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Diamante
marcela
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Re: ***WEBNOVELA: "Condena de amor" De Virginia Henley***

De repente, Dul sintió que se le aflojaban las rodillas:

—Ada, no puedo hacer esto sin ti. ¿Estarías dispuesta a marcharte de Doon e ir conmigo a Douglas?

—Con mucho gusto, si puedes convencer a tu madre que marche contigo.

—Iré de inmediato. No le preguntaré: le informaré y, ya que estoy, le diré que llevaré conmigo al señor Burque. Fue ella la que dijo que era necesario sacrificarse —dijo Dul, con voz crispada.

ZYZ

El vestido de seda de color albaricoque estuvo preparado durante tres días, de manera de poder ponérselo rápidamente cuando Douglas se hiciera presente. Y, aunque se tomó su tiempo, al fin apareció.

Ada pasó el vestido por la cabeza de Dul, abotonó las diminutas perlas del corpiño cuadrado, y luego la hizo sentarse ante el espejo para entrelazar perlas de color crema entre los mechones cobrizos del alto peinado. Dulce se sentía confiada, segura que jamás había estado más encantadora. Cuando la llamaron, ya estaba lista.

Al acercarse al salón, oyó la voz de bajo que decía:

—Haced que venga; le echaré un vistazo.

¡Ese arrogante beep hablaba como si hubiese ido a comprar una yegua! Dul contó hasta diez, recordando las instrucciones de Ada, y se tragó la rabia. Hizo una profunda inspiración, bajó las pestañas y entró en la habitación.

Su belleza pescó desprevenido a Ucker quien endureció el semblante para que ella no advirtiese su reacción. Los ojos acerados se clavaron tan prolongadamente en los de ella, que la confianza de la muchacha vaciló. El rostro del hombre era duro; la boca, sensual; el mentón, de líneas obstinadas. Vio con claridad el orgullo y la arrogancia impresos en cada línea de su cuerpo poderoso. Estaba ataviado de negro de pies a cabeza, salvo su emblema escarlata, el Corazón Sangrante de Douglas.

Dulce era conciente que se enfrentaba con su destino. Para resistirse al efecto narcótico de su presencia, apartó la vista, y se dijo: recuerda tus ojos, recuerda tu boca.

—Vuelas muy alto, milady —reprochó Douglas con suavidad. Dulce abrió grandes los ojos. ¿Ese miserable estaría insinuando que pretendía estar por encima de su propia condición? Se mordió la lengua.

— ¿Cuántos años tienes? —preguntó el hombre, con frialdad.

—Diecisiete, y tengo todos los dientes —no pudo contenerse—. Ya veo que, en el cortejo, como en la guerra, la caballerosidad debe rendirse ante la eficiencia —dijo, con crispada dulzura.

—¿Cortejo? —Lanzó una carcajada—. Seamos francos. Yo soy un hombre directo. Somos dos personas totalmente incompatibles. Tú tienes un temperamento audaz e impertinente. Eres vanidosa y consentida, y bastante inútil para un hombre. Por otra parte, se dice que todas las mujeres Kennedy son botes de miel, unas coquetas.

— ¡Hombre, eres tosco como un garrote! —protestó el padre de la novia. Dul, con una sonrisa que desarmaba, le retribuyó:

—Los Douglas son conocidos por su ambición, orgullo, codicia y falsedad.

—Y su valor —agregó él con sonrisa de lobo.

—Estás monstruosamente pagado de ti mismo —acusó la muchacha.

—Desde luego; así somos los escoceses.

—Es la propuesta de matrimonio más extraña que he oído —repuso Dul, entrecerrando los ojos hasta convertirlos en ranuras doradas.

Ucker le dio la espalda y se dirigió a Rob Kennedy.

—No estoy proponiendo matrimonio, por ahora. Sólo un convenio de convivencia. Que ambas partes estén libres de retirarse si la unión no resulta bien.

Dulce se sintió como sacudida por un trueno.

