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dulce08sonrisa
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---> ESCLAVOS DEL SEXO <---

ARGUMENTO:

 

Satisfacción sexual…

Diez años como esclavo sexual en un burdel turco han hecho que Lord Ucker Sokorvsky tenga un insaciable apetito sexual. Ahora, le ha llegado la hora de casarse, pero encontrar a una mujer que pueda satisfacer sus lujuriosos deseos le supone un auténtico desafío... hasta que conoce a Dulce y todo en lo que puede pensar es en tenerla debajo de su duro cuerpo, suplicándole que la saboree y la acaricie.

Sensual seducción…

Dulce Harrison sabe que debería escandalizarse y asombrarse por los atrevidos avances de Lord Sokorvsky, pero en lugar de eso está secretamente excitada por ese hombre sensual y seductor. Y es que, debajo de su calma y finas maneras, yace una licenciosa mujer que anhela las íntimas caricias de un hombre, y está deseando ser educada en el arte de la sensualidad, para dar y recibir placer y sucumbir a un descabellado deseo que no conoce límites.

 

No se si lo habran subido o no.

Pero si quieren que lo siga comenten :guinando:




dulce08sonrisa
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Re: ---> ESCLAVOS DEL SEXO <---

NO QUIEREN ???




phina05
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Re: ---> ESCLAVOS DEL SEXO <---

HOLA!!! TU PRIMERA LECTORA!!! NUEVA LECTORA ME LLAMO ESTIVALIS Y SOY DE REPUBLICA DOMINICANA TENGO 14 AÑOS!!! AHHH!!! ME CAE Q SERA INTERESANTE!! COMIENZALA!!!BYE!! BESOS!!!♥♥!!!

PHINA05

 

 

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Re: ---> ESCLAVOS DEL SEXO <---

súbela :smileywink:

dulce08sonrisa
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Re: ---> ESCLAVOS DEL SEXO <---

CAPITULO 01

 

Southampton, Inglaterra 1815

Dulce presionó los dedos contra su boca para evitar gritar al ver al hombre y a la mujer que se retorcían juntos en las sába­nas enredadas. Los muslos rollizos de Daisy rodeaban las cade­ras del hombre que empujaba sin descanso dentro de ella. El rit­mo violento de los empujones hacía chirriar el armazón de hierro de la cama mientras Daisy gemía y gritaba su nombre.

Dulce supo que debía alejarse de la puerta entreabierta; sin embargo no podía quitar la mirada de la actividad frenéti­ca de la cama. Sentía escozor en la piel y el corazón le latía con fuerza contra los pechos.

Cuando Daisy gritó y se retorció como si estuviera su­friendo un ataque, un pequeño sonido escapó de los labios de Dulce. Para su horror, el hombre que estaba sobre Daisy se in­corporó como si hubiera oído algo. Giró la cabeza y sus ojos miraron fijamente los de ella. Dulce se dio la vuelta y se mar­chó, ajustó el mantón alrededor de sus hombros y se fue dan­do traspiés por el pasillo. Acababa de apoyar la mano sobre la puerta del descansillo cuando unos pasos detrás de ella la hicieron detenerse.

-¿Lo habéis disfrutado?

La voz alegre de lord Ucker Sokorvsky interrumpió la retirada apresurada de Dulce. De mala gana, se volvió para desafiado. Él se acercaba mientras introducía la camisa blanca den­tro de sus pantalones desabrochados. La chaqueta, el chaleco y el pañuelo de cuello colgaban de su brazo. Un débil brillo de sudor le cubría la piel morena, testimonio del reciente esfuerzo.

Dulce se irguió por completo.

-No hubo ninguna cuestión de placer, milord. Solo confirmaba mis sospechas de que no es un compañero ade­cuado para mi hermana menor.

Ahora lord Ucker se encontraba lo suficientemente cerca como para que Dulce mirara fijamente sus ojos violáceos. Era el hombre más hermoso que había visto. Su cuerpo era tan grácil como una escultura griega, y se movía como un bai­larín agraciado. Aunque desconfiaba de él, ansiaba alargar la mano y acariciarle el carnoso labio inferior solo para compro­bar que era real. Su cabello era de un intenso marrón castaño, sujetado hacia atrás con una cinta de seda negra. Era un estilo pasado de moda, pero le quedaba bien.

