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marcela
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WEBNOVELA: "Un año y un día" de Virginia Henley

UN AÑO Y UN DÍA

DE

VIRGINIA HENLEY

El ejercito de Eduardo Plantagenet invade Escocia. Ucker de Warenne recibe del rey la orden de custodiar la seguridad del castillo de Dumfries, situado en tierras fronterizas de fundamental importancia. Ucker es un viudo de treinta y un años y lo que mas desea es un hijo que alegre su vida, prolongue su apellido y conserve las tierras que son propiedad de la familia. Y, sin embargo, es un hombre que teme al amor y vive acosado por la sospecha de ser esteril. Cuando Jock, mayordomo del castillo, se entera de que Ucker desea ser padre, le sugiere un matrimonio de prueba, una costumbre escocesa que permite a un hombre y a una mujer vivir juntos durante un año y un dia y, al termino de ese periodo, decidir si se casan o se separan. Si de esa union resulta un hijo, este hijo es considerado legitimo aun cuando no se produjera el matrimonio. Jock ofrece a Ucker su hija menor, Dulce, y el noble acepta el matrimonio de prueba sin importarle que sea una plebeya que siente terror por el y que hace denodados esfuerzos por ocultar sus atractivos. Con incomparable habilidad para crear tensión erótica, Virginia Henley une a estos dos personajes romanticos en una inolvidable historia que nos habla del poder del amor y de la familia.

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Re: WEBNOVELA: "Un año y un día" de Virginia Henley

CAPITULO PRIMERO

La muchacha de rojos cabellos, sumergida hasta los pechos en el estanque del bosque, se estremeció con deleite al sentir el agua helada en la piel. Había aguardado todo el invierno para darse el primer chapuzón de la primavera. Dulce Leslie tenía una veta salvaje e indómita, igual que los seres vivos con quien solía comunicarse. Poseía un don especial gracias al cual los animales confiaban en ella y se le acercaban sin temor. Dulce había estado jugando con una nutria que nadaba junto a ella, aturdiéndola con sus cabriolas y acrobacias. Dulce le ordenó que diera fin a sus travesuras y el animal se tendió en la orilla para dormitar bajo el sol primaveral.

Dulce alzó la cabeza. El pelo de la nuca se le había erizado, tal y como ocurre con los animales cuando se sienten en peligro. Inmóvil, escudriñó tras una rama con la intención de identificar qué perturbaba la paz de aquel paraíso natural.

Dulce no vio nada; sin embargo, percibía una presencia. Algo acechaba tras el encaje verde de las ramas. Aguzó el oído para captar hasta el crujir de las hojas o el susurro de una respiración, pero no oyó nada. Fuese quien fuese, era un maestro del sigilo. Inspiró profundamente y sintió el olor del agua, el perfume de los primeros lirios silvestres, la fragancia del bosque y el aroma punzante del cercano mar. Al captar el olor a hombre, sus fosas nasales se dilataron. No, no se había equivocado: ¡un hombre la había estado contemplando mientras se bañaba!

Unos ojos verdes la espiaban en silencio a través de las ramas. Venía de muy lejos y, fatigado y sediento, se había acercado al estanque para beber. Y, sin embargo, se limitaba a observarla sin pestañear, hechizado. Se pasó la lengua por los labios, acicateado su apetito por la tierna carne femenina que podría saciar su voraz apetito. Sin apartar la vista de la muchacha, se agazapó entre las sombras, a la espera de que ella saliera del agua.

La doncella cerró los ojos para ocultar la excitación que sentía. Fingió no notar su presencia y, tras hundir las manos en el estanque, levantó los brazos dejando que el agua le chorreara por el cuello y los hombros. ¿Sería capaz de inducirlo a salir de su escondite? Ella tenía poderes de los que carecían otras personas. Empezó a canturrear con suavidad una encantadora melodía y se acercó al borde del estanque. Intentaba mantener una apariencia tranquila, aunque por dentro sentía curiosidad y excitación.

Él avanzó con sigilo, atraído de manera irresistible por su canto de sirena. Con la mirada fija, observó con avidez cada uno de los movimientos del pequeño cuerpo femenino. Decidió que sería su presa, seguro de que no podría escapar de él. Ya era suya. Alzó su cabeza orgullosa y reprimió su impaciencia, aguardando el momento de efectuar su próximo movimiento.

Cuando apareció bajo el dosel, Dulce alzó los párpados, azorada, y encontró un par de feroces ojos verdes, los más feroces que viera jamás. ¡Imaginaba que el intruso sería un zorro o un venado, pero jamás que se toparía con un lince!

Dulce estaba aterrorizada, tanto por sí misma como por la nutria dormida. Si no hacía algo pronto, el lince devoraría al animalillo. Salió del agua de un brinco y trató de espantar al enorme animal pero este no se dejó amedrentar. No hizo el menor caso de la nutria; en cambio, concentró toda su atención en Dulce y echó a andar hacia ella demostrando quién iba a ser su presa.

Dulce lanzó una exclamación de terror y echó a correr. Su poder era lo único que podría salvarla. Mientras corría, sujetó el talismán celta de jaspe que colgaba de su cuello y elevó una desesperada súplica a la diosa Brigantia.

Miró por encima del hombro y supo de inmediato que no habría ninguna intervención divina; el lince la perseguía encarnizadamente, casi lo tenía encima. De la garganta de la muchacha brotó un grito desgarrado cuando se enganchó un pie en una enredadera y trastabilló. El poderoso animal se cernió sobre ella y con una de sus acolchadas y enormes patas la hizo rodar, dejándola tendida de espaldas.

