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emierdec
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QUIEN ES FIDEL EGAS, DUEÑO DE TELEAMAZONAS, BANCO PICHINCHA Y DA MILLONES A BARCELONA

[ Editado ]
 Cenaba en un lugar de comida chino-criolla cuando me sorprendió la irrupción de un hombre menudo en mangas de camisa blanca en la pantalla de la tele. De pie detrás de una larga mesa, flanqueado por otros hombres igualmente vestidos y en posición de firmes, proclamó en tono castrense... su condición de montonero. Estupefacto, le pedí explicaciones al patrón del restorán, que me dijo que se trataba de Álvaro Noboa Pontón, el hombre más rico de Ecuador y uno de los más ricos de Sudamérica, conocido, como "El rey del banano". Nada menos que el principal productor y exportador de Ecuador, que es a su vez el primer productor mundial


Ecuador resulta un país fascinante por muchas razones, entre ellas, sus cuatro regiones claramente diferenciadas (costa, sierra, Amazonia e islas Galápagos) y las fáciles analogías que pueden establecerse con lo que ocurre en otras latitudes que nos son familiares. Por ejemplo, es inevitable la comparación entre las rivalidades que mantienen Quito y Guayaquil con las que unen y separan a Madrid y Barcelona. ¡Si hasta el equipo más popular de Guayaquil se llama Barcelona!

Estaba de paso en Ecuador a principios de mayo pasado, muy intrigado por la personalidad de dos ministros que ya no están, el de Gobierno, Mauricio Gándara, y de Economía, Rafael Correa. Del primero me había sorprendido que me dijesen que era de derecha después de haberle escuchado declaraciones muy fuertes contra la ocupación por parte de los militares norteamericanos de casi todas las instalaciones de la base aérea de Manta, ocupación que jamás fue aceptada por el Congreso. De Correa, porque a pesar de provenir de una universidad elitista, proponía políticas decididamente progresistas, entendiendo como tal acrecentar y redistribuir la renta nacional (ninguno de los dos está ya en su cargo, y me dicen que los ejecutivos de las petroleras no los echarán de menos).

Cenaba en un lugar de comida chino-criolla cuando me sorprendió la irrupción de un hombre menudo en mangas de camisa blanca en la pantalla de la tele. De pie detrás de una larga mesa, flanqueado por otros hombres igualmente vestidos y en posición de firmes, proclamó en tono castrense... su condición de montonero. Estupefacto, le pedí explicaciones al patrón del restorán, que me dijo que se trataba de Álvaro Noboa Pontón, el hombre más rico de Ecuador y uno de los más ricos de Sudamérica, conocido, como "El rey del banano". Nada menos que el principal productor y exportador de Ecuador, que es a su vez el primer productor mundial.

Cuando me interesé en entrevistarlo, me explicaron que así como Howard Hughes le tenía fobia a las bacterias y gérmenes patógenos, Álvaro Noboa abomina del contacto con periodistas. Lo que explica el por qué de ese breve aviso pago suyo en la tele para informar de algo que bien podría haber difundido en una rueda de prensa sin gastar un centavo: la constitución de "los montoneros del PRIAN”, en alusión al Partido Renovador Institucional de Acción Nacional que él mismo fundó.

“Desde oficinas y ministerios (los montoneros) velarán para que no se vulneren los intereses del Ecuador” y “también lucharán pacíficamente en las calles (sic) para impedir que se cometan actos de corrupción”, aseguró Noboa, dueño de la marca de bananas “Bonita”, una de las más vendidas en todo el planeta. Y poco más. Claro, si hubiera convocado a una rueda de prensa, tendría que haber soportado que le preguntaran. Y en cuanto uno se pone a hurgar en su historia, cree entender por qué al Rey del Banano las inquisitorias se le figuran ordalías.

Noboa estuvo a un puñado de votos (menos del uno por ciento del padrón electoral) de ser electo Presidente del Ecuador en 1998, cuando fue candidato del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE, liderado por el ex presidente Abdala Bucaram Ortíz, exiliado entonces y ahora en Panamá). En esa ocasión fue derrotado por el ex alcalde de Quito, Jamil Mahuad, tras un escrutinio que dejó muchísimas dudas. Al parecer, poco antes de anunciarse el triunfo de Mahuad, los principales barones electorales de la costa y de la sierra lograron ponerse de acuerdo en que no podían tolerar que el PRE de Bucaram, caudillo populista de Guayaquil, volviera al gobierno a poco más de un año de haber sido derrocado. En fin, que habría tenido lugar un “vuelco” de votos, lo que los españoles llaman “pucherazo”.

Desde entonces, ser presidente se le volvió a Noboa una obsesión. Rápidamente se dio cuenta que, para lograrlo, le convenía poner distancia de Bucaram, cuyo nombre, tras poco más de un semestre de gobierno, se había convertido en una mala palabra en Quito (aunque no en Guayaquil y la costa), donde las clases medias y altas casi unánimemente lo acusan de vocinglero, demagogo, chabacano y ladrón.

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Re: QUIEN ES FIDEL EGAS, DUEÑO DE TELEAMAZONAS, BANCO PICHINCHA Y DA MILLONES A BARCELONA

Alfaro, montoneros y forajidos

Problemas de dinero, Noboa no tiene. En 1999 la revista Forbes estimó su fortuna en más de 1.200 millones de dólares. Además del banano, sus fuertes son las navieras y las empresas de bienes raíces, cuya cámara local preside. Ya alejado del PRE, en su propósito de habitar el Palacio de Carondelet, fundó el PRIAN, con el que rivalizó infructuosamente con el coronel Lucio Gutiérrez, quien lo derrotó en segunda vuelta por amplio margen en noviembre de 2002. El mismo Gutiérrez que dos semanas antes de que yo llegara a Quito había sido depuesto por una movilización de las clases medias quiteñas transformadas en “forajidos” (como las llamó Gutiérrez poco antes desmoronarse, y ellas mismas reivindicaron, resignificando el término) en las jornadas del 19 y 20 de abril pasados.

Si uno escucha a los “forajidos” se convence de que el hecho determinante para el estallido fue que una Corte Suprema adicta al gobierno posibilitó el retorno de Bucaram y otros prófugos exiliados (a los pocos días, Bucaram se vio obligado a regresar de apuro a su refugio en Panamá) pero si uno escucha a los taxistas, sin excepción hombres de sangre indígena y del interior del país, debe considerar la hipótesis de que las clases medias quiteñas hayan sido utilizadas por los ricos para echar a Gutiérrez por el sencillo motivo de que éste los había intimado a que cancelaran las deudas multimillonarias que mantienen con el Estado.

Lo más alucinante de la arenga televisiva del Rey del Banano fue la utilización del nombre “montoneros”, que tanta urticaria causó y acaso siga causando en Argentina, a pesar de que el propio presidente Néstor Kirchner fue muy cercano a esa organización armada del peronismo. No parecía que Noboa (que en su página web informa tener inversiones en la Argentina) hubiera elegido ponerle dicho nombre a su “guardia blanca” por adhesión a aquella guerrilla, exterminada por la dictadura militar encaramada al poder con el golpe de marzo de 1976. Buscando un poco en Internet me desasné de que “montoneros”, además de ser los seguidores del Chacho Peñaloza y Felipe Varela, lo habían sido, a fines del siglo XVIII y principios del XIX, los del líder liberal Eloy Alfaro, quien fue jefe supremo y presidente constitucional en los albores decimonónicos.

Alfaro es un prócer tardío cuya biografía emociona y fortalece el grado de confianza que podamos conservar en nuestra especie y semejantes: las primeras medidas que tomó una vez que tuvo el poder, fue liberar a las mayorías indígenas del pago de contribuciones y tasas que no obligaban a la oligarquía blanca, e impulsar una Constitución que proclamó la igualdad de los ciudadanos ante la ley, temas ambos de absoluta actualidad.

Que Noboa se compare tácitamente con Alfaro muestra la desfachatez característica de una época de exacerbado mercantilismo: hace tres años, cuando aún no soñaban autodenominarse montoneros, los gorilas de Noboa reprimieron a sangre y fuego a los jornaleros de sus extensas haciendas bananeras, que habían tenido la osadía de sindicalizarse y elegir delegados.