El rostro de Rob Kennedy se puso púrpura; abrió la boca para protestar, pero Ucker Douglas lo atajó:

—Claro que firmaré un compromiso de casarme con ella si quedara embarazada de mi heredero.

El aire mismo de la habitación pareció crepitar de indignación:

—Déjame hablar con ella a solas —dijo Ucker a Kennedy—. Dejaremos que ella decida.

Rob no podía menos que estar de acuerdo con eso y, aunque a regañadientes, salió del cuarto.

—Tú no eres una muchacha que se distinga por su castidad. Haría falta mucha azúcar para tragarse una píldora que otros hombres han lamido. Pero, por fortuna para ti, tus padres están dispuestos a pagarme una buena suma para que los libre de ti.

La muchacha sintió un odio tan intenso hacia ese hombre, que casi la cegó. ¡La creía una prostituta! ¡No era posible que sus padres estuviesen pagándole! Como a través de una sangrienta niebla de odio, vio el emblema sobre el pecho de Douglas y, en ese momento, pronunció un juramento: que su corazón jamás sangraría, pero el de él sí. Era un desafío para toda la vida. Elevó una plegaria pidiendo ayuda para humillar aunque sólo fuese a un escocés.

—Un convenio me parece mejor que un matrimonio. Has sido muy inteligente al pensar en eso. Satisface la exigencia del rey y de los condes; sin embargo nos permite librarnos uno del otro en unos meses.

—Entonces, estamos de acuerdo —no era una pregunta. Después, clavando la vista en los pechos de Dul, preguntó—: ¿Son de verdad?

— ¿Qué?

—Tus tetas. ¿Son tuyas o de relleno?

En dos largas zancadas estuvo junto a ella. Desabotonó las perlas y, metiendo la mano dentro del corpiño, se cerró sobre el encantador pecho,

Dul se quedó boquiabierta de asombro; sus pesadas pestañas negras se alzaron para revelar la indignación que ardía en los ojos ambarinos.

De inmediato, el dolor sordo que Ucker sentía en la ingle se convirtió en la placentera sensación de su miembro engrosándose, alargándose y endureciéndose. No hizo el menor esfuerzo para disimular el enorme bulto.

La mirada de Dul descendió deliberadamente.

— ¿Eso es tuyo o es de relleno?

Su mano audaz apretó la hinchada virilidad.

Ucker sintió que sus entrañas se derretían. Sus ojos oscuros escudriñaron los de ella, y Dulce sintió ganas de desgarrar ese rostro demoníaco.

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marcela
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Re: ***WEBNOVELA: "Condena de amor" De Virginia Henley***

A continuación, la boca del hombre se precipitó salvajemente sobre la de ella, dominado por un masculino deseo de someterla. En su rostro se leía claramente el deseo de hacerla suya; y Dul supo que su audacia la había puesto en peligro. Señor Dios, ¿por qué habría pronunciado palabras tan atrevidas sin pensar en las consecuencias? Éste era un individuo que se apoderaba de lo que quería, donde y cuando quería, y no era ningún secreto qué quería en ese momento. Dul comprendió que tendría que hacer algo para salir de esa situación con su virtud intacta. Cuando la boca de Ucker se posó en la de ella, clavó sus dientes en el labio del intruso. Él maldijo, y Dul corrió hacia la puerta, abotonándose rápidamente el vestido. Hizo girar el tirador, diciendo:

—Padre, creo que hemos llegado a un acuerdo.

Aliviado, el padre volvió a entrar en la habitación, y Douglas se marchó sin mirar atrás. De pronto, Dul se sintió triunfante: ¡Ada tenía razón! Es verdad, ella tenía sus armas. Si aprendía a emplearlas, lo derrotaría.

—Chiquilla, ¿estás segura? —le preguntó su padre, preocupado—. Veré al rey, le diré que es una unión imposible.

