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edeeperroni
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Re: ~Webnovela Tras el Pasado~ Levyrroni


lucanariasrbd ha escrito:

Gracias, siguela cuando puedas!


Gracias a ti por leerla y bienvenida :smileyhappy:

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edeeperroni
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Re: ~Webnovela Tras el Pasado~ Levyrroni


solelluna ha escrito:

siguela ,empezare a leerla en cuanto termine la otra , es que voy un poco atrasada con las webs


Oh no hay problema y bienvenida :smileyvery-happy:edos:

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laagoniadenovertemas
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Re: ~Webnovela Tras el Pasado~ Levyrroni

Q risa con estos 2! No paran d provocarse mutuamente y el momento d pasión q compartieron en el baño fue solo un aperitivo para ellos xq cuando se decidan a terminar lo q empezaron van a arder!

 

Muchisimas gracias x el capi Edee! Estuvo intensisimo! Muy hot! Pero estoy segura q lo q se viene va a estar mejor!

 

Seguila prontito Edee porfas!

 

Besitos!

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edeeperroni
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Re: ~Webnovela Tras el Pasado~ Levyrroni

Capitulo 6 

Aunque la cama era enorme y muy cómoda, Maite no durmió bien en su primera noche en la mansión de Max Longotti. El edredón era tan bonito, que casi tuvo miedo de usarlo, así que lo dobló bien y lo dejó en una silla.

Su balcón daba a una de las fuentes del jardín, que estuvo en funcionamiento toda la noche; el ruido del agua la obligó a levantarse varias veces para ir al cuarto de baño. Solo esperaba que a su vecino, William, el sonido le pareciera igualmente inquietante y estuviera despierto.

Las sábanas, de satén, eran tan suaves que resbalaba sobre ellas y temió acabar en el suelo. Y para empeorarlo todo, la decoración se completaba con un florero lleno de lilas, cuyo olor impregnaba la habitación. Por alguna razón, las lilas le hacían pensar en personas muertas, algo que tampoco la ayudó a dormir.

Por mucho que disfrutara de la compañía de Max Longotti, ella no pertenecía a aquel mundo. La habitación en la que se encontraba lo demostraba claramente. Tanto, como la cena de la noche anterior.

Había sido un desastre.

Al pensar en ello, se tapó la cabeza con un cojín y gimió.

Con los cubiertos no había tenido ningún problema, a pesar de no estar acostumbrada a utilizar tantos. Tampoco lo había tenido con Max ni con William, aunque la mesa era tan grande y estaban sentados tan lejos que apenas podían charlar entre ellos.

El problema había sido la comida. No estaba acostumbrada a exquisiteces y no sabía que la sopa estaba fría a propósito, que el pescado estaba crudo por la misma razón y que la pequeña bandeja de frutas era una simple decoración.

Sobre la sopa no había dicho nada. Miró a los dos hombres, y al ver que no protestaban por la temperatura, supuso que sería mejor que mantuviera cerrada la boca. Pero el pescado crudo fue demasiado para ella. Por mucho que lo llamaran sushi y que fuera comida japonesa, para Maite seguía siendo un pedazo de pescado crudo. Le repugnó tanto que lo escupió en la servilleta e intentó ocultar la maniobra con delicadeza.

Sin embargo, William lo notó. Y cuando alzó os ojos al cielo, en gesto de desaprobación, ella estuvo a punto de sacarle la lengua a modo de burla.

Cuando llegaron al plato principal ya estaba decidida a no volver a meter la pata, así que se comió el filete semi-crudo sin protestar, aunque tenía la sensación de que iba a empezar a mugir en cualquier momento.

Le daba tanto asco, que se lo comió a toda velocidad, casi sin masticar, y finalmente se atragantó. Intentó alcanzar la copa de agua para beber un poco, pero derramó la copa de vino y deseó morirse en aquel mismo instante para no tener que seguir sufriendo.

No tuvo tanta suerte. William notó lo que sucedía, se levantó, caminó hacia ella y reaccionó con tanta rapidez, que ella vomitó el trozo de carne antes de darse cuenta.

La carne medio masticada fue a parar al centro de la mesa, momento en el que ella dijo, en voz baja:

-Al menos no le ha dado a Max en la cabeza.

Cuando terminaron de comer, se excusó ante el anciano y dijo que deseaba dormir un poco porque el día había sido muy largo. Pero su decisión fue un error. Llevaba horas en la cama, dando vueltas, sin poder dormir.

