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BAILARINES FAMOSOS DE TANGO.

EL CACHAFAZ.
El Cachafaz

Nombre completo:Ovidio José Bianquet
Seudónimo: Benito
(14 de febrero de 1885 – 7 de febrero de 1942)


La historia de "El Cachafaz" es parte de la mitología tanguera, una leyenda, hoy quedan pocos que puedan dar testimonio de su vida y de su arte.

Su imagen quedó grabada en el film TANGO, estrenado en 1933, donde se lo puede ver con su compañera Carmencita Calderón, apenas una chiquilina menor de 20 años.

Aparece poco elegante de la cintura para abajo, con el torso bien erguido, pero con demasiado movimiento de pies, posiblemente por orden del director de la película, para llamar la atención.

Su apodo quedó para nuestra historia cotidiana como nombre y apellido definitivo: El Cachafaz.

Según el diccionario de lunfardo de Adolfo Enrique Rodríguez, cachafaz, significa: bribón, descarado, insolente, pícaro, holgazán.

Es posible que lo haya sido y es posible que no, su rostro generaba dudas. Peinado a la gomina, el pelo tirante hacia atrás, rasgos aindiados y picado de viruela, siempre posaba con gesto serio en las fotos y en el cine.

Su nombre real era Ovidio José Bianquet, aunque para algunos su nombre era Benito. Aquí entra a tallar don José Gobello y en un artículo da su opinión: "Ese fue un apodo que ganó de chico y por una confusión. Vivía en la calle La Rioja en el barrio de Balvanera sur cuando a la seccional de policía denunciaron que alguien había roto un vidrio de un negocio de una pedrada. Lo acusan y se llega hasta su casa, la madre, una cordobesa, no lo puede creer y ante el policía sólo atina a exclamar: "No puede ser si él es buenito, es buenito".

La autoridad entendió Benito y así pasó el informe, Benito Bianquet. Ver nota "Los bailarines famosos...", donde hay otra opinión)

¿Y por qué El Cachafaz? Según Gobello, nuevamente, que de muchacho fue atropellador con las mujeres y supo propasarse algunas veces. Una de ellas se quejó ante su padre y dicen que exclamó furioso: ¡Mi hijo es un cachafaz! Los muchachos del barrio o todos los que fueran hicieron el resto.

Había nacido el 14 de febrero de 1885 en la esquina de Boedo e Independencia, hoy barrio de Boedo.

En 1911 viajó a los Estados Unidos y de regreso en 1913 instaló una academia de baile.

Entre 1910 y 1929 tuvo de compañeras, en el amor y en el baile, a Emma Bóveda y Elsa O'Connor, más tarde destacada actriz dramática del teatro y del cine. Luego Isabel San Miguel y desde 1933 exclusivamente como compañera de danza a Carmencita Calderón.

En 1919 anduvo por París, dicen que para actuar en el mítico "Garrón", donde se hacía conocer el músico argentino Manuel Pizarro junto a sus hermanos, pero el modo de vida europeo y él no iban de acuerdo y por tal motivo regresó.

Dice Gobello que dio lecciones de baile muy bien pagas a gente de la alta sociedad y termina con una reflexión acertada: "Haya sido realmente el máximo bailarín de tangos o no lo haya sido, por tal se lo tendrá siempre".

Falleció al fin de una actuación en la ciudad de Mar del Plata el 7 de febrero de 1942.

Reportaje de la periodista Irene Amuchástegui a Carmen Calderón al cumplirse 55 años de la muerte de "El Cachafaz". Diario Clarín, Buenos Aires, 7 de febrero de 1997.

"Tenía un don especial –cuenta Carmencita- elegancia y un compás único. Fue un gran creador de pasos, pero también tenía muchos "cortes" (figuras) en común con José Giambuzzi "El Tarila".

Don Benito los hacía impecables, sin encorvarse y con una delicadeza que le quitaba lo soez al tango, al baile. Porque hay que decir que el tango, a veces, es un poquitín bastante asqueroso, hay cortes donde la mujer mete la pierna entre las piernas del hombre.

El lo hacía con prestancia. Era el mejor.

Vestía saco negro y pantalón fantasía (a rayas negras y grises) para el tango con cortes y para el tango de salón vestía de smocking.

No era buen mozo, era feo como noche oscura y esa cara picada de viruela, pero su forma de ser era suave y simpática. Ahora, cuando se enojaba temblaban todos.

Nunca uso revólver, de un cachetazo los dejaba dormidos.

Lo conocí en el club "Sin rumbo" (que aún existe). Fui con mis hermanas menores a quienes crié al morir mi madre.

Estaba sentada y alguien me insistió para que bailara con un hombre que estaba allí. Supe que era "El Tarila", acepté y al terminar la pieza me dijo: "Usted aceptaría ser mi compañera y la compañera de "El Cachafaz"?" Cuando escuché ese nombre me prendí como abrojo.

Debuté con don Benito en el cine-teatro San Fernando, tocaba la orquesta de Pedro Maffia, el mejor bandoneonista. Trabajamos mucho para las compañías de revistas de Francisco Canaro. También viajamos, pero allí "El Cacha" la pasaba mal, extrañaba mucho, porque él era de dormir todas las noches en la casa de la mamá. Además le gustaba llegar todas las tardes a la seis al café de Corrientes y Talcahuano donde ocupaba siempre la misma mesa y recibía a sus amigos, entre ellos Gardel.

Bailamos la última noche, fue en un local llamado "El rancho grande", en Mar del Plata. Terminamos de actuar y me fui a un cuarto con la patrona para escuchar por radio un partido de fútbol entre Argentina y Uruguay. De pronto se asomó y me dijo: "Carmencita, la espero después del partido para tomar medio whisky." – siempre me trató de usted-. Al ratito entró una mujer a los gritos para decir que don Benito estaba tirado en el patio. Cuando lo vi tirado en el suelo pensé que era sólo una caída. Ya pasaron 55 años."