Dulce gritó y cerró los ojos para ocultar la visión aterradora del lince. Su pavor era tal que sus miembros temblaban sin control y sentía que el corazón le latía en los oídos. Reprimió un suspiro trémulo cuando la bestia empezó a olfatear su cabello. Y entonces, por increíble que pareciera, el animal le lamió la mejilla. .«Dios mío -pensó la muchacha, como todos los felinos, ¿pretenderá jugar conmigo antes de devorarme?»

Alarmada, abrió los ojos y se miró en unas terribles órbitas verdes. La lengua del lince volvió a asomar, lamiéndole la oreja. Dulce percibió que el animal la trataba con delicadeza, lo que la convenció, con gran alivio, de que no la lastimaría.

Su corazón aún latía desbocado cuando enfocó su mirada para contemplar la magnificencia de la bestia. Su pelaje era de color tostado y se erizaba alrededor de la faz y de las orejas, enmarcando su cabeza con una melena plateada. La piel del felino salvaje parecía ser tan suave como el vilano del cardo y sus enormes patas mullidas reflejaban su poderío. Dulce comprendió que no tenía control sobre él: al contrario, era la bestia quien controlaba la situación. Era intrépido y feroz, depredador y orgulloso, salvaje y libre.

La lengua del animal descendió por el cuello de la muchacha hasta la clavícula. Cuando comenzó a lamerle los pechos, Dulce sintió su desnudez con más intensidad. La lengua del lince se enroscó en uno de sus pezones y su textura áspera le provocó un escalofrío que le llegó al interior del vientre. El placer se mezclaba en ella con el temor y experimentó una rara excitación que no se asemejaba a nada que hubiese sentido hasta ese momento y que llegó hasta lo más hondo de su ser.

El lince descendió la lengua por el torso de la muchacha hasta que ella sintió sus húmedos y cálidos lengüetazos en el vientre desnudo, lo que le produjo un placer tan intenso que Dulce cerró los ojos y de sus labios brotó un gemido.

Una liebre a la carrera entre los árboles hizo crujir el suelo del bosque y, de inmediato, el lince echó a correr a saltos tras ella, desapareciendo tan repentinamente como había llegado. Dulce suspiró y levantó su talismán de jade que pendía de una correa de cuero para contemplar el rostro de Brigantia. Pensó que quizá la diosa de la inspiración hubiese enviado a la liebre como intermediaria. Las liebres eran tramposas y sus poderes podían hacer transformaciones y controlar el destino.

Insegura, se aproximó hacia el lugar donde se hallaban sus ropas, aún perpleja por el extraño encuentro. Por su cabeza pasó la idea de que podía tratarse de un presagio, aunque no supo qué le vaticinaba. Su corazón aún latía locamente mientras se ponía el vestido de lana y los calcetines. Poco a poco, el estanque retomó la atmósfera anterior a la llegada del intruso. Los pájaros y las libélulas revoloteaban de nuevo a poca altura sobre el agua y las ardillas rojas volvieron a descender por los troncos de los árboles y acercarse despacio a los pies de Dulce.

Se puso los zapatos de cuero y emprendió el regreso al castillo de Dumfries en el que su padre, Jock Leslie, trabajaba como mayordomo. Dumfries era uno de los fuertes que custodiaban la frontera de Annandale, en Escocia.

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Re: WEBNOVELA: "Un año y un día" de Virginia Henley

Dulce era la menor de diez hijos; su madre había muerto después de dar a luz a Dulce. Había sido criada por Megotta, su abuela materna, una mujer celta orgullosa de su sangre. Cuando su hija se casó con Jock Leslie, se indignó al saber que su yerno era un hombre sin ascendencia céltica pura; por eso, se redobló su decisión de transmitir a sus nietos las tradiciones de su raza. Dulce, que tenía siete hermanos y dos hermanas, era la preferida de Megotta. Nació con el don de curar y su abuela estaba convencida de que las antiguas diosas celtas se lo habían concedido. La abuela tenía la esperanza de que un día llegaría a desarrollar el don de la clarividencia, que Dulce experimentaba en algunas ocasiones.

Cuando llegó a su casa, la puerta de la morada de piedra estaba entreabierta y Dulce oyó con toda claridad a sus dos hermanas casadas discutir con su abuela. Sus mejillas enrojecieron cuando se dio cuenta de que ella era la causa del desacuerdo.

Sabía que sus hermanas abrigaban resentimientos contra ella porque su padre y su abuela la trataban como si fuese especial y le daban libertad para explorar los bosques y cuidar de los animales. Dulce no comprendía que la envidiaran por ser más hermosa que sus dos hermanas, por poseer una cabellera de un rojo flamígero y por tener un cuerpo ágil y voluptuoso.

-Dejad de entrometeros en asuntos que no son de vuestra incumbencia. Dulce está destinada a metas más importantes que el matrimonio; además, aún es demasiado joven -decía Megotta con firmeza.

-¿Demasiado joven? -exclamó Mary-. Yo, a su edad, ya tenía tres hijos.

Apoyó las manos sobre su redondo vientre donde se gestaba su sexto hijo.

-Su salvajismo es antinatural; debería esforzarse en superarlo -afirmó Kate-. La gente habla de ella. jamás nadie se ha atrevido a cortejarla. Los hombres la ven como a una bruja, no como a una mujer; y la culpa es tuya. ¡Tú le has llenado la cabeza con esas pamplinas célticas supersticiosas!

-¡Deberíais estar orgullosas de vuestra herencia celta! ¡No hay nada más importante que la sangre!

-Nada, excepto un matrimonio y pescar un marido -aseguró Mary-. Nuestro padre tendrá que ofrecer una dote para que alguien se fije en ella.