Esta agremiación fue desbaratada a tiros, con el saldo de algún muerto y muchos heridos. Instaurado este clima de terror, Noboa consiguió dividir a los obreros en empresas subcontratistas de independencia ficticia, de menos de treinta trabajadores cada una, lo que las eximió legalmente de tener delegados. "Tengo decenas de miles de personas trabajando directamente para mí, e indirectamente a un millón de ecuatorianos. Por buen empresario que sea, en un millón siempre habrá ochenta descontentos”, justificó Noboa la escabechina.

La sorpresiva irrupción de "los montoneros de Noboa" fue interpretada por los periodistas con los que me reuní como una reacción ante el silente apoyo que su enemigo, el veterano caudillo socialcristiano de Guayaquil León Febres Cordero, le estaba dando al gobierno del presidente Alfredo Palacio, quien había reemplazado a Gutiérrez después de haber sido su vicepresidente.

Febres Cordero no es menos derechista que Noboa. Por el contrario, parece haberlo sido muchas veces más, y con más eficacia, con una eficacia letal. Por ejemplo, a la hora de reprimir a una incipiente insurgencia armada. A fines de 1984 comenzó a operar la guerrilla sonoramente llamada “Alfaro Vive, ¡*******!”, afín y auspiciada por el M-19 colombiano. Cuando los partisanos cometieron el error de secuestrar, en Guayaquil y agosto de 1985, al banquero Nahím Isaías, titular de Filanbanco (entonces el mayor del país, especializado en conceder créditos a los pequeños productores) les cortó la cabeza sin hesitar.

Febres contrató a un mercenario israelí, obviamente relacionado con los servicios de inteligencia de su país, contratación que supuso el gasto, en absoluto secreto, de unos ocho millones de dólares de dinero público destinado a innominados gastos reservados. Con este asesoramiento (casi, una dirección virtual) las fuerzas represivas torturaron hasta la muerte a uno de los guerrilleros, ubicaron el lugar donde Isaías estaba secuestrado... y se cargaron a todos los ocupantes de la vivienda, incluido al secuestrado, lo que dio inicio a una era de desprecio por los derechos humanos conocida como “la Rambocracia”.

Quizá los muchachos de ¡Alfaro Vive! no se hubieran lanzado a la lucha armada de no haber sido porque tres años antes un intento de desarrollar un socialismo democrático había sido segado brutalmente. Ocurrió cuando el presidente Jaime Roldós Aguilera pereció en un supuesto accidente aéreo. Hoy sabemos positivamente que no fue tal, sino un magnicidio perpetrado por la CIA.

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Re: QUIEN ES FIDEL EGAS, DUEÑO DE TELEAMAZONAS, BANCO PICHINCHA Y DA MILLONES A BARCELONA

Asesinatos emblemáticos

Roldós asumió el gobierno en 1979 tras derrotar a Febres Cordero, quien desde entonces le guardaría un encono que sobrevivió largamente a su muerte física. Roldós llegó a la presidencia de Ecuador en una época terrible en la que soplaban muy malos vientos para la lírica, y más allá de alguna colonia sobreviviente de las potencias europeas, casi todos los países sudamericanos (las excepciones eran Venezuela, Colombia e, intermitentemente, Bolivia) estaban gobernados por dictaduras militares, a veces tan cruentas como la argentina.

Por entonces, en Buenos Aires ya se había comenzado a planificar el golpe militar que iba a ejecutarse en Bolivia a mediados del año siguiente, golpe que permitiría obturar la posibilidad de que ganara las elecciones una coalición de izquierda populista como establecer una gran fábrica de cocaína, lo que iba a permitir, primero, financiar la intervención de los militares argentinos expedicionarios en Centroamérica, y más tarde -después de la Guerra de Malvinas y en el marco del Irangate- directamente de los propios “Contras”.

Roldós no sólo llegó a la presidencia en una mala época, sino que rápidamente sufrió la deserción de parte de quienes habían impulsado su candidatura, por ejemplo, del partido Izquierda Democrática (ID), que pasó a la oposición.

Al igual que le había sucedido a Salvador Allende en Chile, sus partidarios estaban en absoluta minoría en el Congreso, donde, para jaquearlo, las mayorías opositoras pusieron en práctica una demagogia sistemática: primero votaron una ley por la cual las mujeres podían jubilarse a la edad que fuere al cumplir los 25 años de trabajo; después instituyeron la semana laboral de 40 horas, y por fin duplicaron los salarios, con lo que objetivamente inflingieron una herida mortal a las pequeñas empresas en beneficio de las grandes, de capital intensivo y proporcionalmente menor cantidad de mano de obra. Para rematarla, el Congreso sólo aprobó un presupuesto mezquino, que le impedía al Ejecutivo desenvolverse con normalidad. Al tiempo, le negó un aumento en las alícuotas de los impuestos y lo amenazó con el juicio político.

Roldós se negó a vetar aquellas leyes inoportunas pero con cuyo articulado, en líneas generales, estaba filosóficamente de acuerdo. E intentó retomar la iniciativa al enviar al Congreso un proyecto de reformas a la Constitución. Si el Congreso lo rechazaba, la propia Constitución lo habilitaba a proponerle directamente al pueblo en plebiscito la disolución del Congreso y la convocatoria a elecciones legislativas. Ante esta perspectiva, la oposición se unió a la Curia, que se puso a plañir y a rogarle a Roldós que desistiera de “dividir en dos” a la sociedad. Hasta que lo logró.

Más éxito tuvo Roldós en su política externa. Propuso a los presidentes iberoamericanos suscribir una "Carta de Conducta" en la que se comprometieran a afianzar las democracias constitucionales y la vigencia de los derechos humanos, y logró que acudieran a Riobamba y la firmaran el 23 de septiembre de 1980 sus pares de Colombia, Costa Rica y Venezuela, el vicepresidente del Perú, el exiliado vicepresidente electo de Bolivia, y un delegado del presidente del gobierno español. Era una iniciativa que encajaba como anillo al dedo con la política de promoción de los derechos humanos del presidente James Carter. Pero éste, jaqueado por la crisis de los rehenes norteamericanos en Teherán, en noviembre perdió las elecciones frente a Ronald Reagan.

En medio de una fuerte recesión mundial, 1981 se presentaba como un año muy difícil para Ecuador. Con Reagan en la Casa Blanca y Wiliam Casey al frente de la CIA, sería un año fatídico.

Comenzó con un conflicto fronterizo con Perú en la cordillera del Cóndor. Las escaramuzas arrojaron como saldo varios soldados ecuatorianos muertos. El 24 de mayo, Día de la Independencia, Roldós encabezó un acto celebrado en el estadio Atahualpa de Quito en el que condecoró a los militares que habían sobresalido por su valentía en combate. Luego subió al avión presidencial junto a su ministro de Defensa, general Marco Subía, las esposas de ambos y los edecanes militares. El avión puso su hocico rumbo a Macará, en la frontera sur, donde Roldós debía presidir un acto en memoria de los militares caídos. Nunca llegó: se estrelló contra la ladera del cerro Huayrapungo.

Poco después, el 31 de julio, otro opositor a los designios de la CIA en la región, el general Omar Torrijos, falleció en un accidente aéreo similar. Al parecer, los instrumentos de la nave habían sido interferidos desde tierra. Siempre se sospechó que a Roldós y Torrijos los había matado la CIA. Hoy se sabe positivamente que fue así. Porque lo ha reconocido en su reciente Confessions of an Economic Hit Man (Berrett-Koehler Publishers) John Perkins, un ex alto agente de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en ingles), “la organización de espionaje más grande y menos comprendida de los Estados Unidos”, como el mismo la definió.

En su libro (que permaneció once semanas en las listas de best-sellers del New York Times) el rubio agente especial de la NSA afirma que tanto Roldós como Torrijos fueron asesinados por “los chacales” (grupo de sicarios) de la CIA.

A confesión de partes, relevo de pruebas.

Perkins relató cómo la NSA y la CIA colocan a sus agentes con aptitudes para convertirse en economic’s hits men en empresas privadas, los ayudan a triunfar y les dan la misión de someter a los países periféricos a través de préstamos de dinero. Uno de los ejemplos que puso Perkins fue, precisamente, Ecuador. “Una de las condiciones de los préstamos, digamos de un billón de dólares, a países como Indonesia o Ecuador, era que ese país tendría que devolver el 90 por ciento de ese préstamo a compañías norteamericanas como Halliburton o Betchel para construir infraestructura. Estas compañías construyen sistemas eléctricos, puertos o carreteras, obras que enriquecen a unas pocas familias adineradas, mientras que los pobres quedan atrapados por un deuda asombrosa que no pueden pagar”.

