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cyn112
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ωи » La Línea Caliente « • м&ω

[ Editado ]
Serie: La Línea Caliente

Fiebre

By: Cathryn Fox

 


 

Cassie invita a sus tres amigas, Maite, Jenna y Megan, a su boda en Chicago. Su futuro marido es bombero. Los miembros del cuerpo de bomberos de Chicago ofrecen un servicio especial en sus horas libres: la Línea Caliente, destinada a apagar los fuegos más íntimos de sus conciudadanas. Maite es periodista y quiere hacer un reportaje sobre la Línea Caliente. Cassie le recomienda que hable con William, uno de los bomberos más profesionales del cuerpo. Pero cuando Maite lo ve por primera vez, lo que tenía que ser una entrevista profesional se convierte en una llamada de socorro. Cuando Maite llama a William y le dice: «Mi conejito está muy enfermo. Creo que necesita que lo reanimen», el bombero entra en combustión espontanea.

 

*Maite es Sara

*William es Mitch

    
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cyn112
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Re: ωи » Fiebre « • м&ω

Hola Chicas aqui de nuevo!!

Creo que ya les di un buen descanso :smileyhappy:

Esta peque serie consiste de

3 historias en total

Un poco cortas pero con capis largos jeje

 

Besos

-Cyn

    
andulevyrroni
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Re: ωи » Fiebre « • м&ω

Que bueno cyn que traigas otra web, lei el argumento y me gusto mucho, estare pendiente cuando subas los capis :smileywink:

Besos!!

Quarzo
redheart
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Re: ωи » Fiebre « • м&ω

HOLA  MI CYN   , AMIX   QUE BUENO QUE NOS TRAES ESTA SAGA , GRACIAS

PUES POR EL TITULO   HUMMMMM  , SE NOTA   QUE A MAITE LE VAN A TENER   QUE APAGAR EL FUEGO Y QUE MEJOR   QUE WILLIAM   PARA EL TRABAJITO    :risa:

Junior
betty7080
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Re: ωи » Fiebre « • м&ω

cyn ya sabes que nos tienes de fieles lectoras asi q cuando puedas enpiezala...gracias!!!!

Diamante
marleine1
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Re: ωи » Fiebre « • м&ω

linda historia y a las chicas la gustaran

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cyn112
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Re: ωи » Fiebre « • м&ω

Capítulo 1
 

Maite Perroni, con un daiquiri de fresa en la mano, sopló con fuerza para apartarse un rizo caoba de la frente. Echó un vistazo por La Manguera; su analítica mirada de periodista se detuvo para examinar al grupo de hombres reunidos en torno a la mesa de billar. Los estudió durante un largo momento, como si la imagen de aquellos deliciosos traseros tuviese un gran interés periodístico. Por supuesto, en Trenton, Iowa, que es lo mismo que decir en El Culo del Mundo, una imagen como aquélla tenía interés periodístico de verdad. Pero suponía que allí en Chicago había bombones para parar un tren. Y se moría de ganas de pedir la especialidad del panadero para llevar. Trece tiernos, calientes y dulces bollicaos.

 

Mmmmm… ñam, ñam.

 

Le dio un sorbo a su afrutada bebida y volvió a pensar en el nombre del establecimiento. La Manguera. Qué nombre tan perfecto para el bar donde cada noche se reunían los bomberos de la Estación 419 a jugar al billar.

 

Maite se aisló totalmente del alboroto de la multitud e ignoró por completo a los miembros de la fiesta de compromiso sentados a la mesa contigua, para centrar por segunda vez su lasciva mirada en los tíos buenos que había en el bar. Sus observadores ojos se posaron en el sexy y bien equipado William Levy justo cuando se volvía en su dirección. Aquel hombre llevaba unos días calentándole la sangre y metiéndose bajo su piel sin darse ni cuenta.

 

Mientras ella devoraba sus anchos hombros, su durísimo estómago y sus firmes muslos, una lenta calidez gravitó hacia el sur de su cuerpo y empezó a arder. Se le secaron los labios de repente y se los humedeció. Divagaba, pensaba en todas las traviesas formas que podía tener William de ayudarla a extinguir aquellas brasas que ardían a fuego lento. Su físico parecía esculpido y su sonrisa era capaz de avivar las ascuas de cualquier mujer.