Dulce se entendía bien con los animales pero, en ocasiones, se sentía incómoda con las personas. Sabía que sus poderes la diferenciaban de los demás; no tenía interés alguno en hallar marido, tener hijos y fundar una familia, que era el objetivo de las jóvenes. Las murmuraciones y risas que escuchaba a su paso la inducían a esforzarse por guardar sus emociones para sí. Fingía que no le importaba que los aldeanos la considerasen extraña, y ocultaba el dolor que ello le causaba.

Ese día, en cambio, no pudo controlar sus sentimientos. En cuanto traspuso el umbral, se enfrentó a sus hermanas:

-¡Yo no quiero un marido! Prefiero vivir con papá y con Megotta.

Sus hermanas se volvieron hacia ella con una expresión perpleja. Ambas estaban casadas con criadores de ganado y tenían su propia casa de piedra y juncos, fuera de los muros del castillo. Rompieron a reír.

-No tiene la más remota idea de lo que se pierde -dijo Kate a Mary.

-Creo que deberíamos contarle qué es lo que sucede entre un hombre y una mujer -anunció Mary a Kate.

-¡Sois un par de desvergonzadas! -exclamó Megotta.

Dulce se sonrojó y sostuvo su posición ante sus hermanas.

-Está bien, Megotta. Sé muy bien qué sucede entre un hombre y una mujer; la cuestión es que no me interesa. Los hombres me parecen muy... -Dulce no dijo «aterradores» porque lo más probable era que sus hermanas se rieran aún más- toscos -concluyó.

Dulce jamás había dicho a nadie que una vez había sido ultrajada por un hombre, un fugitivo que se ocultaba en el bosque. Por el modo en que el malhechor le desgarró la ropa y la tocó, supo, sin lugar a dudas, que pretendía saciar sus apetitos con ella. Dulce había logrado vencerlo utilizando el cuchillo con el que cortaba hierbas, pero la vejación sufrida había sembrado en ella un resquemor indeleble hacia los desconocidos.

-Y los hombres no son los únicos seres toscos -afirmó la abuela-. Volved a vuestras casas, no sea que vuestros magníficos maridos os den una paliza por no tener lista la cena.

Las hermanas se alzaron de hombros; las esposas recibían palizas con frecuencia y ellas lo aceptaban.

Los sueños de Dulce eran diferentes de los de otras jóvenes. Megotta le había enseñado las artes que practicaban las antiguas sacerdotisas celtas, y ella quería dedicar su vida a destilar hierbas para preparar remedios con que sanar a las personas y animales de Dumfries.

Keith, el hermano menor de Dulce, entró corriendo en la cabaña. Era el más joven de los varones Leslie, el único soltero que aún vivía en el hogar paterno. Caballerizo del establo del castillo, además de amar a los caballos, era un experto en su cuidado y aseo.

-Una yegua ha parido dos potrillos. Uno de ellos está bien pero el otro puede morir si no vienes, Dulce.

Sin decir palabra, Dulce siguió a su hermano hasta las vastas caballerizas de Dumfries. Era su hermano preferido, el séptimo hijo, y poseía dotes de médium. Entre ambos había un vínculo especial.

Dulce entró en el pesebre donde la yegua empujaba con el hocico a su recién nacido para ayudarlo a encontrar la ubre. Otro potrillo muy pequeño yacía sobre la paja, aparentemente abandonado. La única señal de vida que Dulce percibió en el recién nacido cuando se arrodilló ante él fue un leve temblor. Ella sabía que, para sobrevivir, el contacto físico era tan importante como el alimento.

Apoyó las manos en el cuello del potrillo y lo frotó con largas pasadas, iniciando la magia. Acompañaba sus masajes con suaves palabras tranquilizadoras, expresiones de ánimo, de alabanza, mimando al animal con la voz y las manos. Le frotó el lomo, la panza y las flacas piernas y luego recomenzó los masajes por el hocico y el cuello. El movimiento de sus manos fue cambiando poco a poco. Las pasadas se hicieron más cortas y, hundiendo sus dedos en la piel, la acarició como hubiese hecho la lengua áspera de la madre si el pequeño hubiese dado señales de vida.

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Re: WEBNOVELA: "Un año y un día" de Virginia Henley

-Hoy, en el estanque, he encontrado un lince.

Keith percibió la excitación en la voz de su hermana.

-¿Y no tuviste miedo?

-Estaba aterrorizada... al principio. Pensé que iba a matar a una nutria y por eso traté de espantarlo, pero no pude controlar su comportamiento. Entonces, la fiera empezó a acecharme y temí que me atacara. -No quiso contar a Keith la extraña intimidad compartida con el animal-. Quizá me ha salvado el amuleto con la imagen de Brigantia.

Keith frunció el entrecejo.

-Este no es territorio de linces. Su sitio está en las escarpadas montañas más allá del bosque. ¿Se lo dirás a Sim y a Ben?

Dulce negó con la cabeza. Sus hermanos Sim y Ben eran los pastores del castillo y, como tales, responsables de grandes rebaños de ovejas.

-Ya sé que debería hacerlo -admitió ella-, pero era una criatura tan magnífica que no podría soportar que la mataran.

Anhelaba comunicarse con el animal, tratar de unir su espíritu con el de la bestia, pero el lince mantenía el control, y el encuentro la había dejado afligida y perpleja. Mientras hablaba, proseguía con los amorosos movimientos sobre la piel del potrillo.

-¿Crees que será un presagio?

-Sí, lo creo -respondió Keith, con expresión solemne en su rostro pecoso que, por lo general, reflejaba picardía, mientras se mesaba los cabellos rojizos. Con excepción del séptimo hijo varón y de Dulce, todos los Leslie tenían el pelo oscuro-. Se avecinan grandes cambios... me temo que vendrán de fuera y de dentro. Llegarán poderosos hombres venidos de lejos. Escocia será desgarrada.