“Un país como Ecuador -siguió diciendo Perkins, acaso exagerando- debe destinar el 50 por ciento de su presupuesto para pagar la deuda y no puede hacerlo. Por lo que lo tenemos literalmente encima de un barril (esto es, agarrado de los testículos). Y cuando queremos más petróleo, vamos a Ecuador y decimos: ‘Parece que usted no puede pagar sus deudas, así que entregue su bosque húmedo amazónico a nuestras compañías petroleras ¿OK?’. Y hoy estamos destruyendo esa jungla, forzando al Ecuador a causa de aquella deuda. Nosotros le prestamos, el país queda con esa deuda más un montón de intereses, y ellos se transforman en nuestros sirvientes, en nuestros esclavos”.

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Re: QUIEN ES FIDEL EGAS, DUEÑO DE TELEAMAZONAS, BANCO PICHINCHA Y DA MILLONES A BARCELONA

Una fina percepción

La asunción de la presidencia por el socialdemócrata Rodrigo Borja supuso una nueva gran esperanza no sólo para Ecuador, sino también para toda América Latina. Después de haber ido diecisiete años antes a la ceremonia de posesión de Salvador Allende en Santiago de Chile, Fidel Castro volvió a pisar el continente para asistir a la ceremonia en la que Febres Cordero le transfirió el mando a Borja en agosto de 1988. Rumiando hiel por no haber podido imponer a su candidato (Sixto Durán Ballén, que había quedado tercero, pero al que cuatro años más tarde lograría entronizar en reemplazo de Borja), el viejo caudillo socialcristiano de Guayaquil le colocó la banda presidencial en el Congreso. Después Borja fue a tomar la posesión efectiva del sillón presidencial al bello Palacio de Carondelet.

¿Quién es Rodrigo Borja? Cofundador de la Izquierda Democrática en 1970, venció en segunda vuelta a Bucaram (54 a 46 por ciento de los votos emitidos), quien se había proclamado continuador de su cuñado Roldós, de quien gustaba recordar que había sido asesinado por oponerse “a esa fraternidad de corporaciones, gobiernos y elites bancarias cuyo objetivo es el imperio global”.

Borja, en cambio, sucumbió rápidamente a los cantos de sirena del ascendente neoliberalismo, dándole una vez más la razón a Arturo Jauretche, numen del nacionalismo popular argentino, que en respuesta a quienes le reprochaban su origen conservador, reivindicó haber “montado el caballo por la derecha y bajado por la izquierda” (hasta el punto de haber sido enterrado como montonero honorario), a diferencia de la mayoría de los políticos que se proclaman de izquierda y hacen lo contrario.

Tal como le había sucedido a Salvador Allende, la tercera vez que Borja intentó llegar a la Presidencia fue la vencida. Sería una cruel paradoja que fuera el propio Borja quien iniciara la contrarrevolución que llevaría a otro Fidel (a diferencia del caribeño, éste amante de las sombras, de derecha y clerical) a constituirse en el poder detrás del trono. Un poder duradero: mientras en Ecuador los presidentes se suceden, devorados por una crisis endémica (¡nueve en una década!) el poder del banquero Fidel Egas Grijalva se acrecienta.

Borja, dio un ejemplo difícil de superar. Su barniz socialista duró menos que un caramelo a la salida de un colegio: a los 20 días de asumir, a fines de agosto, lanzó un "paquetazo" que hizo que el dólar oficial pasara de 275 sucres a 390 en el término de diez días (con una devaluación programada a futuro de 2,50 sucres semanales, ubicándose en poco mas de cuarenta dólares mensuales.

Después de estas medidas y mientras la deuda externa -cuyos pagos había suspendido Febres- ascendía a 11 mil millones de dólares, estallaron las protestas de los trabajadores organizados, que el 24 de noviembre de 1988 lanzaron un “Paro Nacional del Pueblo”, con movilizaciones que resultaron violentamente reprimidas. En esas circunstancias, Borja le entregó el control de la economía al banquero quiteño Abelardo Pachano Bertero.

Como presidente de la Junta Monetaria, en marzo y octubre de 1989 Pachano Bertero expidió dos regulaciones (596 y 631) por medio de las cuales se institucionalizó el lavado de dólares provenientes del tráfico de drogas y otros trasiegos prohibidos, al levantar controles y autorizar a los bancos, financieras y casas de cambio a comprar dólares sin restricciones y a emitir cheques con el respaldo de los billetes verdes adquiridos. Al adoptar estas medidas, Borja y Pachano demostraron tener una fina comprensión de lo que se avecinaba: en diciembre de ese año la invasión de Panamá por las tropas estadounidenses haría que los carteles colombianos de la droga pasaran a realizar muchas de sus operaciones de lavado en Ecuador.

Un año después, el semanario Newsweek publicó una nota, titulada “Una isla de paz para los mercaderes de la droga” en la que el Secretario de Estado Adjunto para Asuntos de Narcóticos de los Estados Unidos, Melvyn Levistky, se refirió a la importancia de Ecuador como plaza para el lavado de narcodólares. Levitsky informó que, con el propósito de controlar el flujo de los narcodólares, el Departamento del Tesoro había propuesto la sanción de una ley por la cual todas las transacciones electrónicas de fondos tuvieran que ser analizadas.

En la actualidad, una década y media más tarde, aunque economistas y periodistas especializados de Ecuador lo admitan sólo, en encuentros reservados y en voz baja, resulta evidente para todo aquel que no pretenda permanecer voluntariamente ciego, que junto a los altos precios del petróleo -que Ecuador extrae y exporta en bruto, sin refinar- el lavado de dinero es la piedra angular de una economía de alto confort para los ricos, de buena calidad de vida para las delgadas capas medias urbanas, y de miseria, exclusión y expulsión (se calcula que unos dos millones de ecuatorianos se fueron del país, la mayoría a España) para los trabajadores y campesinos.

Durante los dos primeros años de su presidencia, Borja tuvo mayoría en el Congreso gracias a su alianza con la Democracia Popular (democristianos) del ex presidente Osvaldo Hurtado, quien asumió el mando a la muerte de Roldós. En las elecciones legislativas de 1990, de mitad de mandato, la ID perdió la mayoría y es más, sufrió una hecatombe: de 31 escaños, perdió 24. El ministro de Gobierno era Andrés Vallejo - actual vicealcalde de Quito y hombre de Fidel Egas- que presentó la renuncia.

El sueño de Menem

Para un argentino, hacer comparaciones resulta un ejercicio fascinante: Ecuador parece haber estado siempre en la vanguardia, plus ultra, en lo que hace a experimentar crisis, incluidas las de gobernabilidad que en los albores del nuevo milenio proliferan como setas tras la lluvia. Sin ánimo de privar a los lectores de hacer sus propios y regocijantes descubrimientos, baste adelantar que si durante la efímera presidencia de Bucaram (de agosto de 1996 a febrero de 1997) se importó a Domingo Cavallo para que estudiara la posibilidad de establecer una convertibilidad entre el sucre y el dólar, y su sucesor Jamil Mahuad hizo realidad el sueño imperial de Carlos Menem de dolarizar.

Fue un manotazo de ahogado. Mahuad lo hizo de apuro, el 9 de enero de 2000. Estableció una paridad de 25 mil sucres por cada dólar, lo que implicó una última y brutal devaluación de la moneda ecuatoriana de una larga serie. Si se toma todo el año anterior a la dolarización, la devaluación alcanzó el 400 por ciento.

La dolarización encendió la mecha de una vasta insurrección popular liderada por los indígenas. No pasaron dos semanas hasta que esta insurrección de las mayorías logró desalojar, el 21 de enero y mediante una masiva movilización popular, a Mahuad del palacio de Carondelet, en lo que constituye un hito que bien puede repetirse si aparece un líder que se ponga por encima de las distintas etnias, como el boliviano Evo Morales.

Dueños del Palacio, los insurgentes nombraron en reemplazo de Mahuad a un triunvirato en el que estaban el coronel Lucio Gutiérrez (quien había sido edecán del presidente Bucaram y de su sustituto, el hasta entonces presidente del Congreso, Fabián Alarcón) y el presidente de la estratégica Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), Antonio Vargas Guatatuca.

Este triunvirato proclamó una efímera “Junta de Salvación Nacional”, pero antes de que ésta se conformara, los generales ejecutaron un sorprendente golpe palaciego que corrió de la escena a Gutiérrez y a Vargas, esterilizó la movilización indígena y le entregó el poder a quien hasta entonces había sido el vicepresidente de Mahuad, Gustavo Noboa, quien no sólo no iba a revertir la dolarización, sino que la profundizaría.

