Genética de la UAH Fue Director de la Unidad de Biología Molecular de la UAH. Premio de Investigación del Consejo Social de la UAH en 1991 y Premio de Docencia del Consejo Social de la UAH en 1996. Fue Presidente electo de la Sociedad Española de Genética (SEG) desde 1990 a 1994 (600 socios). Cofundador y signatario de la Federación Europea de las Sociedades de Genética en Birmingham (Inglaterra) en 1984 (más de 20.000 federados). Desarrolló una Estancia de Postgrado en la la Universidad de Columbia (Missouri, EE.UU.) en 1988. Sus lineas de investigación se enmarcan en la temática general: genética, citogenética, biotecnología , biología molecular y genómica de plantas con aplicaciones en mejora vegetal. Tiene cerca de 200 publicaciones en revistas de la especialidad. Con anterioridad fue Profesor en otras 4 Universidades: Complutense (1969-1972); Adjunto de Genética en la Politécnica de Madrid (1972-77); Profesor Agregado de Genética en las Universidades del País Vasco (1977-79) y Catedrático de Genética en la Universidad de Córdoba (1980-81).
En los últimos años ha intensificado su actividad en temas de Bioética. Es colaborador de la Cátedra UNESCO de Bioética y Biojurídica, dirigida por la Dra. Mª Dolores Vila-Coro, en cuyo Programa de Doctorado participa.
 
¿Qué es la vida?

El concepto de vida plantea un problema para las Ciencias Biológicas, similar al concepto de la materia para las Ciencias Físicas, son conceptos más difíciles de entender que de explicar. De este modo, desde las Ciencias Biológicas podemos aspirar a definir las propiedades de los seres vivos y contestar una serie de preguntas ¿cómo es la vida?, ¿qué propiedades tienen los seres vivos? ¿en qué se diferencia un ser vivo de un ente no vivo?, etc., y en la medida en que somos capaces de contestar a estas preguntas estamos en condiciones de abordar otra que nos interesa especialmente en relación con la vida humana ¿cuándo empieza la vida?. De este modo, hoy sabemos cómo están constituidos y organizados los seres vivos y podemos describir sus propiedades y las características que los diferencian de los objetos inanimados. Nos aproximamos al concepto de vida sobre la base de sus aspectos observables, que podemos conocer y estudiar experimentalmente. A la Biología no le corresponde, ni está dentro de la casuística de las llamadas ciencias positivas responder a la cuestión sobre ¿qué es la vida?. Esta es una cuestión que trasciende a la ciencia y cuya contestación entra en el ámbito de la filosofía y de la teología, con diferentes enfoques o concepciones que no tienen porque ser contradictorias con los hechos demostrados científicamente. En lo que sigue nos vamos a referir únicamente a los fenómenos biológicos que suceden en los primeros estadios del desarrollo embrionario, desde la perspectiva de la observación, experimentación y deducción propias de la Biología.

La mejor aproximación al fenómeno de la vida viene del campo de la Genética, ya que esta rama de la Biología centra su estudio en torno a dos propiedades de los seres vivos: su capacidad de reproducción, de generación en generación, y su capacidad de evolución a lo largo de las generaciones. Estas dos propiedades son en cierta medida antagónicas, porque antagónico es la “conservación” de algo que ya existe por medio de la reproducción y la “variación” de lo que existe por medio de la mutación. Pero ambas son las propiedades esenciales de los seres vivos y las que nos diferencian de los objetos inanimados. Estas propiedades son el objeto de estudio de las investigaciones genéticas y como veremos más adelante son cualidades aplicables a cualquier ser vivo en cualquiera de sus etapas, desde el embrión hasta la muerte.

Algunos importantes biólogos han definido la vida sobre la base de estos términos. Así, Fraçois Jacob (1970) galardonado con el premio Nobel en Medicina por su contribución al conocimiento de los mecanismos de regulación de la expresión genética, señalaba en su ensayo ”La lógica de la Viviente”, que ”La reproducción es el operador principal del mundo viviente: por una parte constituye un objetivo para cada organismo, por otra orienta la historia sin objetivo de los organismos”.

El evolucionista John Maynard-Smith (1970) (1920-2004) que teorizó sobre el papel de la reproducción de cara a la evolución señaló que “…las entidades son vivas si tienen las propiedades necesarias para evolucionar por Selección Natural. En otras palabras, si pueden multiplicarse, si poseen un mecanismo para asegurar la continuidad de los caracteres, y si pueden variar”
Dado que el ADN explica las propiedades de replicación y mutación, se ha calificado a esta molécula como la “molécula de la vida” y en ella se han centrado las investigaciones que han cubierto las últimas décadas, desde el descubrimiento de la estructura de la doble hélice, hace poco más de 50 años. Algunos autores utilizan directamente el ADN para definir la vida.

De este modo, el biólogo inglés Cyril Dean Darlington (1903-1981) propuso que ”La vida es cada una de las formas que adquiere la molécula de ADN”.

Sin embargo, un genético importante, el evolucionista Richard Lewontin, autor de un ensayo titulado “La Doctrina del ADN” (2001) señala que “…aunque tuviésemos la capacidad de computar toda la información, un ser vivo es mucho más que su ADN”… “hace falta algo más que ADN para constituir a un ser vivo”.

Por mi parte adelanto que estoy de acuerdo con Lewontin. Es evidente que el ADN de cada ser vivo encierra no solo el programa de instrucciones del que depende su capacidad de desarrollo, sino los límites a los que se verá sujeta su expresión, sobre la que influirán otros factores internos o externos ambientales. Sin embargo, como veremos a continuación el ADN del genoma del cigoto recién constituido tiene en si mismo toda la información necesaria para la constitución de una vida naciente, es el gran centro coordinador del desarrollo de cada vida humana individual.