Solo eran las siete y media de la mañana; sin embargo, se dijo que seguir allí no tenía el menor sentido. Recordó que Max le había comentado que podía utilizar la piscina cuando quisiera y decidió empezar la jornada con un poco de ejercicio.

La palabra ejercicio no era precisamente una de las que más le gustaban, pero había otra que le gustaba aún menos: celulitis.

Estaba sentada en la cama cuando alguien llamó a la puerta.

-¿Maite?

Era William.

Aquello era lo que le faltaba. Enfrentarse, cara a cara, con el hombre que deseaba y cuyo recuerdo la había mantenido en vela toda la noche.

-¡Espera un momento!

Alcanzó rápidamente la camiseta que se había puesto la noche anterior, la cual, puesto que siempre dormía desnuda, había acabado quitándose a los diez minutos.

Por desgracia, su movimiento fue tan rápido y descontrolado que resbaló en las suavísimas sábanas de satén y acabó en el suelo, provocando un golpe seco.

La puerta se abrió de inmediato, antes de que pudiera levantarse y comprobar si se había roto algo.

-¿Te encuentras bien? -preguntó William mientras se arrodillaba a su lado.

-¿Qué te hace pensar que no me encuentro bien? Cabe la posibilidad de que esté buscando algo debajo de la cama...

William sonrió.

-Lo sospecho por tu ropa interior.

-No llevo ropa interior.

William volvió a sonreír y ella comprendió que estaba desnuda, así que alcanzó rápidamente una sábana y se cubrió.

-¿Es que no tuviste bastante con mi desnudo de ayer? -preguntó ella. Él negó con la cabeza.

-¿Eso es una pregunta con truco? Es como preguntar a una mujer si puede tener suficientes zapatos. Puede que mienta y diga que sí, pero en el fondo de su corazón siempre querrá un par más.

Maite encontró la comparación muy acertada. Adoraba los zapatos y nunca tenía suficientes.

-¿Qué quieres? -preguntó ella.

Maite lo miró. No parecía ir vestido para trabajar. Llevaba unos pantalones cortos y una camiseta sin mangas que le quedaba extraordinariamente bien. O acababa de ducharse o iba a nadar.

La visión de su cuerpo le pareció tan atractiva, y lo deseó tanto, que se sintió algo ridícula. Sobre todo después de haberse caído al suelo y de haberse dado un buen golpe en la cara. Estaba segura de que todas las mujeres fatales del mundo la estaban maldiciendo en aquel instante por dejarlas en tan mal lugar.

-Eres bastante dada a sufrir accidentes. Recuérdame que nunca te deje conducir mi coche.

-No lo haré. No me gusta tu coche. Él la miró con incredulidad.

-Has ido demasiado lejos. Acabas de insultar a mi Jaguar.

-Es un coche demasiado pequeño, o tal vez yo sea demasiado alta. No encajamos bien.

Maite no estaba mintiendo. Encajaba tan bien en aquel coche como en aquella mansión y con aquel hombre.

-Es un descapotable. Puedo quitar la capota.

-Y el viento me despeinaría.

-Oh, sí, qué tragedia...



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edeeperroni
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Re: ~Webnovela Tras el Pasado~ Levyrroni

Maite tuvo ganas de darle un buen golpe, pero no quería apartar las manos de la sábana. Si se caía, volvería a darle otra visión perfecta de su cuerpo desnudo.

-¿Qué es lo que quieres, exactamente?

-¿Qué talla tienes?

-¿Qué?

En lugar de contestar a la pregunta, William la miró como si estuviera calculando su talla.

-Ya no hace falta que contestes. Ahora ya lo sé lo que quería saber.

-Pero qué...

-Hasta luego, Maite, que tengas un buen día.

William se volvió hacia la puerta para marcharse, pero ella lo siguió y lo agarró de un brazo.

-¿Para qué quieres saber mi talla? William se detuvo y sonrió.

-Anoche te fuiste a la cama tan pronto, que no tuviste ocasión de conocer los planes de Max. Mañana por la noche quiere llevarnos a una fiesta en el club de campo.

Maite no había comido demasiado la noche interior, pero se sintió como si tuviera el estómago totalmente lleno.

-¿En el club de campo?

El hombre notó su nerviosismo.