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Re: QUIEN ES FIDEL EGAS, DUEÑO DE TELEAMAZONAS, BANCO PICHINCHA Y DA MILLONES A BARCELONA

La crisis asiática, una oportunidad

La crisis asiática iniciada con el desplome de la moneda de Tailandia a mediados de 1997 había hecho colapsar a Rusia -que había entrado en cesación de pagos-, hundido la Bolsa de San Pablo y al llegar a Ecuador adoptó la forma de una caída en picado de los precios del petróleo, que llegó a cotizarse (por increíble que parezca ahora, cuando ha superado la barrera de los 65 dólares) a sólo 7,5 dólares el barril.

Como si esto fuera poco, el fenómeno de El Niño comenzó a azotar al país, arruinando a los agricultores, pescadores y camaroneros que dejaron de pagar sus créditos en masa, lo que provocó la quiebra de una larga serie de entidades financieras y una estampida de ecuatorianos que se fueron del país, lo que a su vez implicó que mucho dinero saliera del circuito financiero local.

Por una cosa o por otra, entre 1997 y 1999 el sistema financiero de Ecuador perdió depósitos por más de 4.500 millones de dólares; fue la crisis bancaria más grave de su historia, un proceso de quiebras y absorciones tutelado por un Estado supuestamente imparcial a través de una Agencia de Garantía de los Depósitos (AGD) creada, precisamente, para hacer frente a la crisis. Un proceso del que, en términos generales, saldrían victoriosos los banqueros de la sierra, que desplazaron a sus rivales de la costa, y, entre aquellos, como primus interpares, (pero alejado voluntariamente de cualquier oropel) Fidel Egas, quién consiguió llevar al podio al Banco del Pichincha.

Egas consiguió dar su gran salto durante el gobierno de Borja, y lo hizo utilizando de garrocha los dineros públicos: Desde entonces -y con muy breves interrupciones- durante un cuarto de siglo ha sido el poder detrás del trono. El estilo de Egas recuerda al del Yabrán por la radical falta de vocación de ambos por aparecer en los medios y sus fuertes lazos con las jerarquías católicas. Pero aunque al igual que al suicidado zar argentino de los correos y del transporte de todo tipo de valores y mercancías, a Egas no le guste aparecer en los medios, en cambio, y con gran visión de largo plazo, posee varios medios de difusión masiva, siendo su nave insignia el canal de aire Teleamazonas.

El origen de la fortuna de Fidel Egas se remonta a la crisis del Banco de Colombia, en 1984, cuando ese país era gobernado por el presidente conservador Belisario Betancur. Acusado de haber incurrido sistemáticamente en autopréstamos y otras prácticas de nula transparencia, el presidente del Banco de Colombia, Jaime Michelsen, se dio a la fuga refugiándose en Panamá. Michelsen controlaba la operación de la tarjeta Diners Club en Ecuador, en la cual era socio minoritario Fidel Egas. Aquella historia invirtió el peso específico de ambos: Egas le dio refugio en sus empresas a varios miembros del directorio del Banco de Colombia que se fugaron con Michelsen, y a la vez pasó a ser socio mayoritario de Diners Ecuador adquiriendo las acciones que hasta entonces pertenecían al Grupo Grancolombiano de Michelsen.

Para cuando el presidente Borja le permitió el gran salto, el nombre de Fidel Egas era para el gran público el del dueño de la tarjeta de crédito Diners, la que más dinero mueve en Ecuador, y para los entendidos, el cerebro del Banco del Pichincha, entonces el cuarto del país por sus depósitos. Su rostro era prácticamente desconocido.

El gran salto

Borja puso en manos de Egas la Reserva Monetaria Internacional (RMI) del Ecuador. Flor de empujón.

Para entender cabalmente la jugada es preciso retroceder seis años más, hasta el 11 de junio de 1982, cuando en las Malvinas las tropas argentinas ofrecían una resistencia desesperada al desembarco británico. Ese día, el gobierno del presidente Hurtado autorizó al Banco del Pichincha CA a invertir hasta un millón de dólares en la creación de un banco con sede en Nassau, Bahamas. Fue la partida de nacimiento del minúsculo Pichincha Ltd.

Regresamos a los comienzos de 1989, cuando el gobierno de Raúl Alfonsín agonizaba en medio de hiperinflaciones y saqueos. En Ecuador, el presidente Borja, y Pachano, su cerebro financiero, facilitaban la conversión del país en un Lave-rap de dólares de cualquier procedencia.

Más allá de que su rival Bucaram conseguiría documentar que Borja recibió aportes económicos para su campaña de un conocido narcotraficante, las relaciones del gobierno de Borja con los carteles colombianos del narcotráfico fueron ostensibles: en marzo de 1991 un cuñado del presidente fue detenido en Miami y encausado en Nueva York por lavar más de 30 millones de narcodólares en el Chase Manhattan y otros bancos. Y el embajador ecuatoriano en Colombia, Fernando Córdova Bossano, dejó impresa su firma en el libro de visitantes del célebre Castillo Marroquín, en las afueras de Bogotá, propiedad del narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha (a) El Mexicano, uno de los más importantes capos del Cartel de Medellín.

Tanto desprejuicio y falta de hipocresía resultaron más llamativas porque el embajador tenía en Bogotá a una hermana presa por traficar drogas. Y porque el padre de ambos era el Superintendente de Bancos del Ecuador, Gonzalo Córdova Galarza, ex presidente de la Corte Suprema e íntimo de Borja junto a quien había cofundado el partido Izquierda Democrática.

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Re: QUIEN ES FIDEL EGAS, DUEÑO DE TELEAMAZONAS, BANCO PICHINCHA Y DA MILLONES A BARCELONA

Un abordaje pirata

En el ínterin se había producido un hecho decisivo. Insólitamente, en un acto propio de filibusteros, a principios de mayo de 1989 el Citibank de Nueva York incautó unos 80 millones de dólares de una cuenta de la República de Ecuador. Lo hizo con el espurio pretexto de que Ecuador había suspendido hacia dos años los pagos de devolución del capital prestado. Su mala fe resultaba evidente puesto que el Citibank estaba representado en el comité de gestión formado por los bancos acreedores de Ecuador, comité que había dispuesto que todo pago fuera prorrateado entre todos los acreedores.

La noticia del atraco trascendió entre los periodistas especializados el 10 de mayo, pero llegó al público recién dos días más tarde. La sorpresa fue mayúscula cuando el Citibank quiso justificar su proceder alegando que hacía mucho que el comité no recibía del gobierno ecuatoriano alguna propuesta de reestructuración de la deuda impaga. El argumento sorprendió tanto más porque Pachano, el gerente general del Banco Central del Ecuador (BCE) José Morillo Battle, y el ministro de Finanzas Jorge Gallardo Zavala, se la pasaban viajando a Nueva York. ¿A qué iban?

La cuenta incautada había sido abierta en 1987 como resultado de un convenio entre Ecuador y el Citibank “para cubrir el desfase de las exportaciones petroleras”, en aquellos años de precios muy bajos. Se trataba de una operación que insumía no más de 180 días, luego de lo cual la cuenta debía haberse cerrado. Pero, en lugar de ello, el préstamo se había renovado, pagándose los intereses correspondientes. El propio Pachano admitiría que en la cuenta incautada no debía haber más que 33 millones, destinados a pagar aquellos intereses en lo inmediato, y le echó la culpa de que estuvieran allí otros 47 millones a un funcionario de segunda línea.

Tan pronto recibió la noticia del decomiso, Borja envió a Pachano a Nueva York, con el encargo de cerrar las demás cuentas que Ecuador tenía en el Citibank. Al regreso, el presidente Borja lo recibió en compañía de Morillo y de Gallardo. En esa reunión, dice la Historia Oficial, se habría decidido depositar la Reserva Monetaria Internacional (RMI) del país en el banquito que el Banco de Pichincha había establecido en Nassau siete años atrás. Poco más que un escritorio, una computadora y dos sillas.

Comenzó así el mayor atraco individual de la historia ecuatoriana.

La jugada del gobierno

El Banco Central del Ecuador depositó en el banquito de Nassau 38,7 millones de dólares, y al año siguiente una nueva remesa de 47,8. En total 86,5 millones de la RMI, es decir, del erario público.