Él arqueó una ceja. Cada movimiento que hacía era tan refinado que ella sospechaba que practicaba cada uno de ellos frente al espejo hasta perfeccionarlos. El cuello abierto de la camisa dejaba ver la mitad de una moneda de color bronce en­sartada en un cordón de cuero que seducía en el espesor del vello de su pecho.

-Los hombres tienen... necesidades, señorita Harrison. Estoy seguro de que vuestra hermana es consciente de eso.

Mientras él se acercaba más, Dulce intentaba respirar de manera superficial. Su perfume a cítricos estaba acentuado por otro olor más poderoso e inaprensible que suponía se de­bía al sexo. Nunca había imaginado que hacer el amor tuviera un olor particular. Siempre había creído que la procreación era una cuestión tranquila y pacífica en la privacidad de una cama matrimonial, no la cópula primitiva, bulliciosa y exube­rante que acababa de presenciar.

-Mi hermana es una dama, lord Sokorvsky. ¿Qué sa­brá ella sobre los deseos masculinos?

-Lo suficiente para saber que un hombre busca here­deros y obediencia de su esposa, y placer de su amante.

Sintió una ráfaga de ira en nombre de su hermana. -Quizá se merezca más. Personalmente, no se me ocu­rre nada peor que estar atrapada en un matrimonio como ese.

Sus extraordinarios ojos chispeaban con interés mien­tras parecía advertir su ropa de dormir y sus pies descalzos por primera vez. Dulce retrocedió con cautela hacia la puerta. Él movió el cuerpo para obstruirle la salida.

-¿Es esa la razón por la que frecuentáis el ala de los criados en plena noche? ¿Habéis decidido arriesgar todo por el amor de un hombre común?

Dulce se sonrojó y se sujetó con fuerza la mantilla con­tra los pechos.

-He venido a comprobar si lo que me había dicho mi criada era verdad.

-¡Yaya! -Volvió a echar una ojeada al pasillo - ¿Daisy es vuestra criada? -Le hizo una reverencia elegan­te - Considéreme verdaderamente comprometido. ¿Qué pensáis hacer? ¿Insistir en que contraiga matrimonio con ella? ¿Ir a contárselo a vuestro padre?

Le lanzó una mirada de odio. ¿Cómo podría decirle a su padre que el hombre al que consideraba un protegido era un li­bertino licencioso? Y por otra parte estaba la cuestión de la inmensa riqueza de lord Sokorvsky. Las empresas de transporte marítimo de su padre no habían ido bien en los últimos años.

Se relamió. La mirada interesada de él siguió el movi­miento de su lengua.

-Mi padre tiene muy buen concepto de vos. Estaba encantado cuando os ofrecisteis para contraer matrimonio con una de sus hijas.

Apoyó el hombro contra la pared y la observó, con la· expresión seria.

-Le debo mi vida a vuestro padre. Contraería matri­monio con las tres si estuviera permitido en este país.

-Afortunadamente para vos, no lo está -le espetó Dulce. El rostro de él continuaba con la expresión perezosa y burlona a la que ella había llegado a temer - En cuanto a mi propósito, pensé en apelar a lo mejor de vos. Quería pediros que no deshonréis a mi hermana teniendo una amante des­pués de la boda y que permanezcáis fiel a vuestros votos.

La miró fijo por un largo rato y, luego, comenzó a reír. -¿Esperáis que permanezca fiel a vuestra hermana para siempre? -Sus ojos se oscurecieron para dejar ver un vestigio de acero-. ¿A cambio de qué?

-No le diré a mi padre nada sobre vuestro compor­tamiento deshonroso de esta noche. Se decepcionaría mu­cho de vos.

Su sonrisa desapareció. Se acercó tanto que sus botas rozaron los dedos descalzos de Dulce.

-Eso es chantaje. Y no tendréis ni la más remota ma­nera de saber si cumplo con mi palabra o no.

Sara esbozó una pequeña sonrisa triunfante.

-¿Entonces no cumplís con vuestras promesas? ¿Sois un hombre sin honor? 




dulce08sonrisa
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Re: ---> ESCLAVOS DEL SEXO <---

Él le colocó los dedos debajo de la barbilla y le levantó la cabeza de una sacudida para mirarla a los ojos. A ella le re­sultaba difícil respirar mientras observaba sus extraordina­rios ojos. ¿Por qué no se había dado cuenta de que debajo de su exquisita apariencia había una terrible voluntad férrea?