Vida, desde el primer instante

En los últimos años se han acumulado pruebas científicas irrefutables de que la vida está ya presente en el embrión de una célula, el cigoto. Así, el doctor Richard Gardner, un embriólogo de la Universidad de Oxford (Gran Bretaña), publicó, en la revista Development en 2001, unos experimentos basados en el seguimiento de unos marcadores físicos, unas gotitas de grasa, en embriones de ratones a partir del cigoto, y demostró que desde la fecundación queda marcado el eje antero-posterior y dorso-ventral del individuo, que sin interrupción se desarrolla desde ese instante a partir de la primera división celular. A las mismas conclusiones llegó la doctora Magdalena Zernicka-Goetz, que, en su laboratorio del Wellcome/Cancer Research, en Cambridge (Gran Bretaña), utilizó fluorocromos de distintos colores para seguir el desarrollo embrionario, y publicó, en el mismo año, unas asombrosas imágenes en la prestigiosa revista Nature. La doctora Zernicka-Goetz concluyó que, «en la primera división celular, ya existe una memoria de nuestra vida». No es, por tanto, serio ni ético alimentar dudas al respecto del comienzo de la vida humana.
 
A mayor abundamiento, el 13 de mayo de 2004, y también en Nature, se publicó un trabajo del doctor Steven Krawetz y sus colaboradores de la Facultad de Medicina de la Universidad del Estado de Wayne (Estados Unidos), que demuestra la existencia de ARN-mensajero procedente del espermatozoide en ovocitos recién fecundados. El hallazgo de las moléculas de expresión de los genes de origen paterno indica que la actividad genética, tras la fecundación, es inmediata, y que en ella participan genes de ambos gametos, y no sólo del ovocito, como había quien sostenía.
 
Pero, además, la mejor prueba de la existencia de vida propia en el embrión de una célula es la de que su identidad genética es igualmente propia, y que viene determinada por la combinación nueva de los genes que recibe de sus padres por la vía de los dos gametos que se acaban de unir. Allí está predeterminado cómo va a ser el nuevo individuo: niño o niña, blanco o de color, moreno o rubio, con una u otra de las alternativas resultantes de la combinación de los cerca de 25.000 pares de genes de nuestro genoma. Esta información, adquirida en el instante de la concepción, no cambia ya a lo largo del desarrollo ontológico del individuo, aunque habrá que esperar al momento en que haya de expresarse cada carácter a lo largo del tiempo. La identidad genética, materializada en las secuencias individuales del ADN presente en el cigoto, constituye la característica biológica más determinante de cada vida humana, de cómo fuimos, somos o seremos, y es el sello indudable que permite la identificación de muestras de nuestras células o tejidos, en vida o tras la muerte.
 

 
Plata
puca23
Mensajes: 9,423
Registrado: ‎09-06-2006

Re: La Ciencia y el Comienzo de la Vida Humana

Comienzo de la vida humana: aspectos biológicos


Ciñéndonos al comienzo de la vida humana existen tres enfoques diferentes pero complementarios: científico (el embrión en cuanto a individuo de la especie humana), filosófico (el embrión como persona), y jurídico (el embrión como sujeto de derechos).
En lo que sigue me voy a referir a la primera de estas perspectivas, que es además la que admite menos discusión, ya que en la ciencia no se acepta la verdad a medias, ni los enfoques de consenso, ni las suposiciones sobre la base de concepciones intelectuales más o menos lógicas, sino la certeza basada en hechos contrastados y demostrados experimentalmente.


El embrión como individuo de la especie humana


El denominador común y cuestión de importancia sobre la que giran las discusiones que conforman el debate ético sobre la manipulación de la vida en sus primeras etapas es el concepto de embrión, por ello la primera cuestión que hay que resolver es ¿qué son realmente los embriones?.


Se trata de una pregunta estrictamente biológica y la Biología es muy clara al respecto. Por definición para la Biología el embrión constituye la etapa inicial del desarrollo de la vida de un ser vivo. Naturalmente sí hablamos de embriones humanos estaremos de acuerdo en que se trata de vidas humanas en sus primeras etapas de desarrollo. Pero inmediatamente hay que señalar que esta definición alcanza por igual a los embriones concebidos de forma natural que a los producidos in vitro, ya que la artificialidad de su producción no altera ni la naturaleza biológica ni la condición de seres humanos en estado embrionario.


Dando por sentado que el embrión constituye la primera etapa de la vida, la siguiente pregunta es ¿cuando se constituye el embrión?. Esta es otra pregunta a la que puede contestar la Biología. De acuerdo con Francesco d’Agostino, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Roma “Tor vergata” y Presidente Honorario del Comité Nacional de Bioética de Italia, “Corresponde… a la ciencia indicar cuando nos encontramos en presencia de un nuevo individuo viviente y perteneciente a la especie humana“.


Sin ninguna duda, para la biología es igualmente claro que el embrión se constituye cuando existe un ente biológico con capacidad genética propia y suficiente para iniciar su desarrollo ontológico. Es decir cuando existe la primera manifestación corpórea. Es evidente que ese momento en los seres con reproducción sexual, como es el caso del ser humano, coincide con la fecundación y que el cigoto, que se constituye por la fusión de los gametos femenino y masculino, es la primera realidad corpórea, es ya un embrión de una célula.
Sin embargo, incluso desde el ámbito de la ciencia se han esgrimido argumentos que tratan de negar el estatuto ontológico del embrión, o su carácter individual, o su condición humana, o la autonomía genética del cigoto., por lo que en la exposición que sigue trataremos las evidencias científicas a favor del embrión como ser humano desde el momento de la concepción, desde la existencia del cigoto.