Una reserva trabajosamente reconstituida. Aunque Febres Cordero aseguró haberle traspasado a Borja una RIM de 57 millones de dólares junto con la banda presidencial, Borja dijo que no encontró un solo dólar de reserva sino, por el contrario, una deuda de 320 millones. En cualquier caso, los sucesivos ajustes económicos del 30 de agosto y del 30 de diciembre de 1988 habrán permitido reconstruirla, puesto que fue el propio Borja quien anunció a fines de ese año que la RIM tenía alrededor de cien millones de dólares.

La decisión de depositar la parte del león de esta reserva en el banquito de las Bahamas no parece que haya sido tomada de apuro en el cónclave de Borja, Pachano, Morillo y Gallardo, tal como asegura la Historia Oficial. Al menos, el banquito devengaría intereses por el primer depósito desde casi una semana antes de que se celebrara.

Durante ese lapso, y a pesar de lo manifiestamente ilegal que era la apropiación de la RMI por el Citibank, el gobierno ecuatoriano no hizo ningún reclamo. Por lo que los mal pensados creen en una conspiración en la que participaron los directivos del Citibank, altos funcionarios del gobierno de Ecuador y el principal bloque de accionistas del Banco del Pichincha y su banquito off shore homónimo, cuya cabeza era Fidel Egas Grijalva. Los más confiados reconocen en privado que, como mínimo, se cometió una grosera violación de la Ley de Régimen Monetario entonces en vigencia, cuyo artículo 52 disponía taxativamente que la RIM debía ser “colocada en bancos de primer orden”.

Ante este mandato inexcusable, Borja, Pachano, Morillo y Gallardo fingieron demencia. Trataron de echar la pelota afuera. Dijeron a coro que habían depositado la RMI en el banquito de Nassau porque así se los había recomendado un estudio internacional de la consultoría legal Coudert Brothers. Borja incluso llegó a pretextar, impávido, que su gobierno temía depositar el dinero en otro banco y que resultara ser embargado por los acreedores norteamericanos.

A pesar del paso de los años, tanto desparpajo sigue anonadando. No sólo porque había muchos bancos ecuatorianos de probada solidez financiera que tenían subsidiarias en el extranjero (hasta el punto de que en agosto de 1991 el Congreso publicó una lista de 41 bancos corresponsales del BCE en teóricas condiciones de haber recibido la RIM), sino porque, en verdad, Coudert Brothers había propuesto tres alternativas: la transferencia inmediata a sucursales o subsidiarias de bancos ecuatorianos en el exterior (caso en el que había varias entidades mejor posicionadas que el banquito de Nassau, cuyo capital era apenas de dos millones de dólares y cuyos activos no llegaban a los 18 mil dólares); o bien a cuentas de bancos de países que no fueran acreedores de Ecuador, y/o a un banco suizo.

Para más INRI (por la leyenda escarnecedora “Rey de los judíos” que los verdugos romanos pusieron en la cruz de Jesús), el banquito de Nassau estaba virtualmente quebrado. Y su casa matriz de Quito, también.

Una auditoría externa permitió que los expertos de la firma estadounidense Peat Marwick & Mitchell comprobaran que, de acuerdo al balance hecho al 31 de diciembre de 1990, el Banco del Pichincha Ltd. de Nassau era un “banco de membrete” (una pantalla) cuyas operaciones se realizaban en realidad en la sede de su casa matriz de Quito, y cuyo patrimonio -de poco más de 11,3 millones de dólares, con cuentas negativas y saldo en rojo de 29 millones- era a todas luces insuficiente para garantizar depósitos millonarios, por lo que dicho balance no estaba “apegado a la realidad”. Una manera elegante de decir que era falso.

Tal cual: una síntesis de la auditoria fue publicada en las propias Bahamas por el diario The Nassau Guardian el 27 de septiembre de 1991: deja blanco sobre negro que el banquito local no tenía ni jamás había tenido reservas suficientes para recibir depósitos de la magnitud de los hechos por el BCE, y que, como si aquello fuera poco, estaba teniendo pérdidas operacionales que no se reflejaban en el patrimonio de los accionistas. La auditoria determinó que el banquito tenía un déficit total de casi 45,5 millones de dólares (45.488.963), suma cuatro veces mayor al valor patrimonial declarado en el balance fraguado. También pudo establecer que su creador, el Banco del Pichincha CA y las empresas del grupo vinculado a Egas, le estaban debiendo al banquito casi 50 millones de dólares, con lo que el déficit conjunto de la casa matriz y de su filial off shore superaba los 95 millones de dólares: un agujero que ni siquiera el sistema financiero ecuatoriano en su conjunto podía absorber.

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Re: QUIEN ES FIDEL EGAS, DUEÑO DE TELEAMAZONAS, BANCO PICHINCHA Y DA MILLONES A BARCELONA

La jugada de Egas

Para entonces, Fidel Egas y sus cómplices habían consumado la jugada. Gracias al dinero de todos los ecuatorianos, habían conseguido hacerse con el control del Banco del Pichincha CA y, en un mismo acto de magia, lo habían saneado.

En efecto, tan pronto recibió el dinero de la RMI del Banco Central del Ecuador, el banquito de Bahamas puso un plazo fijo de 45 millones en otro banco, lo que le iba a suponer una ganancia por intereses de unos 9 millones de dólares. Seguidamente, le prestó 10.724.178 dólares al 8,9 por ciento de interés anual a sociedades vinculadas a miembros del bloque de accionistas del Banco del Pichincha de Quito.

El bloque encabezado por Fidel Egas como presidente del directorio, era secundado por el gerente general Jaime Acosta Velasco (también ex presidente de la Junta Monetaria) y por su hijo Antonio Acosta Espinosa, que heredó aquella gerencia general que desempeña hasta hoy. Egas y sus acólitos utilizaron el crédito para comprar diez millones de acciones del Banco del Pichincha CA. Un círculo virtuoso.

El banquito de las Bahamas otorgó un segundo crédito de 47,8 millones -en rigor, un autopréstamo a su casa matriz de Quito- el 19 de junio de 1991. El dinero fue repartido en una serie de créditos a largo plazo y prácticamente sin intereses, a Egas y sus aliados Jaime Acosta Velasco, Antonio Acosta y Alberto Acosta Velasco (jefe del Departamento Legal de la Superintendencia de Bancos y, por lo tanto, el responsable de impedir que se infringieran las leyes que rigen las actividades financieras) y a un grupo de firmas cuyos titulares eran testaferros de aquellos. De este modo se compró el 44,46 por ciento de las acciones del Banco del Pichincha, lo que le permitió a Egas y los Acosta hacerse con su control sin haber puesto ni un solo dólar ni un sucre de su bolsillo.

Este autopréstamo de “plata dulce” (tan pero tan dulce como que era ajena) fue otorgado -es bueno subrayar- al 2 por ciento de interés anual y a un plazo de 22 años... a un solo pago, esto es, en condiciones insólitas, que sólo puede conceder el Banco Mundial al más paupérrimo de los estados africanos para financiar proyectos tan vitales como potabilizar agua.

A pesar del paso del tiempo, el revés de la trama de estos hechos sigue estando al alcance de quien quiera investigar: moviendo influencias en el gobierno de la Izquierda Democrática, Fidel Egas logró que el gerente general del Banco Central de Ecuador, Eduardo Valencia, depositara en su banquito off shore 86,6 millones de dólares de la RMI en dos partes: $38,8 millones en 1989 y $47.8 millones en 1990. En esta segunda operación, la orden fue emitida directamente por el gerente de crédito del BCE Rómulo Puente Vallejo, primo hermano de Andrés Vallejo.

Oriundo como su primo de la ciudad serrana de Riobamba, Andrés Vallejo fue dos veces presidente del Congreso y es en la actualidad vicealcalde de Quito. Miembro de una familia tradicional de comerciantes y banqueros que controlaba el Banco Popular, él mismo presidió este banco hasta que se vendió, casi quebrado, a mediados de los ’80. Fue ministro de Gobierno y presidente de la Junta Monetaria en el gobierno de Borja, de quien sigue siendo íntimo. Unos dicen que ejerce considerable influencia sobre el alcalde Paco Moncayo. Otros, que es el principal estratega del partido Izquierda Democrática (ID). Lo irrefutable es su condición de accionista y columnista del diario Hoy, donde su hermano Clemente preside la Junta Directiva y donde Fidel Egas es amo y señor. También se vincula a Vallejo a Telesistema (el canal de televisión de Guayaquil que fue reprivatizado por el gobierno de la ID) y a Direct TV.