-Puedo aseguraras que cumplo con mis promesas. Dulce encontró su voz:

-Charlotte solo tiene diecisiete años. Sabe poco sobre el mundo y solo intento protegerla.

Le soltó la barbilla y deslizó los dedos por el costado de su cuello hasta llegar al hombro. Para alivio de ella, su aire de violencia contenida desapareció.

-¿Por qué vuestros padres no os pusieron a vos de­lante para contraer matrimonio conmigo? Sois la mayor, ¿no es verdad?

Miró de manera intencionada su mano, que aún des­cansaba sobre su hombro. -Tengo veintiséis. Tuve mi opor­tunidad para conseguir un esposo, estuve una temporada en Londres y no logré sacar partido de ella.

Enrolló un mechón de su cabello negro en el dedo. Ella se estremeció. Su expresión embelesada se intensificaba. -Charlotte es la más hermosa y obediente de mis hermanas. Merece una oportunidad de convertirse en la espo­sa de un hombre rico.

Su suave risa la asustó y su cálido aliento sopló en su cuello.

-¿Como yo, queréis decir?

Dulce lo miró a los ojos con atrevimiento.

-Sí, aunque... -Arrugó el entrecejo, distraída por su cercanía - Emily podría ser mejor pareja para vos; se impre­siona más por la riqueza y la posición social que Charlotte.

-Vos poseéis algo que no tiene ninguna de vuestras hermanas.

Dulce se mordió el labio.

-No necesitáis recordármelo. En apariencia, soy im­pulsiva y demasiado directa para el gusto de la mayoría de los hombres.

Le dio un ligero tirón a su mechón de cabello.

-No para todos los hombres. He tenido fama de elo­giar a las mujeres con empuje y determinación.

Ella levantó la vista y se enfrentó a sus ojos. Algo ur­gente chispeaba en ellos. Luchaba contra el deseo de inclinarse más cerca y rozar su mejilla contra su pecho musculoso. -Creo que seré mucho mejor tía solterona que espo­sa. Al menos, podré ser yo misma.

Su sonrisa holgazana era tan íntima como una caricia. -Pero, ¿qué hay de los placeres de la cama matrimo­nial? ¿No os arrepentiríais de no probarlos?

Ella suspiró como con desprecio.

-Si lo que acabo de ver es un ejemplo de esos place­res, quizá esté bien sin ellos.

Los dedos de él le tensaron el cabello.

-¿No disfrutasteis de ver cómo follaba con vuestra criada?

Dulce lo miró boquiabierta.

Su sonrisa se ensanchó. Extendió el dedo índice y con suavidad, le cerró la boca.

-No solo sois una mojigata, señorita Harrison, sino también una mentirosa.

El calor le inundó las mejillas. Dulce deseaba cruzar los brazos por encima de sus pechos. Tembló cuando él retrocedió un paso y la observó con atención.

-Vuestra piel está sonrojada, y puedo ver vuestros pezones a través del camisón. Si deslizo mi mano entre vues­tras piernas apuesto que estáis húmeda y preparada para mí.

Los dedos de Dulce se movían con nerviosismo en un impulso instintivo de darle una bofetada a su gentil rostro. Esperó que una ráfaga de ira alimentara su valor, pero no su­cedió nada. Solo una extraña sensación de espera, de tensión, de necesidad -como si su cuerpo supiera algo que su mente aún no había comprendido-. Permitió que la observara, ten­tada de tomar su mano y presionarla contra su pecho. De al­gún modo sabía que aliviaría el dolor latente que le inundaba los sentidos.

Como si hubiera leído sus pensamientos, alargó la mano y rodeó el capullo apretado de su pezón. Sara cerró los ojos mientras una punzada de necesidad se disparaba directa­mente hacia su útero.

-Dulce...

La voz baja de él rompió el hechizo. Ella se cubrió con la mantilla y retrocedió. Apenas pudo abrir la puerta de un tirón y corrió. La risa de él la perseguía por el hueco de la escalera.

