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arandaro4
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MARIO DUARTE EN EL TEATRO MAYOR JULIO MARIO SANTO DOMINGO

[ Editado ]

Grandes espectáculos en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo

 

 

PROGRAMACIÓN AGOSTO- CUMPLEAÑOS 472 DE BOGOTÁ

 

 

 

 

arandaro4
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Re: MARIO DUARTE EN EL TEATRO MAYOR JULIO MARIO SANTO DOMINGO

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mima1940
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Re: MARIO DUARTE EN EL TEATRO MAYOR JULIO MARIO SANTO DOMINGO

[ Editado ]

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué sucede cuando tres inocentes mimos deciden hacerse pasar por guerrilleros?, ésta es la pregunta de antesala para el estreno de la nueva producción colombiana.

“cuenta la historia de tres actores callejeros bogotanos que se van a la zona de conflicto a simular que son guerrilleros para obtener un salvoconducto para ir a España” narra el Director de la película.

El trabajo de Lisandro siempre habla de Colombia, su anterior filme "Los Niños Invisibles", en 2001, mostraba la cotidianidad de un pequeño pueblo. En esta oportunidad el Director se introdujo en el conflicto armado: “quería trabajar el tema del conflicto con componentes como el itinerario de la muerte a través de los ojo de estos tres”.

Aquí, el actor Mario Duarte, a quien vimos como un nerdo y como un mariachi, se estrena como protagonista. Él, junto a Coraima Torres y Vicente Luna serán los actores que interpretaran el papel del que dependerán sus vidas

 

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mima1940
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Re: MARIO DUARTE EN EL TEATRO MAYOR JULIO MARIO SANTO DOMINGO

'Trainspotting' llega al Festival con Mario Duarte

 

es la historia de Alicia, Marco, Tomás y Franco. Ellos se sobrellevan, sobreviven, sobre-beben, sobre-cogen y sobretodo se sobre-pasan. Y cuando ésto sucede, sólo resta verlos mutando, rodando, dando vueltas a la tuerca. 

 

 

 

La obra es una ventana a esa incertidumbre de vivir o morir en el intento, de vivir sin saber qué está pasando y no querer tampoco averiguarlo, o peor aún, intentar averiguarlo y encontrarse con el inconveniente de “existir”.

 

¿Existir? ¿Subsistir? ¿Divertirse? ¿Descerebrarse? ¿Perderse? ¿Simplemente encerrarse?  ¿O será mejor otra cosa?

 

'Trainspotting' es una adaptación de la famosa novela de Irving Welsh, que fuera llevada al cine por Danny Boyle, y es considerada por muchos como uno de los íconos de la cultura underground de finales del siglo veinte. Esta obra, inspirada en la version teatral de Harry Gibson, ha sido adaptada por Matías Maldonano y Mario Duarte sobre una traducción de Wally Broderick, y utiliza música en vivo del dj Danny Boom, acompañado de la guitarra de Francisco Nieto.

Sobre el director

Mario Duarte de la Torre nació en Barranquilla, Colombia, en 1965. Fue compositor y cantante de la banda de rock colombiano La Derecha. Ha compuesto música para obras de teatro como Amaralina y Azulex, dirigida por Ramón González de Vivas, y Frankenstein, dirigida por Pavel Nowicki y producida por el Teatro Camarín del Carmen.

Duarte ha trabajado como actor en películas nacionales como Calibre 35, dirigida por Raúl García; Los actores del conflicto, dirigida por Lisandro Duque y En mi reloj siempre son las cinco y cuarto, mediometraje dirigido por María Amaral.  En televisión ha trabajado en: La madre, Francisco el matemático, Yo soy Betty la fea, Ángel de la guarda mi dulce compañía, La saga, La hija del mariachi y Las trampas del amor y actualmente es 'Tango', en 'Amor en Custodia'. Además, escribió el guión de largometraje Uno más Uno que recibió el Premio Ibermedia en la modalidad de desarrollo en el año 2007.

Ha ganado varios premios y reconocimientos, entre ellos la Beca de creación de Colcultura, 1992; el Premio a mejor actor de reparto del periódico El Tiempo por el personaje de Nicolás Mora en la telenovela Yo soy Betty la fea, 2000; el Premio Orquídea a mejor actor de comedia en Estados Unidos 2002, por el mismo personaje y el Premio a mejor actor protagónico del Festival de cine Latinoamericano de Trieste, Italia, por la película Los actores del conflicto, 2008.

Ficha:
País: Colombia
Obra: Trainspotting
Compañía:
Autor: Irving Welsh – Adaptación de Harry Gibson
Director: Mario Duarte de la Torre
Género: Teatro

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mima1940
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Re: MARIO DUARTE EN EL TEATRO MAYOR JULIO MARIO SANTO DOMINGO

 

 

 

 "No pretendemos ser un espejo de la realidad"

Mario Duarte y Matías Maldonado, son los responsables de la adaptación de Trainspotting al contexto nacional. Shock.com.co habló con ellos sobre la obra que se presenta en el Teatro LIbre.

Luego de ser protagonista de la escena rockera con La Derecha, uno de los grupos más emblemáticos en los años 90, de ser columnista de la revista Shock y girar después a las mieles de la farándula nacional con su papel de Nicolás en Betty la fea, Mario Duarte regresa a la escena cultural bogotana haciendo su debut en el teatro con esta obra de culto. A su lado, como compañero de escritura en la adaptación de Trainspotting, Matías Maldonado, actor y guionista, recordado por la película Noche Buena. Tres años de trabajo que ahora el público podrá juzgar.

Shock: Trainspotting es una novela sobre aquellos que piensan en el futuro porque su falta de esperanza los destroza por dentro. Además ha sido catalogada por algunos como el equivalente literario de una bomba de hidrógeno. ¿Esta versión teatral va en esta misma línea?

Mario Duarte: Trainspotting es un montaje que se inscribe dentro del ámbito de las drogas porque se trata de unos droguillos ahí y de alguna manera de la amistad en este contexto de rumba y alienación. No pretendemos abarcar todos los temas de la novela, ni tampoco pretendemos ponernos a la altura de la película, porque son géneros distintos. Nosotros nos basamos en la obra de teatro de Harry Gibson, creada a partir del libro de Irvine Welsh. Tampoco pretendemos ser un espejo de la realidad, pero sí confrontar al público con una realidad que está ahí, muy cerca de todos.

Matías Maldonado: Una propuesta de teatro In your face, de plantearle las vainas a la gente en la cara, sin ser agresivos, pero que sí genere una tensión en el público todo el tiempo; que no sea una obra fácil de ver tampoco. Eso sí, con momentos de humor, porque si no se vuelve insoportable.

¿Cómo fue el proceso de escritura y adaptación a la realidad colombiana?

 

 

Matías: Adaptamos la obra de teatro que hizo Harry Gibson en 1994, a partir de la traducción que hizo Mario con Daniel Broderick. Pero yo diría que realmente la obra salió de las improvisaciones. No paramos de trabajar en el escenario con distintos actores.

Mario: Esta historia no se trata de junkies. En Colombia realmente creo que no hay. ¿Ustedes conocen a alguien que meta heroína?Aquí lo que meten es bazuco y tal vez los indigentes sean la forma más extrema que conocemos.

Todos los fanáticos de Trainspotting tenemos muchas expectativas sobre qué personajes están incluidos en el montaje. ¿Cuáles eligieron?

 

 

 

Mario: En la obra de teatro original hay personajes dobles, por ejemplo Sick Boy y Tommy son dos personajes que los hace el mismo actor, y así sucesivamente con los demás. Nosotros quisimos que cada actor representara un personaje, porque no creo que sea muy creíble el actor camaleón. Dejamos los que consideramos más importantes: Mark Renton (Marco), Begbie (Franco), Tommy (Tomy), Allison (Alicia), Ana (la mujer de Franco) y la Madre Superiora (Ganso). No aparecen Spud ni Sick Boy.

La historia de Irvine Welsh es de culto en muchos países, por eso se ha montado también en teatro y cine. ¿Consideran que por esta razón el reto y la responsabilidad de ustedes son mucho mayores?

Mario: Nosotros no hacemos una obra de teatro para teatreros o para los cultores de este arte. Queremos hacer una obra para el público. Algunos se conectarán más con la música, otros que conocen la película tendrán otros estímulos. Habrá gente que no tiene ni puta idea de qué se trata eso, pero siente curiosidad… Estamos tranquilos porque estamos haciendo la obra desde una posición súper franca.

Ficha técnica
Dirección General: Mario Duarte
Producción: Carlos Alberto Pinzón
Teatro Libre
Diseño de luces: Alex Gumbel
Diseño de arte: Philippe Legler
Asistente de dirección: Lady Tocora
Músicos: Danny Boom, Francisco Nieto y Mario Duarte.

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mima1940
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Re: MARIO DUARTE EN EL TEATRO MAYOR JULIO MARIO SANTO DOMINGO

Los Actores del Conflicto

 Hacer y estrenar Los actores del conflicto ha representado muchas dificultades para su director, Lisandro Duque. Primero, tuvo que cambiar de locación porque, por físico miedo, los pobladores de San Martín (Meta) se negaron a firmar los contratos faltando horas para arrancar las filmaciones.

 

 

 

Instalado con toda la producción en un nuevo lugar, en Carmen de Apicalá (Tolima), se enfrentó a rodar la película con problemas económicos porque no alcanzó a obtener los beneficios de la Ley de Cine. "Era el año 2004 y solo pudimos recibir algunas ayudas de posproducción y distribución", recuerda el realizador.

 

 

Finalmente, con la película lista y a pocos días del estreno comercial, Duque debió suprimir en dos escenas la canción 'A desalambrar', del compositor uruguayo Daniel Viglietti. "Yo no consulté el asunto de los derechos porque siempre pensé, por una razón peregrina e ingenua, que esa canción era de Víctor Jara. Así que cuando contactamos a Viglietti dijo que 'América Latina ha cambiado mucho políticamente y quiero ver la película a ver si es pertinente que mi canción esté en ella'". El asunto terminó con pérdidas por 15 mil dólares y un retraso de tres meses para el lanzamiento.

 

Sin embargo, el realizador vallecaucano (nacido en Sevilla hace 64 años) puso en la balanza estos problemas y pesan más las cosas positivas, como el premio del público que obtuvo durante el pasado Festival de Cine de Cartagena. "Recibir ese galardón me sirvió para tener, por primera vez, el retorno de los espectadores. Logré por fin una certeza de lo que había hecho", comenta.

 

 

Una historia real

El origen de Los actores del conflicto es una anécdota que Jesús Bejarano, el ex Comisionado de Paz asesinado en 1999, le contó al director. El hecho ocurrió en Sevilla (Valle), donde unos avivatos simularon ser guerrilleros para sacarle plata al Gobierno (lograron quedarse con diez millones de pesos de la Oficina de Paz). Bejarano era asesor de Carlos Ossa, el entonces comisionado, y fue quien hizo toda la 'negociación'.

 

 

Al conocer la historia, Duque visualizó la película en la que actúan Mario Duarte, Coraima Torres, Vicente Luna, Arianna Cabezas, Nicolás Montero, Juan Ángel, Fabio Rubiano y Hernán Méndez.

 

"La cinta siempre tuvo tono de comedia. Sin embargo, durante la filmación algunos apartes se tornaron dramáticos cuando se tocaba el tema de los secuestrados devorados por el miedo y el abandono. Todos nos conmovíamos profundamente. Ese espíritu quedó en la película en términos de acierto narrativo", dice Duque.

 

Graduado en antropología y actual docente en las universidades Central y Nacional, el cineasta -que rodó Visa USA (1986), Milagro en Roma (1988) y Los niños invisibles (2001)- tiene claro su siguiente paso: buscar una editorial para publicar una antología de cuentos que ya tiene escritos.

 

 

"El cine es un hecho tan extenuante físicamente que cada vez que termino una película me juro que es la última que hago. Pero, después, me hace metástasis esa pasión por volver a escribir una historia y rodar una cinta. Me demuestro que sobrevivo, que la última película no alcanzó a matarme".

 

Por ahora, después del estreno de Los actores del conflicto, viajará a Italia para participar con el filme en el Festival de Cine de Trieste. "Creo que la película es muy provocadora con los sentimientos de los espectadores en algunas escenas y ese es su gran logro

 

Los actores

 

 

Mario Duarte (Álvaro Hernández)

 

"Yo soy muy callejero, he sido un sobreviviente, un rebuscador. Lo que hice fue dibujar el personaje lo más cerca de nosotros". Así define el actor Mario Duarte a su personaje, un mimo callejero que intenta sobrevivir con las monedas que le dan

 

 

Famoso por ser durante mucho tiempo el vocalista de La derecha y por su papel en Betty la fea, Duarte llegó al proyecto por invitación del director. "Me sorprende gratamente que en la película hay mucho humor, una mirada muy colombiana, cínica, Aquí nos reímos de lo que más nos debería doler. De pronto es una forma de catarsis extraña o que de alguna manera nos confronta", asegura.

 

 

Vicente Luna (Santiago Gómez)

 

El actor, nacido en Cali y radicado en Europa, interpreta a otro de los mimos, pero su realidad podría ser diferente pues proviene de una familia acomodada a la que renunció por hacer lo que quería.

 

 

"Lo que más me gusta de esta película es que representa una nueva mirada a la realidad del país, con un humor y una sutileza que, de seguro, es lo que más le va a gustar a todo el mundo".

 

Coraima Torres (Tamar Lovera)

 

La actriz venezolana lleva varios años actuando en el país y completa el trío de mimos protagonistas del filme. Su astucia y valentía sacarán a sus compañeros de problemas.

 

Torres tiene amplia experiencia en telenovelas como Dulce ilusión y Géminis (1993), Sueños y espejos (1994), Cambio de Piel (1998), María Emilia: Querida (1999), Amor del bueno (2004), y Lorena (2005). Actualmente, es Camila Andrade en la telenovela nacional El último matrimonio feliz.



 

 

 

 

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Re: MARIO DUARTE EN EL TEATRO MAYOR JULIO MARIO SANTO DOMINGO

Mario Duarte no es de este mundo

De rock star a los sets de la pantalla chica como el amigo nerd de Betty, la fea, de actor cómico a director transgresor, el colombiano Mario Duarte siempre quiere escaparse de sí mismo

 

 

 

Esa tarde del marzo pasado, en un departamento del barrio bogotano de La Macarena, algo torturaba al ex tonto socarrón de Betty, la Fea. Mario Duarte sintió miedo y recordó cuando le tocó encarnar a Nicolás Mora, y no se lo contó a nadie porque le daba pena. Los aplausos de la treintena de espectadores del Festival Iberoamericano de Teatro que lo vieron en la obra ¡Haberos quedado en casa, capullos! no llenaban el vacío que sentía en la boca del estómago. En la pieza encarna a un padre que se sienta junto a su hijo para iniciar una diatriba sobre los límites de la libertad, el ocio lúdico, los riesgos de perder la vida en el trabajo y las constantes memorias de su niñez.

Haberos quedado en casa, capullos! es una serie de cuatro monólogos celebrados en sendos escenarios de este barrio surcado por estrechas callejuelas en las que abundan bares, bistrós y trattorias. Los 35 espectadores de cada interpretación ven a los actores a su lado, sentados en una barra, vociferando en la calle a través de las ventanas de un edificio o sentados frente a ellos en el living de un departamento.

La cacareada distancia de las tablas, el preciado estrado que eleva a los actores hacia las musas es abolido. Derredor suyo cada intérprete está cercado por la mirada impertinente, fija, obsesiva del público que es parte del escenario, de la puesta en escena.

Mario le pone punto final, es responsable del sabor de boca que el público se lleva a casa. Baja las escaleras, envarado y somnoliento. Se sienta frente a su “hijo”, abre una cerveza águila fría y exclama: “No vas al colegio mañana. Vas a salir a ganarte la vida. Y vas a conocer lo que significa ganarse la vida ahora; así, cuando seas mayor, te puedes reír de todas las formas de ganarse la vida. Sobre todo de las honradas. Que son las que más risa dan”. Entonces se inicia un descenso hacia los infiernos. Una catarsis final donde no hay violencia, sólo retazos de recuerdos tiernos mezclados con desencanto puro, con la furia fría.

 

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Re: MARIO DUARTE EN EL TEATRO MAYOR JULIO MARIO SANTO DOMINGO

pg.2

 

 

 

 

 En la tragedia occidental es un tema recurrente que a un hombre le sea dado pronunciar un discurso antes de morir. Aunque en nada varía su destino, se le permite maldecir al fatum y a los dioses largamente. Esa potente mezcla de narcosis narrativa, borrachera digresiva y delirantes juicios que arrancan carcajadas es lo que experimenta el público en esta obra.

Pero esa tarde Mario se percató de que el niño con el que trabajaba había cambiado. En 16 meses pasó de ser un chiquillo lector, aplicado en cada escena, a un jovencísimo rockero que lo miraba desafiante, retándolo como si fuese su padre real. Recordándole que él también miraba así a su edad, antes de que la vorágine del rock lo sacara de casa.

¡Ah, es eso, *******!, con razón”, exclama el actor al sentarse en una poltrona luego de dilucidar junto a Marc Caellas, uno de los directores de la obra, los motivos de su reciente desazón. Cargado con el temperamento de su personaje agita los hombros y habla con dos chicas. Bromea y las hace reír mientras todos ven el atardecer sangriento de esta Bogotá encapotada. Una rubia dice que le encantaría que lloviese y salir por las calles de La Macarena recitando Shakespeare. Quizá quiere ser una de las hijas del Rey Lear.

“Hago teatro porque me encanto con las cosas. A veces no hay planes pero la gente se empeña en creer que sí. Voy a sentarme unos minutos tranquilo, para pensar mejor y ya vuelvo”, dice Mario y se aleja. Un viejo de barba con cierto aire solemne apura un trago y exclama con crudo acento paisa antes de irse: “Lo de Mario es fuerte porque tiene al público cerquita. Él los siente, los ve y muchas veces no le gusta lo que ve. Los actores olvidan que el público es su espejo y a medio metro es imposible no verlos”. Era el guionista Alberto Quiroga.

Al fondo de la sala el intérprete sorbe con lentitud una cerveza como para sacarse de encima la sombra del padre que acaba de encarnar. O el pánico leve de tener un hijo rebelde.

Los miedos y las crisis de nervios son lujos que los actores pagan caro, como bien saben los terapistas. Y Mario Duarte lleva más de 20 años buscándose entre los escenarios y los divanes freudianos. Por esos días en que Bogotá se estremecía con la dramaturgia se prescribió una dosis tóxica de actuación que rebasaba las 14 horas diarias. En las mañanas acudía a las grabaciones de Amor en Custodia, telenovela donde encarna a Tango, un guardaespaldas de muy malas pulgas. En las tardes actuaba en su monólogo y por las noches era un espectador más del Festival Iberoamericano de Teatro

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Re: MARIO DUARTE EN EL TEATRO MAYOR JULIO MARIO SANTO DOMINGO

 

 

 

 Desde 1988, cada dos años Bogotá es tomada por decenas de grupos provenientes de los cinco continentes. Asediada por las tablas que lo invaden todo: teatros, museos, aceras, y calles, la ciudad se deja conquistar durante 18 días. Este 2010, más de 120 compañías de 32 países visitaron la capital colombiana atestada de amantes del teatro que peregrinaron desde los más diversos rincones geográficos. Esto explica el rostro avaro y plácido con el que Mario Duarte mira sus boletas para la función de esta noche. Se trata de La Odisea montada por el grupo de Teatro de los Andes.

 

 

“Me encanta el teatro. Creo que se debe a mi corta experiencia en estos trabajos actorales y en la música. En los proyectos artísticos hay una necesidad propia del que lo crea o ejecuta y otra del que lo va a recibir. Siento que se conjugan cuando una sociedad lo necesita”, explica con llaneza al tiempo que mira el brillo del reverso de las boletas.

En su departamento campean los libros y discos, en un espacio generoso revestido de madera y pisos de parquet. La casa del actor parece un vasto camarote bien provisto de literatura y música donde se resguarda del naufragio cotidiano. Su director y amigo Marc Caellas suele hablar sobre la profunda inmersión que Duarte logra en cada rol. Sin llegar a la esquizofrenia stanislavskiana, deja mucha piel en las tablas. Roza los límites de cada personaje y exaspera el carácter heredado, quizá de esa otra vida en la que fatigaba las noches bogotanas cantando. Sin trazas de la mala leche catalana que lo distingue, el director asevera: “En Mario nada es tan obvio. Una cosa es la imagen que le han creado los medios y otra como es él realmente. Una persona que se pone retos, que se exige mucho, que se implica en el proceso creativo y que no se cree el rol de estrella que le han asignado”.

Es un maestro de sutilezas y devoto del método artístico instintivo. Pero la génesis de este hombre bigotudo, que ante las cámaras de Amor en Custodia parece un caporegime de los Corleone y que en la vida real aún reconocen como el bobo amigo de Betty, hay que buscarla en sus primeros años cuando correteaba por la costa del Atlántico.

Tanto fue el amor que sintió por el rock que ahora habla poco de La Derecha, célebre banda que lo llevaría al éxtasis de los escenarios. Como esas peligrosas amantes eternas a las que es mejor no llamar, Duarte se abstiene de convocar las imágenes que le llevan a su más tierna infancia. Desde que oyó por accidente a los Rolling Stones en su Barranquilla natal, selló un pacto con lo que las viejas beatas llamaban “la música del diablo”.

 

 

Es el tercero de seis hermanos pero es el mayor de los varones, por lo que tuvo una crianza trashumante. Por motivos del trabajo de sus padres, vivió en varias ciudades de Colombia, Perú y Ecuador. La música fue el refugio perfecto en una casa portátil donde su madre, aficionada al canto lírico, los rodeaba de instrumentos y canciones. Mario acompañó a su padre en largos viajes terrestres en los que aprendió a conducir desde los 11 años. Atravesaba los caminos polvorientos de una Colombia que en los setenta se desangraba con el surgimiento de las guerrillas.

 

 

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Re: MARIO DUARTE EN EL TEATRO MAYOR JULIO MARIO SANTO DOMINGO

 

 

 

 

 Un rictus de amargura le ensombrece el rostro al hablar de las largas estancias que pasó en casa de los amigos de su padre. Salía de paseo y lo dejaban semanas en fincas paradisíacas repletas de alazanes y caballos árabes. Pero cuando los juegos terminaban, recordaba al final del día que era un mundo ajeno. No resulta extraño que años después compusiera himnos generacionales para La Derecha, donde le prometía a sus fans: “Nadie te va a corromper / Nadie te va a hacer mal / Te lo puedo jurar / y jurar / porque el viaje e...

 

 

 

Como en toda buena historia de música, los primeros años del chico que soñaba con ser un frontman en la gris Bogotá están llenos de generosas raciones de aventuras, sexo, drogas y rock and roll. Junto a su hermano Josué como baterista y tres amigos más fundaron una protobanda cuyo nombre era toda una declaración de principios: La Rata Poética.

“Las ratas” fueron a tocar junto a La Pestilencia una mañana a inicios de los noventa en la Universidad Nacional. Llegaron a brindar poesía y recibieron pedradas a cambio. Mario estalla en risas al decir: “En esa época existía la ‘guardia roja’, formada por estudiantes comunistas radicales. Nos lanzaron ladrillos, palos y piedras. Era raro porque teníamos letras panfletarias donde nos quejábamos de que la policía nos perseguía y de la corrupción del Gobierno. En realidad éramos muy inocentes y usábamos crestas”.

 

Con los instrumentos rotos y cargando los amplificadores a cuestas mientras diluviaban peñascos, “las ratas” decidieron mutar. Enfurecidos, se encerraron una tarde completa a ensayar y buscar otro nombre.

Al salir del cuarto ya eran La Derecha; total, si los iban a lapidar que fuera por lo menos con un nombre ofensivo para los radicales.

 

Eran tiempos signados por el oscuro legado del magnicidio de Luis Carlos Galán, y presidentes como Gaviria y Samper tuvieron que lidiar con el cerco a Pablo Escobar y el vasto poder de corrupción de los hermanos Rodríguez Orejuela. Pero también fue el inicio de una década fructífera para el rock colombiano. Las bandas herederas del punk y grunge emergían del subsuelo tomando los medios masivos con nombres sugerentes como Estados Alterados, Kraken, Aterciopelados, Ekhymosis, Distrito y El Bloque.

 

 

 

Mario Duarte revive emocionado imágenes de esta época. Junto con otros músicos fue el creador de “Rock al Parque”, festival en el que se consagró en un toque antológico de La Derecha, que llegó a su clímax con una versión del bolero “Sombras”.

 

 

En ese entonces era un cantante delgado que se agitaba por todo el escenario con una camiseta ceñida de camuflaje, algunos tatuajes y declaraba que el verso “quisiera abrir lentamente mis venas” era de lo más punk que se había escrito en América Latina.

Pero como suele suceder, el espíritu orgiástico del rock se terminó apoderando de cada estadio vital de los integrantes de la banda, que ya tocaba sin cesar por toda Colombia. Sin haber llegado a internacionalizarse, mantenían un ritmo frenético de presentaciones de jueves a sábado en la cruda escena musical bogotana, donde se combatía el frío con “polvos y cigarrillos mágicos”. Cada presentación era una expedición de sus amigos, novias y ex novias del barrio de La Macarena, donde aún vive, el cual era para aquel entonces el epicentro de los ensayos de la banda.