-No te preocupes, Maite. Me aseguraré de que tengas algo bonito para ponerte. Pero ya hablaremos esta noche... No pienses en ello, te ayudaré.

-No creo que puedas ayudarme a comer carnes y pescados crudos -dijo-. Quiero marcharme a casa.

-¿Prefieres marcharte a casa antes de ponerte ropa de diseño y cenar en el club de campo? -preguntó.

William la llevó a la cama y los dos se sentaron en el borde.

-En mi casa podría tomar cerveza y pizza. Podría divertirme en el Flanagan y jugar a los dardos. Ese es mi concepto de un hogar. ¿Cuál es el tuyo?

-Asistir a reuniones, comprar empresas y esas cosas -respondió con ironía-. No, ya en serio, suelo hacer apuestas con mi abuela sobre las mujeres que llevo a las fiestas de la familia.

-Eso suena interesante.

-Mi abuela no aprueba mi gusto con las mujeres.

-¿Y eso? ¿Es que te gustan de una forma determinada?

William rio.

-Me gusta que respiren -bromeó.

-¿Solo eso? ¿Insinúas que eres un ligón? Él entrecerró los ojos y asintió lentamente.

-Supongo que es una descripción tan adecuada como cualquier otra.

-No puedo creerlo -dijo, cruzándose de brazos-. Los ligones no suelen admitirlo. Él se encogió de hombros.

-Tal vez sea un ex ligón. O un ligón reformado.

-O un ligón castrado -dijo Maite, sonriendo.

William arqueó una ceja y estuvo a punto de contarle unas cuantas cosas para que fuera consciente de lo mucho que se había equivocado. Pero no lo hizo.

-Bueno, dejémoslo.

-Sí, será mejor.

Aunque acababa de levantarse, aunque estaba en una casa desconocida para ella y junto a un hombre al que solo hacía unas horas que conocía, Maite deseaba saber más de él.

-De modo que el serio y frío hombre de negocios lleva una vida paralela por la noche -comentó ella.

-Supongo que antes sí, aunque no me daba cuenta. Trent siempre dice que mis problemas con las mujeres se derivan de que siempre fui el más bueno de los dos.

Maite arqueó una ceja y pensó en la escena del día anterior en el cuarto de baño. Desde luego, ella no habría definido a William, precisamente, como un chico bueno.

-¿Y tú eres el más bueno de los dos? Dios mío, quiero conocer a tu hermano.

-Oh, no. Lo fui durante mi infancia. Pero después nos cambiamos los papeles. Ahora él ha sentado la cabeza, se ha casado, es feliz y va a ser padre dentro de poco tiempo.

-¿No siempre fue así?

-No. Trent siempre fue un buscapleitos en el colegio y un gamberro en el instituto. Practicaba todos los deportes peligrosos que puedas imaginar, desde las carreras de coches al alpinismo.

Maite comenzó a comprender. Siempre había pensado que tener una hermana gemela debía de ser muy divertido, pero ahora entendió que también podía ser complicado. Sentirse presionado en la adolescencia por alguien que tenía el mismo aspecto podía resultar muy duro.



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edeeperroni
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Re: ~Webnovela Tras el Pasado~ Levyrroni

-Así que tú eras el buen estudiante, el niño aplicado del que se enorgullecía la familia, ¿verdad?

-Algo así.

-De modo que Trent era el adolescente problemático, y tú, mientras tanto, te dedicabas a hacer el papel de chico bueno durante el día y por las noches...

Él se encogió de hombros.

-Por las noches, me llevaba chicas a mi habitación.

Maite ya sospechaba que era de esa clase de hombres; le parecía una lástima que no pudiera tenerlo. Pero ahora, sin embargo, mientras estaban sentados en la cama deshecha y todavía caliente, no conseguía recordar por qué no se podía acostar con él.

-Bueno, supongo que la teoría de tu hermano gemelo podría ser correcta, pero...

-¿Pero? -preguntó, con más interés del que ella esperaba.

-Pero, ¿no sería posible que sencillamente te gustara el sexo?

William empezó a reír, sinceramente divertido.

-Sí, eso es lo que yo he pensado siempre. Es curioso que alguien a quien solo hace un día que conozco se haya dado cuenta.

Dejó de reír poco a poco y terminó observándola con detenimiento. Después, añadió:

-Sí, es curioso.

-Tal vez te comprendo porque me parezco a ti -dijo ella con suavidad-. Hay muchas cosas en el mundo que me entristecen o me deprimen. ¿Debo sentirme culpable de que el sexo no sea una de ellas?

William recordó la conversación que habían mantenido la noche anterior.

-Entonces, ¿por qué no has hecho el amor desde el otoño pasado?

Ella contestó la pregunta con otra pregunta.

-¿Y por qué dices que ahora estás reformado?

Los dos se miraron y comprendieron que la conversación había pasado de las bromas a algo mucho más personal e íntimo, sin haberlo pretendido. O al menos, Maite no lo había pretendido. Ella no tenía el menor problema en hablar de sexo con los hombres, pero no tenía la costumbre de contarles detalles de su vida emocional. Por ejemplo, estaba segura de que se reiría de ella si le hablaba del día en que despertó y decidió que quería sentir verdaderas emociones por primera vez en su vida.

-Solo te puedo decir que, si nos hubiéramos conocido hace un año, no estaríamos charlando ahora.

William sonrió y Maite volvió a pensar en su forma de besar. Centró la atención en su mandíbula y en el fuerte pulso de su cuello. Sabía que su piel sabría salada si la probaba, y que sentiría los latidos de su corazón si se tumbaba sobre ella, en la cama.

Cuando lo miró de nuevo a los ojos, supo que él estaba sintiendo lo mismo que ella.

Maite pensó que definitivamente no habrían perdido el tiempo con conversaciones si las circunstancias hubieran sido diferentes. Nunca habría sido tan tonta como para hacer algo así.

-Estaríamos...

-Sí -la interrumpió él-. Lo haríamos.

Ella se humedeció los labios con nerviosismo. Al caer al suelo se había hecho una pequeña herida en el labio inferior y ahora le dolía. William se inclinó sobre ella y lamió la herida con delicadeza.

-Te pondrás bien -dijo él sin dejar de lamerla suavemente. Ella gimió.

-¿Me lames para que me sienta mejor?

-¿Te sientes mejor?

La boca de Maite se sentía mucho mejor ahora, pero otras partes de su anatomía empezaban a sentirse muy incómodas. Estaba excitada. Lo necesitaba.

-Creo que me he dado algunos golpes en otras partes del cuerpo -dijo ella. Él rio.

-Me gustaría besarte en esas otras partes, Maite, y conseguir que te sientas mejor -dijo, antes de apartarse a regañadientes-. Pero creo que será mejor que lo dejemos aquí. Si empiezo contigo, no podré detenerme.

Maite se quedó con ganas de preguntarle si no podría detenerse aquel día o si no podría detenerse nunca más. Pero no pudo realizar la pregunta, porque se alejó antes.

-Está bien, talla diez. Pero recuerda comprar una talla más grande si es estrecho de busto y de cadera.

William sonrió antes de salir de la habitación.

-Te veré esta noche, Maite.

Mientras conducía hacia la oficina, entre el denso tráfico, William marcó el número de teléfono de su hermano. Sin embargo, suponía que Trent ya se habría marchado, que se habría levantado con la salida del sol para hacer agujeros en la tierra, plantar árboles y llenarlo todo de fertilizante. Cuanto más le pensaba, más absurdo le parecía su trabajo.

Siempre se había preguntado de dónde habría sacado su hermano ese amor por la tierra, aunque a él no le disgustaba la naturaleza. De hecho, ahora que estaba en Atlanta echaba de menos sus paseos matinales por la playa. En Florida comenzaba todos los días con una corta carrera y con la vista del amanecer; eran momentos silenciosos, solo interrumpidos por el sonido de las olas y los gritos de las gaviotas. En Atlanta, si quería salir a correr tenía que hacerlo por las elegantes calles del barrio de Max; era una zona bonita, llena de grandes mansiones y caros vehículos, pero no se podía comparar con el mar.

Cuando su cuñada contestó, no pudo evitar coquetear un poco. Ella no esperaba menos.

-Hola, preciosa. ¿Ya estás dispuesta a abandonar a ese jardinero con el que te has casado? Ella suspiró.

-¿Qué puedo decir? Cada vez me gustan más esas manos callosas, aunque él no se da cuenta.

-¿Qué tal está mi sobrina? ¿O mi sobrino?

-Ya no me molesta tanto por las mañanas -respondió Chloe-. Por cierto, qué pronto llamas hoy...

William explicó rápidamente el motivo de su llamada. Como Chloe había terminado sus estudios y ahora trabajaba todo el día en la gestión de los grandes almacenes, era la persona perfecta para preguntar.

-Y no se lo digas a nadie más, por favor - concluyó-. Limítate a cargarlo en mi cuenta.

-¿No vas a decirme para qué necesitas todo eso? ¿O prefieres dejarlo a mi imaginación?

-Digamos que tengo que ayudar a una amiga que va a asistir a una elegante fiesta de Max mañana por la noche.

-No me digas que has invitado a una prostituta a la fiesta de Max.



Chloe es Maite en -Dos Hombres- 


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edeeperroni
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Re: ~Webnovela Tras el Pasado~ Levyrroni

William sonrió al pensar en lo que habría dicho Maite de saber que la habían tomado por una prostituta. Teniendo en cuenta que era una de las personas con mejor humor que conocía, dudaba que se hubiera ofendido.

 

-No, en realidad se trata de alguien que podría ser un miembro desaparecido de su familia.

-¿Una prima distante o algo así?

-No, tal vez su nieta.

Chloe silbó, sorprendida.

-¿La nieta de Max? ¿Alguien que podría interferir en la fusión de las dos empresas?

-Eres muy rápida. -dijo William mientras entraba en el aparcamiento del edificio de oficinas-. Creo que me gustabas más cuando te dedicabas a decorar ventanas.

William se refería al trabajo que tenía el verano pasado, cuando Chloe y Trent se habían conocido. Entonces trabajaba como decoradora para Langtree y los dos se gustaron de inmediato. Además, y tras una vida dedicada molestar a su hermano, William había fingido que se interesaba por ella, aunque sabía de sobra que Chloe solo tenía ojos para Trent.

-No te preocupes por eso, Chloe. Max aún tiene intención de fusionar las dos empresas. Maite es... una distracción, nada más. Aunque resultara ser la verdadera nieta de Max, no creo que quisiera trabajar en Longotti Lines.

William decía la verdad. Sinceramente no imaginaba a Maite con ningún deseo de marcharse a vivir a Atlanta para dirigir la empresa de su supuesto abuelo. Sabía muy bien que no tenía experiencia ni cualificaciones suficientes y sería mejor para todos que Max vendiera la empresa. Además, la venta daría aún más dinero a su familia; un dinero que sin duda le vendría bien a la posible heredera del anciano.

-¿Mait? -preguntó su cuñada.

-Mira, ahora estoy entrando en el aparcamiento. Te llamaré más tarde

William cortó la comunicación. No quería hablar de Maite con su cuñada porque no pensaba que pudiera hacerle justicia, habida cuenta de las circunstancias. Sin embargo, estaba seguro de que a Chloe le habría encantado saber que había llamado «canalla».

Maite era del tipo de personas que había que conocer personalmente para apreciarlas en todo lo que valían. No podía describirla como una mujer de actitud agresiva y personalidad exagerada que esconda a una persona sensible y vulnerable porque la descripción no habría sido suficiente. Por otra parte, solo hacía unas pocas horas que la conocía y no podía estar tan seguro de todo eso, pero lo estaba. Por mucho que ella misma odiara admitirlo, hacerle daño a Maite podía ser muy fácil.

No podía hablarle a Chloe de ella sin revelar parte de lo que sentía por aquella mujer. El deseo se suponía, por supuesto; y la había deseado desde el preciso momento en que la vio en la terraza. Pero también le gustaba. Le agradaba la forma en que brillaban sus ojos verdes cuando se enfadaba y le gustaba que fuera capaz de enfrentarse a todo el mundo, ya fueran Leo, Max o él. Le gustaba su sinceridad y la forma que tenía de hablar de su familia adoptiva. Le gustaba que no lamentara su triste infancia y le gustaba que intentara hacerse la dura cuando estaba nerviosa o asustada.

Básicamente, le gustaba cómo se sentía cuando estaba con ella.

-Vivo-murmuró él.

Se sentía vivo y con una intensa emoción de anticipación. Nunca sabía lo que Maite iba a hacer a continuación ni de qué modo iba a reaccionar al respecto.

Nunca se había sentido así con otra mujer.

William consiguió dejar de pensar en Maite durante sus horas de trabajo, aunque no le resultó nada fácil. Todavía era nuevo en aquel empleo y tenía varias cosas que hacer, incluidas una reunión con los fabricantes y otra con la dirección del sindicato. Además, tenía que renovar el contrato de telemarketing y seguir trabajando en el asunto de la fusión.

Cuando estaba guardando sus cosas para marcharse del despacho, le dijo a la secretaria de Max que podía localizarlo en la mansión si lo necesitaba por alguna razón. Max no había ido a trabajar aquel día; había preferido quedarse en casa, divirtiendo a su invitada. Antes de salir, William se despidió de la secretaria y de un par de empleadas más y se detuvo en la puerta del despacho de Leo. Estaba vacío y lo había estado todo el día.

Obviamente, él también se había tomado el día libre. William pensó que uno de esos días tenía que averiguar qué hacía exactamente para ganarse su enorme salario. Además de acompañar a Max e insistir en que tomara sus pildoras y fuera a sus citas con los médicos, no parecía dedicarse a otra cosa.

Al llegar al aparcamiento y ver su coche, recordó el comentario de Maite y dijo:

-Creo que no le gustas.

Era la primera vez que deseaba a una mujer a la que no le gustaba su coche. Decir que su Jaguar era poca cosa era tan grave para él como decirle que no hacía bien el amor.

A William nunca le habían dicho ni lo uno ni lo otro. Pero el comentario sobre el coche casi le había resultado divertido. Sobre todo porque lo había hecho una mujer adorable. Una mujer capaz de caerse de la cama completamente desnuda.

-Eso tampoco estuvo mal -dijo mientras abría la puerta del vehículo.

Se preguntó dónde habrían pasado el día Max y Maite. La noche anterior, antes de que Maite se atragantara con la carne, Max se había ofrecido a llevarla de compras a un centro comercial cercano, lleno de boutiques bastante caras.

Pero en lugar de ir de compras, Maite dijo que prefería ver la casa de Margaret Mitchell. Y en ese momento, William supo que estaba ante una verdadera romántica. Tal vez hubiera algo en ella de Scarlett O'Hara; tenía la sensación de que se consideraba a sí misma una especie de devoradora de hombres. E incluso era posible que muchas otras personas compartieran la opinión.



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edeeperroni
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Re: ~Webnovela Tras el Pasado~ Levyrroni

-Se equivocan -dijo William mientras arrancaba.

En lo relativo a él, Maite era tan peligrosa como una gatita. Aunque ciertamente era atractiva. Y por lo demás, tenía carácter y era capaz de hacer cosas que la mayoría de las mujeres no se atrevían a hacer. Como por ejemplo, dejar caer aquella toalla.

William volvió a recordar la escena con verdadero deleite.

Sin embargo, en el fondo de su corazón había una mujer cariñosa y sensible que no quería hacer daño a nadie. No sabía por qué lo sabía, tal vez por intuición, pero lo sabía. O tal vez fuera que tenía muchos años de experiencia con las mujeres.

En cualquier caso, estaba convencido de ello. A pesar de todo, no había renunciado a la posibilidad de que estuviera conchabada con Leo Gallagher para estafar a Max. Pero también sabía que, si el plan incluía la posibilidad de hacerle daño, ella no se prestaría.

Solo esperaba no equivocarse.

Cuando llegó a la mansión, fue inmediatamente en busca de Max y de Maite. Siguió el sonido de unas risas y los encontró en la sala de juegos, como la llamaba el anciano.

Maite y Max estaban sentados junto a la enorme mesita de café, lanzando monedas a una jarra de cerveza. Max se concentró en aquel mismo instante y lanzó una que fue a parar directamente al interior.

-¡Ajajá! Lo conseguí.

-¿Lo ves? Todo depende del ángulo en que coloques los dedos -dijo Maite.

-Pues la he metido, así que te toca beber. William negó con la cabeza, incrédulo, y entró en la sala.

-Hacía años que no veía a nadie jugando a ese juego.

Maite lo miró.

-¿Es que no lo jugabais en tu universidad para estirados y pretenciosos? Max rio.

-Yo también me alegro de verte -dijo William con ironía-. ¿Os habéis divertido? Veo que no te has comprado ropa...

William se refería a que llevaba unos simples vaqueros y una camiseta.

La mujer se levantó para que pudiera verla mejor. Los vaqueros le quedaban tan ajustados como una segunda piel, al igual que la camiseta, de escote lo suficientemente amplio como para dejar ver la parte superior de sus senos.

-¿No te gusta mi ropa, William? Oh, creo que has herido mis sentimientos.

William intentó controlar sus emociones para que ella no se diera cuenta del efecto que tenía en él, pero fracasó. Estaba acostumbrada a volver locos a los hombres y no podía darle tanta ventaja. Sin embargo, él no era como los demás. Tenía bastante experiencia en cuestiones de amor.

-No hemos ido de compras-explicó Max-. Maite me llevó a ver la casa de esa escritora y luego cominos en un restaurante lleno de turistas.

-Esa escritora era una gran escritora, y en cuanto a ese restaurante, era nada más y nada menos que la sala de té de Melanie. ¿Puedes creer que este hombre lleva setenta años en Atlanta y no ha leído Lo que el viento se llevó?

-Qué sacrilegio -murmuró William mientras se aflojaba la corbata.

Maite asintió e hizo caso omiso del sarcasmo.

-No puedo creerlo -continuó ella. Max arqueó una ceja y simuló que se había sentido muy insultado.

-Esta mañana ya me llamaste «carcamal» una vez y no me molestó. Pero me ofende que creas que soy tan viejo como para haber vivido la Guerra de Secesión.

-No me refería a la guerra de verdad, sino a que no hayas leído el libro ni visto la película.

-¿Te llamó «carcamal»? -preguntó William, asombrado con la camaradería que habían desarrollado.

Maite sonrió.

-¿Puedes creer que ni siquiera tiene equipo de CD en el coche?

-Ni equipo de CD ni ha leído Lo que el viento se llevó. Qué horror-se burló William otra vez.

-Ya he arreglado esa última cuestión -dijo ella.

Max suspiró.

-Me obligó a comprar el vídeo.

-Cierto. Y decidimos esperar a que tú llegaras para pedir la pizza -dijo ella.

-¿Pizza?

-Sí. Dado que mañana voy a ir a la fiesta de Max, hoy haremos lo que yo quiera.

A William le pareció bien. Había tenido un día muy largo y quería descansar un poco.

-Perfecto. ¿Tengo tiempo de cambiarme de ropa?

Ella asintió.

-Sí. Ah, y baja una caja de pañuelos, porque vamos a ver la película e igual derramamos algunas lágrimas al final.

-Si te atreves a contarme el final de la película, me enfadaré, jovencita -protestó Max-. Eso es tan malo como contar el final de un libro.

-Oh, me siento culpable...

-No me digas.

-Pues yo creo que contar el final de los libros está bien. ¿Para qué leer un libro entero si el final es malo?

-Porque lo interesante no es el final, sino la propia narración de los hechos -respondió Max-. Creo que te voy a tener que prestar unos cuantos libros para que descubras el placer de leer por leer.

-No conseguirás que un libro me guste por sus grandes palabras. Aunque si incluye sexo y asesinatos, es posible que me guste.

Max movió la cabeza, divertido.

-Tengo unos cuantos que cumplen tus requisitos. E incluso tienen finales que aprobarás -dijo-. Sin embargo, no sé por qué quieres volver a ver esa película si dices que al final vamos a llorar.

William hizo un esfuerzo por ocultar su sonrisa. Maite le estaba haciendo mucho bien al anciano, que parecía diez años más joven. Aquella mujer había devuelto a la vida a la vieja mansión.

-No le hagas caso, Max. El final es magnífico -dijo él.

-¿Qué quieres decir con eso, William? -preguntó ella-. Es un final trágico.

Max se tapó los oídos.

-No estoy oyendo nada -dijo. William sonrió.

-En mi opinión, es un final perfecto. Cualquier hombre que hubiera vivido con esa mujer más de un mes, se habría vuelto loco -dijo William antes de desaparecer-. Vuelvo enseguida... Scarlett.



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Re: ~Webnovela Tras el Pasado~ Levyrroni

Muchisimas gracias x subirnos otro capi Edee!

 

Me encanta la camaradería q se creó entre Maite y Max! El señor se va a encariñar muchisimo con Maite! Y William aunque todavía tiene sus dudas sobre el acuerdo entre Maite y Leo la conoce bastante bien y en el fondo confía en ella!

 

Voy a estar esperando ansiosa los siguientes capis Edee!

 

Besitos!

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Re: ~Webnovela Tras el Pasado~ Levyrroni

Gracias por el cap, está muy bien la web. La de dos hombres me gustó pero esta también. Siguelaa cuando puedas!!

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