—No, no. Me parece bien, padre. Imagínate las miradas compasivas que recibiría si se dijera por ahí que Patrick Hamilton me ha dado calabazas. No me engaño pensando que no recibiré miradas siendo la mujer de Uckerman Douglas, pero al menos serán compasivas —encogió los hombros—. Nos llevamos mejor de lo que supones. Mientras tú navegas, yo fui su huésped en su castillo; hay un tema sin resolver entre nosotros.

Lord Kennedy se sorprendió, aunque no demasiado. Los había visto juntos en Stirling, y sabía que eran una mezcla explosiva, como acercar una llama a un barril de pólvora. En el presente, daba la impresión que a ambos los ligaba un mutuo odio. Si ese odio se convertía en pasión, la obsesión de cada uno por el otro sería éxtasis o locura.

—Si él te hiere de cualquier forma que sea, ¿me prometes que lo repudiarás y volverás a nuestro hogar?

Dul asintió con la cabeza, y se tragó la pregunta relacionada con el pago para que Douglas se casara con ella.

— ¿Necesitas más tiempo? Antes que te des cuenta, llegará el.

—El sábado es un día tan bueno como cualquier otro. El dado está echado. Imagina el alivio que sentirán cuando esté haciendo mis embrollos en Douglas, en lugar de aquí, en Doon.

ZYZ

En la noche del viernes estaba todo preparado. Sólo la ropa de Dulce llenaba diez baúles y, además, por supuesto, estaba su ropa blanca, la platería, y las reliquias heredadas durante años de la familia de su madre, como también de los Kennedy.

El equipo de cocina del señor Burque, sus utensilios y las provisiones llenaban dos carretas. Dul había decidido apropiarse de la habitación que había sido de Damaris. No era necesario que llevara su propia cama, pero sí las cortinas de su cama, que habían sido limpiadas y estaban pulcramente plegadas y con asperilla. Eran de damasco tejido en el este, del color aguamarina, con delfines de plata. Su alfombra de seda tenía dibujos de oro oscuro y ámbar tostado. Su bañera, pintada a mano con exquisitas conchitas, tenía la forma de una gran concha de vieira.

Se llevaba consigo a la yegua alazana, además de índigo. Para fastidia a Ucker Douglas, casi había decidido no llevar a índigo para que no se integrase a la caballeriza de él, pero después se dio cuenta que cada vez que la viese montar a ese animal que él tanto codiciaba, sería como si se le clavase una espina. Se despidió de su madre, que se había metido en cama con otra supuesta enfermedad, para no tener que viajar a Douglas y asistir a la celebración.

Beth trató de agradecerle por salvarla de un destino peor que la muerte, pero Dul restó importancia al asunto y aconsejó a la hermana que se concentrase en atrapar a lord Andrew Kennedy antes que le designasen un marido. Aun así, sentada junto a Ada, mirando pensativamente al fuego, toda su vivaz energía parecía haberse acabado.

Al fin, exhaló un profundo suspiro y admitió:

—Ada, me porté de una manera escandalosa cuando Douglas vino con su insultante proposición.

—Dul, un convenio no es un insulto. Es una consagrada costumbre escocesa. A todo efecto, es equivalente a un matrimonio. Tienes un año y un día para decidir si la unión se convertirá en permanente. Después de un año y un día se vuelve legal, y es un matrimonio vinculante de por vida. En tu caso, él ha prometido casarse antes si hay un hijo. Tendrás el sitio de honor en todos sus castillos. Serán marido y mujer. Tú serás lady Douglas.

— ¡No llevaré ese maldito apellido! ¡Odio a Ucker Douglas! Es un canalla fanfarrón. Lo que quiero es humillarlo... no, peor que eso: quiero quebrarlo.

—Dul, sólo hay una manera de obtener poder sobre él.

—Sí, lo sé. Trataré de hacer que se enamore de mí. Si alguna vez consigo llevarlo al estado en que no pueda vivir sin mí, me reiré en su cara y acabaré —dijo, vehemente.

—Bueno, jamás lograrás hacer eso con Douglas el Impulsivo, a menos que puedas seducirlo y convertirlo en esclavo de tu sexualidad.

—Sé que me desea —se sonrojó—. No podía sacarme las manos de encima. Me abrió el vestido y me tocó los pechos con el pretexto de comprobar si tenía relleno.

Ada arqueó las cejas.

— ¿Estando tu padre ahí afuera, junto a la puerta? ¿Y tú, qué hiciste?

—Yo... yo le toqué el sexo y quise saber si estaba relleno.

— ¡Oh, mi Dios; Dul, eres imposible! ¡Ahora entiendo lo que quieres decir con que te habías portado de manera escandalosa!

—Tengo un pequeño problema: él está convencido que tengo mucha experiencia sexual.

— ¿Por qué será? —preguntó Ada, en tono sarcástico.

—En realidad, sufro de una ignorancia abismal en lo que se refiere al sexo. ¿Cómo demonios voy a convertirlo en esclavo de mi sexualidad?

—Querida, Ucker Douglas pronto te enseñará todo lo que necesites saber. Aprende qué es lo que le gusta y satisface sus necesidades. Tiene una reputación legendaria como amante. Sin duda adviertes que el apodo de Impulsivo tiene una connotación sexual.

—No, no lo sabía... Ada, tengo miedo. Es un hombre enorme, como un semental. Y yo he visto cómo relinchaban las yeguas cuando las montan por primera vez.

—Oh, mi amor, tendrás que pasar por esa primera vez. Habrá dolor y sangre, pero no te dejes amilanar por eso, como les pasa a tantas mujeres. Permítele que te dé placer: no existe nada comparado con la plenitud total. Empieza con una chispa de deseo y llega a una intensidad insoportable; si puedes abandonar tu cuerpo al suyo en ese momento, gozarás de una inefable bendición. Será el éxtasis, el paraíso.

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marcela
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Re: ***WEBNOVELA: "Condena de amor" De Virginia Henley***

—Suena como algo místico.

— ¡Desde luego lo es! Y cuanto más vea él que lo disfrutas, más lo disfrutará él, y se esforzará por darte más placer a cada encuentro. No creas que sólo el hombre puede sentir lascivia. Es una falacia que, mientras los hombres lo hacen por lujuria, las mujeres sólo lo hacemos por amor. Tienes que sacarte eso de la cabeza y disfrutarlo por el mero placer. Los hombres consideran al sexo como una conquista hasta que se dan cuenta del poder que experimentan cuando descubren el placer que son capaces de proporcionar a una mujer. Lígalo a ti por medio de su lujuria, y muy pronto quedará atado para siempre por cadenas de deseo y de amor.

—Ada, a decir verdad, él me intimida, pero que me condenen si le permito que lo sepa.

Ada abrazó a Dul.

—Duerme un poco. Tengo completa confianza en ti. Eres apasionada en todas las cosas de la vida... no puedes dejar de serlo en la cama.

ZYZ

Lady Dulce cabalgaba entre su padre y Archibald Kennedy, conde de Cassillis. Sus hermanos Duncan y David, con una veintena de miembros del clan, iban a la cabeza del grupo, y los carros con el equipaje, en la retaguardia. Además de Ada y del señor Burque, el padre había insistido en que llevase su propio mozo de cuadra y le había cedido una de las doncellas Kennedy, llamada Nell.

Todos los varones llevaban el tartán verde y rojo de los Kennedy, y hasta Dul llevaba un manto con esos colores, plegado sobre el hombro de su elegante traje de montar. Se erguía sobre su caballo con el empaque de una reina, mientras en su cabeza resonaban las palabras de Ada. Como Ada era inglesa, veía a los escoceses con mucha más claridad que ellos mismos.

—Escocia es una tierra salvaje, brutal, áspera e intolerante. Y sus hombres reflejan estas cualidades a la perfección, Dul. Son fuertes, arrogantes, y sólo a medias civilizados. Únicamente pueden sobrevivir jurando lealtad total a un clan. La historia de la nación escocesa es la más sangrienta de todas, y la sangre gaélica da al escocés más salvajismo y orgullo que a otras nacionalidades. Tú y Ucker Douglas son muy semejantes: ambos están regidos por la pasión y la furia. Son de temperamento explosivo y atropellado, y eso los ha empujado a una disputa personal que hace que disfruten peleando. Si lo que quieres es ganar, jamás lo lograrás por la fuerza, pues él es más fuerte que tú. Sólo podrás ganar por medio de la astucia. Cuando pelees con él, ponte guantes de terciopelo, mantén la guardia en la punta de tu estoque. Provócalo, hazlo reír contigo y entonces, cuando más vulnerable esté, deberás desarmarlo, apuntar y atravesarle el corazón.

Cuando el castillo Douglas se irguió ante ella, revivió el día en que había fingido un accidente, y permaneció tendida en tierra bajo la lluvia hasta que Ucker se topó con ella y la llevó dentro. Se estremeció recordando su peligrosa fuerza. Ahora que se aproximaba el verano, que el aire ya no era frío y húmedo, y ya no tenía motivos para temblar, mientras desataba el alto cuello de su traje de terciopelo y tanteaba las cuentas pardas de Lázaro se dijo que las había llevado deliberadamente para mantener alejado el mal.

El ruido de los cascos de los caballos sobre el puente levadizo le pareció hueco, casi ominoso. En cuanto ingresaron en el patio interior, vio que estaban en plena marcha los preparativos para los festejos de ese día. Vio manchones de intenso amarillo, naranja y verde de las verduras que desbordaban de sus cestos. Junto a una pared se alineaban barriles de ostras y langostas, y dos mozos de cocina les quitaban sus caparazones.

En el otro lado del patio, un par de bueyes giraban lentamente sobre sendos fuego; sus jugos goteaban y siseaban sobre las brasas, mientras Boozer, el perro lobo; sentado sobre sus cuartos traseros, les dedicaba su embelesada atención.

Los mozos de Douglas se apresuraron a atender a los Kennedy que llegaban; sus cabezas oscuras contrastaban con el rojo brillante de las de los invitados. El conde de Angus se adelantó para saludar al de Cassillis, y lord Uckerman Douglas saludó a lord Rob Kennedy con gran formalidad, antes aun de echar una mirada a Dulce.

El señor Burque, que había llegado montando la yegua alazana de Dul, puso pie en tierra de inmediato y se acercó a la joven, pasando con destreza entre el mozo de los Douglas y el de los Kennedy. Ucker abrió muy grandes los ojos, luego los entornó para observar con malevolencia al individuo elegante, alto, esbelto, de hermoso rostro. Ucker había recibido parte de su educación en París; jamás había visto un varón tan atractivo como éste fuera de Francia. Sus sospechas se confirmaron cuando vio que el galán levantaba los brazos y decía:

—Permíteme, chérie.

Ucker se apartó de Rob Kennedy para observar la escena: Dul dedicaba al francés una sonrisa radiante, y se inclinaba hacia él. Douglas refunfuñó:

—Me libra usted de mis obligaciones.

Dul se dejó caer en los brazos del señor Burque en un revoloteo de enaguas, y luego alzó la vista hacia el rostro adusto del escocés y dijo con dulzura:

—El señor Burque me resulta indispensable, milord.

— ¿En calidad de qué? —preguntó Douglas con frialdad.

—Es mi chef.

— ¿Tu chef? —Repitió, incrédulo—. ¿Acaso crees que no tienes esa clase de criados en Douglas?

La carcajada de Dul puso de relieve la ignorancia de Douglas.

—Ah, señor, tal vez tengas muchos cocineros, doncellas y mozos de cocina, pero no tienes ninguno que pueda compararse ni de lejos con el señor Burque. Es el mejor chef de Escocia, y es mío.

Bajo la mirada feroz de Douglas, el señor Burque se excusó para ir a supervisar la descarga de sus preciosos utensilios.

—Es demasiado bonito para mear —dijo Douglas disgustado, y Dul rió, para demostrar que aquello le divertía. Con un dedo atrevido, Ucker tocó las cuentas de Lázaro que ella llevaba en el cuello—. ¿Estás tratando de conjurar al Viejo Cornudo? —dijo, con desdén.

Dul miró de soslayo al formidable conde de Angus y dijo:

— ¡Debe de haber resultado, porque ahí está el propio Archibald! Ucker estalló en carcajadas; Dul lo obsequió con una mirada hechicera bajo las pestañas.

— ¿Lo ves? Nos hemos divertido mutuamente. ¿Qué más pueden pedir un hombre o una mujer? Además de dinero, tierras y barcos, por cierto —agregó con malicia.

Sin amilanarse, Ucker replicó:

—Conociendo a las mujeres como las conozco, estoy seguro que al anochecer estarás pidiendo mis favores.

Estuvo más agudo de lo que ella esperaba: todas sus frases podrían interpretarse en un doble sentido. Dul se contagió de las réplicas ingeniosas, y probó imitarlo, clavando los ojos, muy abiertos, en la boca de él, y susurrando:

Diamante
marcela
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Registrado: ‎09-17-2006

Re: ***WEBNOVELA: "Condena de amor" De Virginia Henley***

—Ah, milord, veo que no puedo esperar tus favores hasta el anochecer. ¿No subirías conmigo ahora mismo?

—Tu deseo es una orden —respondió con énfasis.

—Bien... entonces, no te opondrás a que reclame la recámara que perteneció a mi tía Damaris —se volvió para llamar a Ada y, al mismo tiempo, se acercó Gavin, hermano de Ucker—. Ada, haz que lleven mis baúles a mi habitación. Ocuparé la de Damaris —giró otra vez hacia Ucker, sintiendo dentro de sí el deleitoso bullir de la travesura—. Aquí viene otro que te librará de tus obligaciones. Estoy segura que Gavin se sentirá complacido de acompañarme arriba... para que pueda familiarizarme con el lugar—dedicó una atrevida mirada a Gavin, al tiempo que lo tomaba del brazo—. ¿Qué haría sin su ayuda, sir? Debo quitarme esta ropa de montar y tomar un baño cuanto antes.

Gavin sonrió como un poseso; la mal disimulada ira de Ucker aumentó su diversión.

ZYZ

Los condes estaban impacientes por reanudar los asuntos relativos a la unión; los cuatro se retiraron a la antigua sala de armas de Douglas, donde se llevaban a cabo los negocios del clan desde hacía siglos.

Ucker ofreció a sus invitados espumosa cerveza, que Rob agradeció pues lavaría el polvo del viaje de su garganta reseca, aunque los dos condes fruncieron las narices, indicando así que sólo el whisky satisfaría sus fatigados paladares. De una gran licorera veneciana sirvió dos medidas del líquido ámbar oscuro, y todos acercaron sus sillas a la gran mesa de mapas.

Primero, se ocuparon del título de la tierra en Kirkcudbright, que Kennedy firmó, y luego, la propiedad y los documentos del capitán de los barcos, el Scotia y el Dulce. Quedó entendido por todos que los barcos serían tripulados con hombres de Douglas.

Ucker Douglas, a su vez, firmó el compromiso de casarse con lady Dulce Kennedy en caso que ella quedase embarazada. Para el convenio no eran necesarios documentos, bastaba con un compromiso verbal, con ambas familias como testigo y eso se haría más tarde, ese mismo día. Y entonces llegó el documento más importante que el rey había exigido a los jefes de esos dos antiguos clanes. El tratado de amistad entre el clan Kennedy y el clan Douglas fue firmado por los dos condes, actuando como testigos los otros dos hombres. Se fundió la cera, y los cuatro estamparon sus dorados anillos de sello sobre los crujientes pergaminos. Por último, Rob Kennedy depositó en manos de Uckerman Douglas una letra de cambio por diez mil libras escocesas. Angus insistió en que brindasen en honor de la ocasión con puro whisky escocés, y Ucker gozó del perverso placer de sentir cómo el ardiente licor quemaba su pecho.