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Re: BAILARINES FAMOSOS DE TANGO.

VIRULAZO.

Virulazo
 

Nombre verdadero: Jorge Martín Orcaizaguirre
(10 de octubre de 1926 – 2 de agosto de 1990)

Estaba en pleno éxito el show "Tango Argentino" en Nueva York. Habitaba un lujoso hotel en la Quinta avenida, y una mañana su vozarrón resonó en los pasillos, estaba enojado: «¡Diganlé a ese viejo maniático que si quiere tango a las diez de la mañana que lo baile él!... ¡Ah! si me quiere ver a mi que venga al teatro...»

Aquel viejo, que había asistido al estreno, removió cielo y tierra para que le organizaran una función especial para la mañana siguiente, y la bronca surgió cuando a Virulazo le dijeron que por razones de protocolo, la función especial debía ser ad-honorem. Y agregó a los gritos siempre: «¡Y diganlé que gratis no bailo para nadie!» Y así fue, aquel viejo era Henry Kissinger.

Por aquel entonces el bailarín tenía 61 años, 5 hijos y seis nietos.

El apodo VIRULAZO apareció cuando tenía 18 años y jugaba a las bochas por dinero en el fondo de los almacenes de su ciudad, San Justo (ciudad del suburbio de Buenos Aires).

Un viejito italiano lo alentaba permanentemente: «Mandale el virulazo, mandale el virulazo", que había adoptado como sinónimo de "bochazo"».

Su nombre de nacimiento Jorge Orcaizaguirre, de ascendencia vasca e italiana por parte de madre. Fue criado por sus abuelos porque sus padres se separaron muy pronto.

"A mi abuelo le debo todo, él me dio el título más grande que tengo en la vida, el de hombre. Yo lo adoraba".

«Los pocos pesos que ganaba mi abuelo en el ferrocarril no alcanzaban, lo ayudé haciendo de todo menos tres cosas: ser alcahuete, rastrero y trepador, los peores defectos que puede tener un hombre. Vendí de todo en la calle, lustré zapatos en las puertas de los quilombos (casas de tolerancia), vendí sandwiches de chorizo, compré pelo en Entre Ríos para traerlo a Buenos Aires y venderlo en las fábricas de pelucas. Después empecé de peón de matadero y terminé como capataz y comprador de hacienda.

«El tango me gustaba bailarlo desde los 13 años en los clubes de la zona o del barrio de Mataderos. Una ves me vieron bailarlo el "Negro" Celedonio Flores  y el cantor Carlos Acuña y me dijeron: «Pibe, vos no podés seguir bailando gratis». Al día siguiente debutaba en el café "La Armonía" de la avenida Corrientes, luego vinieron los cabarets "Chantecler", "Tabarís" y todos los lugares de categoría.

«En el año 1952 la empresa de chocolates Aguila organizó un gran concurso nacional de bailarines de tango, participaron 157 parejas y las finales fueron en el auditorio de radio Splendid. Lo gané. Gracias a eso comenzaron las giras por todo el país hasta llegar la época dura de los años 60 cuando los programas de rock en televisión nos hicieron pasar un hambre terrible, bailábamos por unas monedas. Aguantamos sólo Juan Carlos Copes y yo. La bohemia es linda pero te ca-/gás de hambre.

«En los 70 empezamos a salir otra vez, la primera fue una gira acompañando a Hugo del Carril. A comienzo de los '80 decido abandonar el baile, pero al tiempo me trajeron la idea de "Tango Argentino" y me entusiasmé.

«Yo soy profesional solamente porque me pagan. En el fondo sigo siendo amateur, no me ajusto a una coreografía, eso lo hacen los bailarines y yo soy milonguero, uno de los pocos que bailan tango-tango, por eso me llaman de todas partes.

«Con lo que gané en las últimas giras me compré tres casas, un camión y dos autos, para mis hijos, ahora salgo algunas veces más, junto unos dólares y ¡chau!, me retiro. Cada gira son cinco o seis meses y para es un sufrimiento, es como estar "encanutado" en Alcatraz. Sufro lo peor que le puede pasar a un hombre, estar solo en la muchedumbre. En Japón me paraba en una esquina y me rodeaban doscientos millones de "ponjas", y no entendía un ca-/rajo lo que decían. Entraba en un restaurante, pedía un chorizo y me lo traían con miel, ¡una cosa de locos! Se morfan el pescado crudo como los indios ¡Dejame de jo-/der! Nunca comí tanto pollo y tallarines como en Japón. Hay gente a la que le llamara la atención, pero a mi no. A mi me atrae un buen vino, un asado con los amigos, los jilgueritos que tengo en el fondo de mi casa.

«En las giras, cuando no actúo, apolillo, no le doy bola a nadie, me llevo un pilón de libritos policiales y de cowboys y así estoy bien. Me jo-/dían con Venecia ¿Pero qué es Venecia? El cementerio de la Chacarita inundado, y que me perdone la Chacarita. A mi me rompen los que por una cuestión de status o snobismo empiezan a los gritos ¡Ay, que bella es Venecia! Bella es la pampa donde podes ver los árboles, los animales, los colores del pasto en la inmensidad, y no una ciudad que se está hundiendo y que cada vez que pasa una góndola con un tano arriba deja una "baranda" que el Riachuelo, al lado de eso es lavanda Atkinson.

«Estoy pesando 128 kilos, pero no me hacen nada; con traje negro, el moño a lo Gardel y una buena pilcha es como que me sacaran ese exceso.

