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dhai2010
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[[Nueva Mini Web]]--=||♥||UNA GRAN PROMESA||♥||

Hola niñas soy yo dhariana...osea dhay para las amigas... aqui vengo con otra web se la voy a subir entre si ustedes quieren aqui le dejos el argumento a haber que le parece la web.... y el links de mis otras webs que ya estan terminadas para que se las lean por si quieren seguir leyendo webs.



 

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dhai2010
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Re: [[Nueva Mini Web]]--=||♥||UNA GRAN PROMESA||♥||

UNA GRAN PROMESA

 Argumento:

Acababa de recibir una sorprendente proposición de un perfecto caballero británico…

 

Cuando se ofreció a cuidar a Pip, su sobrina de once años,Dulce Maria Rowberry no esperaba acabar buscando al verdadero padre de la niña.

 

La búsqueda las condujo hasta Christopher Dangerfield, un hombre encantador... e increíblemente atractivo.

 

Desde el primer momento trató a Dulce Maria y a Pip como si fueran de la familia y las llevó a ver los lugares más hermosos de Londres y de la costa sur de Inglaterra.

 

Sin darse cuenta,Dulce Maria se había enamorado de Christopher pero, por el bien de Pip, debía ocultar sus sentimientos. Pero entonces descubrió el secreto de Christopher...

 

Diganme si ya la subieron

para asi no subirla y subir otra!!!

 

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adileyne
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Re: [[Nueva Mini Web]]--=||♥||UNA GRAN PROMESA||♥||

COMIENZALA PRONTO

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adileyne
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Re: [[Nueva Mini Web]]--=||♥||UNA GRAN PROMESA||♥||

 
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adileyne
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Re: [[Nueva Mini Web]]--=||♥||UNA GRAN PROMESA||♥||

 
dharialys
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Re: [[Nueva Mini Web]]--=||♥||UNA GRAN PROMESA||♥||

Capítulo 1

 

Estaba en la cocina de su antigua y un poco destartalada casa cuando, al sentir que su sobrina la miraba, su media sobrina para ser exactos, Dulce Maria dejó de planchar la camisa del uniforme y levantó la mirada.

 

—¿Qué? —preguntó. Pip la miró a los ojos durante unos segundos y luego, poniéndose colorada, contestó a toda velocidad:

 

Dulce Maria , ¿tú sabes quién es mi padre? La pregunta fue tan inesperada que Leyne temió haberse quedado con la boca abierta.

 

Pip nunca había mostrado la menor curiosidad por saber quién era su padre y ahora precisamente no era el mejor momento para empezar a hacer preguntas.

 

—Pues... no, cariño, no lo sé —contestó con sinceridad.

 

—Ya —su sobrina aceptó esa respuesta y siguió haciendo preguntas sobre el trabajo de historia que debía tener terminado por la mañana.

 

Dulce Maria esperaba que la pregunta sobre su padre hubiera sido formulada de manera fortuita, pero cuando se metió en la cama por la noche no pudo quitarse de la cabeza la mirada de Pip, la hija de once años de su hermanastra.

 

Pip era una niña dulce y encantadora, pero de vez en cuando, sólo de vez en cuando, en sus preciosos ojos verdes había una mirada directa y absolutamente obstinada. Si no recibía una respuesta clara o alguien no le explicaba el porqué de algo, insistía e insistía hasta conseguir una respuesta.

 

Esperando que la pregunta sobre su padre hubiera sido circunstancial, Dulce Maria la había llevado a ella y a su amiga Alice al colegio. Y luego había ido a su oficina, en la que trabajaba como subdirectora administrativa, dándole vueltas a la cabeza.

 

Maxine, la madre de Pip, se había marchado del país en un viaje de trabajo menos de una semana antes.

 

—¿Seguro que no te importa cuidar de ella? —había insistido por enésima vez el día anterior, por teléfono, desde el aeropuerto de Madrid.

 

Al principio, Max había rechazado la fabulosa oportunidad de acompañar a Ben Turnbull, uno de los fotógrafos más importantes del mundo cuando, aún recuperándose de un accidente de tráfico, Turnbull tuvo que enfrentarse con el hecho de que o llevaba un ayudante o tendría que rechazar el encargo. Y, aparentemente, no estaba dispuesto a rechazar el trabajo aunque tuviera que llevarse doce ayudantes.