ZYZ

Colín, esperaba al final de la escalera, mientras Dul subía flanqueada por Ada y Gavin. Colín le tendió su mano:

—Bienvenida a Douglas, lady Kennedy. Tendrás imperiosa necesidad de un amigo en este castillo. Será un honor para mí cumplir ese rol.

—Colín —dijo Dul por lo bajo, mirándolo a lo hondo de los ojos—. El honor es mío, sir.

Colin la acercó y depositó un casto beso en la frente de la muchacha, Ada vio cómo se tocaban las manos de ambos en silenciosa promesa.

—Ocuparé la habitación de Damaris.

En los ojos de Colin apareció una luz extraña:

—Sabía que lo harías —dijo con sencillez, encabezando la marcha por el corredor y abriendo la puerta de la habitación.

Dul entró y alzó la mano señalando el hermoso retrato que había sobre la chimenea. Cuando Ada levantó la vista, le dijo:

—El artista la ha captado con exactitud. Es un maestro.

—Gracias —dijo Colin en voz queda. Dul abrió los ojos, sorprendida.

— ¿Acaso lo has pintado tú, Colin?

—Culpable. Lo que admiras es la belleza de la dama, no mi pobre talento.

Damaris, que estaba en un rincón de la habitación, se ruborizó. Recordaba cuando había posado para el retrato como si hubiese sido el día anterior; en el fondo sabía que Colin sentía por ella más que un afecto fraternal.

—Te dejaré en manos de los sirvientes. Si alguien, en Douglas, no cumple tus órdenes de inmediato y a tu satisfacción, yo me las veré con él.

Damaris vio que una docena de criados entraban cargando los diez baúles, alfombras, cortinas para la cama y una fantástica bañera. Por cierto que esto representaba un cambio, tras quince años de relativa soledad.

Un joven escudero entró llevando tortas de avena y vino, pero Dul no se tentó. Ada recibió la bandeja y envió al criado a buscar agua caliente para el baño.

— ¿Has comido algo hoy? —preguntó, observando las mejillas pálidas de Dul.

Dul movió la cabeza y frunció la nariz.

—Las tortas de avena me sabrían a serrín.

—Bueno, pero no me atrevo a dejarte beber vino a menos que tengas algo en el estómago. Ya sin vino eres bastante escandalosa —puso a Nell a deshacer las maletas y colgar la ropa de Dul en los inmensos armarios—. Mientras te bañas, yo prepararé tu vestido. Y ahora, en nombre de Dios, ¿dónde está esa pequeña gorguera color crema que va con este vestido?

Diamante
marcela
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Re: ***WEBNOVELA: "Condena de amor" De Virginia Henley***

BUENO Y QUE LES PARECE EL NOVIO? ENTUSIASMADISOMO CON EL MATRI NO? QUIEN NO QUERRIA CASARSE CONEL CON ESAS ANTENCIONES CON PARA SU NOVIA? AH, AH, AH, AH?
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brerebel
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Re: ***WEBNOVELA: "Condena de amor" De Virginia Henley***

jajaja q solicito esta mi bb
jajaja siguela q quiero q ya llegue la noche jajaja
Platino Brillante
lindita24
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Re: ***WEBNOVELA: "Condena de amor" De Virginia Henley***

porfa siguela pronto
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nataliloka
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Re: ***WEBNOVELA: "Condena de amor" De Virginia Henley***

ola soy natalia siguela pronto me encanta
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chika89
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Re: ***WEBNOVELA: "Condena de amor" De Virginia Henley***

Ucker es todo un hombre, ya quiero saber que pasara en la noche. Please siguelaaa prontoooo
Diamante
nikovondy100
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Re: ***WEBNOVELA: "Condena de amor" De Virginia Henley***



Escrito por lindita24:
porfa siguela pronto