Durante el gobierno de Borja, Andrés Vallejo estuvo involucrado en algunos negocios turbios, como la compra de unas locomotoras francesas que resultaron inservibles, asunto en el que también participó otro estrecho allegado a Egas, el costeño Juan Falconí Puig, cuya gente controló la Corporación Financiera Nacional (CFN, encargada de apoyar crediticiamente el desarrollo de las industrias y empresas de servicios en aras del interés nacional) entre 1998 y 1992.

La denuncia socialcristiana

Un jurista de nota, el entonces diputado socialcristiano Enrique Camposano Núñez, denunció el depósito de la RMI en el banquito de Bahamas ante el presidente de la Corte Suprema de Justicia a fines de mayo de 1991. Denunció también que dicho depósito sirvió para apuntalar a los desfallecientes Bancos del Pinchincha de Quito y Nassau, y especialmente a sus principales accionistas, Fidel Egas y Antonio Acosta.

En su denuncia, Camposano Núñez dijo haber podido determinar que ya el 8 de mayo de 1989 el BCE había abierto una cuenta corriente en el banquito de Nassau y depositado en ella 1,3 millón de dólares de la RMI “con el exclusivo propósito de que actuara como banco de giro y de remesas del Banco Central del Ecuador¨ para cubrir los pagos de los sectores público y privado con el exterior.

Camposano agregó que los saldos promedio de los depósitos de la Reserva Monetaria por la misma alrededor de 22,5 millones de dólares, y que había podido calcular que habían pasado por esa cuenta alrededor de 57,22 millones de dólares.

El diputado también señaló que, según el informe de la auditora Peat Marwick & Mitchell, con anterioridad y a solicitud de su casa matriz de Quito, el Banco del Pichincha Ltd. había invertido más de 1,7 millón de dólares en la compra de acciones del Eula Bank por un valor nominal de 4,9 millones de dólares, acciones cuya tenencia no generaba intereses. Y que “al someterse el Eula Bank en noviembre de 1989 a un proceso de liquidación voluntaria” se produjo un enorme quebranto que el exiguo capital del banquito no pudo cubrir.

Camposano puntualizó que para cuando se liquidó el Eula Bank, con enorme sentido del tiempo y la ubicuidad, el Banco del Pichincha Ltd. era ya depositario de la RMI del Ecuador, gracias a lo cual, en lugar de tener que cerrar sus puertas, “le dio un crédito a bajo interés de más de 10,72 millones de dólares a un grupo de accionistas del banco matriz” encabezados por Antonio Acosta y Fidel Egas, a su vez los principales accionistas del banquito de las Bahamas. Acosta y Egas compraron 10 mil acciones del Banco del Pichincha CA (a un valor de mil sucres cada una), gracias a lo cual Acosta pasó de tener acciones por poco más de 5 mil dólares en 1998 (5.672 dólares) a tenerlas al año siguiente por más de 10,50 millones. ¡Eso si que es progresar!

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Re: QUIEN ES FIDEL EGAS, DUEÑO DE TELEAMAZONAS, BANCO PICHINCHA Y DA MILLONES A BARCELONA

Enriquecimiento personal

Del mismo modo y a pesar de su manifiesta insolvencia, el banquito de Nassau le dio 13 millones de dólares a cuatro empresas del grupo de Egas que con ese dinero compraron más acciones del Banco del Pichincha CA. ¨Por simple lógica -escribió Camposano- esto significa que el préstamo otorgado por el Banco del Pichincha de Nassau, del cual eran accionistas Egas Grijalva y Acosta Espinoza, tuvo como destino final engordar el patrimonio personal de estos ciudadanos¨.

Bien decía Juan Perón que cuando se quiere enterrar un asunto lo mejor es formar una comisión investigadora. Así, y aunque el Congreso ecuatoriano conformó una comisión especial para investigar el flagrante delito, nunca se establecieron culpables y nadie resultó sancionado. Sin embargo, quedó demostrado que la maniobra con la RMI del Ecuador tuvo el único propósito de apuntalar a los desfallecientes Bancos del Pinchincha de Quito y Nassau, y especialmente a sus principales accionistas, Fidel Egas y Antonio Acosta.

Años después, durante la feroz crisis bancaria de 1998, el Banco del Pichincha obtuvo un insólito socorro de la Corporación Financiera Nacional (CFN), corporación cuyo objetivo era asistir con créditos al desarrollo y modernización de todos los sectores productivos y de servicios. Desde febrero de aquel año hasta mayo de 1999, la CFN le prestó al Banco del Pichincha 92 millones de dólares, que en gran medida fueron invertidos en nuevos préstamos otorgados a concesionarias de autos bajo el control de Egas. El mecanismo era simple: antes de que el banco tuviera que pagar los intereses, la CFN le daba un nuevo préstamo que el banco utilizaba para dicho fin. Así se armaba una “bicicleta financiera” casi perfecta.

Egas pudo seguir digitando la política ecuatoriana desde las sombras gracias a que contó con lugartenientes amantes de las candilejas, como el general retirado Paco Moncayo -quien integró el directorio del Banco del Pichincha- y el costeño Juan Falconí Puig, que fuera Superintendente de Bancos y Seguros entre abril y noviembre de 2000 y primer director de la estratégica Agencia de Garantía de Depósitos (AGD).

Public relations

Desde aquellos cargos, Falconí Puig fue el ejecutor del cierre del que hasta entonces era el banco más grande del país, Filanbanco, antigua propiedad de la familia Isaías, que bajo la presión de los retiros en medio de una crisis generalizada y una aviesa ola de rumores, al enfrentar el costo financiero de sostener los flujos de efectivo necesarios para responder a sus obligaciones, optó por entregar el banco al Estado, lo que dejó el camino libre para que el Banco del Pichincha ocupara su lugar.

El golpe de gracia fue que Falconí autorizara la fusión de Filanbanco con un banco privado irremisiblemente quebrado, La Previsora, acción por la que sería acusado por el Ministerio Fiscal de haberle causado intencionalmente un perjuicio al Estado de más de 400 millones de dólares.

Falconí fue ministro de Industrias y Comercio de la presidencia de Borja y a la vez interventor en un ingenio azucarero de propiedad estatal, época en la que supo hacer jugosos negocios privados. Y luego llegó a la Superintendencia de Bancos en los primeros tiempos del gobierno de Gustavo Noboa.

Decía Carlos Menem que quien fue Papa no puede ser capellán... Pero ahí está Menem, buscando afanosamente una senaduría que le dé inmunidad -e impunidad- después de haber sido Presidente. Del mismo modo, después de haber sido dos veces ministro de distintas administraciones, no parecía lógico que Falconí Puig aceptase un cargo de menor jerarquía. Pero desde la Superintendencia de Bancos podía influirse, e incluso intentarse el control del Banco Central de Ecuador, y a través de éste, de la recién creada AGD, a la que el gobierno le había confiado el control de los bancos que estaban en la órbita estatal.

Ocho meses después, en noviembre, Falconí Puig fue fulminantemente destituido, acusado de múltiples irregularidades (entre éstas la de haber beneficiado con un millón de dólares a una empresa de su familia) y procesado, pero para entonces ya había tenido sobrado tiempo de causar estragos. Porque en mayo había intervenido el directorio del Banco Central y nombrado en su reemplazo a un pequeño buró conformado por adeptos. Lo que le permitió hacerse con el control completo de la AGD.

Desde que se había hecho con el control del Banco del Pichincha, Egas ambicionó hacer lo propio con Filanbanco, cuyo control le hubiera permitido el dominio financiero de la costa. Consolidado en la sierra, podría así extender su poder al todo el país. Pero como no lo había conseguido, la AGD serviría para que Falconí destruyera Filanbanco, despejando el camino para la hegemonía del Banco del Pichincha.

Héroe de lejos

¿Quién es Paco Moncayo? Conocido como “El héroe del Cénepa” por haber sido estratega militar en el conflicto bélico que enfrentó a Ecuador con Perú entre enero y marzo de 1995, había sido antes agregado militar en Israel (donde reemplazó a su hermano menor, el coronel Carlos Moncayo), y sería después miembro del directorio del Banco del Pichincha. Elegido diputado con un amplio caudal de sufragios en comicios que supusieron la resurrección de la ID en general y de Borja en particular, el general Moncayo es -desde el año 2000- alcalde de Quito por ese partido, al cual, sin embargo, no está afiliado.