Ucker quedó mirando detrás de Dulce Harrison mientras su po*lla se engrosaba y crecía contra los calzones desabrochados. Distraído, se arregló y pensó en su reacción hacia él. Necesitaba un hombre dentro de ella se diera cuenta o no. Tal vez debería reconsiderar su plan de contraer matri­monio con la joven y obediente Charlotte.

Su sonrisa desapareció al seguir a Dulce escaleras abajo.

John Harrison tenía un vínculo especial con su hija mayor. Conociendo la historia sórdida de Ucker, ¿permitiría John que contrajera matrimonio con su hija preferida? Para co­menzar, era interesante que no se la hubiera ofrecido como posible prometida.

Bajó un tramo de las escaleras y regresó por el largo pasillo oscuro hasta su habitación. No había rastros de Dulce.

Ucker contempló su cama vacía e imaginó a Dulce re­costada desnuda en el centro, con su largo cabello negro des­parramado sobre las almohadas y los brazos bien extendidos para recibido. Arrugó el entrecejo mientras su po*lla latía por la necesidad. Para acallar los fantasmas de su pasado, necesi­taba sentar cabeza con una mujer convencional que le brinda­ra hijos y que le dejara hacer lo que quisiera.

Antes de dejar la ciudad, había pasado una velada rui­dosa con sus amigos y su actual amante e hicieron una lista con las cualidades que un hombre necesitaba de una esposa de sociedad. Sin lugar a dudas, una de sus hermanas sería una mejor elección. Sospechaba que Dulce sería un desafío.

La curiosidad natural de Sara provocaba sus sentidos.

Había deseado abrir los labios y tomar su boca para probar cómo sabía. Había olvidado lo erótico que podía ser un primer beso, se había movido en un territorio más interesante desde hacía mu­cho tiempo. Su inocencia y sensualidad subyacentes merecían ser exploradas. ¿No era eso lo que él realmente anhelaba?

Se quitó la ropa y la dejó caer al suelo. El escaso fuego se había extinguido y el frío lo invadía todo a través de las ventanas mal cerradas y la puerta. Al menos tenía unos días de gracia antes de tener que tomar una decisión. No espera­ban que John Harrison regresara con su familia hasta el vier­nes por la noche. Ucker se metió en la cama. Su breve encuentro interrumpido con la entusiasta Daisy había hecho poco por satisfacer su deseo.

Ucker intentaba ignorar el olor desagradable de las sá­banas húmedas y mohosas mientras cerraba su puño alrededor de su erección y se mas turbaba hasta llegar al clímax. Imaginar que era Dulce quien lo tocaba lo hizo acabar con rapidez. No per­mitió que su imagen destruyera el incremento sensual de anti­cipación sexual que ardía a través de su cuerpo excitado.

Imaginaba su rostro asustado mientras lo observaba fo*llar a Daisy. ¿Había deseado tocado ella misma? La idea lo hacía estremecerse. Su cuerpo se sacudía mientras llegaba a la eyaculación. Cerró los ojos y una visión del rostro ardiente de Sara inundó sus sentidos.

El último pensamiento que tuvo mientras el sueño lo llamaba fue sobre ella acabando debajo de él mientras llevaba su liberación a lo profundo de su interior una y otra vez. 




dulce08sonrisa
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Re: ---> ESCLAVOS DEL SEXO <---

HAY ESTA EL PRIMER CAPITULO SI QUIEREN QUE SIGA DEJEN COMENTARIOS




dulce08sonrisa
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Re: ---> ESCLAVOS DEL SEXO <---

PARECEE QUE NO LES GUSTO :confundido:




phina05
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Re: ---> ESCLAVOS DEL SEXO <---

hola!!! ahhh!! siguela!!! me encanta!! un cap hot:smileyvery-happy:iablo:!!! ahh!!! siguela pronto!! bye!!

phina05

 

http://foro.univision.com/t5/Vondy-Dulce-Christopher-Uckermann/quot-AmOr-O-aMiStAd-quot/td-p/4447800...

 

 

 

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Re: ---> ESCLAVOS DEL SEXO <---

perdón estaba en clas .-. me gusta mucho!! pero no me gusta Chris, es un ***o no lo digo por que soy niña buena ^_^ jajaj espero que cambia pronto su forma con las mujeres -_- lol