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Re: All you gave me was pretend /♥.
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Publicado: 09-19-2012 04:58 PM

Nicholas Jonas:
Para mí, era todo un gusto mantener mi vista fija en la rubia que tenía sentada frente a mí, adoraba cada uno de sus gestos, sus facciones eran una exquisitez y lo mejor de todo eso era que sabía que ella me pertenecía, asentí con la cabeza al escucharla y reí entre dientes, notaba entonces como recorría el contenido del menú con aquellos ojos azules que me encantaban. La miraba como si fuese la cosa más hermosa de todo el mundo, y a mi forma de ver, lo era. Era demasiado guapa para su propio bien, y no sólo guapa, hermosa. Reí entre dientes y alcé ambas cejas mientras que me encogía de hombros, como si no supiese de lo que ella estaba hablando.
―¿De verte cómo? Sólo estoy mirando a mi esposa, algo bastante inocente... ¿qué te molesta? ―Pregunté con una voz bastante burlona, le guiñé el ojo y luego alcé mi mano para llamar al camarero. El cual recorría el lugar con la mirada y en cuanto vio mi brazo alzado, se apresuró a correr hacia la mesa donde nos encontrábamos mi esposa y yo. Solté un suspiro, complacido y luego miré a Taylor con atención. ―Una botella de champán rosado. Del mejor que tengan y a mí me da machas a la parmesana, ¿qué comerás tú, amor? ―Pregunté entonces, volviendo mi mirada hacia la rubia que se encontraba aún con el menú en la mano, seguramente estaría buscando una pasta que le llamara la atención. Conocía muy bien a Taylor, sabía lo que le gustaba y también sabía que ella tenía claro mis gustos también, incluso si algún día yo llegaba tarde, ella sabría exactamente que pedir por mí.
Fruncí un poco los labios al notar entonces como empezaban algunos murmullos, dirigidos sólo a un hombre que traía a dos mujeres, una en cada brazo. Alcé mi mirada hacia él y me quedé mirándolo con atención, intentando reconocerlo. No me costó mucho luego de que se girara y yo pudiese ver su rostro. ¿Qué demonios hacía Max Carter aquí? Esta era una oportunidad genial para comentarle los últimos arreglos que habíamos hecho en nuestra fusión y aunque él quería retirarse y me vendería gran parte de su empresa, yo no perdería demasiado dinero, más bien ganaría. Mi empresa junto con la de él sería todo un éxito y ambos lo sabíamos, por eso él quería mantenerse activo un veinte por ciento, mientras que el ochenta sería mío. Iba a levantarme, pero entonces las manos de Taylor cogieron mi rostro. Desvié mi mirada hacia ella y pestañeé un par de veces al notar que su voz era casi pura súplica. Tomé una bocanada de aire y asentí con la cabeza, acomodándome en aquel cómodo asiento. Ya tendría tiempo para hablar de eso con Max, ahora Taylor estaba pidiéndome que me quedara con ella y eso era lo que iba a hacer, después de todo se lo debía.
No pude evitar sonreír al ver que Taylor se sentía más tranquila, pero la tranquilidad no duró mucho puesto que Max se acercó a nosotros y me saludó con simpatía. Me levanté de donde estaba sentado después de echar hacia atrás la silla y le estreché la mano para luego soltar una pequeña risotada, como si en realidad no lo hubiese visto antes de que él se acercara a la mesa.
―¡Max! Qué bueno verte, amigo. ¿Qué andas haciendo por aquí? ¿Has recibido el último avance del contrato? ―Pregunté con entusiasmo para luego saludar a las dos chicas que lo acompañaban. Max no era el típico hombre guapo de negocios, al contrario, tenía un poco de barriga de más, estaba un poco calvo y sus facciones no era tan favorecedoras, pero supuse que tenía a cuantas mujeres quisiera, después de todo, tenía dinero y prestigio, salía en portadas de revistas económicas y había sido uno de mis grandes rivales, hasta que había decidido unirse a mi empresa. ―Te presento a mi esposa, Taylor, aunque supongo que ya la conoces. ―Sonreí de medio lado y me acerqué a Taylor para ayudarla a levantarse y así que saludara al hombre que estaba frente a nosotros, noté entonces la expresión que tenía mi esposa, seguramente no estaba demasiado contenta, pero yo no podía evitarlo. Adoraba mi trabajo, era algo sumamente importante en mi vida y ahora mismo no me importaba ser el hombre más rico del planeta. Yo siempre quería más. ―Tengo una buena idea, ¿por qué no cenan con nosotros? ―Pregunté cortésmente y asentí con la cabeza al escuchar entonces la afirmación de Max, me apresuré a llamar a un camarero para que nos ampliara la mesa y cogí a Taylor de la cintura para apegarla a mi cuerpo. ―Prometo recompensarte, mi amor. ―Le murmuré con voz ronca sobre su oído para luego darle un pequeño beso en la sien, supuse que estaría molesta, a ella no le gustaban ese tipo de cosas. Le gustaba que yo me divirtiese trabajando, pero cuando estaba con ella... a ella no le gustaba que mezclara el trabajo. Apreté suavemente mis labios y le di una palmadita en la cadera mientras veía como los camareros se esmeraban en su trabajo. Claro que sí. Max y yo éramos bastante conocidos y dejábamos propinas muy generosas, además de que si poníamos alguna queja, ellos podrían ser despedidos en cuestión de minutos luego.


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Publicado: 09-20-2012 05:44 PM