Plata
puca23
Mensajes: 9,423
Registrado: ‎09-06-2006

Re: La Ciencia y el Comienzo de la Vida Humana

La ciencia a favor de la vida desde el momento de la concepción


Que la vida humana comienza en el mismo instante de la concepción es algo en lo que concuerdan las tres áreas de conocimiento de la biología que, por su proximidad conceptual y experimental tratan más directamente las propiedades y el desarrollo de los seres vivos, la Genética, la Biología Celular y la Embriología. A ellas se unen los importantes avances de una reciente especialidad de la Genética, la Genética del Desarrollo, que concilia las perspectivas de las tres grandes áreas indicadas al explicar como se produce el desarrollo en términos de regulación de la expresión de los genes reunidos en el cigoto, de acuerdo con un programa ordenado de crecimiento corporal y diferenciación celular.


Los argumentos genéticos


Los avances de la Genética y el conocimiento del genoma humano demuestran la incongruencia de pretender la existencia de diferentes etapas en la vida de un ser humano. Para entender ésto tenemos que conjugar las ideas de información genética, tiempo y continuidad del genoma.


De este modo debemos entender que el genoma es “el conjunto global de la información genética que existe en el núcleo del cigoto, que se completa en la fecundación y que se conserva temporalmente de forma invariable en todas y cada una de las células de un individuo hasta la muerte”. A la vista de esta definición, es evidente que si el genoma es continuo la vida debe entenderse en coincidencia con el genoma, desde la formación del cigoto, hasta el final. Es decir desde la constitución del cigoto hasta la muerte del individuo. Dicho de otro modo, la información no cambia desde la concepción hasta la muerte, y sí hay un continuum genético debe entenderse que también que estamos ante un continuum biológico.


A partir de la célula cigótica, que es la primera manifestación corporal del individuo, se produce un proceso de crecimiento y diferenciación hasta llegar al organismo adulto, constituido por billones de células. El organismo en cada etapa del desarrollo se constituye por sucesivas divisiones celulares o mitosis, precedidas de la replicación del genoma, hasta alcanzar unos 200 tipos de especialidades celulares ó tejidos, que se organizan en diversos órganos y sistemas en la etapa adulta. Esto quiere decir que todas las células reciben una copia exacta de la información genética materializada en las moléculas del ADN que se fusionaron en la formación del cigoto, repartidas en 23 pares de cromosomas y unos 25.000 pares de genes, canalizados a través de los núcleos gaméticos, femenino y masculino.


Los seres humanos conservamos un genoma individual, personal, a lo largo de la vida, contenido esencialmente en las moléculas de ADN que es a lo que se deben nuestras diferencias biológicas de cualquier otro ser humano. A los efectos de entender de donde viene la identidad genética, es necesario tener presente cómo se producen los gametos. Para ello, recordemos que en los seres superiores hay un tejido especial, el tejido germinal, cuya misión es producir gametos. En este tejido tiene lugar la meiosis, que consiste en que unas células especiales, las células madres de los gametos, se dividen dos veces, aunque el ADN (los cromosomas) solo se replica una vez, por lo que al final el número de cromosomas se reduce a la mitad (n=23 en el hombre) y además cada cromosoma de este juego habrá recibido una combinación de genes por el intercambio físico de regiones homólogas de los cromosomas paternos y maternos, mediando roturas y reuniones tras su aproximación y emparejamiento durante la larga profase de la primera división meiótica. La consecuencia de este sobrecruzamiento es la recombinación genética, que a la postre es la principal fuente de variación genética en las especies con reproducción sexual. La recombinación supone que genes que estaban separados en los cromosomas homólogos (paterno y materno) queden unidos y genes que estaban ligados en el mismo cromosoma (paterno o materno) se separen. Mediante la meiosis, el tejido germinal puede llegar a producir miles de gametos con combinaciones de genes diferentes, pero cada gameto recibirá un juego completo de n cromosomas y 25.000 genes, producto del barajeo de los genes paternos y maternos que posee el parental (padre por un lado y madre por otro) que genera los gametos. Por ello, resulta prácticamente imposible que dos gametos que procedan del mismo parental sean iguales y más aun si proceden de padres diferentes y en un hijo se reúnen genes de los abuelos paternos y maternos en combinaciones inéditas.


Teniendo en cuenta lo anterior se puede afirmar que el cigoto tiene un genoma individual propio, que configura una singularidad y una identidad genética propia, irrepetible y diferente a la del genoma del padre y de la madre de que proviene. Esta identidad genética es la propiedad biológica más importante de cada ser humano singular, su característica biológica más determinante ya que le acompaña durante toda su vida y es de la que depende la ontogenia: cómo fuimos, somos o seremos, mujer u hombre, blanco o de color, rubio o moreno, de grupo sanguíneo 0, A, B ó AB, etc. De este modo ell genoma individual es el gran centro coordinador del que depende la organización de las distintas partes de un ser humano a lo largo del desarrollo.


A partir del cigoto, en la doble dimensión espacial y temporal del desarrollo ontológico humano, no cabe hablar ni de identidades parciales ni sucesivas. El individuo tiene en todas y cada una de sus partes y crece en las distintas etapas de su vida, con la misma identidad genética con que fue concebido. La misma identidad genética, materializada en las secuencias individuales del ADN, permanece incluso en nuestros restos tras la muerte, de lo que se derivan las pruebas de de identidad que se aplican en Medicina Legal y Forense.