Dulce comprendió que el lince era un símbolo: había bajado de las montañas. Desgarraba a su presa con su gran poder. Se estremeció.

-¿Has hablado con nuestro padre de la premonición?

Keith asintió.

-Papá tiene sangre normanda y sus lealtades están repartidas. Él dice que, como Dumfries pertenece a la corona, ha cambiado de manos muchas veces a lo largo de los siglos. Toda la región de Carrick y Annandale fue gobernada por los Bruce hasta que Baliol se convirtió en rey. Luego, esas tierras fueron confiscadas por Comyn, el condestable de Escocia. Papá dice que nosotros somos cuidadores del castillo, no soldados, y que los cambios no nos afectarán. Pero los cambios siempre traen consecuencias, Dulce.

Las hermanas de Dulce y las esposas de sus hermanos pasaban mucho tiempo en el castillo sirviendo en el comedor y manteniendo limpias y ordenadas las habitaciones, mientras ella se ocupaba de las caballerizas y la despensa. Rara vez se aventuraba a entrar en el fuerte donde se alojaban los soldados. Hacía tres años que estaban allí; sin embargo, Dulce se sentía amenazada por la presencia de los hombres. ¡Y ahora, la perturbaba aún más saber que unos desconocidos invadirían Dumfries!

El pequeño potrillo comenzó a patalear y Dulce lo ayudó a ponerse en pie. Con la colaboración de Keith, lo guió hasta donde estaba su madre y vio, con mirada tierna, que la yegua lo aceptaba. Dulce se mojó un dedo con leche de la yegua y lo puso en la boca del pequeño. Debió repetir la acción unas seis veces hasta que el potrillo comenzó a ma - mar. Dulce pensaba en su extraño encuentro y en la profecía de Keith, y se convenció de que prefería mil veces enfrentarse al lince que a cualquier hombre.

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Re: WEBNOVELA: "Un año y un día" de Virginia Henley

CAPÍTULO 2

-¿Wigton? ¡Eso queda en el límite con Escocia! -exclamó horrorizada Alicia Bolton, temblando.

-No estoy proponiéndote que te entierres viva; solo que te instales en mi castillo de Wigton mientras me dirijo al norte -dijo con sequedad Ucker de Warenne a la mujer, su amante desde hacía tiempo.

-¡Es igual! Cuando llegamos a la costa, pensé que iríamos a Francia; hace meses que espero con ansiedad ir a Burdeos.

-Hablas de ir a Francia como si fuera un paseo; vamos a una guerra - recordó Ucker.

-La guerra es tu vida -replicó ella, irritada. Estaba a punto de quitarse una media de una de sus largas y esbeltas piernas pero cambió de idea y se bajó las faldas con gesto petulante-. Cuando pienso en todo el tiempo que, por tu bien, pasé en esa región desolada de Gales, tengo ganas de gritar; ¡sin embargo, tú me pides que soporte una situación más dura aún, en un sitio olvidado por Dios!

-No se podría decir que el castillo de Chester fuese un sitio desolado de Gales -hizo notar Ucker-. Comparado con los amontonamientos de rocas que conforman las regiones inhóspitas de Gales, Chester es un castillo palaciego, al igual que esta fortaleza de Newcastle.

-¡Pero esto no es Windsor! -replicó ella.

Alicia había sido dama de compañía de la difunta reina Eleanor; vivir en la suntuosa corte de los Plantagenet la había convertido en una consentida. Ucker se encogió de hombros.

-Como quieras, Alice, la decisión está en tus manos.

-Mi nombre es Alicia; ¡tú me llamas Alice adrede, para hacerme enfadar! A ti no te importa si me voy o me quedo. ¡No soy más que una rutina para ti... un hábito!

Ucker clavó en ella una mirada glacial:

-Un hábito del que podría prescindir con más facilidad de la que te imaginas.

-¡Oh! Disfrutas siendo cruel conmigo a pesar de cuanto he sacrificado por ti.

Ucker se irguió; su paciencia se había agotado.

-Te diré qué es con lo que no disfruto: con la teatralidad de las mujeres. Ya nos veremos, señora.

-No te vayas, Ucker; por favor, no te marches -rogó Alicia, desesperada.

En el castillo había por lo menos treinta mujeres que se llevarían gustosas a Ucker a su lecho, motivo por el que vivía en permanente estado de celos. Clavó la vista en la puerta cerrada de la habitación con los ojos entornados. Ni siquiera había salido de la estancia dando un portazo; ¡eso demostraba la indiferencia que sentía por ella!

Alicia corrió hasta el espejo de plata bruñida para contemplar su imagen. Estaba delgada como un junco y era muy hermosa. ¿Qué más podía pretender un hombre? «Por supuesto que me instalaré en el norte -se dijo-. De otro modo, ¿cómo podría impedir que otra mujer ponga sus codiciosas manos en él? ¡Los hombres no tienen ni idea de lo depredadoras que pueden llegar a ser esas zorras! »

Alicia atravesó la habitación, fue al armario y sacó un pequeño frasco de su escondite. Sirvió una medida y lo bebió con avidez. Hacía tanto tiempo que bebía vinagre que casi había llegado a agradarle su sabor ácido. Eso la ayudaba a mantenerse delgada; sería capaz de beber la orina de caballo que usaba para aclararse el pelo si creyese que con eso evitaría la gordura. La reina Eleanor había dado quince hijos al egoísta de Eduardo Plantagenet; nada horrorizaba tanto a Alicia como un vientre fláccido y los estragos que causaban los partos en la silueta de una mujer.