 

Max, a los treinta y cinco años y a pesar de los inconvenientes de ser madre soltera, era una fotógrafa reconocida y su nombre debía haber llegado a oídos del gran Ben Turnbull porque, un día, les llegó una carta solicitando que lo acompañase. Turnbull, sin molestarse en hablar con ella o hacerle una entrevista, le había ofrecido un trabajo que cualquier fotógrafo aceptaría sin dudar.

 

Dulce Maria recordaba cómo se habían iluminado los ojos de su hermanastra al leer la oferta:

dharialys
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Re: [[Nueva Mini Web]]--=||♥||UNA GRAN PROMESA||♥||

seis meses viajando por el mundo, posiblemente más, con todos los gastos pagados, un salario más que interesante y la oportunidad de fotografiar animales en su hábitat, paisajes, flores exóticas, tribus indígenas...

 

A Max se le había hecho la boca agua. No había tardado mucho, sin embargo, en decidir que no podía aceptar la oferta.

 

—No puedo hacerlo —dijo, cuando la realidad asomó su fea cara.

 

—¿Por qué no? —preguntó Dulce Maria , sintiendo la desilusión de su hermanastra como si fuera propia.

 

—¿Tienes que preguntar? —replicó Max, mirando la preciosa fotografía en blanco y negro de su hija Philippa que había tomado unos meses antes.

 

—¿Te molesta dejar a Pip conmigo?

 

—¿Por qué iba a molestarme dejarla contigo? Te llevas de maravilla con ella. Además, seguro que contigo lo pasa mejor. Yo siempre llego tarde a casa y no puedo acompañarla a ningún sitio...

 

—He cuidado de Pip en otras ocasiones —asintió Dulce Maria —. Y ya sabes que para mí no es ningún problema. Puedo trabajar desde casa si fuera necesario. De hecho, ahora que vamos a mudarnos a una oficina más grande se alegrarán de que haga mi trabajo desde aquí. Max la miró fijamente y Dulce Maria supo que su hermanastra se lo estaba pensando.

 

—Pero es que nunca he estado fuera de casa tanto tiempo.

 

—Pero es una oportunidad maravillosa. Y además de serlo, cuando vuelvas tu nombre será más conocido.

 

—Si pudiera llevarme a Pip...

 

—Yo no querría que te la llevases —protestó Dulce Maria .

 

—Sí, ya lo sé, eres como una segunda madre para ella —suspiró su hermanastra.

 

—Es imposible no querer a tu hija —comentó Dulce Maria sencillamente, recordando que Pip había nacido poco después de la muerte de su padre. Era una niña adorable y para Dulce Maria había sido amor a primera vista.

 

Dulce Maria tenía entonces once años, como Pip ahora, y había estado pendiente de ella desde el primer día. Si había llegado al mundo para ayudarla a superar la muerte de su padre, no podía haber llegado en mejor momento.

 

—A Pip le va muy bien en el colegio —dijo Max, pensativa—. Y parece que ya casi no tiene problemas de asma. Pero... no sé, Dulce Maria .

 

Me parece mucha cara dejarte aquí con ella mientras yo viajo por todo el mundo. Por no decir cuánto va a dolerme no ver a mi hija en seis meses. O a ti.

 

Dulce Maria se dio cuenta de que era una decisión importante para Max. La vida no había sido fácil para su hermanastra. Dulce Maria y su madre la habían ayudado mucho cuando nació Pip, pero la responsabilidad había pesado desde el principio sobre ella.

 

—Míralo desde otro ángulo. ¿Qué significará esto para tu carrera? Max consideró la pregunta durante unos segundos:

 

—Bueno, además de la experiencia que podría conseguir trabajando con Ben Turnbull y lo que re presentaría para mi curriculum profesional, podría fotografiar sitios que he soñado fotografiar siempre... Y el dinero me vendría muy bien.

 

Pip, aunque todavía es muy joven, está empezando a interesarse por la ropa cara, por los viajes... y me gustaría darle algún capricho en lugar de decirle, como siempre, que no podemos permitírnoslo.

 

Siguieron hablando de ello mientras tomaban café y estaba muy claro para Dulce Maria que su hermanastra debía decidir aceptar la sensacional oferta, pero al final fue ella misma quien sugirió:

 

—¿Por qué no le preguntas a Pip? A ver qué piensa ella.