A la misma conclusión de la diversidad individual se puede llegar mediante un sencillo cálculo de probabilidades. Así, en términos estadísticos, supuesto que tuviéramos 25.000 genes y que de cada gen hubiese solo dos variantes o alelos (A y a, B y b, C y c, etc.) y que para cada gen se dieran los tres tipos de combinaciones posibles: dos homocigóticas (AA y aa; BB y bb; CC y cc, etc.) y una heterocigótica (Aa, Bb, Cc, etc.), el número de combinaciones genéticas distintas que se podrían generar sería de 325.000. Es decir se podrían formar más de 101000 combinaciones, cifra superior a la del número de individuos de la especie en el momento presente (unos 6.000 mil millones de seres humanos) y a la de la especie humana en toda su historia pasada, presente y previsiblemente futura. En estas condiciones la probabilidad de encontrar dos personas genéticamente idénticas es prácticamente nula y la diversidad entre personas tendería al infinito. Una vez más afirmamos que la identidad genética es la propiedad más importante de cada ser humano singular (desde el cigoto en adelante).


Resumiendo, las características que diferencian a cualquier ser humano, en lo que respecta a la información genética, presente desde el cigoto, se sintetizan en tres elementos:

  • Contenido informacional de vida humana (los genes reunidos en el genoma son los propios de un individuo de la especie humana).
  • Contenido informacional propio (diferente a la de los dos parentales y aun a la de cualquier otro ser humano, presente en el cigoto y en cualquier célula somática).
  • Capacidad informacional (el genoma de cada individuo encierra el potencial suficiente para su desarrollo no exento de modificaciones epigenéticas a lo largo de la vida).

 

Plata
puca23
Mensajes: 9,423
Registrado: ‎09-06-2006

Re: La Ciencia y el Comienzo de la Vida Humana

Las evidencias de la Biología Celular


Así como la Genética centra su estudio en el análisis de las unidades de información, los genes de que depende el desarrollo, la Biología Celular estudia este mismo proceso desde la perspectiva de las células, que son las unidades de organización funcional de los seres vivos. Descubrimientos recientes no dejan lugar a dudas sobre el papel del cigoto como célula madre de la vida naciente, del que derivan todas las células del organismo en crecimiento

.
Así, el Dr. Richard Gardner, un embriólogo de la Universidad de Oxford (Gran Bretaña), publicó en la revista Development en 2001 unos experimentos basados en el seguimiento de unos marcadores físicos, unas gotitas de grasa, en embriones de ratones a partir del cigoto y demostró que desde la fecundación queda marcado el plano de desarrollo del individuo, que sin interrupción se desencadenará desde ese instante a partir de la primera división celular.


De las dos células, una se erige en la determinante del desarrollo de las estructuras embrionarias (embrioblasto) y la otra da lugar a estructuras para su protección (trofoblasto).


A las mismas conclusiones llegó la Dra. Magdalena Zernicka-Goetz, que en su laboratorio del Wellcome/Cancer Research en Cambridge (Gran Bretaña), utilizó marcadores fluorescentes de diferentes colores para seguir el desarrollo embrionario y publicó unas asombrosas imágenes, que no dejan lugar a dudas sobre los diferentes papeles que ya tienen asignadas las dos células hijas tras la primera división de segmentación del cigoto. La Dra. Zernicka-Goetz concluyó que “en la primera división celular ya existe una memoria de nuestra vida”. Ambos experimentos demuestran muy claramente que las células embrionarias se estructuran desde la primera división celular, y que desde el primer instante queda definido el plano general del desarrollo del ser recién concebido.

Plata
puca23
Mensajes: 9,423
Registrado: ‎09-06-2006

Re: La Ciencia y el Comienzo de la Vida Humana

Las pruebas embriológicas


La Embriología nos describe el proceso de los cambios morfogenéticos a lo largo del desarrollo embrionario durante la constitución del nuevo ser. De este modo, las distintas formas del embrión, desde el cigoto, pasando por el estado de una bola de unas pocas células, la mórula, el blastocisto que anida en el útero (8º-9º día después de la fecundación), o la gástrula que sobreviene después, no son sino etapas sucesivas, que a pesar del cambio de apariencia no suponen un cambio cualitativo en el embrión que se está desarrollando, siempre el mismo, sino morfológico y cuantitativo, en lo que al tamaño se refiere.

Tras la constitución del cigoto, el proceso de desarrollo embrionario es dinámico y sucede sin solución de continuidad, por lo que no hay argumentos para discutir la condición de la vida humana con la misma intensidad en todas y cada una de sus etapas.


En el instante de la fecundación existe en esencia el individuo de la especie humana que se va desarrollando de manera continua. Sin embargo hay quien supedita el inicio de la vida humana al alcance de la individualidad, entendiendo por individualidad la cualidad de ser un individuo único. Para los defensores de esta idea la individualidad del embrión no queda garantizada hasta la anidación, de tal modo que antes de dicho momento, podría suceder una separación espontánea de blastocitos (células del blastocisto) del embrión, único hasta ese momento, que podrían dar lugar a más de un individuo (gemelación monocigótica). También podría darse lo contrario, se podría producir un embrión por la fusión de dos embriones individuales procedentes de cigotos distintos (quimera).