Ucker desechó cualquier pensamiento relacionado con Alicia en cuanto se alejó de ella. Creía que las mujeres eran egoístas y superficiales; por lo general, él no podía menos que ver sus defectos con cierto humor. Ucker entró en el gran salón desbordado de hombres bebiendo, jugando a dados, riendo, gritando. El estrépito era ensordecedor, el humo que salía de los fuegos y de las antorchas era espeso y acre. Su mirada recorrió la vasta estancia, buscando a John de Warenne. Como no vio allí a su tío, supo que lo encontraría en la sala de mapas.

John de Warenne, conde de Surrey, levantó de inmediato la vista cuando su sobrino de anchos hombros entró en la habitación, y volvió a mirar el mapa que había estado observando.

-Newcastle revienta por las costuras y llega más gente todos los días. Mis arqueros galeses han acampado fuera de la muralla; cuando lleguen los hombres del conde de Ulster, tendrán que hacer lo mismo - dijo Ucker.

-Faltan unos días para que estén aquí; sus buques aún no han llegado a Carlisle. He ordenado a Percy que acompañe al rey hasta el norte de Berwick. De ese modo, tendremos un poco más de espacio cuando lleguen Clifford y sus hombres -dijo John de Warenne, que comandaba todos los ejércitos del rey Eduardo. Había aprendido sus conocimientos bélicos luchando a las órdenes de Simon de Montfort, el guerrero más grande que hubiese conocido Inglaterra-. Es una locura subestimar a Eduardo Plantagenet, como pronto comprobarán los escoceses, para su desdicha.

-Lo más probable es que una demostración de fuerza haga venir al rey Baliol con la cola entre las piernas, a jurar una vez más su lealtad en nombre de Escocia y a ofrecer a Eduardo sus tropas para ayudar a luchar contra los franceses. Baliol tendría que ser ciego, sordo y tonto para no comprender que Eduardo lo ha puesto allí como rey títere - comentó Ucker.

-A mi entender, lo que él no comprende es que Eduardo Plantagenet podría arrancarlo del trono tan súbitamente como lo ha sentado en él. Si John Comyn, conde de Buchan, insta a la rebelión mientras nosotros estamos haciendo planes en cuanto a Francia, ¡es porque piensa con el cu - lo! Eduardo bien podría utilizar el ejército que ha reunido para invadir Escocia antes de ir a Francia; así mataría dos pájaros de un tiro.

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Re: WEBNOVELA: "Un año y un día" de Virginia Henley

-Lo gracioso es que si los nobles escoceses se aliaran contra nosotros serían casi imposibles de derrotar.

De Warenne lanzó una amarga carcajada.

-Habrá dos lunas en el cielo antes de que ellos se unan bajo una misma bandera. El insoportable orgullo de sus jefes de clan les impide aceptar órdenes de un solo comandante. Prefieren luchar entre sí que combatir a los ingleses.

-Robert de Bruce debería haber sido designado rey y no Baliol, aunque solo puede jactarse de sangre escocesa por parte de madre. Son pocos los escoceses nobles que tienen sangre celta pura. Muchos, como los Bruce, son descendientes de normandos y poseen tierras tanto en Inglaterra como en Escocia. Los nobles escoceses cambian de bando con tanta frecuencia como de esposa.

Ucker entregó a su tío un cuerno lleno de cerveza; entonces, sí, el pétreo general dio la espalda a los mapas y olvidó todo tema relacionado con el ejército.

Se sentó frente al fuego y dejó pasear su mirada sobre la figura poderosa de Ucker.

-Y ya que hablamos de volver a casarse, ¿cuándo vas a tomar tú otra esposa? Te estás haciendo mayor. Y no quisiera que acabaras tu vida como yo, sin tener hijos.

Ucker sabía que tenía el deber de casarse. Era el titular de una baronía, poseía tierras en Gales, Essex y Northumberland y había heredado el condado de John de Warenne en Surrey, donde había vastas extensiones de tierra y numerosos castillos. Necesitaba tener hijos fuertes para que retuviesen todo cuanto le pertenecía. Si moría sin descendencia, Eduardo Plantagenet se haría con todas las posesiones de los Warenne.

Lo que más deseaba Ucker en la vida era tener un hijo. Y si no fuera bendecido con un hijo, se conformaría con una hija. Ya rondaba la treintena y, que él supiera, su simiente nunca había arraigado. Era una deficiencia que le avergonzaba, en un país donde se estimulaba y se esperaba la existencia de familias numerosas. El rey Eduardo había instaurado la moda concibiendo quince hijos con la reina Eleanor y se rumoreaba que, ahora viudo, estaba buscando otra reina para poder iniciar una nueva cosecha de hijos.

Su esposa murió cuando llevaban cinco años casados y, como esa unión no había fructificado, temía que fuese culpa suya. Ningún Warenne había sido prolífico; Ucker era el único heredero de su tío porque John no tenía hijos legítimos.

-Tú tienes a Fitz-Waren, lo que demuestra que eres capaz de engendrar hijos -le recordó Ucker.

John bebió un trago de cerveza y permaneció en silencio unos minutos, hasta que hizo un gesto negativo con la cabeza.

-Fitz no es hijo mío. Antes de que él tuviese dos años, noté sus párpados caídos y supe que era el hijo de mi mejor amigo, quien murió en batalla. Solíamos compartir rameras... Cuando la muchacha acudió a mí, llorando, y me confesó que estaba en dificultades, yo reconocí al niño.

Ahora Ucker entendía por qué John nunca había reconocido a Fitz-Waren como hijo legítimo; a decir verdad, su primo no se parecía en nada a los De Warenne.