 

—No me gusta la idea de no verte en seis meses —había contestado la niña—. Pero me sentaría fatal que no aceptases por mi culpa. Tienes que ir, mamá.

 

—Siempre he dicho que eras la mejor hija del mundo —rió Max, abrazándola. Pip sonrió.

 

—Iría contigo, pero alguien tiene que quedarse en casa para cuidar de Dulce Maria . De modo que la decisión estaba tomada. Pero, como suponía, la última vez que Dulce Maria y Max estuvieron a solas, su hermanastra seguía mostrando dudas. —¿De verdad no te importa cuidar de Pip?

 

—En absoluto. Lo pasaremos muy bien.

 

—¿Y si empieza a ponerse... difícil? Ya sabes cómo son los adolescentes.

 

—¿Pip? Imposible. —El otro día estaba hablando con Dianne Gardner y me dijo que Alice empieza a comportarse como si fuera una chica mayor.

 

—Si eso ocurre, ya me las arreglaré —sonrió Dulce Maria —. No te preocupes, pase lo que pase, todo irá bien, estoy segura. Pero ahora, mientras estacionaba el coche en el aparcamiento de Paget y Cía., no podía dejar de preguntarse si de verdad todo iba a ir bien. Cruzando los dedos para que su sobrina hubiera olvidado el repentino interés por saber quién era su padre, Dulce Maria subió a su oficina.

 

Los padres de Alice, su amiga del alma, estaban divorciados y Alice había pasado el último fin de semana con su padre... Quizá las dos niñas hubieran hablado del tema o quizá estuvieran en la edad de hacer esas preguntas. O quizá algo en clase hubiera provocado ese interés.

dharialys
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Re: [[Nueva Mini Web]]--=||♥||UNA GRAN PROMESA||♥||

Dulce Maria se dispuso a trabajar, pero fue interrumpida por Keith Collins, un contable que había llegado a la empresa unos meses antes y con el que había salido un par de veces.

 

—¿Te apetece una cena suntuosa esta noche? Esa invitación llegaba en mal momento.

 

Desde que Max se había marchado, Dulce Maria y la madre de Alice, Dianne, se ponían de acuerdo para poder llevar una vida social más o menos decente, pero no quería dejar a Pip en casa de Alice cuando al día siguiente tenía que ir al colegio.

 

—Me encantaría, pero me temo que va a ser imposible. Si te apetece, podrías cenar en casa, con Pip y conmigo. A Keith no le apetecía nada, por lo visto.

 

—Pues él se lo pierde —opinó Pip, mientras tomaban un plato de salmón ahumado por la noche.

 

Dulce Maria se fue a la cama un poco más contenta. Max, con la fotografía de su hija en la maleta, había partido desde Madrid a Brasil y ya debía de haber aterrizado en Río de Janeiro. Y Pip no había vuelto a preguntarle quién era su padre. Max llamó al día siguiente. Todo iba según lo previsto, le dijo, añadiendo después que Ben Turnbull y ella se «soportaban».

 

—¿Os soportáis? —repitió Dulce Maria . Sólo entonces descubrió que Turnbull esperaba que Max Nicholson fuera un hombre y se había quedado helado al descubrir a una muy femenina Maxine Nicholson.

 

Naturalmente, no había tiempo para buscar un sustituto que, además, estuviera vacunado de todo. De modo que Max estaba más que decidida a hacer su trabajo y a demostrarle que podía hacerlo igual o mejor que cualquier otro fotógrafo.

 

Su emoción por el proyecto que la esperaba seguía siendo la misma y a Dulce Maria , y a Pip después, cuando le pasó el teléfono, se les contagió su alegría.

 

Dulce Maria no se sintió tan feliz al día siguiente, sin embargo. Dianne Gardner fue a buscar a las niñas al colegio y, cuando dejó a Pip en casa, la niña entró muy seria.

 

—¿Dulce Maria ?

 

—¿Sí?

 

—¿Tú sabes por qué mi padre nunca ha venido a verme? «Oh, no», pensó ella.

 

—No lo sé, cariño. Quizá tu madre y él se pelearan, no lo sé. Su sobrina se quedó callada un momento. Pero sólo un momento.

 

Dulce Maria , si de verdad no sabes quién es mi padre, ¿crees que podrías enterarte? Ella la miró, sorprendida.