Como su hermano, Carlos, Paco fue agregado militar en Israel y se lo considera un lobbysta de la poderosa industria bélica hebrea. Cuando se produjo la tensión que estalló con la guerra del Alto Cénepa, ubicada en el área no delimitada por el Protocolo de Río de Janeiro, Paco alcanzó la gloria. Como el ejército ecuatoriano logró mantener sus posiciones pese a su inferioridad en equipo, hombres y armamento, ello alimentó el mito de su heroísmo, aunque, tal como es preceptivo, haya conducido las escaramuzas desde una distante sede de comando.

Moncayo apareció vinculado al negocio de la compra de armamento defectuoso a la Argentina durante aquel conflicto, operación que provocó la caída del ministro de Defensa argentino, Oscar Camilión, y una investigación que involucró al mismísimo presidente Menem, quien al igual que su ex cuñado Emir Yoma, muy relacionado con Al Kassar, de no ser electo senador, puede volver a la cárcel en cualquier momento.

Durante la llamada "Guerra del Cénepa", Ecuador le compró a la Argentina unos 8 mil fusiles FAL y diez millones de proyectiles, por un peso aproximado a las 75 toneladas. El ecuato-alemán Roberto Sassen van Elsloo, titular de la firma Prodefensa, rama privada de negocios de la Junta Nacional de Defensa del Ecuador, recibió el encargo de comprar diez mil fusiles y aquel número de municiones y le encomendó buscar existencias a su joven socio César Torres Herboza, de 23 años, quien se puso en contacto con el franco-estadounidense Jean Bernard Lasnaud, presidente de la firma Caribbean Group of Companies, con sede en Miami y excelentes vínculos con la CIA.

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La conexión argentina

“Sassen me hizo oficialmente el encargo para Prodefensa, y yo me dirigí a mi amigo el capitán Horacio Estrada, a quien conocí fortuitamente en el Hotel du Rhône de Ginebra en 1987”, le dijo Lasnaud -un hombre de origen judeo-polaco cuyo padre se apellidaba Lasnovsky- al periodista argentino Juan Gasparini cuando se encontraba detenido en la prisión ginebrina de Champ Dollon, en noviembre de 2002.

Compañero de promoción del dictador Emilio Eduardo Massera, Horacio Pedro Estrada era un capitán de navío retirado que había participado de joven en el bombardeo a la Casa Rosada y la Plaza de Mayo (16 de junio de 1955, con un saldo de unos 400 muertos) con el ánimo de asesinar al presidente Juan Perón, y que dos décadas largas más tarde y ya retirado, en 1976, había sido nada menos que el jefe del “grupo de tareas” de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) donde se perdió el rastro de unos 4 mil detenidos-desaparecidos. Después de desempeñarse dos años como agregado naval en Sudáfrica, donde se diplomó de avezado comerciante en armas, Estrada regresó al “grupo de tareas” de la ESMA, donde ordenó hacerle un pasaporte a Licio Gelli, Gran Maestre de la logia mafiosa Propaganda-Due (P-2) y fabricar mil pasaportes en blanco para su venta. Tras acreditarse su participación personal en más de un centenar de desapariciones, Estrada fue condenado a cumplir una larga pena de cárcel. Sin embargo, apenas si estuvo detenido, y en 1987 fue puesto en libertad en virtud (es un decir) de la inicua (y ya derogada por el Congreso) “Ley de Obediencia Debida”.

Lasnaud dijo que Estrada, tras hacer consultas y anticiparle que la venta era posible, lo convocó a Buenos Aires donde le presentó al teniente coronel retirado Diego Palleros en las oficinas de éste, “cerca del Hotel Claridge de Buenos Aires en el que me alojé durante el largo mes que duró esta operación, en febrero de 1995”.

“Palleros -continuó Lasnaud- me dijo que el asunto había llegado hasta el presidente Menem y que él estaba autorizado por decretos presidenciales para vender armas en cualquier país del mundo”. En público, Palleros no había llegado a tanto, pero tampoco había esquivado el bulto: desde Singapur, donde se había refugiado (después fue a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, donde se radicó) dijo que los embarques habían estado “desde el principio en conocimiento de las más altas autoridades del gobierno argentino”, las que, además, habían ejercido “un estricto control” sobre el material exportado. Y cuando se le preguntó a qué altos funcionarios se refería, Palleros dijo que a “la Secretaría de la Presidencia de la Nación”, es decir, a Alberto Kohan.

Después de llegar a un acuerdo con Palleros, Sassen y Torres Herboza se pusieron en contacto con Edgberto González de la Vega, gerente de comercialización de la empresa estatal argentina Fabricaciones Militares (FM). Con él estudiaron las formas de envío de una operación que debía mantenerse en riguroso secreto porque la Argentina es garante del Protocolo de Río de Janeiro, que en 1942 fijó los límites de casi toda la frontera ecuatoriano-peruana.

Poco antes de enviarse este libro a la imprenta, Palleros declaró durante seis días seguidos como testigo ante el fiscal Carlos Stornelli en la causa por la voladura de la Fábrica Militar de Río Tercero (Córdoba), donde se concentraban las armas que Argentina vendió clandestinamente a Croacia, Bosnia y Ecuador. El 3 de noviembre de 1995 dicha fábrica fue destruida por una serie de explosiones encadenadas, y la lluvia de proyectiles de todo tipo sobre la ciudad causó siete muertos y muchos destrozos. Palleros dijo que de acuerdo a su experiencia y luego de leer los peritajes, le parece obvio que se trató de “una explosión intencional” para ocultar aquellos faltantes.

Durante toda una década y a pesar de ser vox populi, esta certeza ha sido ignorada por la justicia. Puntualizaba hace ya más de cinco años Ana Gritti, viuda de uno de los muertos: “Una pericia dice que si en la Fábrica Militar, ese día, hubieran existido los proyectiles que dice el inventario, los depósitos habrían desbordado. Eso se contradice con la declaración del coronel que estuvo a cargo de la fábrica el día de la explosión, que dijo que ninguno de los galpones estaba completo. Una cruza información y se da cuenta... Es tremendo: pudieron haber muerto quinientas o seiscientas personas. Una piensa que se puede hacer volar una ciudad para cubrir intereses y siente una gran desolación. Estos años han sido de una crueldad tremenda”.

Ya entonces reflexionaba Rogelio García Lupo, un maestro de periodistas: “Muchas personas de buen corazón se resisten a creer que para esconder un delito se puedan cometer homicidios en serie y arrasar una ciudad. No tienen presente que con las seis mil toneladas de explosivos, municiones de artillería y cañones que salieron de Río Tercero se podían matar entre cincuenta y cien mil serbios o bosnios y era apenas un detalle sumarle al total a siete u ocho cordobeses perdidos en las sierras. La explosión de este tipo de industrias por lo general revela que la iniciativa privada ha ingresado al lugar. Dicho de otro modo: desde 1989, cuando Al Kassar comenzó a recorrer las instalaciones de Río Tercero a bordo de un pequeño vehículo propulsado, como los que usan en los links de golf, podía temerse un desenlace trágico. Estas fábricas (...) pasaron a ser descartables desde el mismo día en que traficantes como Al Kassar se ocuparon de buscar los clientes, organizaron la nueva logística y repartieron las ganancias. En ese momento se impuso la terrible lógica que impone que, al finalizar un negocio, se destruyan las pruebas”.

García Lupo añadió que para mediados de 1995, “las Naciones Unidas habían acumulado denuncias sobre el tráfico de armas a los Balcanes en guerra que mencionaban a nuestro país” por lo que “una comisión que vigilaba el cumplimiento del bloqueo de armas a esa región decidió investigar sobre el terreno y viajar a Río Tercero en noviembre”.

“Nunca llegó a hacerlo: el 3 de ese mes estalló el polvorín”, remató.

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Re: QUIEN ES FIDEL EGAS, DUEÑO DE TELEAMAZONAS, BANCO PICHINCHA Y DA MILLONES A BARCELONA

El cambiazo

Entre otras muchas cosas interesantes, Palleros, reveló que las armas que se enviaron al Ecuador provenían de un lote preparado para ser enviado a Liberia, que fue desviado a último momento por Lasnaud, que era el intermediario . Liberia, un país fundado por antiguos esclavos norteamericanos liberados, permaneció en una guerra civil intermitente durante toda la década de los ’90. Jóvenes milicianos liberianos fueron fotografiados en su capital, Monrovia, con fusiles FAL de probable origen argentino. Era un excelente destino para los envíos de armamento porque tanto el gobierno como los rebeldes pagaban con diamantes de la vecina Sierra Leona, también envuelta en una guerra civil. Muchas veces, las armas terminaban en otros destinos.