Ucker pensó por enésima vez en tomar esposa. Si bien su primer matrimonio había sido acordado, lady Sylvia Bigod tenía cuanto un hombre pudiese desear. Además de aportar riquezas, era de alta cuna, bella y culta y, si bien estaba un tanto consentida por haber vivido en la lujosa corte Plantagenet, nunca se habían cruzado entre ellos palabras coléricas. Cuando Sylvia murió a causa de una infección pulmonar, Ucker se sintió culpable por no haberle dedicado tiempo suficiente. Desde aquel momento, se dedicó con afán a luchar y a acumular tierras con la intención de volver a casarse. Sus pensamientos volvieron a Alicia. Era extraño que, aunque ella era su amante desde hacía dos años, nunca se hubiese quedado encinta. Era tan grande el deseo de Ucker de tener descendencia que hubiese capitulado y se habría casado con Alicia si ella hubiera demostrado ser fértil. Miró a John y prometió:

-Buscaré la dama apropiada.

 

 

Fitz-Waren, de guardia en la entrada del castillo, observó con atención a los cien caballos que entraban en el patio. Ya casi había oscurecido y no se esperaba la llegada de los hombres de Clifford hasta la mañana siguiente. En ese momento, Fitz-Waren reconoció las armas de De Bohun en un escudo y supo que acababa de arribar el conde de Hereford, condestable de Inglaterra.

De pronto, su sangre empezó a agitarse al ver que una caperuza roja caía hacia atrás, descubriendo una plateada cabellera del color de la luna: ¡Marjory de Warenne! Bastaba su nombre para acelerarle el pulso. Fitz-Waren bajó de un salto de la torre de observación y se abrió paso entre la multitud de caballos sudados hasta poder aferrar con firmeza la brida del de la joven viuda.

Jory bajó la vista hacia él y le dedicó una sonrisa deslumbrante.

-¡Fitz! No soporto tener que vérmelas con estos patanes maleducados - dijo-. ¿Tendrías la bondad de llevar mi caballo al establo?

Fitz contempló su rostro bello y frágil, consciente de que muchos hombres se hubiesen precipitado a cumplir con cualquier demanda de ella, aunque esta fuera que se arrojasen sobre su espada o bebieran una copa de cicuta. Se maldijo a sí mismo por ser un tonto de remate y la ayudó a desmontar, sin dejar de decirse que ella no era más que una zorra vanidosa.

El conde de Hereford, suegro de Marjory, apartó al Fitz-Waren de un codazo. Por más que Marjory fuese la viuda de su hijo mayor, Humphrey, John de Bohun la quería ahora para su segundo hijo, Henry.

-Está bien, milord. Fitz-Waren es mi querido primo. Estoy segura de que ambos me excusarán; quisiera sorprender a Ucker.

Jory corrió hacia el castillo como si cruzara una pista de baile, a pesar de haber pasado doce horas sobre la montura, con solo dos breves paradas de descanso.

En el rostro de Ucker de Warenne apareció una expresión incrédula cuando vio a su hermana irrumpir en el gran salón.

-¡Por la gracia de Dios! ¿Acabas de llegar? ¿Quién te ha escoltado? - quiso saber.

Jory frunció la nariz.

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Re: WEBNOVELA: "Un año y un día" de Virginia Henley

-Por desgracia, fue Hereford. Me vigila como un perro a su hueso - dijo, poniéndose de puntillas para besar a su hermano-. ¿Tú creces o yo me achico? -bromeó.

-No pretendas distraerme. ¿Qué demonios estás haciendo aquí, Jory?

Ella lanzó un solemne suspiro.

-Estoy en desgracia. Te contaré los escabrosos detalles cuando estemos solos.

-Ven, vamos a mi habitación.

Ucker hizo una señal a los escuderos.

-Taffy, pide al mayordomo que prepare una habitación para mi hermana; dile que no importa a quién tenga que sacar de las orejas. Thomas, trae cerveza.

-¿Cerveza? -preguntó el escudero irlandés en tono de duda.

Ninguna dama respetable bebía otra cosa que no fuera vino.

Ucker respondió con sequedad:

-Mi hermana tiene el apetito de tres soldados. Necesita reponer fuerzas para cometer sus tropelías.

Jory hizo un guiño al escudero irlandés, lo que provocó extrañas sensaciones en las entrañas del joven. Se precipitó a cumplir las órdenes de Ucker, no sin antes retribuir el guiño.

Cuando quedaron solos, Jory se dejó caer en una de las sillas talladas ante el fuego y levantó los pies.

-Ayúdame a quitarme estas condenadas botas.

Ucker se colocó de espaldas a ella, puso los pies de su hermana entre sus piernas y tironeó. La primera bota salió con facilidad, pero la segunda fue más difícil de quitar. Jory apoyó el pie en las nalgas de su hermano y empujó con fuerza:

-Eres una doncella encantadora.

Ucker acercó las botas al hogar para que se secaran.

-Tú no necesitas una doncella, lo que necesitas es un maldito escudero.

-Ah, qué idea novedosa. ¿Puedo tener a tu irlandés?

-¿No eres capaz de comportarte como es debido? -le preguntó, conteniéndose.

-No -respondió ella en tono alegre, alzándose la falda para calentarse las piernas-. ¿Has encontrado alguna dama tan especial como para ser digna de ti?

-No, todavía no.

-Uf, eso significa, sin duda, que aún conservas a esa espantosa querida tuya. Si el deseo más profundo de tu corazón es tener un hijo, ¿por qué pierdes el tiempo con Alicia?

-No estamos hablando de mis errores sino de los tuyos -replicó él. Al ver que el silencio se prolongaba, Ucker dijo con severidad-: Estoy esperando.

-Y lo haces con tal encanto... -se burló ella.

Pero, como sabía que debía confesarlo todo, comenzó por el principio, eligiendo sus palabras para quedar bajo la luz que más la favoreciera.