 

—Es muy importante para ti, ¿verdad, cielo?

 

—Sí.

 

—¿No podrías esperar a que volviera tu madre? Pip no tuvo que pensar la respuesta mucho tiempo:

 

—No, me parece que no puedo. Llevo mucho tiempo queriendo saber quién es, pero mi madre siempre está tan ocupada... Y la verdad es que me daba un poco de vergüenza preguntar. Y no puedo esperar seis meses.

 

Dulce Maria estudió el expresivo rostro de su sobrina y luego tuvo que abrazarla.

 

—Puede que tarde algún tiempo, pero veré qué puedo hacer.

 

—¡Ya sabía yo que lo harías! —exclamó Pip, emocionada. Y a Dulce Maria se le rompió el corazón. ¿Cuánto tiempo habría esperado su sobrina para hacer esa pregunta? ¿Qué podía hacer? A saber cuándo volvería a llamar Max. ¿Debería llamarla al móvil? ¿Por qué no? Después de todo, ella era la única persona que podía decirle cómo manejar esa difícil situación.

 

Dulce Maria esperó hasta que Pip se fue a la cama y luego llamó al móvil de Max. Pero no pudo hablar con su hermanastra porque saltó el contestador de inmediato. Durante los días siguientes, percatándose de las miradas serias de su sobrina, Dulce Maria volvió a intentar ponerse en contacto con Max, pero con el mismo resultado.

 

El teléfono estaba siempre apagado. Con la silenciosa pregunta de Pip empezando a turbarla, Dulce Maria pensó en llamar al otro número que Max le había dado: el número para emergencias.

 

 


dharialys
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Re: [[Nueva Mini Web]]--=||♥||UNA GRAN PROMESA||♥||

Pero, ¿qué diría su hermanastra, y sobre todo el gruñón de Ben Turnbull, si un mensajero del hotel los persiguiera por la jungla brasileña, o donde estuvieran en ese momento, para preguntar quién era el padre de su hija? Era un dilema que no le dejaba dormir. Pero sabía que no debía asustarse.

 

Tenía que solucionar el asunto como fuera.

 

—Supongo que mañana por la noche tendrás cosas que hacer —le dijo Keith Collins el viernes, cuando pasó por su despacho. Pip iba a dormir en casa de Alice Gardner esa noche.

 

—Depende. ¿Por qué? —replicó Dulce Maria , con una sonrisa en los labios.

 

—Estaba pensando que podíamos cenar juntos... y luego podríamos tomar un café en mi casa. Lo del café no convenció a Dulce Maria . Aunque no dudaba de que Keith supiera encender una cafetera, era «lo que iba» con el café lo que la preocupaba. Le gustaba Keith, pero apenas estaban empezando a conocerse.

 

—La cena suena bien. —Iré a buscarte a las ocho —dijo él, con una sonrisa de lobo, antes de salir de su despacho. Dulce Maria intentaba dejar de pensar en la pregunta de su sobrina, pero cuando fue a buscarla a casa de Alice. Pip volvió a sacar el tema.

 

—Supongo que aún no tienes ninguna noticia que darme. Dulce Maria no se molestó en fingir que no sabía de qué estaba hablando.

 

—Tu madre no me ha devuelto la llamada, cariño. Supongo que está liadísima... Puede que pasen semanas antes de que vuelva a ponerse en contacto con nosotras —contestó. Con Max en Brasil, no sabía dónde buscar. Además, ¿tenía derecho a contárselo a Pip si lo averiguase?, se preguntaba—. Pero en cuanto sepa algo, te lo diré.

 

—Estoy segura de que lo harás —dijo su sobrina, mirándola con expresión de total confianza. Y esa mirada de confianza hizo que Dulce Maria pensara que no tenía derecho a esconderle información alguna.

 

El problema era, ¿por dónde empezar? Sintiéndose culpable a pesar de ser la tutora de su sobrina, Dulce Maria entró en la habitación de su hermanastra de puntillas para buscar la partida de nacimiento de Pip.

 

Naturalmente, no descubrió nada. Había sido una tontería pensar que la partida de nacimiento de Philippa Catherine fuese a revelar el nombre de su padre. Ella sabía que el apellido de su sobrina era Nicholson, como el de su madre. Aun así, al ver que donde debía estar el nombre del padre sólo había una línea en blanco se llevó una desilusión. Evidentemente, Max no quería que nadie supiera la identidad de ese hombre.