«En Broadway durante una actuación, escuchaba una voz que me gritaba: ¡Bien gomina, bien gomina! Resultó ser Nureyev. Se hicieron amigos míos Anthony Quinn y Robert Duvall. Este último, cada vez que viene a la Argentina, se viene aquí a mi casa a comerse un asadito.

«A mi esposa Elvira la quiero, la idolatro, si me faltara..., no se, me tiro bajo el tren.

«Yo soy un sentimental, no sirvo para estar solo y menos sin una compañera como ella. Son 28 años de acostarse y levantarse juntos. Pero es más, porque somos amantes desde hace 44 años. Elvira fue mi primera novia, y por esa cosas de la vida no nos casamos. Cada uno hizo su vida y en 1959 yo ya estaba separado de mi primera mujer. Un día yo andaba arriba de un caballo allá por La Tablada y en eso veo pasar un colectivo con Elvira adentro, le hice señas para que bajara, pero nada, entonces fui galopando detrás del colectivo y al final se bajó porque si no la seguía hasta su casa. Conversamos y aquí estamos.»

FRASES SUELTAS DE VIRULAZO

«Rodolfo Valentino fue un caradura, no sabía bailar.»

«Tito Lusiardo un buen comediante, pero como bailarín, un adefesio. Pero bueno, estuvo con Gardel, ¿quien lo iba a discutir?"

«Travolta. Un mari-/conazo. Lo mismo ese Michel Jackson. Son cosas que no pasan a la historia. Eso no es baile, baile es Fred Astaire y Gene Kelly.»

«¿Un bailarin de tangos?PETROLEO. Lo conocemos algunos, solo los que vamos a las milongas.»

«Música nueva argentina no escucho ni loco. Son pibes que están vacíos. En el tango uno siempre va a encontrar algo que refleje su vida. ¿Pero alguna vez a alguno se le cayó la novia en un pozo ciego? Eso dicen en una letra esos pibes. Será que ninguno tendrá historias para contar. La gente que se levanta a las seis de la mañana para laburar todo el día, no se la empaqueta. A ese gente hay que darles arte como les daba Gardel. A esa gente no pueden conmoverla cuatro guachos que no laburan y fuman marihuana».

«En política nunca me metí, pero siempre voto por la democracia. En este país los militares y los curas son un cáncer... Ah, tengo una fantasía, que cuando me muera sea bailando un tango.»

 
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Re: BAILARINES FAMOSOS DE TANGO.

Petróleo
 


Nombre real: Carlos Alberto Estévez

En el momento de este reportaje, Petróleo estaba a punto de cumplir 80 años, nacido en 1912 comenzó a bailar en 1928.

Fue bancario durante 36 años y vivía en el barrio de Villa Devoto.

En 1988 dejó de bailar por una afección en sus rodillas, desde entonces vive de sueños.

«Me pusieron Petróleo porque tomaba mucho vino. Era un borracho. Desde hace algún tiempo tomo gaseosas, pero es peor, oxida.

«Siempre me gusto el tango sencillo. Al baile del tango lo cambié yo.

«Yo inventé el giro, el contrafrente, cambiar de posturas, los boleos.

«Además, yo desprendí el sexo de la danza. Antes el hombre iba a buscar una pierna no una bailarina, iba a apretar no a bailar. Yo iba a bailar.

«Conocer a través de los ensayos a la pareja es muy importante, de ese modo uno conoce el manejo.

«A mi mejor pareja, con la que después viví, la conocí en un baile, fue en 1930, se llamaba Esperanza Díaz. Ensayábamos mucho. Bailamos juntos hasta 1949 y un año después se fue. ¡En buena hora!. Ya no quise tener otra.

«Cuando había alguna exhibición me entendía bien con la negra Martita que acostumbraba a bailar en el Agusteo, de Sarmiento y Uruguay, también en el Unione e Benevolenza, que estaba a la vuelta del otro y el dueño era el mismo.

«En Villa Devoto bailé en el Club Rosa de Abril y en Villa Urquiza en muchos: Pinocho, Sin Rumbo, etc.

«En el club Atlanta conocí a Juan Carlos Copes que andaría entonces por los 20 años.

«En los salones estaba prohibido bailar con corte, si lo hacíamos alguien se acercaba y nos decía: "Pase por boletería" y allí nos recomendaban e nos echaban. Nos llamaban compadritos.

«Hubo épocas que los bailarines organizábamos bailes para los presos cuando salían libres. En realidad los que bailaban el tango eran todos chorros o aspirantes a serlo. Si uno había estado un año preso poníamos diez o veinte pesos cada uno hasta juntar unos quinientos y se lo dábamos para que empezara a caminar.

«Cuando a esas fiestas comenzó a asomarse la policía no las hicimos más.

«Allá por 1930 se hacían fiestas que duraban una semana. Para el cumpleaños de la Parda Lucia, compañera de Nicolás "El Buchón" (por la forma de su pecho como la de los palomos) se realizó una milonga en Parque Patricios. Como siempre fueron cirujas, carteristas, carreros y milongueros. La pista se hizo con una lona robada al ferrocarril, de esas que cubren los vagones. La estiramos en el piso y la rayamos con vela, para encerarla y conseguir mejor deslizamiento. Todos aportaban algún peso para vino y carne para el asado. Las minas eran coperas de cabaret, yiros, ladronas de tiendas. Cuando alguno tenía sueño se tiraba en un colchón de los que poníamos por ahí y dormía un par de horas. El séptimo día hacíamos un torneo de tango.

«Entre nosotros había mucha competencia, no nos dábamos pelota. El bailarín es ególatra, se cree el mejor. Yo me creía el mejor.