Este fenómeno ha alimentado la idea de que hasta la anidación no se debería considerar ser humano al embrión, sino un conglomerado de células humanas. Por paradójico que resulte, esta cuestión fue planteada por un profesor de Ética de la Universidad de Melbourne, católico, salesiano, filósofo y teólogo, llamado Norman Ford, al señalar que “la potencialidad de la división gemelar monocigótica es incompatible con el status personal”. Esta forma de pensar dio paso a la idea de la bióloga inglesa Jeanne McLaren que estableció que hasta el 14º día después de la concepción no debe hablarse de embrión, sino de preembrión o proembrión. Con posterioridad, la Dra. McLaren, hoy responsable del comité de Bioética de la Comunidad Europea, ha reconocido el error de esta forma de pensar.


El Dr. Ward Kischer, un profesor americano de Anatomía y Embriología Humana, miembro de la American Bioethics Advisory Comission y autor de un ensayo con el sugerente título de “Corruption of the Science of Human Embryology”, señala que el término preembrión es la “gran mentira de la embriología humana”. La realidad es que la gemelación es un suceso accidental y excepcional que tiene una probabilidad inferior al 0,2%, que demuestra que la individualidad genética no implica indivisibilidad hasta la anidación. Algo en lo que abunda el filósofo francés Henry Bergson cuando señala que “Para tener derecho a hablar de individualidad, no es necesario que el organismo no pueda escindirse en fragmentos viables. Basta con que ese organismo haya presentado cierta sistematización de partes antes de la fragmentación y que esa misma sistematización tienda a reproducirse en los fragmentos, una vez aislados”. Hay unidad metafísica, aunque no exista unidad numérica.


El término preembrión no existe en Biología, su utilización se restringe a los textos legales de determinados países, como el nuestro. No tienen ninguna entidad ni significado biológico. En el último texto legislativo español, la Ley 14/2006 se llega a definir al preembrión como “el embrión de menos de 14 días”, lo cual deja bien claro cual es la finalidad de su uso, una desprotección intencionada de la vida humana por pura conveniencia.


Contra quienes se apoyan en el falso concepto del preembrión para definir una etapa en la que el ser naciente no debiera ser considerado como una vida humana, habría que decirles que si como consecuencia de este argumento deciden sacrificar un preembrión, lo que están sacrificando no sólo es una vida humana, sino potencialmente más de una.

Plata
puca23
Mensajes: 9,423
Registrado: ‎09-06-2006

Re: La Ciencia y el Comienzo de la Vida Humana

BIOÉTICA EN EL INICIO DE LA VIDA (¿QUIEN ES EL EMBRION?)


Autores: Vega J, Queipo D, Martínez Baza P.


En las dos últimas décadas, algunos han puesto en duda que el embrión humano, desde el primer momento de su concepción sea un individuo de la especie humana, y de que se trate de una persona humana. ¿Cuándo comienza la vida humana?, ¿en qué momento, en consecuencia, adquiere el embrión humano su estatuto biológico, moral y legal?, son pues las cuestiones que centran el debate ético en el inicio de la vida. Sobre estos temas se hacen a continuación algunas consideraciones. El preembrión o proembrión es el nombre dado por algunos autores al embrión humano durante los primeros catorce días días tras la fecundación. Para algunos, habría que tener "cierto respeto" hacia ese "conjunto de células envueltas en la zona pelúcida", pero no se trataría de un ser humano ya que en los primeros catorce días es posible la gemelación, las células son totipotenciales, no se ha formado la línea primitiva, no se ha completado la nidación y son frecuentes los abortos espontáneos; en todo caso, no sería aún una persona humana.


Los datos embriológicos permiten afirmar que desde la fecundación existe un individuo de la especie humana; existen cuatro características fundamentales que lo justifican:

1.- Novedad biológica.
Nace algo nuevo al fundirse los núcleos de las células germinales; no se ha dado ni se dará una información genética exactamente igual. Ahí está escrito el color de los ojos, la forma de la nariz, etc. Se trata de un ser biológicamente único e irrepetible.

2.- Unidad.
Si se trata de una individualidad biológica, de un todo compuesto de partes organizadas, tiene que haber un centro coordinador; es el genoma el centro organizador que va haciendo que se den las sucesivas fases en esa novedad biológica de forma armónica.

3.- Continuidad.

No existe ningún salto cualitativo desde la fecundación hasta la muerte; no puede decirse que en un momento es una cosa y más adelante otra diferente; todo el desarrollo está previsto en el genoma. Desde la fecundación existe un individuo de la especie humana que se va desarrollando de manera contínua.

4.- Autonomía.
Desde el punto de vista biológico, todo el desarrollo sucede desde el principio hasta el final de manera autónoma. La información para dirigir esos procesos viene del embrión mismo, de su genoma. Desde el inicio, es el embrión quien pide a la madre lo que necesita, estableciéndose un "diálogo químico".

Ya se han mencionado las objeciones a que el preembrión sea un individuo de la especie humana; vamos a analizarlas brevemente a continuación.


- La posibilidad de gemelación en las dos primeras semanas de vida; si el preembrión se puede dividir en dos, entonces no es un individuo.


La afirmación de la última frase no es cierta; por ejemplo, un rosal es un individuo biológico, pero se puede cortar y plantar una de sus ramas y nace un nuevo rosal, una ameba es también un individuo biológico, aunque pueda dividirse y dar lugar a otras amebas. Individuo no es igual a indivisible; individuo es lo indiviso en sí y dividido de otras cosas. Un individuo puede ser dividido, es divisible, como puede ocurrir con el preembrión.

- La totipotencialidad de las células del preembrión. Si una de las células puede dar lugar a otro individuo o incluso a la placenta, ¿cómo el blastómero puede ser un individuo?.


En realidad esto refuerza el hecho de que es un individuo, pues si siendo células totipotenciales acaban formando un todo, eso indica que hay un centro organizador. Aunque cada célula podría dar lugar a cualquier miembro, a la placenta, etc., el centro organizador va colocando a cada célula a formar una cosa. La placenta además puede ser considerada como un miembro temporal y necesario para el individuo que en un momento dado se pierde.


- La ausencia de la línea primitiva; hasta el día 14 no aparece el esbozo del sistema nervioso central, que será el centro organizador del organismo, por lo que algunos piensan que hasta entonces no se puede hablar de individuo.


El verdadero centro organizador en las primeras semanas es el genoma, presente desde el primer instante; más adelante será el SNC el organizador.


- La frecuencia de abortos espontáneos en las dos primeras semanas de vida.


Este dato no dice nada en contra de que el preembrión sea un individuo de la especie humana.


- Efectivamente, el preembrión o el embrión es un individuo de la especie humana, pero no es una persona humana, dicen algunos.


Lo que merece respeto es todo ser humano, llamémosle o no persona; es el hombre en cuanto hombre el que tiene unos derechos: se trata de los derechos del ser humano. Persona humana es ese ser humano en cuanto es capaz de interioridad (autoconciencia, autonomía, libertad), relacionalidad (activa o pasiva), trascendencia... La persona tiene sentido en sí misma, es fin en sí misma.


- Para algunos, persona es relacionalidad, por lo que, hasta que no se produce una relación físico-química en la nidación, el embrión no es persona.


Antes de la nidación, ya existe una relación del nuevo ser con la madre a través de diversos factores y hormonas. De todas formas, un ser humano se manifiesta como tal porque es persona; el actuar sigue al ser y no al revés. Todo ser humano es persona aunque todavía no actúe como tal porque no se han desarrollado sus capacidades, o porque las haya perdido.

Algunos intentan justificar el aborto sosteniendo que el fruto de la concepción, al menos hasta un cierto número de días, no puede ser todavía considerado una vida humana personal. En realidad, desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo; nunca llegará a ser humano si no lo ha sido desde entonces. A esta evidencia de siempre, la genética moderna muestra que desde el primer instante se encuentra fijado el programa de lo que será ese viviente: una persona, un individuo con sus características ya bien determinadas. Con la fecundación se inicia la aventura de una vida humana, cuyas principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder actuar. Las conclusiones de la ciencia sobre el embrión humano ofrecen una indicación para discernir racionalmente una presencia personal desde este primer surgir de la vida humana: ¿cómo un individuo humano podría no ser una persona humana?.

Por lo demás, está en juego algo tan importante que, desde el punto de vista de la obligación ética, bastaría la sola probabilidad de encontrarse ante una persona para justificar la prohibición de cualquier intervención destinada a eliminar un embrión humano. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho a la vida.

Orfila VII 1995; 433-435 (S.E. de Medicina Legal y Forense)

Plata
puca23
Mensajes: 9,423
Registrado: ‎09-06-2006

Re: La Ciencia y el Comienzo de la Vida Humana

El comienzo de la vida humana según el profesor de genética Dr. Jerome Lejeune

El Dr. Jerome Lejeune, médico y profesorinvestigador en genética, explica que el desarrollo es un proceso continuo desde la concepción hasta el nacimiento. El ADN viviente de los 46 cromosomas de la primera célula fertilizada literalmente "organiza" los órganos de esta vida humana desde el comienzo; la fuerza vital en el ADN anima con su propia vida las partículas, los átomos, y las moléculas. La vida anima a los materiales constitutivos del cuerpo, que son intercambiables; pero el mensaje vital los convierte en partes vivientes de un organismo:


Un cromosoma [ADN en espiral] es comparable con un cintacasete en el cual está grabada una sinfonía, la sinfonía de la vida. Es exactamente como si uno comprara un cinta en la que está grabada la sinfonía Eine Kleine Nachtmusik de Mozart; si la pasamos por un grabador normal, no oiremos el nombre del músico, tampoco nos mostrará la partitura con sus notas, aunque estén allí; lo que realmente oiremos es el movimiento del aire de los parlantes que nos transmite el genio de Mozart. Exactamente, de la misma forma, se desarrolla la vida. En las pequeñas cintas-casetes que son los cromosomas están escritas las distintas partes de la creación de cada sinfonía humana y tan pronto como toda la información necesaria y suficiente para formar la sinfonía esté allí, esta sinfonía se tocará por sí sola; es decir, un nuevo hombre está emprendiendo su curso vital (Testimony, Dr. Lejeune, p. 4).


Según nos explica el Dr. Lejeune, la célula inicial se divide en dos 20 horas aproximadamente después de la fertilización; pasadas aproximadamente 20 horas más, una de las dos vuelve a dividirse; ahora hay 3. El fenómeno es bien conocido entre los genetistas, aunque ignoremos por qué ocurre así exactamente. Uno se ve tentado a sugerir que las tres células, a través de la comunicación biológica, finalizan su individualidad corporativa antes de proceder a un posterior desarrollo.


Después de una pausa transitoria en la etapa de las tres células, la otra célula de la primera generación también se divide; ahora hay 4; las 4 se dividen en 8, luego en 16; en la etapa de 16 células, o posiblemente en la etapa de 32 células, se produce una compactación; las dos células que se habían dividido primero, y posiblemente la tercera célula de la división retrasada, se compactan dentro de la esfera formando su centro; estas 3 células forman el cuerpo.


En la periferia, alrededor de estas 3 células núcleo, están las otras 13; 7 están colocadas en posiciones satelitales o ecuatoriales en relación con las 3 células núcleo; otras 3 están ubicadas arriba y 3 abajo, en posiciones polares. Estas 7 + 3 + 3 forman la placenta. El Dr. Lejeune informó que los gemelos no pueden formarse de las células satelitales o polares; que sólo una célula (o células) núcleo puede iniciar la división en gemelos. Además, esta división no puede ocurrir más allá de la etapa de 16 o 32 células. (Conversación privada, Houston, 14 de abril de 1993).


El Dr. Jerome también observó que la individualidad de una vida humana es identificable en una etapa muy temprana, antes de que la línea primitiva o el primordio de la corteza cerebral hagan su aparición. En 1987, se hizo el descubrimiento de que puede identificarse el ADN de un embrión de 3 días, cuando hay 4 u 8 células. Investigadores que trabajan en fertilización in vitro fueron capaces de extraer una célula pinchando con cuidado la zona pellucida, haciendo un agujero minúsculo, extrayendo la célula y luego cerrando el agujero. El ADN de esta célula fue entonces reproducido por "polimerización en cadena" para hacer un análisis. Sólo una persona en el mundo tiene el patrón específico de ADN que marca a este individuo. "El ADN específico de cada persona, después de haber usado la técnica, se verá como una pequeña sucesión de líneas -líneas de diferentes grosores a distintas distancias- que forman un patrón distintivo para cada ser humano. Se parece mucho al código de barras que estamos acostumbrados a ver en el supermercado...", un código de ADN que es "absolutamente específico para cada uno de nosotros". ("Genes and Human Life", en ALL About Issues, otoño de 1971). Si los individuos son identificables 3 días después de la fertilización, su identidad no está sujeta a duplicación más tarde.

Plata
puca23
Mensajes: 9,423
Registrado: ‎09-06-2006

Re: La Ciencia y el Comienzo de la Vida Humana

Life Issues
When Human Life Begins

ABSTRACT. The American College of Pediatricians concurs with the body of scientific evidence that human life begins at conception—fertilization. This definition has been expounded since prior to Roe v. Wade, but was not made available to the US Supreme Court in 1973. Scientific and medical discoveries over the past three decades have only verified and solidified this age-old truth. At the completion of the process of fertilization, the human creature emerges as a whole, genetically distinct, individuated zygotic living human organism, a member of the species homo sapiens, needing only the proper environment in order to grow and develop. The difference between the individual in its adult stage and in its zygotic stage is not one of personhood but of development. The Mission of the American College of Pediatricians is to enable all children to reach their optimal physical and emotional health and well-being from the moment of conception. This statement reviews some of the associated historical, ethical and philosophical issues.

For hundreds of years physicians have pondered on the origin of human life. Aristotle’s work on embryos is considered as the “beginning of the turning of man’s mind away from superstition and conjecture, toward observation.”1 Even though Aristotle is generally regarded as the founder of the science of embryology, his work was actually preceded by that of Hippocrates in his writings about the development of the chick embryo. In the 15th century, Leonardo da Vinci published observations of embryonic and fetal development. In the following century, Marcello Malpighi, aided by the invention of the microscope, erroneously put forth the preformation theory of human development arising from the homunculus. It was the cell theory developed by Schleiden and Schwann in 1839 which recognized that a spermatozoon fuses with an oocyte and forms a zygote, the conception of a new human life.

For over thirty years pediatricians have been advocates for the child from conception.2 Likewise, for over twenty years pediatricians have demanded the full recognition of the rights of the child before birth including “the right to be accepted by family and society, the right to be loved and cared for, and the right to grow and develop without environmental hazards or aggressions.”3

Pediatricians assert the “inherent worth of all children,” considering them as “our most enduring and vulnerable legacy,”4 and they affirm as their mission “to attain optimal physical, mental, and social health and well-being for all infants, children, adolescents and young adults.”5 For generations pediatricians have regarded the term “children” as inclusive of life from conception.6

In 1996, the American Academy of Pediatrics established as policy that it “supports diversity and equal opportunity and encourages the teaching of acceptance of diversity to children, it is opposed to discrimination in the care of any patient based on the race, ancestry, national origin, religion, gender, marital status, sexual orientation, age [underlined for emphasis], or disability of either the patient or the patient’s parents or guardians.”7 This pediatric organization encourages its members to follow this guideline consistently in the management of all patients. The definition of age, much like the use of the term “children,” had already been specifically addressed and affirmed in 1971.8 Therefore by logical inference, the policy of nondiscrimination extends to the unborn from conception.

In addition, it has been established as pediatric policy that a physician may consider “opposing the woman’s refusal of a recommended [fetal therapy] intervention” if “there is reasonable certainty that the fetus will suffer irrevocable and substantial harm without intervention” (as long as the intervention has been shown to be effective and the risk to the health and well-being of the pregnant woman is negligible).9

Approximately thirteen months following development of pediatric policy advocating responsibility for the child from conception, United States Supreme Court Justice Harry Blackmun, apparently unaware of these efforts, set in motion the legal challenge to unborn life by writing the majority opinion in Roe v. Wade.10 He wrote: “We need not resolve the difficult question of when life begins.” He referred to the “disciplines of medicine, philosophy and theology” as being “unable to arrive at any consensus.”11 As, Professor Emeritus of Human Embryology of the University of Arizona School of Medicine, Dr. C. Ward Kischer stated: “Since 1973, when Roe v. Wade was adjudicated, there have been many socio-legal issues involving the human embryo. Abortion, partial-birth abortion, in vitro fertilization, fetal tissue research, human embryo research, [embryonic] stem cell research, cloning and genetic engineering are core issues of human embryology. Every one of these issues has been reduced to a question of when human life begins. And that question is as prominent in the public media today as it was when first posed in 1973.”12

The Supreme Court, in Roe v. Wade, denied personhood to the fetus due to its lack of “independent viability:” As stated by the Court: “With respect to the State’s important and legitimate interest in potential life, the ‘compelling’ point is at viability. This is so because the fetus then presumably has the capability of meaningful life outside the mother’s womb. State regulation protective of fetal life after viability thus has both logical and biological justifications. If the State is interested in protecting fetal life after viability, it may go so far as to proscribe abortion during that period, except when it is necessary to preserve the life or health of the mother.”13

 

Plata
puca23
Mensajes: 9,423
Registrado: ‎09-06-2006

Re: La Ciencia y el Comienzo de la Vida Humana

 
Plata
puca23
Mensajes: 9,423
Registrado: ‎09-06-2006

Re: La Ciencia y el Comienzo de la Vida Humana

The impetus behind the attempts to define human life based on viability was addressed by University of Wisconsin-Madison Professor of Ethics and Pediatrics Dr. Norm Fost, et al., in 1980. He stated, “Most attempts to define fetal viability are motivated by the need to predict the survival of the fetus in order to set policy in matters such as abortion, resuscitation, and intensive care.”14 An acceptance of a viability standard would imply one would cease to perform “the fetal therapies that have now emerged in the medical, surgical, and genetic fields offering hope of saving the lives of those suffering from pathologies which are either incurable or very difficult to treat after birth.”15 And as Dr. Fost further states, “If we define viability in light of what the most skillful physicians have been able to do, the time of viability will slip back inexorably toward conception.”16 In 1973, the presumed limit on viability was estimated at 28 weeks, an occasional infant surviving at 24 weeks. With the current technological advances, neonatologists report infants are surviving with few or any evident sequelae, as early as 22 weeks. Adjudication of personhood based on viability raises the additional concern regarding sentience (state of elementary or undifferentiated consciousness). As Dr. Francis J. Beckwith, Associate Professor of Philosophy, Culture, and Law at Trinity International University, points out, “If sentience is the criterion for full humanness, then the reversibly comatose, the momentarily unconscious, and the sleeping would have to be declared non-persons.”17

All human persons are dependent on other persons and their environment (i.e., oxygen, food, warmth) for survival to varying degrees throughout the continuum of life – from fertilization until natural death. If one accepts viability (independent survival) as the standard, would not the physical dependence of the disabled or aged on family and/or society make for lives unworthy of life (Echoing the words untermenschen; Lebens unwertenleben suggested in the 1930s in Nazi Germany18)?

In the words of the ethicist Renée Mirkes: “At the completion of the process of fertilization when the male and female pronuclei of the human progenitors’ sperm and ovum are indistinguishable and lose their nuclear envelopes, the human creature emerges as a whole, genetically distinct, individuated zygotic human organism. This individuated human organism actually has the natural capacity for the person-defining activities of reasoning, willing, desiring, and relating to others. The human individual also possesses the actual, natural capacity to develop continuously into the mature (maximally differentiated) organism of a functional adult human being, the organic structural development of which is under the control of a sequence of primordial centers which begin with nuclear DNA or the genome, and eventually develops into the central nervous system, especially the fully developed brain with its cerebral cortex…The new zygote, a member of the species homo sapiens, with its particular (that is, genome-specific) bodily “matter” unified and organized, that is, formed or enlivened by means of its life principle—the soul and all of its person-defining natural powers---is a whole, living, human person. The difference between the individual in her adult stage and in her zygotic stage is not one of personhood but of development.”19

Dr. Dennis M. Sullivan, Associate Professor of Biology at Cedarville University, concluded, “There are many forces driving a desire to redefine humanity. There are many apparent goods to be obtained, from the elimination of genetic defects to the cure of a whole host of diseases through embryonic stem cell manipulation. However, in all of our discussion about human nature, we must never succumb to the objectification or commodification of persons. We cannot allow the cold calculus of utilitarianism [to] influence our inherent, intrinsic understanding of who and what we are…This age of moral confusion cries out for a reaffirmation of that which makes human beings unique and worthy. Such ‘metaphysical pretensions’ are not preposterous, as Ayn Rand would have us believe, but are the only basis for human dignity.”20

In 1975 The National Commission for the Protection of Human Subjects of Biomedical and Behavioral Research recommended that: the fetus, a human subject, is deserving of care and respect; that moral concern should extend to all who share human genetic heritage; and that the fetus, regardless of life prospects, should be treated respectfully and with dignity.21 As Dr. Kischer notes: “Virtually every human embryologist and every major textbook of human embryology states that fertilization marks the beginning of the life of the new individual human being.”22

The American College of Pediatricians concurs with the body of scientific evidence that human life begins at conception -- fertilization. This definition has been expounded since prior to Roe v. Wade, but was not made available to the US Supreme Court in 1973. Scientific and medical discoveries over the past three decades have only verified and solidified this age-old truth.

3/17/04
Principal author: Fred de Miranda, MD, FCP

America College of Pediatricians

http://www.acpeds.org/?CONTEXT=art&cat=10007&art=53&BISKIT=2353537824