México.- Alebrijes de todos colores y sabores. Monstruos de dos y hasta tres cabezas. Peces con lámparas para iluminar las profundidades del mar. Leones con alas. Dragones morados. Hormigas y moscas gigantes desfilaron ayer desde el Centro Histórico de la Ciudad de México hasta el Ángel de la Independencia.
Viejos que se convierten en niños, adultos que recuerdan su infancia y que por unas horas se sienten tocados por el mundo de las fábulas, las leyendas, los sueños y los mitos, recreados en los Bestiarios escritos por autores como Julio Cortázar o Juan José Arreola.
En sólo unas horas, los asistentes dieron un paseo por el mundo que construyó el artista mexicano Pedro Linares López en 1936 —creador de los alebrijes—, inspirado en las historias que su abuelo le contaba de niño.
El segundo Desfile de alebrijes monumentales —organizado por el Museo de Arte Popular de la Ciudad de México— registró fantásticas figuras de múltiples formas. Risas aquí y allá. Gritos. Porras. Batucadas. Bandas de música norteña. Payasos. Parcas. Bailarines con zancos.
Cientos de personas que se olvidaron de sus problemas, de las tomas del Senado de la República, por las adelitas de Andrés Manuel López Obrador. Gente que invadió el centro, se amontonó y se divirtió con esta manifestación artística mexicana.
Walter Boelsterly, director del Museo de Arte Popular, señala que en esta ocasión participaron 68 alebrijes, pero en total se inscribieron 86. El objetivo de este desfile es generar una tradición que perdure en el Distrito Federal y que se realice entre el 15 de septiembre y el Día de Muertos, a principios de noviembre.
Dirigido a toda la comunidad artística, pero sobre todo a los artesanos de México, en el desfile participan lo mismo colectivos, empresas, familias, museos que individuos.
Además del desfile, se realizó un concurso para seleccionar la figura ganadora. El jurado tomó en cuenta estética, técnica, calidad creativa y proporciones.
Javier Pasarán Méndez, integrante del Colectivo Yolihuani, señala que su alebrije recrea al “Devorador de los sueños”. Elaborarla les tomó 18 días. Su intención era reflejar un ente que se apropia de las ideas y metas de la gente.
Junto al resto de miembros de Yolihuani, explica que el año pasado también participaron. Para ellos, lo más importante de este tipo de actos es el rescate de una tradición mexicana, “pues al ser la capital un epicentro de todas las expresiones del país, no hay algo que los represente”.
El desfile concluyó en el Ángel de la Independencia. A su paso se unieron todo tipo de personas: policías, integrantes de Antorcha Campesina o miembros de los 400 pueblos que prefirieron celebrar, cantar y bailar, que protestar. Bomberos. Barrenderos. Niños pequeños y grandes; padres, mujeres embarazadas, abuelos que con sus sonrisas recuperaron, por unos instantes, fábulas, sueños, mitos y leyendas a las que evocan los alebrijes.
La ceremonia de premiación a la mejor pieza se realizó ayer a las siete de la noche en las instalaciones del Museo de Arte Popular, Revillagigedo 11, Centro Histórico.