«A mí me gustaba uno que se llamaba Mendieta, era un fenómeno. El vasco Orradre fue el mejor que interpretaba la orquesta de D'Arienzo. Con las figuras se destacaba un tal Méndez que era muy ligero de abajo. El Cachafaz era bueno, pero hubo mejores. Virulazo también era bueno, bailaba a la manera de Antonio Todaro, que es el mismo maestro que le enseñó a Miguel Ángel Zotto, el que más me gusta de los nuevos porque tiene linda postura.

«A Gardel lo conocí en el teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza, sin dudas el mejor cantor. Era bueno porque te decía lo que sentía. Pero bailar no sabía, daba unos pasitos, era un maleta, además de gordito.

«Se puede aprender a bailar, pero hay que trabajar mucho y además se tiene que sentir la música. El tango no viene de golpe. A mí me enseñó un profesional, Navarro, me entregó sus pasos, después yo saqué los míos.

«El tango es una emoción contenida que después explota. No se puede decir así se baila el tango, uno lo baila como lo siente, es una creación.

«El tango es un sentimiento triste, es cierto, pero a veces depende de como le encara la orquesta. Mi orquesta preferida fue la de Carlos Di Sarli y, cuando tuvo la suya Anselmo Aieta, un músico terrible.

«Nunca salí de gira porque tenía mi trabajo en el banco, pero hice unas dos mil exhibiciones.

«Mi sueño siempre fue bailar mejor que todos. Inventé muchas figuras, transformé el tango, pero tendría que haber realizado más. Me faltó inspiración para crear el tango verdadero. Hoy lo haría distinto. Como cada tango dura tres minutos, lo dividiría en prólogo, desarrollo y epílogo.

«Aparte del tango tuve locura por las carreras de caballos, iba un poco todos los días, gané mucho y perdí mucho.

«Cuando me jubilé del banco vendí mi casa y con esa plata seguí jugando. ¿Para qué la quería? Tangos, carreras y alguna mujer. No hay que agarrar la vida en serio. Yo viví como quise. Se puede vivir en serio con trabajo y honestidad, pero no es tan divertido.

«Uno tiene que vivir sus sueños, ahí está la verdad».
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Re: BAILARINES FAMOSOS DE TANGO.

 

Bailarín y coreógrafo
(31 de mayo de 1931)

Eus pies alados recuerdan a los de Fred Astaire y Gene Kelly, dos reyes de la comedia musical. Él, Juan Carlos Copes, los considera, junto a Ginger Rogers, sus paradigmas, sus maestros, sus modelos a seguir.

El hombre de pelo engominado y ceño fruncido, vestido de traje impecablemente planchado, está sentado a la vera del escenario como estandarte y figura de su musical autobiográfico, Copes tango Copes, en el que refleja una síntesis de sus 50 años de carrera.

Acompañado por su hija Johana, el ballet Copes Tango Danza y la voz de María Graña, se puede ver la evolución creativa del danzarín desde sus inicios en los bailes del club de fútbol Atlanta, pasando por los concursos de danza en el estadio Luna Park, sus viajes por América, sus encuentros con los maestros Piazzolla, Troilo o Pugliese, hasta celebridades internacionales de la talla de Barishnikov, Liza Minnelli o el ya mencionado Gene Kelly, que merece una evocación en boca del propio Copes. «Era mi ídolo, fue quien me dio la clave de lo que debía hacer, el que más me llegó con su danza».

De pronto, se llama a silencio. Mira sin ver, deseando trasladarse a aquel momento, allá por 1985 cuando, tras presentar Tango Argentino en Broadway, tuvo la posibilidad de conocerlo. Y le surge una anécdota: «Una noche, luego de la función, se me acercó la hija de Gene y me dijo que su padre no estaba bien de salud; sin embargo, me hacía llegar el mensaje de que me esperaba al día siguiente en su casa de Los Angeles. Casi me desmayo. Me sentí pleno, igualito a como estaba él en "Cantando bajo la lluvia"».

Son cuantiosos los shows que jalonan la larga trayectoria de Copes. Pese a ello, los nervios siempre juegan un partido aparte. «No tienen edad. Cuanto más grande es uno, más temor a equivocarse existe».

Lo inquieta el hecho de aparecer como una persona soberbia, algo de lo que realmente dista mucho. Y le preocupa que por primera vez un espectáculo lleve su nombre en el título. «Si bien ya lo asumí, suena como una marca registrada. Como sí con apenas decirlo, significara algo», explica.

Copes no desconoce que en la Argentina es "el" bailarín de tango, pero rechaza ese mote a rajatabla: «Es muy antiguo y conservador decir que soy "el" bailarín de tango. Para bailarlo se necesitan dos personas y mucha pasión. Lo demás es técnica y viene sola».

Dotado de una singular energía, Copes parece un hombre sin edad, pero la tiene y no la oculta. Todo lo contrario: «Nací el 31 de mayo de 1931. Está en todos los diccionarios», señala con una amplia sonrisa y sin titubeos.

De profesión milonguero, como le gusta presentarse, es acreedor de importantes premios como los de Toronto y Nueva York, el ACE argentino por "Entre Borges y Piazzolla", y, recientemente, el American Choreography Award por la mejor coreografía para cine por la película "Tango" (dirigida por Carlos Saura).

«Muchos creen que lo más importante son las piernas, los pies. No me parece. A mi criterio, lo esencial empieza arriba, en la cabeza, y luego pasa por el corazón. Los pies son la consecuencia», es la definición que brinda este porteño de 70 años a la hora de explicar cómo se hace para bailar bien el tango. Y así debe ser, porque las piernas y los pies de Copes tienen un lenguaje exclusivo capaz de garabatear silenciosas figuras que expresan lo que las propias palabras no podrían pronunciar.

«Es la única danza que permite imaginación y creatividad para formar, en tres minutos, una historia de amor, de odio. Pero son tres minutos que, si hay una cierta relación cuerpo a cuerpo, hacen olvidar cualquier problema". Esa es la sensación que le produce bailar el dos por cuatro. Y no falta su alusión a las virtudes del tango. «Creo que tiene muchas, pero si tuviera que elegir, diría que es llamativo su poder de adaptación a cualquier época».

Pasaron muchos años desde aquellos días en que un joven delgadito, el "crédito" de la barra, deslumbraba a las muchachas de los clubes de Mataderos y Villa Pueyrredón. Por entonces, el muchacho que estaba indeciso entre el tango y la carrera de ingeniero electrónico, gano un concurso de baile en el Luna Park, en 1951, donde se presentaron más de trescientas parejas. Y esa noche fue la bisagra, el punto de inflexión. El momento de tomar una decisión. Recién comenzaba la década del 50 y ya bailaba con quien sería su compañera en gran parte de su carrera: María Nieves Rego. Con ella formó el tándem perfecto, el prototipo de pareja que se impuso por su presencia, la leyenda de las piernas mas veloces. Copes y Nieves fueron compañeros, novios, pareja. Se amaron, se divorciaron, se odiaron. El se casó con otra mujer, tuvo dos hijas, pero siguió bailando con Nieves. Hasta que la relación se hizo insostenible. Se separaron definitivamente, y él encontró en su hija Johana una nueva compañera.

Coherente en toda su carrera, dueño de una mente abierta y criteriosa, afirma que nunca cambiaría su manera de sentir el tango. No es de los que traicionan su esencia ni de los que admiten la existencia de la categoría tango "for export".

Creador de avanzada, guste o no, Copes está despegado de los estereotipos. Si bien es uno de esos "argentinazos" que defiende lo de antes, también procura expresar su modernismo y no ser un tipo conservador. Es un porteño de los que creen que «los tangueros no deben vivir con el funyi puesto y el pañuelo anudado al cuello para refrendar su condición de malevo. Si yo pensara eso, me consideraría una persona muerta», sostiene categórico.

Y a la pregunta: ¿hasta cuándo tendremos Copes? Responde con un dejo de picardía: «Hasta que den las tabas. Para mí, bailar es la mejor terapia que existe».


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Re: BAILARINES FAMOSOS DE TANGO.

 

Bailarín
(1916 - 1986)
Nombre completo: Elías Borovsky

Uno de los grandes milongueros anónimos

Ee llamaba Elías Borovsky. Por error de un funcionario al emitir la libreta de enrolamiento, a los dieciocho años la r del apellido se transformó en s. Nació en Buenos Aires, en 1916. Hijo de inmigrantes, su padre era ruso y su madre polaca.

Se crió en ambiente de tango. Desde los primeros años de la adolescencia compartía las largas horas de prácticas que su hermano mayor, un gran milonguero, tenía con sus amigos. Este hermano mayor, Simón, se casó más tarde con Rosita, también una gran milonguera y siguió concurriendo a los bailes durante años después de haberse casado.

Elías no estaba destinado para el mundo de la empresa, la religión, la formalidad, el culto al dinero. Su religión era el tango, y era un perfeccionista.

Era pintor de paredes, y hacedor de todo, habilidoso con las manos como lo era con el baile. Pero en realidad nunca le llegó a interesar el trabajo como le interesaba el baile. Y esto en un sentido pleno, también referido al tango: nunca actuó como profesional. En muchas ocasiones hacía exhibiciones en los más famosos salones de su época.

Lo apodaban "El Rusito Elías". Se pasó la vida enseñando a grupos, a bailarines profesionales, perfeccionando o enseñando a hacer coreografía a parejas que actuaban en teatro o televisión. Todo eso sin cobrar. Era por puro perfeccionismo: no podía soportar que se bailara mal y que estuvieran dando espectáculos por teatro o por televisión bailarines mediocres.

Desde su adolescencia se dedicó durante años a practicar, perfeccionar pasos y giros, crear figuras... Después, ya desde antes de los dieciocho años, pasaba las noches en las milongas.

A los dieciocho o diecinueve años pintaba un salón de tango "La Buenos Aires" y se fue de la casa de los padres para dormir en un estante del guardarropas, en el que se quedaba después de haber ejercido su autoridad durante el baile. En esa época lo conoció el tano Humberto Martucci, otro gran milonguero que después sería su cuñado y que, la misma noche que lo vio bailar al Rusito y se hizo su amigo, también se fue de la casa de sus padres y se quedaba a dormir en otro estante del guardarropas. Más tarde estos amigos se harían familia, al casarse con las hermanas Felicia ("Nilda") y Anita ("La Gallega"), las novias con quienes habían bailado y habían hecho exhibiciones en las milongas.

El Rusito Elías llegó a elaborar a fines de la década del treinta y principios del cuarenta, junto a otros grandes milongueros de su generación, un desarrollo importante en la técnica del baile, con un estilo muy depurado, elegante, preciso, fruto de los años de intensa práctica y estudio. Su paso básico no era igual al que se baila hoy: salía con la izquierda, daba otros dos pasos, enderezaba el frente y cerraba con la derecha. En medio de esa posible secuencia aparentemente simple de cuatro pasos intercalaba todo tipo de giros, figuras, enrosques y desenrosques.

Improvisaba todo el tiempo. Si bien tenía un repertorio amplísimo de figuras y recursos expresivos, su forma de concebir el baile le permitía ir creando sobre la marcha situaciones y figuras a partir de los cambios de ejes en los giros y medios giros. Tenía un perfecto equilibrio y en el baile hacía culto a la elegancia, al carácter de los pasos, a la precisión y limpieza de las figuras, a la cadencia musical.

Despreciaba tanto a los "verduleros" de la milonga, aquellos que acumulaban "verduritas", una sobrecarga barullera de acciones en medio de un gran descuido de la calidad y la postura, como a los que hacían acrobacias cambalacheras en los escenarios, un tango-fantasía sin sustento sólido en las raíces populares.

Vivió siempre muy pobre, porque nunca le interesó el dinero. En esa época no era habitual que un milonguero pudiese vivir del tango o que ganara dinero con lo que era su pasión. Era muy sencillo en sus costumbres y en sus relaciones con los demás, pero sentía el orgullo de saberse parte de una casta superior, la de los milongueros de elite.

Enseñó a bailar a mucha gente, incluidos algunos bailarines profesionales a los que perfeccionaba y les enseñaba a crear coreografía.

Respecto a las orquestas, tenía muy definidas sus preferencias y sus rechazos. Las escuchaba solamente con el corazón y con los pies: además de sus ídolos de juventud, en los años maduros amaba principalmente a Osvaldo Pugliese en la misma medida en que rechazaba a Piazzolla, porque, según él pensaba, había destrozado el tango bailable. Nunca entendió que una orquesta tocase tangos sólo para ser escuchados, y en esos tiempos de protagonismo piazzollano el baile estaba contra las cuerdas.

En 1960 el Rusito tuvo un estímulo para transformarse en profesional: la orquesta de Mario Canaro, hermano de Francisco, le propuso formar la pareja de baile para un espectáculo que iba a realizar una gira por Latinoamérica. El comienzo de la gira iba a ser en Lima, Perú. Fue la primera vez que Elías viajaba en avión, y era el orgullo de todo el barrio. El destino quiso que nunca llegara a ser profesional: el día que iban a debutar, la compañía entera sufrió una intoxicación que los llevó a todos, el Rusito incluido, al hospital, y después de vuelta para Buenos Aires.

En sus años maduros vivió con el temor de que el tango desapareciera, porque le tocó padecer la época negra en que éste fue excluido de los circuitos de la industria cultural y los medios de comunicación.

Fue un milonguero típico, uno de los tantos anónimos creadores del tango en aquellos años épicos del treinta y el cuarenta, aquéllos que desarrollaron, hasta un nivel extraordinario de sofisticación, los fundamentos del baile actual, el arte de su enseñanza y las bases de su profesionalización. Nunca fue filmado. De él y de otros que carecieron del soporte de la industria cultural, con un cine y una televisión a los que el tango bailado no interesaba, sólo quedó un patrimonio que heredaron, inevitablemente sin conciencia y sin memoria, los milongueros, los profesores y los profesionales actuales.

Hoy no quedan documentos, ni filmaciones, ni testigos vivos de aquellos años épicos, finales del treinta y principios del cuarenta, en los que el Rusito destacaba en las milongas. Petróleo, uno de los grandes milongueros que lo llegó a conocer personalmente en aquella época, todavía se acordaba de él, y de su hermano Simón, ¡cincuenta años después!, según le relató a Mingo Pugliese poco antes de morir.

El Rusito Elías murió en Madrid en 1986, sin saber que aquellas botellas lanzadas al mar mediante la paciente transmisión a tantos alumnos, habían sido recogidas años después por muchos, que el tango estaba comenzando a renacer y que volvería a ser bailado por mucha gente, no sólo en Buenos Aires sino también, como en los años de gloria, en Europa, Estados Unidos y otros lugares.

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Re: BAILARINES FAMOSOS DE TANGO.

 

Bailarín
(1930-1996)
Nombre real: José Domingo Monteleone

En Hippopotamus, Buenos Aires, 3 de agosto de 1992, 24 hs.

«Yo empecé a bailar a los doce años en unos Carnavales en Avellaneda. Mi nombre real es Monteleone, "Pepito Avellaneda" es un seudónimo. Soy descendiente de italiano y español. Iba a bailar en el Salón Duca, en el año 40, 45, 46. Empecé a bailar, me tiré a bailar. En el 45 di la primera exhibición: fue en el Teatro Roma de Avellaneda. Yo tenía quince años. Bailé con la hija de Royuelo, un kinesiólogo de Independiente. Inclusive nos vemos, ella se casó, tiene hijos. Soy muy amigo del marido, muy amigo. Ellos van a bailar a 'Tanguería del 40', en Lanús. Qué lindo ¿no? porque es un recuerdo de años, años.

«El baile para mí es todo, yo me alimento. Yo bailo y me alimento. Yo tenía muchos contratos, por ejemplo en las provincias: Salta, Córdoba, Tucumán. Y yo, aunque no me dieran nada, yo bailaba porque lo sentía. O sea que hacía lo que a mí me gustaba y me pagaban encima. Eso es hermoso. O sea que yo me alimento con el tango, me gusta dar clase. Me paso todo el día dando clase. En Europa me quieren mucho. Tal es así que recibo cartas, recibo invitaciones, es muy lindo.