 

La Manguera… Volvió a considerar el nombre del local mientras bajaba la mirada algunos centímetros por debajo del cinturón de piel de William. Qué gran nombre para un bar de bomberos; nombre que sospechaba, o por lo menos esperaba, que no tuviese nada que ver con su profesión.

 

Con una cerveza en una mano y el taco de billar en la otra, William cruzó las piernas perezosamente a la altura de los tobillos y se inclinó sobre la mesa de billar. El pelo oscuro bien cortito le daba un encantador aire de chico bueno, pero Maite sospechaba que era de todo menos eso.

 

A diferencia de los «buenos chicos» con los que había salido anteriormente —chicos agradables y sin carácter que la aburrían mortalmente dentro y fuera del dormitorio—, William desprendía una cruda sexualidad que gritaba sexo, pecado y… peligro. Maite se estremeció. Casi violentamente. Se sorprendió de lo que la excitaba su tensión carnal.

 

Volvió a recorrer el cuerpo de William con la mirada, recreándose en su recia mandíbula, sus perfectos dientes blancos, su alto cuerpo atlético y su actitud de chico malo. La conciencia sexual recorrió el cuerpo de Maite y le calentó la sangre. Su mirada viajó hacia delante y hacia arriba hasta que se encontró con un par de ojos azules que brillaron de oscuro deseo al toparse con los suyos. William le dedicó una mirada que sugería todo tipo de insinuaciones, todo tipo de perversas posibilidades.

 

Maite inspiró; sentía el eco de los latidos de su corazón en el cuello. Se limpió las manos en sus ajustados téjanos y la tela absorbió la humedad.

 

Cuando William se dio cuenta de que ella le estaba observando, se puso tenso, se le dilataron las fosas nasales y la rigidez que se dibujaba en su rostro enmarcó su sensual boca. En aquel breve instante en el que sus miradas se cruzaron, compartieron un acalorado intercambio que podría haber hecho arder todo el local.

 

Maite pensó que ella no podía ser la única mujer que se sintiera atraída por la poderosa sexualidad de William. Miró a su alrededor y se dio cuenta del modo en que las demás mujeres le miraban; el lenguaje corporal de aquellas chicas indicaba que estaban más que predispuestas a visitar su estación y a recibir precisas y personalizadas instrucciones de cómo manejar la manguera.

 

Justo en aquel momento se acercó a la mesa Cassie Williams, la preciosa futura novia y la mujer responsable del inesperado viaje a Chicago de Maite. Ésta agradeció la distracción y cambió su silla de posición para sentarse delante de ella.

 

Maite y Cassie eran grandes amigas desde la guardería, razón por la cual ella y sus otras amigas, Jenna Powers y Megan Wagner, lo habían dejado todo y se habían subido al primer avión con destino a Chicago. Ningún motivo inferior a una catástrofe de categoría cinco las podría privar de asistir a la boda de Cassie con Nick Cameron, un bombero muy sexy.

 

Maite se centró en Cassie, aunque su cuerpo aún estaba bajo los efectos de la lujuriosa mirada de William.

 

—Es bastante guapo, ¿verdad? —preguntó Cassie con una mirada de complicidad mientras señalaba a William.

 

—¿Qué? ¿Quién? —dijo Maite fingiendo inocencia.

 

Cassie se sentó, se acercó a ella y le dio un cariñoso golpecito en la nariz.

 

—Ten cuidado con él, Maite. No es como los chicos buenos que has conocido hasta ahora. —Se quedó callada un momento mientras Maite consideraba su advertencia. Luego bajó la voz y añadió—: William Levy es… peligroso.

 

—¿Peligroso? —preguntó Maite al mismo tiempo que se le aceleraba el pulso y su temperatura interior aumentaba.

 

—Sí, peligroso. Un chico así te puede robar el corazón sin apenas intentarlo. Y como eres una chica qué busca compromiso y no quiere que le rompan el corazón, te sugiero que, si empiezas algo con él, lo hagas con los ojos bien abiertos.

 

Ojos bien abiertos. Piernas bien abiertas. Cuantas posibilidades…

 

—Conozco lo suficiente a William para saber que es un playboy al que no le van las ataduras; es la fantasía de cualquier mujer.

 

Playboy. Fantasía. Sin ataduras. Maite no acababa de verle el inconveniente. Cassie agachó un poco la cabeza.