El mercado de armas del áfrica subsahariana en general y el de la costa occidental en particular estaban dominados por el líder de la mafia ucraniana, Leonid Efimovich Minim, con residencia habitual en Ibiza. Minim fue detenido en Italia por tráfico de drogas en el 2000 y condenado a dos años de prisión. En sociedad con empresas españolas y usualmente con la cobertura de sus empresas madereras, Minim anegó la región de armas ucranianas y fabricadas en la antigua URSS. Es muy posible, por lo tanto, que Lasnaud negociara el envío de armamento argentino con él.

Luego de haberse decidido este desvío y para evitar filtraciones, los envíos, supuestamente dirigidos a Venezuela, se triangularon formalmente a través de la firma uruguaya Hayton Trade, representante oficial en Caracas de FM, cuyo apoderado era Palleros. El pago, de 7,31 millones de dólares, se realizó a través del Barclays Bank de Miami.

El primer embarque de la “Operación Gaviota” (como la bautizaron los argentinos, quizá en referencia al refrán popular “Aprovecháte gaviota, que no te verás en otra”), se hizo el 17 de febrero de 1995, a bordo de un avión de la empresa estadounidense de cargas Fine Air (vinculada a la CIA) que despegó del aeropuerto de Ezeiza, voló a Santiago de Chile, hizo escala en Lima, aterrizó en Caracas y de allí voló a Guayaquil. El segundo envío llegó a Guayaquil (siempre después de hacer escala en Caracas, lo que evitaba tener que sobrevolar territorio peruano) el 18 de febrero; el tercero salió de Ezeiza el 22 y aterrizó en Quito el 23. El cuarto tenía que salir el 24 pero se fue de Ezeiza el 26 porque La Nación destapó el caso, y FM paró el envío a pedido de Palleros. Para entonces, era evidente que los fusiles estaban en mal estado, con defectos de apoyo en el cerrojo y sin sus bayonetas y elementos de limpieza.

Las Fuerzas Armadas ecuatorianas le reclamaron a Sassen la devolución del dinero. Sassen viajó a Buenos Aires el 8 de marzo de 1995 y se reunió con González de la Vega y Luis Sarlenga, interventor de Fabricaciones Militares, quienes le ofrecieron cambiar los fusiles defectuosos por armas rusas, iraníes, mexicanas o sudafricanas. Sassen insistió en que quería que le devolvieran el dinero. En abril volvió a reunirse con Lasnaud y Palleros en la ciudad de Panamá, dónde tuvo un segundo encuentro en mayo. Por fin, en septiembre se juntaron en la cafetería de un hotel de Curaçao, cita a la que Sassen acudió acompañado por el general ecuatoriano retirado Marco Villa Jaramillo. La reunión terminó como el rosario de la aurora, con Sassen y Palleros intercambiando golpes.

Teniendo claro que entre traficantes las “mexicaneadas” se pagan con sangre, Palleros se puso en contacto con un traficante belga, Jacques Monsieur, quien intermedió en la compra de 9,2 millones de proyectiles de fabricación iraní. En octubre, Sassen hizo un último contacto con González de la Vega. Aparte de excusar la actitud de Palleros, González de la Vega le anunció la llegada de los proyectiles iraníes a Guayaquil. El 3 de noviembre de 1995, efectivamente, dichas municiones llegaron al puerto de Guayaquil, pero los militares ecuatorianos no quisieron recibirlas, calificando al envío de “extemporáneo”. Sassen asegura que los proyectiles fueron arrojados al mar, y que las armas argentinas quedaron guardadas en depósitos del ejército ecuatoriano "porque son chatarra, son basura". En julio de 1988, el gobierno de Ecuador le notificó de la caída unilateral del contrato e hizo efectivas las garantías con la compañía Seguros Equinoccial, de Quito, que le desembolsó 6.149.033,71 dólares.

Un champagne descorchado

El 21 de agosto, uno de los intermediarios, el capitán Estrada, del que Lasnaud dice haber sido amigo, apareció muerto en su departamento de Buenos Aires con un tiro en la sien izquierda. Era diestro, y su cadáver estaba vestido con una bata de seda. Tenía una botella de champagne abierta en la heladera, y afuera dos copas, además de un video pornográfico en la casetera de su TV, y un falo eléctrico en la mesita de luz. La puerta estaba sin llave. Todo parecía indicar que Estrada, un erotómano, había recibido la visita de una mujer.

Hacía apenas cuatro días que había comparecido en los tribunales federales para declarar como imputado en la causa abierta por la venta ilegal de armas al Ecuador, pero una vez frente al fiscal Carlos Stornelli, Estrada se había acogido a su derecho a no hacerlo. Sin embargo, su situación judicial no era especialmente comprometida, y como tenía mucho dinero y buena salud, casi nadie creyó que se tratara de un suicidio, como se caratuló en el expediente judicial.

Dos años después, el juez Facundo Cubas admitió que no creía que se tratara de un suicidio a secas. En todo caso, si no había sido "un crimen por encargo”, se trataba de “un suicidio inducido por una presión fuerte. Si lo mataron, fue alguien muy conocido suyo. Es un misterio. Quise viajar a interrogar a Sassen porque dijo que Lasnaud mandó matar a Estrada, pero la Cámara del Crimen no autorizó el viaje", rezongó el juez.

El periodista Jorge Urien Berri entrevistó a Sassen para La Nación. Tras puntualizar que el suicidio no estaba en el horizonte mental de Estrada, tal como había quedado demostrado cuando al ser acusado de más de un centenar de desapariciones “no se suicidó, sino que hizo lo que todo cobarde, fugarse", Sassen ratificó su convicción de que “Lasnaud fue quien suicidó a Estrada, pues era el único que podía incriminarlo”. Estrada acababa de comprarse un automóvil y le había dicho a su hija que la visitaría durante el fin de semana, lo que demostraba, puntualizó, que no pensaba en suicidarse.

Para cuando Sassen dijo estas cosas, hacía ya dos semanas que el juez Julio Speroni había dictado la falta de mérito de Lasnaud y seguidamente lo había autorizado a volar a París. La Cámara revocaría esa decisión de Speroni, pero como era de esperar, Lasnaud jamás volvió a Buenos Aires. Prófugo de la justicia argentina, sigue viviendo tranquilamente en Miami.

Al igual que Paco Moncayo, Estrada había vivido dos años en Israel y se había convertido en intermediario de su industria de armamentos. El hecho de haber provisto de aviones israelíes a la Argentina para cubrir las bajas sufridas en la Guerra de Malvinas, parece indicar que debió estar asociado en esa transa con Monzer al Kassar, quien le habría pagado a Israel aquellos aviones con petróleo iraní que su hermano Ghassam, obtuvo, en el marco del Irangate.

Monzer al Kassar estaba relacionado con un socio habitual de Estrada, el también capitán de navío retirado Horacio Debernardi. Ambos marinos solían hacer negocios asociados con el almirante retirado Rubén Franco, quien fuera jefe de la Armada en la última etapa de la dictadura, tras la derrota en Malvinas. Franco, acusado de haber permitido el robo de hijos de detenidos-desaparecidos nacidos en la ESMA, es el suegro del ex secretario general de la Presidencia de Menem, Alberto Kohan, cuyo amor por las armas quizá se haya mitigado desde que se voló accidentalmente media pierna derecha con un revólver Magnum .457 cuando iba a comenzar una partida de caza junto, entre otros, al empresario Carlos Blaquier, dueño del ingenio azucarero Ledesma, en Jujuy, y prototipo de los empresarios que participaron activamente en el secuestro y asesinato de los delegados obreros de sus empresas durante la pasada dictadura.

Estrada, un gorila antiperonista de paladar negro, había ingresado a la trastienda de la carpa menemista, donde se hacían los grandes negocios, de la mano de Kohan. En cuanto a Debernardi, fungía de representante de la empresa austríaca Grossafir GES MBM, cuyo titular era George Starckmann, un ex agente del SCEDE (servicio secreto francés) que solía trabajar en sociedad con Al Kassar. No había de qué sorprenderse cuando se escuchaba que todos habían participado de envíos de armas argentinas al gobierno musulmán de Bosnia-Herzegovina.