«Yo soy pizzero. El oficio mío es pizzero. Pero, teníamos pizzería con papá, o sea que yo, me daba por la milonga. No, no, no...quería trabajar así. Sólo con el baile. ¿Cuando me iba a dormir? Yo en los Carnavales, pedían en los clubes pizza, yo llevaba pizza, me quedaba a bailar, al otro día ya, volvía a las seis de la mañana y ya empezaba a hacer pizza otra vez para el otro día. En la época de los Carnavales. O sea que no dormía. A veces papá me decía: 'Andá a tirarte un rato que yo después te despierto'. Un viejo que fue un amigo, hermano, todo... yo me quedé sin vieja a los cinco años. O sea que él era todo para mí. Y lo perdí hace tres años. Claro, yo, soy de Avellaneda. Y los muchachos, yo tenía el nombre de 'Los Porteñitos', yo bailaba con el nombre de 'Los Porteñitos'. Me decían '¿cómo, defendés la capital, si vos sos de la provincia?'. Entonces le digo al representante y me pone 'Pepito de Avellaneda'. 'Vas a Mataderos, a Flores, Pepito de Avellaneda, queda bien'. 'No, Pepito Avellaneda'. Puede ser un apellido. Y ahí quedó hace muchos años. Creo que la asenté en el 57 ó 58. Todavía tengo recortes de eso. Me gustaría mostrarte. Yo trabajaba mucho en los números vivos. Cuando existía el número vivo, yo iba y bailaba en los cines, entre películas, había número vivo. Y tengo programas del 55, del 56. Es increíble. La revista 'Ahora', del 57. Estaba buscando en revistas viejas, y empiezo a hojear una y estaba yo ahí. Es increíble. Hace muchos años que ando con el tango, con la enseñanza.


Pepito con Suzuki su compañera (1996)

«Y aprendí solo. Fue salir, hacer un paso, otro paso. Y ya me tiré. Después, estaban las prácticas en los clubes, entre hombres. O sea, yo te llevaba a vos, vos me llevabas a mí: o sea, se aprendía a guiar una mujer. Eso para bailar el domingo, el sábado. Practicábamos para crear algunos pasos. No había mujeres en las prácticas. Era sólo entre hombres. Lo practicábamos para bailar con la novia, con la mujer. Es más fácil bailar con una mujer. Hay hombres que bailan como mujer. Muy bien. Y había alguno que hacía de mujer para saber qué hacía la mujer. Si sabés llevar a un hombre es más fácil llevar a una mujer. La mujer aprende mucho más rápido que el hombre. Porque el hombre tiene que saber guiar un determinado paso, pensar en el paso, cómo guiarla. Y eso es difícil. Ahora si hacen una coreografía, ya no es lo mismo. Ya es una cosa de utilería. Pero el milonguero tiene que saber llevar. Y hay muchos que bailan llevando. Hay otros que bailan por computadora. O sea, una coreografía, y chau. Pero van a un salón y no saben bailar. Eso pasa con muchos bailarines. Profesionales. Que ahora yo los veo mucho en las milongas para ambientarse, cómo es la milonga y cómo se debe guiar a la mujer en determinado paso.

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Re: BAILARINES FAMOSOS DE TANGO.

«La milonga, para mí es mi vida. Otros lo hacen como comercio. Yo no, yo me alimento. Esa es la diferencia. Hay quienes aprenden para lucrar. Y otros que aprenden porque en realidad gusta bailar. Como estos chicos, estos chicos -Diego y Natalia- son muy trabajadores, yo les di muchas clases, pero son muy atentos. Y les gusta interiormente el tango. Lo sienten, lo sienten, y Diego me mira desde los pies a la cabeza. Todos los movimientos, la colocación de pies. Y eso es muy importante. Es muy importante. Y hay otros chicos que ya te digo, lo aprenden para decir 'viajo y gano dólares', nada más. Pero hay muchos chicos que les gusta. Está el hijo de Pugliese, Pablo. Pablito, tiene once años y es un loco. Le gusta, lo siente. ¿Cómo puede ser un chico de once años que le guste tanto el tango, la milonga? Me trae recuerdos. Es muy lindo verlos así, bailar. Quieren bailar. Lo sienten. Bailan tanto con una chica como con una grande. Con quien sea. Y es un chico muy hábil porque guía. O sea que mañana va a ser un futuro milonguero. No bailarín. Un futuro milonguero.

«Me gusta tanto el tango como la milonga. La milonga soy creador de todos los pasos que hago. En el tango también, creador de las figuras que hago también, son mías. O sea que soy creador. Aparte que me gusta, invento pasos, me salen. A Diego y Natalia le enseñé una milonga antigua, milonga del 20, con guitarra, y parece que llevan la guitarra en los pies. Ahora vos me decís '¿me formás una coreografía?'. No lo sé. Porque me inspiré y lo saqué, y no sé si podría hacerlo de nuevo.

«Afuera, ellos escriben los pasos, lo anotan a su forma. Una figura, no sé cómo anotan, pero la anotan. Otros con jerolíficos. Pasos, giros, crucigrama hacen. Pero ellos se entienden. Y otros escriben cómo comienza, cómo es el principio y cómo es el final. De cada figura.

«Yo antes cantaba con papá. Así, para nosotros. Muy lindo. Discépolo es para mí lo más grande que hay. Después hay otros, sin despreciar. Discépolo: lo escucho y me encanta, escucho las cosas que ha creado. Y me encanta. Es un poeta. Los tangos inclusive, muy bueno. Todos con sentimiento. Y me gusta Troilo.

«Para bailar tango orillero, así, D'Arienzo. Por el ritmo. Pero también me gusta deslizarme con Di Sarli. Pugliese Son diferentes músicas. Bailar lento es muy difícil. Porque tenés que darle el motivo, las cadencias, las pausas. No bailar todo continuo, continuo que no es, mirás, mirás, pero no ves nada. O sea que no se transmite. En cambio cuando vos das una cadencia, suave, es poético el tango. Es poético.

«Con el baile quiero llegar a todos lados. Ya te digo, salgo de acá, de trabajar, y me voy al baile. El viernes me fui con una pareja de americanos, nos fuimos a Akarense. Ayer estuve en La Galería con unos alumnos que son de Barcelona. A ellos les gusta ver cómo baila el pueblo. Los negocios son, cuando al turista lo llevan a Casablanca, El Viejo Almacén, Michelangelo. Pero ellos van, ven y no ven nada. Porque ven una cosa que no es el verdadero tango. El verdadero tango lo ves en los salones. Como lo siente el pueblo. Y yo a todos los que vienen los llevo ahí.

«Me gusta el jazz también. La cumbia. Toda la música, me gusta. La ópera, algunas que entienda, otras no. Lo mismo que, me gusta mucho Liberacci, este pianista, me encanta. Ahora yo escucho otros que no les entiendo. Entonces, a lo mejor será muy bueno, pero no me llegan. Eso y muchas orquestas, como Piazzolla. Piazzolla antes tocaba muy bien, tocaba muy bien, tiene unas grabaciones antiguas, de antes, y él una vez dijo 'Todas esas grabaciones hay que tirarlas'. Sólo escuchar las que hacía ahora. Y para mí no, es al revés. O será que no es que no me guste la música de él, porque hay temas que son muy hermosos. Pero otras músicas que no son bailables. O sea que si no se puede escuchar, no es para baile tampoco. Pero hay otras que sí. Inclusive con baile, es buena para el oído. O sea, no es decir que lo desprecio, pero, son formas de ver yo, el gusto mío. Hay muchos también que coinciden conmigo. Ahora yo voy, me encanta Piazzolla, tengo que ir a París, y después a Bélgica, Bruselas, pero me encanta, un buen músico, un genio.

«El futuro del tango. Invadió el mundo, se puede decir. El tango invadió el mundo. Ahora la gente en cualquier lado baila el tango. Tanto en Estados Unidos, Centro América, Europa. Todo con tango. Y enseñan a bailar el tango, así que el tango no se puede perder nunca. En Alemania hay cantidades de escuelas de enseñanza de tango. En Hamburgo también, en Stuttgart, también. Te nombro los lugares a los que yo he ido. Holanda. Amsterdam, Maastrich, Rotterdam, y otras ciudades hay cantidades enormes de lugares donde se baila tango y se enseña. Hablemos de Suiza, en Basel, que yo voy siempre. Que yo les enseñé en Buenos Aires que no sabían nada. Y pusieron una escuela. En Basel, y les va muy bien. Eso es increíble. Cecilia y Romeo son los de Basel. Estando yo en Basel, vinieron de Zurich profesores, o sea que yo daba clase a profesores.

«Es increíble. En todos los lugares del mundo. En París. Ahora tengo que ir en Francia, también a bailar tango y enseñar. Yo a veces me río, porque toda la vida estuve peleando yo por el tango. Y recién a los 56 años empecé a ir a Europa. Es increíble. Estuve en Canadá, seis meses con Copes. Haciendo espectáculos y enseñando. Son fríos. Porque es la parte inglesa. Es Toronto. Pero, se adaptaron al tango nuestro. O sea que si es en Canadá pero del otro lado, que es más bien para Francia, ahí gusta muchísimo el tango. Ahí ya tienen lugares para bailar. Tienen lugares para enseñar. Montréal. Ahí, venían de allá profesores, Lili Palmer, que fue la mujer de Thompson. Lili Palmer venía a estudiar conmigo en Toronto. Es increíble. Les encanta el tango, les encanta, por eso te digo que es mundial. Ahora me hicieron una propuesta para ir a Rusia. Yo jamás conocí Rusia. Y viene a ser para diciembre o para enero. Inclusive me mandaron a hacer un video. Y quieren llevarme porque quieren un milonguero. No sé a dónde voy. Tendrían que decirme. Me dijeron Rusia. Hoy casualmente hice un video, porque me lo pidió Casablanca, Claudia y Paola. Entonces ellos van y necesitan un milonguero. Entonces me dijeron a mí. Ya a Copes ya le dije. Le dije de París. Le dije de Bruselas, pero como esto es sólo hablar, lo otro ya es seguro porque me mandaron el billete.

«Me levanto según la hora en que me acueste. A veces no me levanto, porque a veces llego tardísimo, a las siete, ocho, nueve, ya me tomo unos mates y tengo que dar clase porque a las once a lo mejor empiezo a dar clase. A la gente europea que les gusta tomar a la mañana. A las diez de la mañana, a las nueve. Porque ellos parece que tienen la cabeza más fresca por la mañana. Porque siempre me piden a la mañana. A las nueve de la mañana, a veces. Me voy a la milonga, vuelvo a casa, tomo unos mates y me voy a enseñar. Ayer estuve en La Galería, me fui a casa, eran las ocho de la mañana, me tomé unos mates, con unas ricas facturas, me puse a mirar un poco de televisión y después me fui a dar clase a las once. Después a la una estaban los americanos. Entonces ya no podés dormir. Después tenía a los españoles, a los de Barcelona. Gente nueva, le tuve que enseñar a Roxana y Carlos Morel. O sea que tuve todo el día hoy. Y ya vine acá. Ahora llego a casa, y me voy a dormir. Yo creo que apenas ponga la cabeza en la almohada no veo más nada. Pero qué alegría de este libro 'Antropología del Tango'. Mañana me levanto y lo leo. Espero que nos volvamos a ver. Tomaremos un cafecito como hoy».

kibalu
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Re: BAILARINES FAMOSOS DE TANGO.

echeandia
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Re: BAILARINES FAMOSOS DE TANGO.

Ahora yo me pregunto, solo los hombres se hicieron famosos, asi que las mujeres que eran ?
La escoba con la que se acompañaban? Por eso el tango se bailaba solo entre hombres, es un ritmo machista a ultranza.
trional
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Re: BAILARINES FAMOSOS DE TANGO.

Pero que feos eran