 

—Cuando conozcas al chico adecuado lo sabrás.

 

Maite encogió un hombro.

 

—Tal vez no esté buscando al chico adecuado.—Sí que le encantaría dar con el Sr. Perfecto y sentar la cabeza, pero no esperaba encontrar a su «caballero de la brillante armadura» en un rebelde como William; lo que esperaba encontrar en él era a un chico malo que al mismo tiempo fuese muy, muy bueno.

 

—Es un gran chico con el que pasarlo bien, pero no esperes nada más —dijo Cassie—. No quiero que te hagan daño.

 

Maite trató de acallar su deseo y luchó para que no le temblase la voz. Intentando parecer despreocupada, se puso a jugar con su pajita y dijo:

 

—¿Cómo va a hacerme daño? Sólo estaré aquí dos semanas de vacaciones. —Deslizó el dedo por el perímetro del vaso y continuó—: Vacaciones del trabajo y de la realidad. —De repente se dio cuenta de que precisamente lo que necesitaba era romper con la realidad y tener una aventura muy caliente con un «peligroso» bombero condenadamente guapo. ¿Cómo era aquel viejo dicho sobre las vacaciones? Lo que pasó en Las Vegas se quedó en Las Vegas. Seguro que eso también se podía aplicar a Chicago. ¿Por qué no podía tener una aventura salvaje y sin ataduras y poner en práctica algunas de sus propias fantasías sobre bomberos? Así por lo menos tendría algo cálido que recordar cuando regresase a Iowa y a su rutinario e insignificante trabajo como reportera en una revista de poca monta de Trenton.  

    
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cyn112
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Re: ωи » Fiebre « • м&ω

El mero pensamiento de volver a aquella oficina para escribir otro artículo sobre vacas la hizo estremecer. Su trabajo ideal era escribir artículos picantes para Entice, una joven revista de moda para mujeres modernas y sexualmente activas de Chicago. Su objetivo era escribir una gran historia muy sexy para impresionar a los editores de Entice. Desgraciadamente, las historias picantes escaseaban en su pequeña ciudad.

 

Maite escuchó la voz de Cassie de nuevo y volvió a la realidad.

 

—Para él las mujeres sólo son bancos de esperma. Frunció los labios.

 

—¿Bancos de esperma, eh? —Hacía demasiado tiempo que Maite no recibía ningún depósito.

 

Miró por encima del hombro de Cassie y vio que William observaba su conversación con interés; parecía que supiese exactamente de lo que estaban hablando. Se pasó las manos por la barbilla y Maite clavó la mirada en la yema de sus dedos.

 

Su corazón empezó a latir con fuerza cuando imaginó lo que sería sentir aquellos dedos acariciando su cuerpo y tocando sus zonas más íntimas. Imaginó la boca de William devorando la suya, aquellas manos en sus pechos, su gruesa p0lla entrando con fuerza en su c0ñ0, follándola como nadie la había f0llad0 antes.

 

Justo entonces sus miradas se encontraron y, en ese preciso instante, Maite supo que no podía hacer nada mejor que aceptar algunos depósitos de aquel tipo duro. Alguien llamó a William desde la otra punta del local. El se dio la vuelta y se fue en dirección a aquella voz, desapareciendo del campo de visión de Maite. Inspiró con fuerza y volvió a centrar toda su atención en las chicas para ponerse al día de la conversación que, por lo que parecía, estaba empezando a subir de temperatura.

 

Megan, que jamás se había caracterizado por ser una persona sutil, fue directamente al grano:

 

—Dime, Cassie, ¿Nick es bueno en la cama? Cassie sonreía reservada, pero el fuego de sus ojos hablaba por sí solo.

 

—Ya sabes que no soy de las que cuando se besan con un chico luego lo van explicando por ahí.

 

—No te estoy preguntando si sabe besar, te estoy preguntando si sabe fo…

 

—Por favor, Megan —la interrumpió Jenna—, ¿qué clase de pregunta es ésa? Megan se encogió de hombros. —Sólo estoy preguntando, nada más.

 

—Lo que deberías estar preguntando es si sabe cómo funciona una vagina. Porque el último tío con el que me enrollé era incapaz de encontrar mi punto G sin una brújula y un mapa.

 

El coro de carcajadas que procedía de la mesa llamó la atención de todos los que estaban cerca de las cuatro amigas. Maite, riéndose aún, apoyó el codo sobre la mesa y bajó el tono de voz.

 

—¿Crees que lo tuyo es malo? —susurró apoyando la barbilla en la mano—. Mi última cita pensaba que el punto G era el billete de cinco dólares que cada mañana le daba a la camarera a cambio del café y el periódico.

 

—Vale, ya que estamos en un concurso de mi-novio-cree-que-una-vulva-es-lo-que- conduce-cada-mañana-para-llegar-al-trabajo, voy a participar —añadió Megan apoyando las palmas de las manos sobre la mesa con una irónica sonrisa en los labios—. Mi ex marido creía que una fellatio era algo que se puede pedir de postre en una pizzería. —Se golpeó la frente con la mano—. ¡Y yo me casé con él! ¿En qué narices estaría pensando? —Después de la confesión de Megan hubo una ronda de exclamaciones.

 

—Vale, tú ganas —dijo Maite antes de volver a centrar la atención en su bebida.

 

Tal vez el alcohol ayudaría a aliviar aquella dolorosa verdad: todos los hombres que había en esta ciudad eran tan aburridos en la cama como fuera de ella. Cassie se inclinó hacia delante. Se deslizó algo debajo de la mano y lo puso encima de la mesa.

 

—En realidad, Hay una manera de que podáis ganar todas. Pero esta vez ganar significa que no necesitaréis mapas, no tendréis que dar detalladas explicaciones y no habrá pizzerías.

 

Antes de continuar Cassie miró a su alrededor. El tono de su voz bajó una octava, parecía que las cuatro mujeres reunidas en torno a la mesa estuviesen organizando algún plan secreto para dominar el mundo.

 

—Esto es sólo una estupenda y antigua diversión en la que todos los implicados saben lo que es el punto G y cómo funciona. Las demás se inclinaron sobre la mesa como había hecho Cassie. Megan, igual que Cassie, también bajó el tono de voz.

 

—¿De qué estás hablando? Cassie retiró la mano de la mesa y dejó ver una pequeña tarjeta de visita de color blanco. El silencio se adueñó leí grupo, que rápidamente centró los ojos en aquel pequeño pedazo de cartón. Un momento después Jenna rompió el silencio.

 

—¿La Línea Caliente? Maite, que creía entender bastante bien lo que Cassie estaba sugiriendo, cogió la tarjeta para mirarla de cerca. Simplemente se leía: «La Línea Caliente», y había un número de teléfono: 555- FUEGO.

 

Maite lanzó a Cassie una incisiva mirada; por su mente desfilaron todo tipo de imágenes indecentes. Arqueó una ceja; la periodista que había en ella necesitaba aclaraciones; la mujer ardía de excitación.

 

—¿Qué diablos es la Línea Caliente, Cassie? —preguntó examinando la tarjeta.

 

—Es una manera de que os lo paséis bien con hombres que saben cómo manejar el cuerpo de una mujer.

 

—¿Ah, sí? —respondió Megan rápidamente con los ojos brillando de excitación—. Ilústrame, nena.

 

Cassie dio un golpecito sobre la tarjeta que Maite seguía agarrando como si su vida dependiese de ella. Vale, tal vez su vida no dependía de ella, pero estaba clarísimo que su libido sí.

 

Cassie fue directa al grano. —Si llamas a la Línea Caliente y dices que necesitas ayuda, aparecerá en tu puerta un bombero sexy y perfectamente equipado dispuesto a apagar todos tus fuegos…

 

—¿En serio? ¡Dame esa tarjeta! —Megan esbozó una gran sonrisa.

 

La malicia se adueñó de su mirada mientras cogía rápidamente la tarjeta que seguía entre las manos de Maite. Esta apretó la entrepierna ante la expectativa y recuperó la tarjeta; su faceta detectivesca pedía pruebas.

 

—¿Esto es real? Cassie le cogió las manos y las apretó.

 

—Absolutamente. ¿Cómo crees que conocí a Nick? —Sus ojos reflejaban honestidad, y no había nada en su tono de voz que sugiriese lo contrario—. También es un secreto muy bien guardado. —Se quedó callada un momento y luego añadió—:

 

Confío en que sabréis qué hacer con la información.

    
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cyn112
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Re: ωи » Fiebre « • м&ω

De repente, el cuerpo de Maite se puso en alerta máxima. Sabía que William estaba de pie justo detrás de ella, le había sentido mucho antes de verle. El calor que desprendía la envolvió; su olor 

la abrazaba como una cálida manta. Inspiró y se llenó los pulmones de su picante aroma; su cuerpo reaccionaba siempre que él estaba cerca. El deseo la recorría y no podía parar de pensar en todas las maneras en que William podía ayudarla a avivar ese fuego.

 

Él se inclinó por encima de su hombro y cogió un puñado de frutos secos. Ella, temblando, inspiró profundamente; la humedad aumentaba entre sus piernas. Tapó la tarjeta con la mano y se

dio la vuelta. Al verlo tan cerca su libido reaccionó con urgentes demandas: exigía toda la atención de William.

 

Su sonrisa de chico malo provocó reacciones deliciosas en el interior de Maite, que se ruborizó de inmediato. Aquel hombre la llevaba tan hasta el límite, la hacía sentir tan fuera de control, tan j0didamente caliente…

      

William, adoptando un tono de voz muy suave, se dirigió sólo a ella.

      

—Me tengo que ir. Estaré en la estación —su tono de voz era grave, profundamente íntimo. Su sensual voz de tenor la envolvió y se le endurecieron los pezones. A medida que la tensión sexual aumentaba entre ellos, una necesidad básica y elemental se hizo con el control. A Maite se le hacía la boca agua y notó que su c0ñ0 se moría por deslizarse por el mástil de William y cabalgarlo con salvaje abandono.

      

Una ronda de «Noches G» siguió a William mientras rodeaba la mesa para marcharse.

      

Antes de irse, William dedicó una sugestiva mirada a Maite, le tocó el hombro y acarició su mejilla con los nudillos tan suavemente que estimuló todas sus terminaciones nerviosas. Había algo que la obligaba a devolverle la caricia. Cuando ella puso la mano encima de la de él, la pasión se apoderó de los ojos de William. Su profunda y seductora mirada decía que no sólo se la podía f0llar y f0llársela bien, sino que también podía hacer que todas sus fantasías se hiciesen realidad.


Luego miró la otra mano de Maite; la que estaba tapando la tarjeta.

      

«¿Sabía él lo que estaba escondiendo?»

     

William hizo una pequeña pausa; parecía considerar detenidamente sus palabras. Entonces, con una expresión tierna y cálida al mismo tiempo, adoptó un tono de voz sexy y profundo y le susurró al oído:

      

—Luego. —Y desapareció entre la gente.

      

¡Madre mía! Aquella palabra, combinada con todos los elementos de su voz y su comportamiento, lo decía todo; se quedó loca por descubrir la verdad sobre la Línea Caliente.

      

¿Realmente aquellos bomberos arriesgaban sus vidas a diario para apagar peligrosos fuegos y bajar pequeños gatos de los árboles, al mismo tiempo que rescataban a mujeres libidinosas? Se tomó un momento para considerar la idea. Si marcase aquel número, ¿aparecería el sexy y estupendamente equipado William Levy en su puerta y la ayudaría a sofocar las llamas de deseo

que la consumían?

      

Tragó. Con fuerza.

      

Su mente iba a mil por hora y la reportera que había en ella se empezaba a animar. Con despreocupada serenidad cogió la tarjeta y se la metió en el bolsillo. En aquel momento se dio

cuenta de que, si la Línea Caliente existía de verdad, se le acababa de presentar la oportunidad perfecta de escribir una historia picante. Y si además le daba su toque personal provocativo, podría ser justo el artículo que necesitaba para emprender su carrera en la revista Entice.

      

Levantó la vista justo a tiempo para ver cómo William salía por la puerta. La estupenda imagen de su firme trasero la estremeció de deseo. Inspiró intentando tranquilizarse y trató de

sofocar la creciente lujuria de su interior.

      

Mientras sus dedos jugueteaban con las esquinas de la tarjeta, su mente se llenaba de salvajes y traviesas ideas. Naturalmente, como cualquier buena periodista, tendría que hacer un poco de investigación por su cuenta antes de escribir el artículo. Y ya, de paso, planeaba explorar algunas de sus fantasías con bomberos durante el proceso.

 

—No voy. —William, malhumorado, tiró las cartas sobre la mesa y se presionó los ojos con las palmas dé las manos. Dios, nunca se había sentido ni tan inquieto ni tan nervioso. Allí estaba, horas después de la última vez que había puesto los ojos sobre Maite Perroni, y aún no se había podido librar de aquella maldita excitación.

      

Su mente divagó; se imaginó lo que sería perderse en aquellos preciosos ojos color café que tenía Maite. Lo que sentiría al deslizar sus dedos entre sus sedosos rizos caoba y al acariciar su

torneado cuerpo hasta que ella se entregase a él por completo; hasta que fuese suya para poder hacer con ella lo que quisiese.

       

Había algo en ella… Un dulce aire de chica buena que se le metía bajo la piel y le calentaba la sangre más deprisa que un buen trago de whisky. Estaba realmente sorprendido. Maite tenía cara

de chica buena y un cuerpo lleno de curvas; era la antítesis de las estilosas y refinadas mujeres urbanitas con las que acostumbraba salir.

      

Pero Maite era capaz de incendiar su libido con una sola ardiente mirada. Si aquel fuego se descontrolaba, podía alcanzar proporciones peligrosas.

      

Naturalmente, no tenía ninguna intención de dejar ese fuego desatendido. Como bombero, tenía el deber de apagar hasta la última llama, incluso aunque tuviese que hacerlo con sus propias

manos. Al pensar en ello, apretó los puños con fuerza y su respiración se aceleró.

       

A pesar de que le habían advertido que se mantuviese alejado de Maite, aquella mujer había invadido sus sueños y cuando estaba despierto aparecía en todos sus pensamientos. Dios, jamás

había conocido a una mujer tan sexy. Y por si fuera poco, cuando ella le miraba con aquel oscuro y apasionado deseo ardiente en los ojos, se le hinchaba tanto la polla que le dolía.

      

—¿Qué te pasa? ¿No puedes aguantar la presión? —Dean Beckman, con aire burlón, dejó las cartas encima de la mesa revelando tres sotas—. ¿O tiene que ver otra vez con Shelly? —Hizo un gesto con la cabeza hacia el teléfono privado que tenían en sus dormitorios.


    
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cyn112
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Re: ωи » Fiebre « • м&ω

[ Editado ]

—Llamó hace un rato. —Brady Wade intervino antes de dejar también las cartas sobre la mesa. Luego se agachó para dar unas palmaditas a Jag, su labrador retriever color chocolate. Dado que Brady tenía debilidad por los labradores, la Estación 419 era la única de la zona que no contaba con el clásico dálmata.

 

William maldijo entre dientes y se balanceó sobre la silla sujetándose sólo sobre las patas traseras. Shelly, su ex novia desde hacía un año, siempre le llamaba cuando rompía con alguien. Aquella mujer cambiaba de hombre tan rápido como de zapatos.

 

—Parecía enfadada, como si hubiese estado llorando. Supongo que está buscando un hombre fuerte que la consuele —dijo Dean.

 

—Es una manera de verlo —contestó William. Todos sabían que no era precisamente el hombro de William sobre el que se quería apoyar, pero él no tenía ninguna intención de ser su juguete de transición.

 

Hubo un tiempo en que pensó que la quería y en que creía que ella se preocupaba por él. Pero pronto se dio cuenta de que, como todas las mujeres con las que había estado, lo único que quería era de él era vivir una fantasía. Era su peligroso y heroico trabajo lo que atraía a las mujeres, no el hombre que había tras el uniforme; un hombre que trabajaba muchas horas y que estaba fuera de casa con demasiada frecuencia. Desde su última ruptura, había aprendido a encerrarse emocionalmente; se entregaba físicamente, pero se mostraba frío y distante.

 

Cuando pensó en entregarse físicamente, su mente le llevó con rapidez hasta Maite. Ella también quería hacer realidad con él sus fantasías; William lo sabía. Una noche de lujuria salvaje mientras estaba de vacaciones. Lo había visto en sus ojos, lo había leído en todos sus movimientos.

 

Y a pesar de que era muy capaz de satisfacer la salvaje fantasía de Maite, como Nick Cameron le había pedido que se mantuviese alejado de Maite, porque él era un reputado chico de una sola noche y ella era una chica de una pequeña ciudad que no solía buscar aventuras fugaces, William trató de no contrariarlo. Según Cassie, la prometida de Nick, Maite no se tomaba el sex0 a la ligera, y lo último que quería Nick era que alguien lastimase a una de las mejores amigas de su novia justo cuando habían ido a Chicago para asistir a la boda.

 

Nick y William no eran sólo compañeros de trabajo, también eran amigos. Nick le había salvado el culo una o dos veces estando de servicio y William le tenía en muy alta consideración, por lo que no quería causarle problemas.

 

Eso significaba que aquella noche y todas las noches a partir de entonces, y hasta que Maite volviese a Iowa y pudiese hacerla desaparecer de su mente, tendría que resolver el asunto con sus propias manos.

 

Literalmente.

 

Por lo menos podía estirarse en la cama y fantasear con ella, ¿no? Podía imaginar lo que sería saborear su boca y sus pechos, o abrir sus suaves y rosados labios con la lengua y degustar su feminidad. Intentar adivinar lo que sentiría si ella se subiese encima de él, se metiese su dura polla dentro y lo montase febrilmente hasta que sus fluidos internos se vertiesen sobre su v3rga.

 

William apretó los dientes e, incómodo, cambió de postura en la silla. Decidió que ya era hora de irse a dormir y de atender el dolor de su ingle.

 

El estridente sonido del teléfono especial le alejó de sus meditaciones y le ayudó a poner en orden sus pensamientos.

 

—Yo lo cojo. —Recibió la distracción con agrado. Se puso en pie y se alejó de la mesa en la que estaban jugando a cartas. Tranquilamente empezó a cruzar la habitación.

 

J0der. Tal vez esa noche debería coger la llamada. Hacía mucho tiempo que no participaba en la Línea Caliente, pero quizás una cama suave y una mujer aún más suave le ayudarían a aliviar la tensión y a olvidarse de Maite.

 

Cuando vio el número que aparecía en el teléfono, se le aceleró el corazón y su presión sanguínea aumentó. ¡Madre mía! Todo su cuerpo reaccionó al ver el nombre que se leía en la pequeña pantalla del aparato. Su tensión se amotinó cuando su polla empezó a pedirle a gritos que contestase al teléfono y todo su cuerpo se unía en creciente demanda sexual.

 

¿Qué se suponía que debía hacer ahora?

 

A pesar de que su durísima polla le chillaba que contestase al teléfono y le diese a Maite exactamente lo que quería, dio un moderado paso atrás, pero no se alejó lo suficiente del aparato como para no poder cogerlo. Deseaba cogerlo. Pero no quería cogerlo. Vale, sí que quería cogerlo, pero no iba a hacerlo.

 

No iba a contestar la llamada.

 

En absoluto.

 

De ninguna manera.

 

«Vete, William. Vete.»

 

Antes de que pudiera detenerse a sí mismo sus dedos se cerraron sobre el auricular y lo apretaron hasta que se le pusieron los nudillos blancos.

 

Justo en ese momento Dean asomó la cabeza por la esquina. Sonriendo como el loco e intuitivo hijo de puta que era, preguntó:

 

—¿Quieres que lo coja yo?

 

—Yo lo cojo. —William gruñó y arrancó el teléfono de la base. Lo presionó sobre su oído y dijo bruscamente—: Hola.

 

Al otro extremo escuchó la suave y sexy voz de Maite.

 

—¿William?

 

—¿Sí?

 

Maite, pasando por alto las cortesías, fue directa al grano.

 

—Mi conejito está muy enfermo. Creo que necesita que lo reanimen.

 

¡Madre de Dios! William se golpeó la frente con la mano y suspiró mientras se esforzaba por aliviar su creciente libido. Fracasó.

 

La lujuria recorrió su cuerpo como un furioso fuego en un bosque; empezó a temblar de necesidad reprimida. Emitió un rugido interior. Se sentía incapaz de controlar al animal primitivo que trataba de abrirse paso hacia el exterior y que amenazaba con destruir su determinación de mantener las distancias. A pesar de ello, tenía toda la intención de reanimar al conejito de Maite una y otra vez utilizando todos los medios a su alcance.

 

Si ella esperaba menos, había llamado al chico equivocado la noche equivocada.