 

Max nunca había hablado de él y, aunque Dulce Maria siempre había sentido curiosidad, sabía que debía respetar la intimidad de su hermanastra. De modo que volvió a guardar la partida de nacimiento de Pip. Pero el teléfono de Max estaba permanentemente apagado... Por un momento, volvió a pensar en llamar al número que le había dado por si había alguna emergencia, pero decidió no hacerlo.

 

Le había asegurado a Max que podría encargarse de todo y sería como tirar la toalla ante el primer problema. Además, no debía pensar en lo que diría Max, sino en lo que era mejor para Pip. Dulce Maria recordó el día que nació Pip, once años antes.

 

Pip, con su precioso pelo negro y sus ojos verdes. Max vivía en casa de sus padres entonces... De hecho, nunca había vivido en otro sitio. De modo que... De repente, Dulce Maria vio un rayo de luz.

 

Si Max había estado saliendo con alguien doce años antes, ese chico debía haber ido a buscarla a casa. Y si era así, su madre debía saber quién era. Su madre debía saber el nombre del padre de Pip. Habría querido llamarla de inmediato, pero bajó al salón y lo pensó un momento.

 

Quizá sería mejor ir a verla. Su madre la quería mucho, pero entre Max y ella siempre había habido un lazo especial que, seguramente, se había forjado cuando Catherine Nicholson se quedó viuda con una hija pequeña. Sí, definitivamente, su madre debía saberlo, decidió Dulce Maria .

 

Sin embargo, tenía sus dudas... ¿Y si había alguna oscura razón por la que Max siempre se había negado a revelar el nombre del padre de Pip? ¿Sería un villano, un delincuente… un monstruo? Quizá, pensó, no debía mencionar nunca el nombre de ese hombre. Quizá si Pip descubría que su padre estaba en la cárcel, que era un criminal...

 

Pero, por lo que sabía de Max, que siempre había sido muy circunspecta sobre los hombres de su vida. Dulce Maria no la imaginaba saliendo con alguien que no fuera honesto.

 

Normalmente, Dulce Maria solía llevar a Pip y a Alice a nadar los sábados por la mañana y decidió hacerlo como todas las semanas. Después, la llevaría a casa de Alice, donde iban a dormir esa noche, y más tarde llamaría a su madre para preguntarle si podía ir a verla.

 

 

Pero el plan no salió como esperaba porque Dianne, la madre de Alice, llamó para decir que una tía suya muy querida se había puesto enferma y tenía que ir a visitarla ese fin de semana.

 

—Las niñas pueden dormir en casa el sábado que viene —se ofreció.

 

—Claro que sí. Y esta noche Alice puede dormir en la mía, así no tendrás que volver a toda prisa.

 

—¿De verdad no te importa? —No, será un placer —contestó Dulce Maria . Estaba tomando café, observando a Pip y a Alice echando carreras en la piscina, cuando recordó que había quedado con Keith Collins esa noche. Oh, no. Y no era la primera vez que tenía que llamarlo para cancelar una cita, pensó, mientras sacaba el móvil del bolso.

 

—¿Keith? Soy Dulce Maria Rowberry.

 

—¡Si vas a decirme que no puedes quedar esta noche no te perdonaré nunca! —exclamó él, con un tono que no tenía nada de humorístico.

 

—No, verás, el caso es que... pensé que a lo mejor querrías venir a mi casa a tomar café. Y prometo que antes te haré una cena estupenda.

 

—¡O sea, que no podemos salir a cenar! —gritó Keith. Y, por un momento, Dulce Maria se preguntó si le gustaba aquel hombre de verdad.

 

—Te estoy ofreciendo una alternativa —insistió. —Ya, claro, y yo ahora no tengo tiempo de hacer otros planes.

 

—Bueno, mira, como quieras —replicó Dulce Maria , irritada. Que hiciese lo que le diera la gana. Si quería quedar con otra, a ella le daba completamente igual.

 

La cena no fue un éxito precisamente. La comida, aunque no suntuosa, estuvo muy bien. Pero, como las niñas la habían ayudado a hacer el pudín de coco y naranja, le pareció una descortesía no pedirles que cenasen con ellos.

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adileyne
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