-Cuando Humphrey murió en Gales, lo lloré tanto que creí enloquecer, como les ha pasado a otras -hizo una pausa cuando se formó un nudo en su garganta. Tragó con esfuerzo y prosiguió-: Por fin, mi mejor amiga, la princesa Joanna, tuvo compasión de mí y me invitó a ir con ella a Gloucester. Entre Hereford y Gloucester apenas hay cuarenta kilómetros, y nosotras nos visitábamos con frecuencia.

Marjory hizo una pausa para tomar aliento.

-Conozco la distancia entre esas dos ciudades. Al grano.

Jory suspiró.

-Mi suegro se opuso. Cuando caí en la cuenta de que Bohun me quería para su segundo hijo, Henry, quedé consternada. Sospeché que ya había enviado a pedir las dispensas. Ucker, ¡jamás podría casarme con el hermano de mi esposo!

Ucker frunció el ceño.

-¿Estás en desgracia porque lo rechazaste? Hablaré con Hereford.

-No, no, todavía no he llegado a esa parte. Por el amor de Dios, puedo manejar a Hereford.

Ucker se esforzó por contener su impaciencia.

-Jory, déjate de rodeos.

-Bueno, se podría decir que ha sido obra de la Providencia que me quedase con Joanna, puesto que, unas semanas después, su anciano esposo cayó enfermo y murió.

El rey había casado a su hija Joanna con el más grande de los nobles del reino. Gilbert de Clare había sido conde de Gloucester y Hereford, además de ser dueño de parte de Irlanda y de Gales, pero también era mucho mayor que la princesa Plantagenet.

-Me alegra que hayas podido estar con ella..-Tanto el rey como el resto de Inglaterra lloraron la muerte del difunto Gilbert de Clare.

-Oh, no fue una unión por amor; De Clare era muy viejo. Joanna estaba locamente enamorada del escudero de Gilbert, Ralph de Monthermer.

Ucker se quedó de una pieza. No quería imaginar que la princesa Joanna había sido infiel al poderoso conde de Gloucester.

-¡Has contribuido a que la princesa cometiese adulterio y la has instigado! -acusó Ucker.

marcela
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Re: WEBNOVELA: "Un año y un día" de Virginia Henley

-¡Eres como los demás! Todos me echan la culpa, como si yo los hubiese empujado hasta el lecho y los hubiera desnudado.

-La verdad, Marjory -tronó Ucker.

-Bueeeeno, tal vez haya desabotonado su camisón -admitió, guiñando un ojo con picardía-. Ya sabes que soy muy impulsiva.

-Y has alentado a la princesa Joanna a serlo también. No me extraña que los De Clare estén indignados, teniendo en cuenta que el conde aún no se ha enfriado en su tumba. Eres una astuta diablesa, ¿cómo lo descubrieron?

-Hemos tenido el mayor de los cuidados para que el matrimonio se mantuviese en secreto, pero el sacerdote debe de haberse ido de la lengua.

Ucker de Warenne clavó la vista en su hermana, con expresión de horror.

-¡Por los huesos de Cristo, una cosa es acostarse con él y otra, muy diferente, casarse! ¿Cómo se os ha ocurrido? ¡Por el amor de Dios, pero si De Monthermer es un maldito escudero ... !

-Ahora es algo más que un escudero; es nada menos que el conde de Gloucester y Hereford -susurró ella, con los labios resecos.

-¡Por la gracia de Dios, tienes toda la razón! -exclamó Ucker, comprendiendo las repercusiones que tendría la apresurada boda de Joanna.

-Los De Clare enviaron a toda prisa un mensajero al rey y me despacharon de vuelta a la casa del ogro de mi suegro. Prometí a Joanna que vendría aquí, a Newcastle, a ver al rey, y que se lo explicaría todo.

-¿Pretendes explicar a Eduardo Plantagenet que su condado más importante, el de Gloucester, ha sido cedido a un escudero? ¡Estás mal de la cabeza!

-Es una característica de familia -dijo Jory, una broma que cayó en oídos sordos. Le pareció que el semblante de su hermano estaba más torvo de lo acostumbrado. -Ves en Eduardo Plantagenet al rey, y yo, al hombre. No existe nadie sobre la tierra que no pueda ser manip...

Al ver la expresión de advertencia en el rostro de su hermano, Jory no se atrevió a finalizar la frase.

-¡Tú y la princesa Joanna sois tal para cual! Sois demasiado voluntariosas y tenéis un concepto exageradamente positivo de vosotras mismas.

-Por eso somos tan buenas amigas.

-El rey se pondrá furioso contigo. Te prohíbo que lo veas esta noche. Eduardo ya tiene bastante en qué pensar en este momento; la situación en Escocia le enfurece.

Al ver la expresión de derrota en el rostro de Marjory, Ucker sintió compasión. Ella había emprendido un viaje de doscientos cuarenta kilómetros para ayudar a una amiga. Notó la presencia de dos sombras violáceas bajo los bellos ojos de su hermana, el sesgo abatido de sus hombros.

-Ve a mi habitación e intenta descansar. Regresaré a la hora de cenar; te acompañaré al comedor.

A continuación, fue en busca de Taffy, su escudero escocés, a quien había encomendado una tarea imposible. Esa noche no habría habitaciones desocupadas en Newcastle.

 

 

Cuando Marjory entró en el gran salón del brazo de su hermano, provocó un impacto en los varones que tuvieron la fortuna de echarle un vistazo. El vestido verde claro que llevaba destacaba sus ojos; las joyas habían sido elegidas para atraer la atención hacia sus encantos femeninos. La pesada cadena de oro, de la que pendía una esmeralda pulida y sin tallar, se balanceaba en el valle formado por sus erguidos pechos, realzándolos y atrayendo las miradas de manera irresistible. Esa cadena competía con otra de oro alrededor de su cintura de la que colgaba una segunda esmeralda a la altura del monte de Venus.