TAYLOR SWIFT:
Rolé los ojos ante la rapidez con la que Nicholas se levanto. ¿Ya había mencionado cuanto odiaba todo esto? Porque si, lo odiaba. Nunca seriamos una pareja normal, nunca. Sus malditos negocios siempre iban a interponerse en nuestras vidas y por más que yo intentara que fuéramos lo más parecido a un matrimonio cualquiera, obviamente, no lo éramos. Escuche como le hablaba al tipo. ¿Max? Ah, interesantísimo. ¿El contrato? Aún mejor. No solo que me había arruinado la cena sino que también tendría que escucharlos hablar sobre cosas que realmente no me interesaban para nada. Prefería incluso irme al tocador y quedarme allí toda la maldita noche. No me importaría en lo absoluto mientras no tuviese que oír esas dos voces elogiándose con gestos hipócritas. Mucho antes de que a mi esposo se le hubiese ocurrido unir las empresas, yo lo había oído hablar y quejarse de lo mucho que odiaba al tipo. De que no lo soportaba, minutos enteros enumerando los defectos que tenía. Desde su calvicie hasta su grasa abdominal, uno por uno. Y yo escuchaba, ya aburrida de las mismas frases repetidas de siempre. Hice una mueca cuando me nombro en la conversación e intente poner buena cara, de verdad lo intenté, pero de seguro que no lo logré en lo más mínimo ya que Nick me observo con expresión algo culpable. Tomé su mano cuando me ayudo a levantarme y así me dirigí hacia el hombre, saludándolo de manera cortés, sin decir ni una sola palabra ya que en verdad no tenía nada para acotar. Mucho menos cuando iba con dos mujeres a cada brazo, dos mujeres que obviamente solo querían comerle el bolsillo. ¿Quién en su sano juicio estaría con una persona como Carter? Solo alguien de su misma edad, y aún así sería bastante extraño.
Entreabrí los labios cuando Nicholas dejo salir de sus labios esa “buena idea”. ¿Era una broma? Por favor, que solo estuviese bromeando. No, iba muy en serio. Sentí la rabia comenzar a correrme por las venas y ensanche mis fosas nasales, intentando controlarme ya que si decía algo probablemente terminaría explotando en veinte gritos diferentes. Me cruce de brazos, completamente indignada con lo que estaba pasando mientras los camareros se aseguraban de ordenar todo. En ese ínterin, mi marido me tomo por la cintura y me apego a su cuerpo, como si esto fuera a reducir un poco el enojo que yo tenía y que él sabía que estaba sintiendo. Para nada, me seguía pasando lo mismo que antes, incluso si sentía su calor reconfortante. Rolé los ojos. ¿Recompensarme? ¿Acaso se creía que era así de fácil? Pues no, para nada. Ya bastante me había costado venir a cenar con él como si todo estuviese realmente bien cuando no era así… ¿ahora también debía soportar que transformara nuestra “cita romántica” en una de negocios? Realmente estaba soportando demasiado, era increíble… y de la mala forma, por supuesto.
―Olvídalo, no necesito que me des nada…ha sido una estupidez venir contigo aquí. ―Negué con la cabeza y me solté de su agarre, aunque no lo suficientemente rápido como para evitar el beso que deposito en mi frente. Luego me senté en la silla que estaba antes, notando así que Nicholas se ponía a mi lado para quedar enfrente de la… uh, ¿pareja? Bueno, eran tres, ni siquiera sabía cómo se le denominaba a eso. Además de ser un arrogante, Max también era un viejo verde. Genial, esa era la frutilla de la torta.
Nos trajeron la comida en cuestión de segundos. Mi esposo y el otro hombre continuaban hablando sobre cosas que a mí no me interesaban, por lo cual me dedique a pensar en cualquier otra cosa mientras jugaba con la comida. Estaba mal hacerlo, sí, pero se me había ido toda el hambre. Tenía un nudo en el estomago, uno realmente difícil de quitar. Mi vista estaba fija en el plato, no iba a disimular que quería irme de aquí. Lo deseaba con todas mis fuerzas. Dime, Taylor, ¿hace mucho que estas casada con este hombre?. Enderece mi cabeza rápidamente, un tanto sorprendida. ¿Por qué rayos me estaba hablando? Es decir, además de tener que soportarlo… ¿También tendría que formar una conversación con él? Lo que me faltaba. De todos modos, no quería ser una mal educada, así que preferí contestarle a mantenerme callada.
―Hace un año y… algunos meses. ―Respondí formando una pequeña sonrisa forzada y volví a tomar el tenedor, intentando dejar en claro que no tenía ninguna intención de continuar con la charla. No me apetecía así que no iba a fingir que así era. Ya bastante le había respondido cuando lo único que deseaba hacer era tirarme en mi cama y no volver a levantarme. Pues has tenido suerte, Nicholas, tu esposa es preciosa. Hice una pequeña mueca que al instante intenté disfrazar mostrando mis dientes, tal cual estuviese realmente halagada con aquel cumplido. Pero no lo estaba. ¿Qué **** me importaba a mí si él creía que yo era bonita o no? Al contrario, en vez de agradarme no hacía otra cosa que ponerme incomoda. Por más respetuoso que fuera con sus palabras, no me gustaba que alguien como él me considerase hermosa. Eso no podía ser bueno.


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Publicado: 09-21-2012 02:18 PM

Nicholas Jonas:
La había cagado. Apenas oír el tono de voz que había utilizado Taylor al contestarme supe que la había cagado, ¿por qué los había invitado a cenar con nosotros? Era una buena idea para mi empresa, pero no para mi matrimonio. Tomé una bocanada de aire mientras intentaba solucionar el problema pero ya era demasiado tarde, los camareros ya habían ampliado la mesa y ahora se dedicaban a poner los platos y cubiertos que faltaban. Me pasé una mano por la nuca y observé a mi esposa sentarse para luego tomar asiento a su lado, metí una de mis manos bajo el mantel y la puse sobre el muslo desnudo de mi esposa, mirándola con atención un par de segundos, intentando llamar su atención. La cual capté al notar que ella se sobresaltaba pero disimuladamente.
―No fue un error, perdóname, cariño. De verdad. ―La miré realmente arrepentido y luego tomé una bocanada de aire mientras notaba las miradas… seductoras que las mujeres de mi socio me daban, seguramente yo les provocaba las hormonas. No me consideraba del todo un hombre feo, tenía el ego bien puesto y sabía muy bien que atractivo no me faltaba, pero aun teniendo a aquellas atractivas mujeres al frente, yo sólo podía notar la belleza de la que se encontraba a mi lado. Taylor. Ella era la única que podía mirar ahora, sabía que teníamos cosas que arreglar y no quería arruinarlo dejando que las chicas me coquetearan. Ella me quería y tenía celos, tanto como yo los tenía, pero los de ella incluían sentimientos y yo no quería seguir haciéndole daño si es que podía evitarlo.
Mi ceño se frunció cuando noté la atención que Max le daba a mi mujer. No confiaba en él y sí por algo lo había invitado a comer con nosotros, había sido puramente por los negocios, me desagradaba su presencia, e incluso me preguntaba qué edad tendrían las mujeres a su lado, ¡seguramente ni siquiera pasaban los veinticinco! Y él tenía ya más de treinta años. Sí, había nacido en el setenta seis, si es que no me equivocaba y obviamente, seguía creyendo que era tan joven como las muchachitas que estaban a su lado. Sonreí cuando oí la respuesta de Taylor y presioné mi mano en su muslo, pero tuve que quitarla cuando nos sirvieron la comida, mi plato no se comía exactamente con cubiertos, pero yo aun así los utilizaba, era cosa de educación, clase. Algo que obviamente tenía de sobra. Miré de reojo hacia donde se encontraba Taylor, notando entonces una pequeña incomodidad en ella, no sabía si era por Max o por la “idea” que yo había tenido en sí. Alcé una ceja al escuchar a aquel hombre rechoncho y asentí con la cabeza, mirándolo desafiante.
―Así es. Tengo mucha suerte, es por eso que no pienso dejarla ir nunca.
Aquel comentario fue tanto para él como para Taylor, una pequeña indirecta, no hacía daño, ¿verdad? Solté un suspiro y comencé a comer de mi plato tranquilamente mientras intentaba mantener la compostura, no me gustaba la forma en como Max estaba mirando a Taylor y tampoco me gustaba los pequeños gestos que me hacían las muchachas a su lado, claro, me habían pillado. Seguramente no me conocían antes, yo era joven y tenía dinero de sobra.
―Supongo que hoy tienes una noche entretenida, ¿no? ―Le pregunté a Max, intentando hacer que desviase la mirada de mi esposa, el hombre estaba comenzando a irritarme y yo no era demasiado bueno con la paciencia. El medio calvo se apresuró a asentir con la cabeza y estiró los brazos mientras alzaba de una forma sugerente una ceja. Si quieres puedo prestarte a una, seguramente estarán encantadas de estar a tu servicio… si a tu esposa no lo molesta, claro. Me quedé de piedra al escucharlo, ¿realmente había dicho eso…? ¿Delante de la misma Taylor? Sacudí la cabeza e iba a abrir la boca para hablar pero la cerré, sin saber que decir. Miré a la rubia que se encontraba a mi lado, con el rostro notablemente tenso y me apresuré a pasar una de mis manos otra vez hacia su muslo, acariciándoselo suavemente con la yema de mi dedo pulgar. ¿Cambiar a Taylor por una de esas prostitutas? Debía de estar loco. ―No, la verdad es que… prefiero que no. Y de seguro que, como verás, mi esposa cubre todo lo que tus chicas, podrían hacer. ―Hablé de forma bastante despectiva, no me costaba demasiado enfadarme y aquel hombre me estaba haciendo enfadar más rápido de lo que yo hubiese querido. Mis dedos se presionaron contra la piel de Taylor y luego la miré con atención. Sonriendo de medio lado mientras las chicas murmuraban algo con pena. Me encogí de hombros y tomé la copa de champán rosado para beber un sorbo. ―¿Sabes, Max? Sé que mi esposa es una maravilla, pero la verdad es que no me gusta que la miren demasiado. Y tú… estás haciéndolo. Quiero que te quede claro algo. Es mía. ―Enfaticé las últimas dos palabras y le sonreí irónicamente para luego hacer un gesto de salud hacia él con la copa de champán y beber un sorbo. No me importaba si lo había pillado desprevenido, no quería que se hiciera ilusiones con Taylor, aunque seguramente ella debería de sentir desagrado por ese desgraciado.


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Publicado: 09-22-2012 11:40 PM

TAYLOR SWIFT:
Ignore el hecho de que me pedía disculpas. Hacía falta mucho más que ello para enmendar todo el daño que había causado. Primero los engaños, ahora esto. Cada vez que intentaba darle una segunda oportunidad, la vida me demostraba que esa era una muy, muy mala idea. De todos modos aquí estaba, cenando mientras sentía como su mano recorría mi muslo, intentando contenerme o quien sabe cuál era su fin. Con Nicholas todo era impredecible… absolutamente todo. Solté un suspiro cuando escuche el comentario que le hacia mi esposo a aquel viejo verde. “Nunca la dejare ir” oh, cualquiera podría pensar que lo decía de forma romántica o porque realmente me adoraba y deseaba que yo estuviese a su lado. Pero no, era literal… nunca iba a dejarme ir.
―Me ama con locura. ―Dije de forma sarcástica sin siquiera disimular el tono. No podía evitarlo, estaba enojada. Entre las cosas que habían pasado anteriormente y esto… bueno, digamos que no podía tener el mejor humor. Era comprensible. Ya bastante que seguía aquí sentada comiendo y no me había parado para irme, haciendo toda una escena dramática. Prefería evitar esas cosas, además, luego saldrían en las revistas y no quería que mi vida privada fuese publicada en todas partes. Eso y que le arruinaría los negocios a mi marido, cosa que tampoco deseaba ya que, a pesar de que esto realmente me molestaba, no iba a cobrar venganza ni mucho menos. Yo no era así.
Mis ojos se abrieron más de lo normal ante el ofrecimiento de aquel tipo y me enderece rápidamente sin poder evitarlo. Estaba más atónita que otra cosa. ¿Acababa de ofrecerle a mi esposo tener una noche con esas dos zorras? Tenía que estar bromeando, en verdad tenía que estar bromeando. Entreabrí los labios aún un tanto sorprendida y giré el rostro para ver a Nicholas, esperando que dijese algo, cualquier cosa… sin aceptar aquella locura, por supuesto. Aunque seguramente, si estaba solo, hubiese dicho que si. Hice una mueca y me tensé totalmente. Esto era una mierda, definitivamente. Suspire al sentir las caricias en mi muslo, no, ni siquiera eso lograba calmarme ahora mismo. Seguía igual de rabiosa e incluso aún más furiosa que antes. Entre Max y los negocios la cabeza iba a explotarme. Sin mencionar las propuestas estúpidas que se le ocurría hacer. ¿Cómo rayos había logrado tener una empresa tan exitosa… siendo tan cerdo? ¿Nadie le frenaba cuando comenzaba a decir este tipo de cosas? Y no, que va, nadie se mete con gente que tiene poder económico. Por la palta baila el mono… y estaba segura de que él tenía a más de diez mil idiotas bailándole alrededor por un par de monedas. Daban asco.
Suspire aliviada cuando el chico rechazo la propuesta, dejando en claro que yo cubría todo lo que cualquier otra mujer pudiese cubrir. Al menos aún seguía teniendo sentido común y a pesar de querer hacerlo, se contenía. O bueno, tal vez no lo deseaba… pero, como había dicho antes, con él era todo demasiado complicado. Más de lo que yo podía comprender, realmente. Le devolví la sonrisa a Nicholas, aunque obviamente, era forzada. Imposible sentir algo de felicidad cuando me encontraba en una situación tan incómoda. El siguiente comentario de mi marido me hizo parpadear varias veces. Nunca lo había escuchado hablar así acerca de mí. Bueno, tampoco habíamos pasado por algo similar a esto pero… un calor me lleno el pecho completamente, uno que me impulso a bajar la mano y tomar sus dedos que se encontraban aún presionando la piel de mi pierna. Como si estuviese aprobando sus palabras, o algo así. Entonces si me quería… al menos un poco. Cualquiera que tiene ese instinto de posesión con otra persona tiene que tener sentimientos por esta. O al menos eso deseaba hacerme creer ya que, obviamente, yo si lo amaba más que a cualquier otra persona en el mundo. ¿Ni siquiera por medio millón, Nicholas?. Deje caer el tenedor que tenía en una de mis manos sobre el plato y parpadee varias veces. ¿Había oído bien? ¿Medio millón de… dólares? Estaba enfermo, este tipo sí que estaba condenadamente enfermo. Trague saliva y desvié el rostro para ver al hombre de rizos, el cual se encontraba viendo a Max como si acabase de clavarle un cuchillo en el abdomen. La cosa es fácil, yo te los pago y tú me dejas pasar una noche con tu esposa… podemos negociar el precio, si te parece poca la suma. Humedecí mis labios y apreté con fuerza los dedos de mi esposo. Si decía que si, lo mataría, literalmente… lo mataría. No pensaba dejar que ese repugnante ser me pusiese un dedo encima, ni hablar, antes muerta. Además, yo no era ningún objeto al cual se le paciera un monto, por lo cual, obviamente, el gran y respetable señor Carter, se había equivocado demasiado.


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09-30-2012 11:44 AM - editado 09-30-2012 11:47 AM

Nicholas Jonas:
No pude evitar mi mirada hacia Taylor cuando sentí sus dedos sobre los míos, mi mano seguía acariciando su muslo con suavidad, a pesar de la rabia que estaba llenándome por dentro, yo podía mantener la compostura en aquellas situaciones, siempre me pasaba. Con negocios, con cualquier cosa. Mis dedos se entrelazaron con los de mi esposa y le apreté suavemente la mano, tranquilizándola. Si Taylor no se hubiese alejado de mí yo jamás hubiera tocado a ninguna mujer y ahora la tenía muy cerca, sí, muy cerca. Ninguna mujer me interesaba, ninguna más que ella. Dejé la copa de champán sobre la mesa e iba a coger el tenedor una vez más pero la pregunta de Max me detuvo. ¿Qué estaba diciendo…? ¿Acaba de ofrecerme medio millón por mi esposa? Alcé mi mirada, la cual echaba chispas. Mi mano se apretó con fuerza contra la de Taylor para luego soltarla de un tirón. No quería hacer un escándalo por lo cual me enderecé en la silla y lo miré con una ceja en alto mientras me cruzaba de brazos, intentando no soltarle un puñetazo que le quedaría marcado para siempre en su ridículo y asqueroso rostro.
―No. ―Me limité a decir eso. Resumía todo, el tono de mi voz y la negación, mi rostro estaba tenso y mi cuerpo también, pero estaba lleno de rabia, supe entonces que no sería capaz de controlarme si volvía a decir algo así. Las chicas que se encontraban a su lado se apartaron un poco y las miré despectivamente. ―Señoritas, será mejor que se retiren. Max, mi esposa y yo tenemos que aclarar algo. ―Mi tono de voz fue bastante gentil con ellas, pero ninguna sonrisa salió de mis labios, al ver que las muchachas dudaban, seguramente temían quedarse sin ninguna recompensa. Apreté los labios y las miré una vez más. ―Largo. ―Les dije y ellas se levantaron para salir de allí.
Después de esto mi empresa no lo tendría de socio, eso era seguro, pero valoraba a Taylor. Le había dicho que la respetaba y era cierto. La respetaba como mujer y como esposa, ahora mismo lo iba a dejar claro. Ella era mi mujer. Y no estaba dispuesto a compartirla con nadie más.
―Me alegra saber que mi esposa te agrada. Pero escúchame bien *beep*… ella no está venta. Y dudo mucho que tus asquerosas manos vayan a tocarla alguna vez, porque si lo haces… créeme que te pillaré y cuando lo haga, te cortaré todos los dedos y después te cortaré esa verruga vieja que tienes entre tus piernas. Te torturaré tanto… que no vas a olvidar mi nombre. ―Mientras decía esto en un tono como si fuese una charla tranquila me fui poniendo de pie. Hablaba bastante enserio cuando lo amenazaba con aquello, si él llegaba a ponerle un dedo encima a Taylor, lo mataría y no me importaría luego cuantas huellas y cuantas cosas tendría que esconder. No era el primer hombre que deseaba a Taylor, seguramente todo el mundo lo hacía, pero era el único estúpido que se había atrevido a ofrecer menuda cantidad de dinero, como si mi esposa fuese una prostituta. Apoyé una de mis manos sobre el hombro de Taylor, indicándole que se levantara mientras mi mirada no se quitaba del hombre que me miraba condenadamente sorprendido, ¿realmente había pensado que iba a aceptar?
¿Por qué no? ¿Quieres más dinero? ¿De eso se trata? Supongo que sí no aceptas no hay trato con nuestras empresas. ¿Entiendes eso, Nicholas? Era tan poco profesional que llegaba a ofenderme de verdad. Me quedé mirándolo con una mueca formada en mis labios y no pude evitar fingir una exagerada sorpresa. No me digas, imbécil. Claro que no había acuerdo ahora, porque yo no estaba de acuerdo, ¿me había ofrecido medio millón? Yo era más rico que cualquier hombre y esa cantidad era una miseria para mí, también para Taylor. ¿Cómo había conseguido su empresa siendo tan estúpido? Aunque seguramente él no lo había conseguido, había sido su abuelo quien había puesto en marcha su empresa.
―Claro que no hay trato. Espero que tu empresa se pudra, te estaba haciendo un favor, no sabes llevar una empresa, sólo te luces con el dinero. Y otra cosa, vuelve a mirar a Taylor y me asegurare, con mis manos, de que no puedas ver por unos cuantos meses. ―Volví a amenazarlo para luego tomar una bocanada de aire y ver como Taylor se ponía de pie también, rodeé su cadera con mi brazo firmemente y oí el silbido que lanzaba el desgraciado. Bien. Estaba muerto. Me acerqué hacia él, lo cogí de la camisa y le planté un puñetazo con fuerza en el rostro. Noté como le salía sangre de la nariz, cosa que me hizo sonreír. ―¿Quieres silbar otra vez? Hijo de puta.
Lo solté con tal violencia que la silla se cayó hacia atrás. Volví a girarme hacia Taylor mientras notaba que camareros y clientes nos miraban sorprendidos y curiosos a la vez. Cogí del brazo a Taylor, con suavidad para dirigirnos hacia la salida, no quería estar en ese restaurante ni un solo minuto más. Seguramente que le cobrarían la cena al desgraciad que probablemente estaba viendo como levantarse del suelo y no hacer el ridículo. No me importaba, sólo quería sacar a Taylor de allí. Apoyé mis labios sobre su cabeza y se la besé suavemente luego. ―Lo lamento mucho, cariño. ―Murmuré con voz ronca sobre su oído, aún estaba enojado, pero no tenía con quién desquitarme, y definitivamente, Taylor no tenía la culpa de ello.


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Publicado: 10-06-2012 09:44 PM

TAYLOR SWIFT:
Por un momento tuve miedo de su respuesta. Creía en él, confiaba en él, pero… bueno, digamos que no había sido el novio modelo ni esposo tampoco. Siempre había puesto a los negocios antes que a nuestra relación. Antes que a mí. Esta no tenía por qué ser la excepción. Un rotundo “no” salió de sus labios y sentí el alivio expandirse por todo mi cuerpo de manera rápida. Genial. O no tanto. Mando a las chicas a retirarse, jactándose de que nosotros tres debíamos de hablar. ¿Yo que rayos tenía que ver? No era como si hubiese hecho algo para seducir al viejo verde. No me interesaba ni siquiera un poco, el simple hecho de mirarla me causaba una profunda descompostura. Largo. Dijo con voz autoritaria y yo me erice por completo. Esto no podía ser bueno. Ahora solo estábamos nosotros y la incomodidad se volvió más intensa que antes. ¿Qué planeaba hacer? No me fiaba de Nicholas para estas cosas. Cuando se enojaba se transformaba en otro hombre. Lo observe fijamente, intenté divisar sus ojos… ardían. De la furia. Ya lo había visto así otras veces, cuando discutíamos por diferentes asuntos. Pero, esta vez, podía notar que hasta las venas se le marcaban en su cuello. Vale, no, nunca antes lo había visto de esta forma. Parecía que alguien acabase de estafarlo, o algo peor. Trague saliva y me acomode en mi asiento, intentando fingir que nada sucedía. Calmar un poco las aguas, aguas que ya estaban lo suficientemente turbias como para ahogar a un batallón completo.
Mi ceño se frunció al escuchar como comenzaba a hablar como un autentico asesino serial. ¿Se había vuelto loco? Este podía ser uno de los mayores clientes que había tenido en toda la historia de la empresa y… acababa de decirle que tenía una verruga vieja entre las piernas. Mordí mi labio inferior al sentir como mis labios comenzaban a curvearse. No pude evitarlo, el tipo en verdad se merecía que alguien le hablara así. De todos modos esto no era bueno. Lo estaba amenazando y eso podía incluso un motivo para ir a tribunales. Sentí como apoyaba una de sus manos sobre mi hombro y no dude ni un segundo en levantarme de dónde estaba sentada. Si él estaba listo para irse entonces no había duda de que yo también. Es más, necesitaba retirarme de aquí, me sentía ofendida por haber sido tomada como una especie de prostituta. Pero eso no se comparaba ni un poco con la reacción que acababa de tener Nicholas al respecto. Parecía una olla a presión a punto de explotar, si es que no lo había hecho aún. Preferí no hablar en todo el tiempo que las cosas sucedían, solo me limite a seguir las órdenes de mi esposo como si fuesen palabra sagrada. No deseaba empeorar el asunto. Mordisquee mis labios y miré atónita a Max. O como se llamase. ¿Seguía insistiendo? Cualquier persona con más de dos dedos de frente se habría percatado de que Nick en verdad se había tomado a mal lo que acababa de suceder. Y todavía… todavía le decía que no había trato con las empresas. ¿Quién rayos en su sano juicio desearía hacer negocios con alguien tan enfermo? Obviamente y, gracias al cielo, Nicholas era lo suficientemente inteligente como para saber que no necesitaríamos volver a dirigirle la palabra a Carter. Al menos que fuese para insultarlo o demostrarle nuestro descontento.
Luego de que le pusiera los puntos, deje que me tomara de la cintura y supuse que todo había terminado. Pero no. El maldito tipo quería seguir extendiendo la situación, tanto que silbo de manera vulgar y para nada inocente. Trague saliva y note como mi esposo se tensaba contra mi cuerpo. No tardo absolutamente nada en soltarme. Me lleve las manos a la boca al ver como lo golpeaba y solté un leve quejido. De sorpresa, más que otra cosa. Que le hiciera daño o no me tenía sin cuidado, además se merecía ese y muchos más golpes, según yo. ―¡Nicholas! ―Grité sin poder evitarlo, esperando a que volviera conmigo. Nunca lo había visto golpear a nadie… hasta ahora. Parecía sacado de sus casillas, realmente, como si le hubiesen tocado alguno de sus tantos millones. Mire alrededor y note que la mayoría de la gente nos miraba alarmados, pero no le di demasiada importancia, solo quería que Nicholas volviera conmigo. Temía que algo fuera a sucederle a él. Suspire cuando me tomo del brazo y comencé a caminar con él rápidamente, deseando salir de aquí lo más rápido posible. Porque no me hacía ninguna gracia seguir aquí dentro. Escuche como se disculpaba y negué con la cabeza, queriéndole dar a entender que no yo no tenía nada que perdonarle. Al menos no con referente a esta situación, claro estaba. Deje caer mis parpados al sentir su beso y una vez que estuvimos fuera del restaurante, me detuve en seco. ―Espera, cariño, detente. ―Espere a que se volteara hacia mí y tomé una bocanada de aire. Su rostro seguía completamente tenso y sus manos echas puños. Necesitaba calmarlo, pero ¿Cómo? ¿Cómo mierda hacia para que dejara de sentirse así? Ja, ¿En serio me lo estaba cuestionando? Menuda ingenua. Me acerque hacia él, lo tome por la camisa y cuando logre acercarlo por completo, atrape sus labios sin vacilación alguna. Me daba igual que no fuera suave o cariñoso conmigo, si esto lo ayudaba, entonces a mí también. Y, bueno, nunca era un sacrificio besarlo.


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Publicado: 10-07-2012 05:31 PM

Nicholas Jonas:
Quería salir de aquel lugar cuanto antes, realmente aquel desgraciado debía de agradecer que Taylor hubiera estado presente, si no… lo habría matado con mis propias manos, tal vez era por eso que había preferido que Taylor se quedase en la discusión. La sola presencia de la rubia había logrado mantenerme en el control, al menos en la pequeña parte que había mantenido intacta. Me había sacado de mis casillas, realmente no podía creer que me hubiese ofrecido un montón de dinero por ello, ¿quién demonios se creía ese imbécil? Realmente podía haberlo matado. Quería volver y matarlo, darle patadas en todos lados, destrozarlo con mis manos. No sólo por cómo había mirado a Taylor, sino también porque la había ofendido y si ofendían a mi esposa, me ofendían a mí también. Cogí la mano de Taylor y la jalé hacia fuera de aquel lugar, quería ir a casa y calmarme allí. No podía calmarme teniendo a ese asqueroso tan cerca, incluso estando ya afuera, seguía molestándome la sola idea de que él siguiese ahí presente, en uno de los restaurantes favoritos de mi esposa. Después de salir del lugar la solté con la máxima suavidad que pude y me dirigí hacia el coche, dando zancadas como un verdadero endemoniado, soltando improperios con cualquier cosa que se cruzara en mi camino. Fruncí un poco el ceño cuando oí que Taylor me llamaba y me giré hacia ella, tenía el rostro tenso y los músculos de mi cuerpo también, mis puños estaban tan apretados que habían comenzado a dolerme y tuve que entrecerrar un poco los ojos y contener la respiración para no gritarle por qué se había parado. Me acerqué hacia ella lentamente y la miré con el ceño fruncido. Fue entonces cuando me cogió de la camisa y yo alcé ambas cejas, sorprendido. ¿Qué demonios se…? Aquel pensamiento se esfumó rápidamente cuando sus labios tocaron los míos, mis manos se apoyaron en su cadera y seguí el beso con ansias, ni cariñoso, ni tierno. Estaba furioso y esa era una de mis maneras de desquitarme, pero ¿por qué con ella? Ella no tenía la culpa. Después de que el beso se transformara en algo intenso, me separé un poco y volví a atraparlos, pero esta vez con más suavidad mientras que mis dedos se enterraban en su espalda, atrayéndola con fuerza hacia mi cuerpo, apegándola del todo. Sin querer alejarme ni un solo centímetro de ella. Solté un suspiro contra sus labios y cuando ella los entreabrió, obediente, mi lengua invadió su boca, recorriendo cada uno de sus rincones. Y ahí estábamos, en pleno estacionamiento, besándonos como si el mañana no existiese.
Después de unos minutos, apreté con suavidad su cadera y me alejé de su boca. Mantuve cerrados mis ojos un par de segundos y luego los abrí, quedándome viendo el maravilloso color que me ofrecían sus ojos, subí una de mis manos y acaricié suavemente su mejilla, deslizando mi dedo pulgar por su suave y tersa piel. No había nada mejor que eso. Me alejé entonces y bajé mi otra mano hacia la suya para cogerla y entrelazar una vez más nuestros dedos. Acaricié sus nudillos y luego la miré con una pequeña sonrisa formada en mis labios, la cual no tenía mucha felicidad, más bien era para indicarle que al menos, me sentía un poco más tranquilo. No quería que luego tuviésemos problemas por lo que había pasado.
―Nunca me vuelvas a dejar invitar a alguien a cenar con nosotros. ―Le dije medio enserio y medio en broma, apreté suavemente su mano y luego de unos minutos me dirigí hacia mi coche. No tenía necesidad de decir nada más, el culpable de aquella cuestión era yo. No debería de haber invitado jamás a comer con nosotros a Max y mucho menos sabiendo la fama que tenía con las mujeres. Yo, al menos, era capaz de respetarlas y a Taylor… a Taylor le tenía cierto aprecio. Era mi esposa. Y no dejaría que nadie la ofendiera, al menos no cuando yo estaba presente. ―Si vuelve a acercarte a ti… me lo tienes que decir, ¿vale? Me lo tienes que decir, Taylor. Sin excusas. ―Advertí para luego sacar las llaves del coche de mi pantalón y quitarle la alarma. Abrí la puerta del copiloto, esperando a que ella entrase primero, seguramente se armaría escándalo de esto, sabiendo cómo era Max, se aseguraría de que toda la presa económica lo supiera y también la farándula, claro. Pero tampoco era que me importara mucho, podía hacer muchas cosas con el poder que tenía y estaba seguro que nadie se atrevería a meterse conmigo y mucho menos con mi esposa, si alguien publicaba algo que dejaba mal a Taylor, se las tendrían que arreglar con mi ira y también con todas las demandas que era capaz de poner. La ayudé a subir para después rodear el coche y montarme yo. Puse en marcha el auto sin duda alguna y arranqué hacia nuestra casa. No tenía ganas de nada ahora mismo, sólo quería… quería besarla y hacerle el amor o trabajar, una de esas dos cosas me harían distraerme, estaba seguro. Pero tampoco quería utilizarla para desquitarme. No quería hacerlo porque ella no lo merecía. Mantuve mi mirada fija en la carretera mientras nos dirigía hacia nuestra gran mansión, no quería decir ninguna palabra, ni siquiera quería hablar de lo que había pasado. Quería olvidarlo y punto.


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Publicado: 10-13-2012 03:52 AM

TAYLOR SWIFT:
Nuestros labios se devoraban sin piedad alguna, tampoco quería que la tuviese. Realmente no quería. Él estaba furioso por la situación y a mi… a mi no me importaba. Era lo más real que obtenía de mi esposo hasta ahora. Un beso que realmente necesitaba. No lo hacía por su empresa, ni por el hecho de que estábamos casados y ese era su deber. No. En este caso si tenía la necesidad de descargarse, por lo cual sus sentimientos eran reamente puros, por así decirlo. Sin necesidad de fingir absolutamente nada. Se separo y al poco tiempo volvió a besarme, aunque esta vez lo hizo con un poco más de suavidad que antes. No me opuse, ni siquiera intenté hacerlo, sino todo lo contrario. Entreabrí mis labios para que pudiese explorar mi cavidad bucal y una vez que estuve completamente apegada a su cuerpo me aferre a sus hombros, negándome a soltarlo. Me importaba poco y nada que estuviésemos en un sitio público, de todos modos eso nunca nos había detenido. Pensar se me hacia realmente complicado cuando lo tenía a él en estas condiciones. A mi cerebro también le costaba un poco procesar todo lo que acababa de suceder. Le había partido el rostro a uno de sus clientes más importantes por defenderme a mí. Eso, sin duda, tenía que ser una muestra de aprecio. Más allá de si me amaba o no me amaba, algún tipo de cariño tenía que tenerme. Y no, no iba a conformarme ni mucho menos, pero al menos me hacía sentir mejor con respecto a su engaño. Si bien se había acostado con otras mujeres puede que solo hubiese sido porque yo no le había dado otra opción, como ya me había dicho antes. Mi cabeza era un completo lio, así que prefería no pensar.
Cuando se separo solté un suspiro y pestañe varias veces, abriendo así los ojos por completo. Estaba algo desorientada y el paisaje de nuestro alrededor no se veía para nada normal. Maldito fuese él. Sus besos me hacían perder la conciencia absoluta, me hipnotizaban, lograban que al terminar olvidase de dónde me encontraba parada. Así que simplemente lo miré mientras relamía mis labios, disfrutando las caricias que me daba en la mejilla. Tomó mi mano con la que tenía libre y me dedico una sonrisa que, obviamente, no era demasiado feliz que digamos. Pero yo podía entender lo que quería decirme con ella, podía hacerlo porque, en cierta forma, lo conocía. No de la manera en la que creía hacerlo antes, pero lo hacía. Sus gestos, sus palabras, sus comentarios entre líneas… nada de eso había cambiado. Él seguía siendo Nicholas, con algunas desilusiones de por medio, pero Nicholas en sí. Deslice la mano que tenía en su hombro por su cuello hasta llegar a su mejilla y la deposité allí también. Su comentario me hizo sonreír, aunque realmente solo quería llegar a casa para meterme en la cama con él.
―Sabes que no me harás caso de todas formas… pero lo intentare. ―Murmure, intentando sonar divertida al igual que él. Aunque era cierto, era tan terco que siempre terminaba saliéndose con la suya y eso, sin duda, era una de las cosas que más me habían cautivado de su persona. Lo hacía parecer inalcanzable. Acaricie su mejilla con mi dedo pulgar y intente enfocarme en los pequeños puntos que aún quedaban tensos, queriendo que se tranquilizara por completo. Odiaba verlo así. Yo si lo quería a él.
Asentí con la cabeza ante su advertencia, no pensaba dejar que ese tipo se me acercara ni me tocara un pelo, con solo verlo me daba una profunda repugnancia. Y ni hablar de escucharlo hablar, provocaba que sintiera ganas de dejarlo estéril.
―Te lo diré, cálmate, si eso llega a suceder serás el primero en enterarte. Te lo prometo. ―Y dicho esto me subí al vehículo con su ayuda, esperando a que él también lo hiciese luego. Toda la situación me había dejado completamente exhausta. Además de que ya lo estaba desde antes, considerando lo bien que la había pasado con mi esposo en la cama. Sabía que Nicholas no iba a hablar en todo el camino al menos que yo le comentara algo, pero sinceramente tampoco tenía demasiados ánimos como para comenzar una conversación. Quería dormir. Me acomodé en el asiento de manera que mi cabeza quedo apoyada en el respaldo de este, con la mirada hacia la ventana. Miré los autos que iban y venían mientras en mi mente me imaginaba un sinfín de cosas. Deseaba mantenerme despierta para cuando llegáramos, quería asegurarme de que él seguía bien, de que nada le sucedía. Pero sinceramente… no podía. No podía conseguir fuerzas de dónde no las tenía. Solté un bostezo esperando que mi acompañante no lo notara y acto seguido deje caer los parpados completamente. Ya estaba. Seguro que cuando estacionara en casa yo me despertaría. Sí, seguramente lo haría. Luego de pensar aquello simplemente me abandone al cansancio, optando por dejar que todo desapareciera completamente, sumiéndome en la paz.


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Publicado: 10-14-2012 09:43 PM

Nicholas Jonas:
No pude sentirme más aliviado cuando escuché sus palabras, confiaba en ella, sabía que en cualquier problema que tuviese con ese tipo o con otro me lo diría. En realidad, esperaba a que me lo dijera, no quería soportar una discusión más entre nosotros. Yo me pondría furioso si me enteraba de que había sido acosada y la noticia no salía de sus labios, aunque estaba un noventa y nueve coma nueve por ciento seguro de que ella me lo diría. Subí al coche tranquilamente y sonreí al ver a mi esposa acomodarse en el asiento del copiloto y en ese entonces me di cuenta de que me sentía culpable. Ella no se merecía el sufrimiento que yo le había causado y que, probablemente la causaría de una forma u otra. Mis dedos se presionaron sobre el volante y giré la llave en el contacto para luego echar a andar el motor, comenzando a manejar hacia nuestra casa. Me mantuve en silencio, mi furia se estaba calmando y Taylor lo sabía, así que no tendríamos que decirnos nada hasta que llegáramos a casa. Mantuve mi vista fija en la carretera, sintiendo como a poco mis músculos comenzaban a calmarse, después de todo ya nos encontrábamos lejos del maldito desgraciado que había intentado acostarse con mi esposa por dinero. Dios mío, no podía superar aquel tema, podía oír su voz repugnante en mi cabeza aún, ofreciéndome dinero como si pudiese prestar a mi esposa cuando se me diera la gana. Giré un poco mi rostro para decirle algo a la rubia que se encontraba en silencio y noté que estaba dormida. Sonreí de medio lado al ver su angelical rostro y volví a mirar hacia la carretera. Sintiéndome tranquilo. Si ella me había asegurado que me lo diría, confiaría en ella, ¿cuándo me había mentido? Nunca.
Después de unos minutos estacioné el coche y me quedé mirando a mi esposa dormida, sonriendo de medio lado, era realmente hermosa. Debía de haberme ganado la lotería con ella, definitivamente, no encontraría a ninguna mujer con esa hermosura. Era tan hermosa fuera como dentro. Me bajé del auto, dejando las llaves puestas y lo rodeé después de cerrar la puerta con suavidad, al llegar a la puerta del copiloto y la abrí para luego coger a mi esposa entre mis brazos, cargándola como la primera vez que lo hice. Justo después de casarnos. Sonreí al recordarlo.
―Lo siento mucho, cariño. No te mereces esto... ―Le murmuré con voz suave sobre el oído después de cerrar la puerta me dirigí hacia la entrada de la casa y noté como alguien abría la puerta, le di las gracias y luego me dirigí hacia las escaleras sin más. No tenía por qué quedarme abajo, quería dormir. Dormir con mi hermosa esposa. Al llegar a la habitación la recosté lentamente en la cama y luego comencé a quitarle el vestido, no sin antes acariciar sus piernas y quitarle los tacones que había usado esta noche, mis dedos recorrieron cada centímetro de su piel para luego de quitarle el vestido la arropé con suavidad. Me arrodillé frente a la cama y me quedé mirándola fijamente, admirando cada una de sus facciones, sabiendo que me había equivocado con ella. Ella estaba enamorada de mí y yo no podía darle lo que ella quería, amor. Pero podía intentar ser mejor esposo, mimarla cuando ella quisiera, adorar cada cosa que hiciera, sin estar diciéndole los defectos en los detalles mínimos. Era un hombre detallista y ella no, aunque siempre quería hacer lo mejor para mí. Y yo destruía cada una de sus ilusiones. ―Perdóname, Taylor. ―Murmuré con suavidad para luego acariciarle con suavidad la mejilla con mis nudillos, me acerqué hacia ella y besé suavemente su frente.
Me desvestí totalmente y me acosté a su lado para luego hundirme en las sábanas lentamente deslizándome hacia ella, le quité la única prenda que cubría su cuerpo: su braga. Pues Taylor por suerte no se había puesto sujetador esta noche. Tiré la braga por allí y atrapé su clítoris con la lengua, sabía que debía dejarla dormir, pero no quería. Iba a hacerle el amor, a demostrarle que en efecto, sí, la quería. No la amaba. Pero la apreciaba. Ella sería la única esposa que yo iba a querer en toda mi vida, era perfecta. Mi lengua comenzó a acariciar sus labios mientras que mis dedos se introducían lentamente en ella, pude oír su gemido y no supe si la había despertado o su cuerpo respondía a mis caricias aun estando ella dormida. Sonreí contra su clítoris y luego lo atrapé con mis dientes, mordiéndolo para luego succionarlo un par de veces mientras que mis dedos se introducían lentamente en ella y luego salían, se introducían y salían, así por durante rato, cuando noté que mi miembro estaba condenadamente erecto y ella estaba lo suficiente lubricada tanto con sus jugos como con mi saliva. Subí mis labios por su cuerpo y la penetré mientras que besaba su cuello, gimiendo cada vez que sus paredes vaginales presionaban mi hinchado miembro. Le estaba haciendo el amor, no esperaba nada. Sólo le hacía el amor. Le daba el placer a ella, sin preocuparme muchísimo del mío. Mis labios bajaron hacia uno de sus pechos y atrapé suavemente su pezón con mi lengua, rodeándolo y luego lamiéndolo repetidas veces mientras que mis caderas habían comenzado a moverse lentamente, de atrás hacia adelante.


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Publicado: 10-19-2012 12:58 AM

TAYLOR SWIFT:
De verdad me había quedado profundamente dormida. En un momento creí escuchar la voz de Nicholas, pero lo dudaba realmente, además, ni siquiera entendí bien lo que me estaba diciendo. Solía soñar con él todas las noches, diferentes cosas, muy a menudo. Mucho más luego de lo que había sucedido entre nosotros, solo que… bueno, se habían transformado en pesadillas más que otra cosa. Pero algo me decía que esta vez sería todo lo contrario. Por primera vez en bastante tiempo, me sentía tranquila. Tranquila de saber que al menos tenía un lugar en su corazón. En paz, no del todo, pero al menos un poco. Y ese poco era suficiente ahora mismo, era lo que necesitaba para quedarme a su lado por libre voluntad. Sería difícil perdonarle las infidelidades, pero podía intentarlo, tiempo al tiempo. No supe en qué momento paso, pero en mi mente ahora estaba en la cama. Con mi esposo… desnudos. De seguro era su culpa, él me había dejado con la mente en aquel punto luego del sexo que habíamos tenido por la tarde. Fuera como fuera… en aquel sueño todo era muy real. Jodidamente real. Y las cosas sucedían rápido, casi sin que yo pudiese proyectarlas completamente en mi mente. De un segundo a otro, el rostro de mi marido se hundía entre mis piernas y su lengua comenzaba a torturarme, haciéndome delirar. Mierda… si parecía cierto. Tal vez porque ya hacía demasiado tiempo que no soñaba este tipo de cosas. Era la primera vez desde que éramos novios, de hecho. Las cosas entre nosotros solían ponerse demasiado monótonas, tanto que cuando dormía simplemente quería eso, dormir. Pero ahora y por una razón que estaba fuera de mis parámetros de compresión, estaba teniendo un sueño húmedo en el que Nicholas me hacía sexo oral. Difícil saber si ponerme contenta o asustarme, ya que no era una adolescente para seguir pensando estas cosas.
Pequeños sonidos se escuchaban salir de mis labios. Qué más daba, era un sueño, nadie se daría cuenta de todas formas. Sus dedos se habían unido a su boca esta vez y no me daba respiro alguno, siempre con ese ritmo que me hacía perder la cabeza. Porque él podía lograr volverme loca, en el buen y mal sentido de la palabra. Así continuó por un momento, solo podía alzar las caderas y dejar que algún que otro gemido se me escapara desde la garganta. Me hubiese gustado poder subirlo para rogarle que me hiciese el amor de una buena vez, pero al parecer no tenía las riendas de este sueño. O al menos eso percibía. Entonces lo sentí. Penetró mi cuerpo de una sola vez y mis ojos se abrieron de par en par, encontrándome así con el cuerpo de mi esposo desnudo encima del mío. El real, no uno imaginario que mi mente producía mientras dormía. ¿Qué rayos estaba pasando? ¿Qué suce…? Oh, joder, cuando utilizaba su lengua de esa manera era capaz de deshacerme en un tris. Pestañe varias veces, verificando que, efectivamente, todo lo que estaba sucediendo aquí no era cosa mía. Pero al parecer, estaba en lo cierto. No lo era. Algo pasó rápidamente por mi mente, algo no realmente bueno. ¿Y si en realidad toda la situación había sido un sueño? ¿Y si este hombre no era Nicholas…? Ah, estaba perdiendo los tornillos literalmente hablando. Pero de todos modos, no pude evitar mis impulsos. Mis manos tomaron el rostro hundido entre mis pechos y lo subí de manera que pude verlo. Nuestros ojos hicieron contacto y sentí todo un alivio recorrerme el cuerpo al notar que eran color avellana. Esos ojos. De seguro parecía completamente desorbitada ahora mismo y es que… lo estaba. Somnolienta y debajo de su cuerpo mientras me embestía… no, mala combinación. Muy mala.
Toque suavemente sus mejillas por unos segundos, subí por su frente hasta llegar a su cabello y entreabrí mis labios para decir algo, pero de estos solo salió el pequeño gemido ahogado que me había visto obligada a reprimir en mi pequeño estado de shock. Pero poco a poco las cosas se iban aclarando, de todos modos, aún necesitaba preguntarle.
―Espera, espera… Necesito saber si… si esto es… ¿Acabamos de venir de cenar, verdad? Y-y tu golpeaste a ese tipo y luego…luego me quedé dormida, y soñé que tú estabas ahí abajo y tu lengua, y tu… ¿No estoy soñando, verdad? ―Balbuceé como podía, haciendo señas y diferentes tipos de cosas mientras jadeaba de vez en cuando, puesto a que sus movimientos a pesar de ser lentos, seguían siendo igual de satisfactorios. De todos modos no podía perder la oportunidad de preguntarle, incluso si interrumpía por un momento lo que estábamos haciendo. O no, porque dudaba que él en verdad fuera a detenerse, nunca se detenía. Era condenadamente insaciable. Y, bueno, no iba a negarlo, a mí siempre me había encantado aquello. Desde que éramos adolescentes y nos escondíamos detrás de los arbustos para hacer el amor, o buscábamos los lugares más insólitos porque, bueno, a él se le había antojado hacerlo allí. Podía enojarme, pero, nah, lo único que lograba causarme era diversión, además de la evidente excitación que siempre me impulsaba a acceder. Ahora las cosas eran un tanto diferentes, Nicholas era una figura pública y ya no podíamos correr esos riesgos. De todas maneras, nuestra química sexual no cambiaba en lo más mínimo, seguía igual de evidente y activa que siempre. Por lo menos ahora, claro.


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