Se oyó un rumor de voces masculinas a su paso semejantes a gruñidos. Jory murmuró algo sin apartar la mirada de Alicia, quien iba del otro brazo de Ucker.

-Oooh, son como una manada de perros hambrientos. ¿Debemos echar suertes para ver quién será el hueso... y quién la perra?

Jory captó la expresión de repugnancia que Alicia sentía en ese salón atiborrado de caballeros y toscos soldados, y disimuló una sonrisa. Ella, por su parte, estaba convencida de que no había nada más estimulante que estar rodeada de hombres.

Al pasar ante la larga mesa ocupada por condes y barones, Jory sonrió a cada uno de ellos. John de Bohun había dejado sitio a su lado para ella. Jory le dedicó una graciosa reverencia.

-Gracias por haberme proporcionado una escolta segura, mi querido señor. Esta noche, cenaré con mi tío John. Hace meses que no tengo el placer de su compañía. Estoy segura de que Alicia se sentirá muy honrada de compartir la mesa con el condestable de Inglaterra.

Sabía que John de Bohun no podía menos que abrigar sentimientos de propiedad en relación con ella y que le afligía haberla perdido como nuera.

Alicia dirigió a Marjory una mirada capaz de cortar la leche; cuando Jory se sentó entre John de Warenne y Ucker, murmuró:

-Así tendrás espacio para respirar.

John la miró con expresión arrobada.

-Hola, Minx, chiquilla: cada día estás más hermosa.

Ucker y Minx era una broma que ella y su hermano habían compartido con su tío desde que eran niños.

-Está metida en un buen lío -informó Ucker al tío.

-¿Otra vez? -preguntó, en tono indulgente.

-Yo solo he traído un mensaje al rey, de parte de su hija Joanna.

-En realidad, no tendrías que estar aquí -la reprendió John con suavidad-. Escocia nos amenaza; vamos a dirigirnos hacia allí con el ejército.

El rostro de Marjory se iluminó.

marcela
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Re: WEBNOVELA: "Un año y un día" de Virginia Henley

-Podrás proporcionarme una escolta segura. Prometo marcharme en cuanto haya tenido ocasión de hablar con el rey. Puedo ir a Carlisle, a visitar a mi madrina, Marjory de Bruce. Me recibirá con los brazos abiertos.

-No lo hará -tronó Ucker-. El castillo de Carlisle es el punto de reunión elegido para la provisión de los ejércitos; a partir de ahora, será ocupado por los irlandeses de De Burgh. Además, Carlisle no es un lugar para una dama.

La mente de Jory adquirió una velocidad mercurial, en su esfuerzo por quedar un paso por delante de su hermano, algo nada fácil de lograr. De repente, sonrió.

-Entonces, iré a Wigton. Ni siquiera tú puedes negarme el acceso a tu castillo, hermano.

Wigton estaba a solo doce o trece kilómetros del castillo de Carlisle, donde los be Bruce eran gobernadores.

Ucker le retribuyó la sonrisa.

-De acuerdo; Wigton, pues. Serás una buena compañía para Alicia.

-¡Qué fastidio! -estalló Marjory-. Siempre tiene que haber una mosca en la leche.

-¿Porque estás en problemas? -preguntó John-. ¿Porque te has negado a casarte de nuevo? ¿Qué tenéis contra el matrimonio?

-Yo no tengo nada en contra del matrimonio... de otros. No, estoy bromeando. Amé a Humphrey y no hubiese querido enviudar ni a cambio de una corona enjoyada, pero ahora que he conocido la viudez, comprendo que sus ventajas sobrepasan, de lejos, a las de una doncella soltera o, incluso, a las de una esposa. No necesito depender de ningún hombre. Por primera vez en mi vida, tengo libertad para tomar las decisiones que quiera.

-Decisiones que siempre son precipitadas -recordó Ucker.

Jory puso su mano sobre la de él.

-Ucker, Joanna no pudo evitarlo. Sin duda, debes recordar qué es enamorarse.

-¿Enamorarse? -exclamó Ucker, incrédulo-. No existe eso que llaman «enamorarse». Es un mito creado por mujeres y para mujeres. Los hombres se ven obligados a fingirlo para conseguir de ellas lo que desean, pero no creo que ningún hombre tome en serio esas tonterías.

Asombrada, Jory abrió los ojos.

-¿Y qué me dices de Sylvia?

Jory observó el semblante de su hermano. Ucker de Warenne era uno de los militares más apuestos de Inglaterra. Su cuerpo musculoso y su melena rubia provocaba suspiros en las mujeres, quienes le ofrecían su corazón. Era incomprensible que nunca hubiese amado a una mujer. En ese instante, sintió una gran piedad por él y se apresuró a bajar la mirada para que él no adivinase sus pensamientos.

Ucker: cambió de tema.

-Al parecer, esta noche el rey no cenará con nosotros.

-No, acaba de recibir un despacho que lo ha exasperado –dijo John, bajando la voz para que solo Ucker: pudiese oírlo-. Baliol de Escocia ha despedido a los funcionarios públicos designados por Eduardo y ha confiscado las tierras en poder de los ingleses. En este momento, el rey está redactando una orden para que las fortalezas escocesas de la frontera pasen a sus manos, hasta que concluya la guerra contra Francia.

-En ese caso, será conveniente que mañana preparemos a los hombres para marchar -dijo Ucker, con decisión.

Platino Brillante
BabysCandy08
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Re: WEBNOVELA: "Un año y un día" de Virginia Henley

Hola so Eileen soy nueva en el foro y tu nueva y fiel lectora porfavor continuala :cara_burlon:
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:flor: EliUckermann :angelito: