chavo del ocho fotos
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jusbie
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~Como Buenos Vecinos~(JustinBieber y Tu)[ADAPTADA]

Por huir de una mujer se encontró perdidamente enamorado de otra.
Vecina excéntrica y amiga leal,                Dean era justo lo que Justin Bieber  necesitaba para salir de un lío de faldas.
Las intenciones de su cuñada no eran nada fraternales, y Justin tuvo que preparar una farsa para desanimarla. La dulce y provocativa                sería la ideal para ayudarle o salir de aquel lío.
Todo fue bien hasta que vio a                   en su cama. Entonces, sintió que la sangre le hervía y que el deseo se apoderaba de él. Pero eso le planteaba una serie de interrogantes: ¿deseaba a una mujer a la que no podía tocar?

¿Iba a tocar a una mujer a la que no se atrevía a amar?

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jusbie
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~Como Buenos Vecinos~(JustinBieber y Tu)[ADAPTADA]

hoola.!!! mi nombre es pame, soy de argentina.

soy nueva en esto :asustados:

pero la verdad es que esta nove me encanta

es por eso que me anime a adaptarla

espero que a ustedes tambien les agrade

ahora voy a subirle algunos cap. besitoos..:coqueta::smileyvery-happy:edos:

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jusbie
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~Como Buenos Vecinos~(JustinBieber y Tu)[ADAPTADA]

/////********//////******="font-family: 'arial black', 'avant garde'; line-height: normal;">>CAPITULO #1#

             Se sentía extraña en la gran cama de matrimonio, lo que por otra parte no era nada raro, teniendo en cuenta que no era la suya. Esa cama pertenecía a Justin Bieber , y de no haber sido por la amistad que los unía, ella nunca hubiera accedido a hacerle ese «pequeño favor». Su propia cama estaba en su casa de la playa, en la jamaicana Bahía de Montego, a sólo unos metros de la gran villa de Justin.

Durante los últimos dos años,             había pasado de ser simplemente una vecina molesta a convertirse en la única amiga de Justin. Y «amiga» era la palabra exacta; porque desde luego no eran amantes.                (N y A)Dean, a pesar de todas sus excentricidades y aspecto desinhibido, era bastante inocente. Sus padres misioneros le habían dado una educación rígida y puritana, y ni siquiera su éxito en el sofisticado mundo de la moda le había servido para liberarse en un sentido físico.

 

 Esa misma mañana, al llegar a la islas, no había encontrado a Justin en casa. De mala gana, se había puesto a trabajar en la nueva colección que preparaba, y hacía tan sólo una hora que él la había llamado por teléfono con aquella extraña petición; luego, cuando accedió a ayudarle, colgó sin dar explicación alguna.               no podía imaginarse por qué quería que la encontrasen en su cama. Él no parecía estar saliendo con nadie. Pero quizá simplemente estuviera tratando de quitarse de encima a alguna pelmaza demostrándole que ya estaba ocupado. Aunque esa táctica no era de  propia de Justin; él solía decir lo que pensaba, y nunca se andaba con rodeos, ni siquiera con las personas que quería. Pero todas aquellas suposiciones no la iban a sacar de dudas. No le quedaba otro remedio que esperar a oir  lo que Justin tendría que decir.

Se estiró voluptuosamente en la cama disfrutando del frío contacto de las sábanas de satén contra su piel. Se había puesto un erótico camisón de seda abierto hasta las caderas por ambas partes y escotado hasta el ombligo.             admitía que esa atrevida prenda formaba parte de su yo oculto. Exteriormente podía ser bastante reprimida, pero en su cabeza jugaba con la idea de ser una mujer mundana y provocativa.

Sólo con Justin podía destapar sin riesgos a esa otra mujer que llevaba dentro, por que él nunca se le había acercado físicamente; con Justin podía coquetear a sus anchas. Aunque era amable con la mayoría de los hombres, siempre tenía cuidado de no provocarles. En el momento en que uno empezaba a confundir su amabilidad con algo menos inocente, ella se retiraba a su concha y destruía la fantasía. Una cosa era pretender ser sexy y otra muy distinta llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Había tenido una experiencia bastante desagradable en su adolescencia que la había hecho una mujer extremadamente desconfiada en ese terreno.

Justin bieber de vez en cuando podía ser un completo enigma, como en ese momento. Sabía que era un ocupado hombre de negocios, dedicado al petróleo y al gas además de tener otros intereses diversos. Había heredado la compañía familiar en un estado ruinoso y utilizando su habilidad para los negocios había hecho una fortuna. Desde luego, a su éxito había contribuido su hermanastro, aunque de una manera bastante involuntario. El padrastro de Justin había repartido sus negocios entre los dos, y entre ellos se había creado una rivalidad que al final había resultado beneficiosa.

Aunque                  y Justin charlaban con frecuencia, lo cierto era que casi no hablaban de su vida privada, y consecuentemente, ella no sabía nada de su familia; o muy poco. Su hermanastro Chris estaba casado y Justin había dicho algo sobre una visita de él y de su esposa. Pero durante esos días            había tenido que volver a los Estados Unidos para supervisar la presentación de su última colección, y no los había visto.

Sonrió otra vez pensando en el éxito que había tenido ésa colección, y que le iba a permitir pasar una larga temporada en Jamaica. En realidad, no había sido fácil.; el mercado tardó mucho tiempo en aceptar su estilo, pero al fin las ventas se estaban disparando y sus problemas económicos habían desaparecido. La pequeña casita había sido un gran consuelo durante los dos últimos años; la había comprado durante unas vacaciones a precio de ganga y siempre que necesitaba descanso o inspiración dejaba la casa familiar en Miami y se refugiaba en la soleada Jamaica.

Cuando llegaba a su retiro en Jamaica se relajaba visitando a Justin, que últimamente casi parecía tener allí su residencia permanente. Pero el Justin de hacía dos años tenía poco que ver con el actual. Cuando le conoció era un hombre huraño y retraído que sólo pensaba en sus negocios. Pero gradualmente se había ido ablandando y tomando confianza, y ahora eran verdaderos amigos.          Sonrió y aguzó el oído para escuchar los ruidos que venían de la habitación contigua. Luego, al comprender que se trataba sólo de Warchief murmurando incoherencias en su jaula, se relajó.

El gran loro del Amazonas era propiedad de             , pero nunca se lo había llevado a los Estados Unidos. Warchief pertenecía a su isla tropical y               le quería demasiado para sacarle de su ambiente. Justin  también sentía especial debilidad por el loro, y siempre se lo quedaba cuando.                     Estaba ausente.

Con cierto orgullo, recordó que había sido Warchief el que los había puesto en contacto

                       había dejado su cuenta temblando para comprar el gran pájaro verde a su anterior dueño, que se había trasladado a un piso. Warchief definitivamente no era un pájaro de apartamento. Se pasaba el día entero vociferando y cuando estaba de buen humor le daba por hacer su perfecta imitación del grito de guerra de los indios.

Por aquel entonces,                  no sabía una palabra sobre pájaros y menos sobre los loros del Amazonas. Había llevado a Warchief a su casa, y en pocos minutos cuando intentó tapar la jaula descubrió por qué su anterior propietario estaba entusiasmado por la venta.

Cuando el loro empezó a imitar el sonido de una sirena de la policía                se mordió los labios. ¿O era realmente la policía? ¿No sería que el vecino de la gran casa blanca se había hartado y llamado a la policía?

En ese momento, un autoritario golpe en la puerta principal, la había sobresaltado.

–¡Calla, Warchief!–le había rogado al loro, consiguiendo sólo que éste redoblara sus gritos golpeando las barras de la jaula como un poseso.

Pero no fue la policía. Fue mucho peor. Era el hombre frío y duro que vivía en la mansión cerca de la playa. El individuo que parecía tan inexpugnable como una pared de piedra. Parecía furioso y                  se preguntó si conseguiría hacerle creer que no estaba en casa.

–¡Abra la puerta o lo hará la policía!–rugió una voz profunda.

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jusbie
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un suspiro resignado le abrió. Él era un hombre alto y delgado, de aspecto peligroso; empezando por su castaño pelo y su camisa desabrochada, hasta los pantalones cortos que descubrían sus largas y musculosas piernas. Tenía un tórax que hubiera despertado pasiones en una mujer más liberada que . Era ancho y cubierto de una espesa mata de vello dorado que se rizaba por debajo de la línea de su estrecha cintura. Su rostro parecía tallado en piedra: duro y masculino, con la nariz recta y los ojos profundos y oscuros. Olía a colonia de hombre, probablemente cara a juzgar por el rólex que llevaba en la muñeca. –

¿Sí?–dijo con una sonrisa insegura. –

¿Qué demonios está pasando aquí? preguntó él secamente.

Ella parpadeó. –Le pido perdón.

He oído gritos–dijo él mirándola fijamente con sus ojos color miel.

–Sí, bueno, eran gritos, pero... –Compré mi casa precisamente por su entorno tranquilo y silencioso

–la interrumpió sin miramientos–. Me gustan la paz y la tranquilidad, y he venido desde Oklahoma para conseguirla. No me gustan las fiestas salvajes en absoluto.

–Oh, a mí tampoco–dijo seriamente. En ese momento Warchief lanzó un alarido que hizo vibrar los cristales de las ventanas.

–¿Por qué grita esa mujer? ¿Qué clase de gente tiene con usted, señorita? El hombre de Oklahoma la dirigió una helada mirada antes de entrar en la casa y empezar a buscar la fuente del grito. Suspiró y se recostó contra el quicio de la puerta mientras él entraba en el dormitorio y luego en la cocina, siempre murmurando algo sobre asesinatos sangrientos y la falta de consideración de los vecinos en esa parte de la isla. Warchief empezó a reírse en una absurda parodia de la voz de un hombre y luego volvió a gritar. El hombre había vuelto, con el ceño fruncido y las manos en las caderas. Y entonces su mirada encontró la jaula cubierta.

–¡Ayudaaaaa!–gimió Warchief en ese momento provocando la sorpresa del extraño. –La fiesta salvaje–le informó con calma–, está ahí dentro. Y «salvaje» es la palabra apropiada para lo que hay en esa jaula. –¡Socorro!–gritó el loro–.

¡Sálvenme! El hombre quitó la cubierta oscura y Warchief inmediatamente fijó su atención en él.

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–¡Hola!–zumbó saltando desde la percha hasta la puerta de la jaula–. Soy un buen chico. ¿Quién eres tú?

El intruso parpadeó.

–Es un loro–murmuró para sí boquiabierto.

–Soy un buen chico–dijo Warchief empezando a reírse desaforadamente.

Como para demostrarlo, se puso cabeza abajo y ladeó la cabeza sin dejar de mirar al hombre.

–¡Qué lindo!–soltó de pronto.

«Lindo» no era exactamente la palabra que              hubiera empleado, pero tenía que reconocer que ese maldito loro tenía buen gusto. Se tapó la boca con la mano para no soltar una carcajada.

Warchief extendió las plumas de la cola y, erizando la cresta, lanzó otro de sus silbidos. El hombre de Oklahoma levantó una ceja.

–¿Cómo le gustaría?–preguntó mirando a                  –. ¿Frito o asado?

–¡No puede hacer eso!–gimió ella de broma–. ¡Sólo es un bebé!

En ese momento, el loro imitó el pitido de una locomotora.

–¡Calla!–gritó el hombre tapándose los oídos.

                 ahogó una risita.

–Es terrible, ¿no le parece?–preguntó risueña–. Ahora comprendo por qué su dueño quería deshacerse de él antes de mudarse a un apartamento.

El extraño miró la pila de revistas de pájaros que había sobre una mesita.

–¿Y bien? ¿Ya sabe lo que tiene que hacer cuando se pone a gritar?

–Desde luego–repuso             irónicamente.–Hay que tapar la jaula. Siempre funciona. Los expertos garantizan que todas las veces doblará el volumen de sus gritos.

Él miró la portada de una revista.

–Este número es de hace tres años.

                  Se encogió de hombros.

–Yo no tengo la culpa de que las revistas de pájaros no estén de moda en la isla. El propietario me las dio junto con la jaula.

Los ojos del hombre le dijeron muy claramente lo que pensaba de las revistas, de la jaula y del pájaro. Y de ella también.

–Grita un poco–se defendió ella incómoda bajo su mirada–. Pero en el fondo es un buen pájaro. Incluso deja que le acaricien–añadió, no muy convencida.

–¿Le importaría demostrármelo?

–No creo que sea necesario.

Pero al ver la mirada de su vecino,               no tuvo más remedio que acercarse y extender una mano. El loro volvió a reírse y la golpeó ligeramente con el pico.              retiró la mano apresuradamente.

–Bueno, a veces se deja acariciar–corrigió.

–¿Le importaría intentarlo otra vez?–preguntó él con los brazos cruzados sobre el ancho pecho.

Ella se puso las manos a la espalda.

–No, gracias. Tengo en gran estima mis diez dedos–murmuró.

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–No lo dudo. Pero, ¿para qué demonios quiere un loro?–preguntó él sinceramente intrigado.

–Estaba sola–dijo               con franqueza.

–¿ Y por qué no se busca un amante?–preguntó él bruscamente.

Ella le miró y en sus ojos vio un brillo travieso.

–Eso no es problema suyo–respondió secamente, escondiendo la intranquilidad que le habían producido sus palabras.

–Bueno, bueno–dijo él sonriendo.

En ese momento Warchief, sintiéndose relegado a un segundo plano, volvió a la carga con renovado ímpetu. El escándalo fue impresionante.

–¡Por Dios, chico!–exclamó el hombre.

–A lo mejor es una chica–comentó               –. Parece que le gusta usted mucho.

El hombre miró al loro.

–No me gusta cómo me mira.

–El propietario me aseguró que no pica–dijo                vacilando.

–Veremos.

El hombre metió la mano en la jaula y Warchief se acercó a investigar.

No era un pájaro con malas intenciones; simplemente le gustaba probar su fuerza. Pero el hombre de Oklahoma tenía unos dedos recios. Dejó a Warchief picotear durante un rato y luego le apretó el pico.

–¡No!–le dijo firmemente.

Entonces cogió la cubierta y tapó la jaula. Para sorpresa de              , el loro guardó silencio.

–A los animales hay que dejarles claro quién es el amo–le dijo a                   –. Nunca retire la mano si empieza a picotearía; pero no le deje hacerlo fuerte.

–Sabe usted mucho de pájaros.

–Tuve una cacatúa. Se la regalé a un amigo porque no suelo estar mucho en casa.

–Es usted de Oklahoma, ¿no fue eso lo que dijo?–preguntó               con curiosidad.

–Sí.

–Yo soy de Florida. Diseño moda para una cadena de boutique. Podría hacerle un traje de verano–añadió examinándole con ojo crítico.

El hombre la miró de hito en hito.

–Primero el loro y ahora esto. No sé lo que es peor señorita si usted o la mujer que vivía aquí antes.

–¿La mujer a la que le compré la casa?–preguntó _____ haciendo memoria–. ¿Qué pasaba con ella?

–Le gustaba tomar el sol desnuda cuando yo nadaba–murmuró él tristemente.

                 sonrió al acordarse de la mujer. Rondaba la cincuentena y era lo más parecido a un balón que había visto nunca.

–No tiene gracia–dijo él.

–Sí la tiene–rió                 .

Pero él seguía sin sonreír. A pesar de sus breves comentarios del principio, no parecía ser un hombre con mucho sentido del humor.

–Todavía he de trabajar tres horas más antes de poder irme a dormir–dijo él secamente dándose la vuelta–. De ahora en adelante, cubra al loro con la manta

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cuando empiece a armar jaleo. Lo entenderá tarde o temprano. Y no le tenga despierto hasta tarde. No es bueno para él. Los pájaros necesitan dormir doce horas por lo menos.

–Sí, señor. Gracias, señor. ¿Algo más, señor?–preguntó              impertinentemente mientras le acompañaba hacia la puerta.

Él se detuvo y le dirigió una mirada penetrante.

–¿Cuántos años tiene usted, jovencita? ¿Ha salido ya de la guardería?

–En realidad ya he pedido plaza para el asilo de ancianos–replicó            sonriendo–. Voy a cumplir los veintiséis. Apuesto que unos veinte menos que usted, ¿no?

Él parecía desconcertado, como si nunca nadie hubiera osado hablarle en aquel tono.

–Tengo treinta y nueve–dijo mecánicamente.

–Pues yo le echaría unos cuarenta y cinco–dijo             estudiando su rostro duro y con ciertas arrugas–. También apostaría a que nunca se toma vacaciones y cuenta el dinero todas las noches. Tiene usted toda la pinta.

Las cejas del hombre se alzaron de nuevo.

–¿Rico y amargado quizá?–continuó                  .

–Soy rico pero no estoy amargado.

–Sí lo está. Simplemente no se da cuenta. Pero no se preocupe. Ahora que me ha conocido le salvaré de sí mismo. Será un hombre nuevo sin darse cuenta.

–Me gusto tal y como soy–dijo él concisamente–. Así que déjeme en paz. No quiero ser remodelado por nadie, y menos por una modista repipi.

–Soy diseñadora.

–No me engañe señorita; no tiene edad suficiente.

El hombre le dio unos golpecitos en la cabeza, el primer indicio de buen humor que          le descubría.

–Vete a la cama, criatura.

–Tenga cuidado de no tropezar con sus largas barbas, abuelo–le contestó           mientras el hombre avanzaba hacia la puerta.

No se volvió, ni añadió una sola palabra de despedida. Simplemente continuó andando.

Y ése había sido el comienzo de una gran amistad. En los meses siguientes,             había averiguado algunas cosas sobre su taciturno vecino, pero sobre todo había aprendido a conocerle. Su nombre completo era Justin Bieber, pero nadie le llamaba Biebs. Excepto             . Pasaba la mayor parte de su tiempo dedicado a los negocios. Aunque viajaba con mucha frecuencia en los últimos tiempos tenía su hogar en Jamaica, y sólo las personas que realmente le necesitaban sabían cómo ponerse en contacto con él allí. Era muy celoso de su intimidad y evitaba las fiestas de sociedad habituales en el círculo de americanos que vivían en la Bahía de Montego. Pasaba su poco tiempo libre paseando por la playa y aparentemente disfrutaba de su soledad. Durante años había llevado esa clase de vida y estaba a gusto. Pero tal y como ella había dicho,               le había salvado de sí mismo.

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jusbie
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~Como Buenos Vecinos~(JustinBieber y Tu)[ADAPTADA]

Aunque ella no solía fiarse de la mayoría de los hombres, instintivamente había confiado en Biebs. Él parecía no tener el más mínimo interés por ella como mujer, y cuando las semanas pasaron sin que él intentara acercamiento alguno en ese sentido,          empezó a sentirse completamente segura a su lado. Eso le permitía dar rienda suelta a su fantasía de parecer la mujer sofisticada y mundana que le hubiera gustado ser. Era una ilusión, desde luego, pero a Justin no parecía importarle su a veces descarado coqueteo. La trataba como a una jovencita traviesa, tomándole el pelo unas veces y consintiéndola otras. Y eso le agradaba a             . Hacía tiempo que sabía que no encajaba en el mundo moderno. Ella no podía acostarse con un hombre simplemente porque estuviera de moda. Y como quiera que la mayoría de los hombres que había conocido habían esperado ese detalle por su parte, ella simplemente no los frecuentaba. Había habido un hombre importante para ella cuando tenía veinte años. Una auténtica joya, hasta que se le presentó a sus padres. Nunca más le volvió a ver.

Sin entrar en su concepto religioso de la vida, sus padres no eran muy corrientes por otros motivos. Su padre coleccionaba lagartos y su madre era un miembro destacado y activo en el departamento del Sheriff. Eran gente rara. Estupendos pero raros. Hacía tiempo que había dejado de esperar comprensión por parte de sus amigos hacia sus padres; no podía imaginar uno solo que entendiera realmente a su familia. Así que era una buena cosa que hubiera decidido morir virgen.

 

Afortunadamente, Justin no tenía en mente nada que pusiera en peligro su decisión, y por eso era el compañero perfecto y en cierta medida una defensa contra los hombres mientras ella estuviera en la isla. Un refugio seguro. Y no sólo eso, sino que él necesitaba ayuda para no convertirse en un ermitaño. ¿Y quién mejor que              para despertarle de su letargo?

Al principio se había conformado con dejarle pequeños mensajes, como por ejemplo: «Demasiada soledad conduce al aislamiento», o «Tanto sol no es bueno para su salud”          las notas en la puerta de su mansión, en el parabrisas de su coche, e incluso bajo la roca donde le gustaba sentarse y mirar la puesta de sol. Poco a poco, fue cambiando de táctica, haciéndose cada vez más osada. Le cocinaba platos y le dejaba flores en la puerta.

Cierta vez, él fue a verla para decirle que dejara de atosigarle... y la encontró esperándole con una comida especial. Esa fue la última gota que colmó el vaso, finalmente él dejó de pretender que la ignoraba. Después de aquello, Justin  iba a comer al menos una vez a la semana, y de cuando en cuando paseaban juntos por la playa.

 

El único enigma en él era su falta de vida amorosa. Era un hombre tremendamente atractivo y físicamente casi perfecto. A su edad,                hubiera esperado que estuviese casado. Pero no lo estaba y era obvio que nunca lo había estado. Tenía citas ocasionales, pero           nunca le había visto traer a una mujer a su casa para pasar la noche. Incluso en su inocencia,           sabía que era muy raro que un hombre como él pasara tanto tiempo solo. Pensaba en ello a menudo, y una vez reunió el coraje suficiente para preguntarle sobre ello abiertamente. Pero la expresión de Justin se había endurecido y había cambiado de tema. Ella no le había vuelto a preguntar.

              volvió a estirarse perezosamente en la cama y miró el reloj. Justin debía estar a punto de llegar. Ella lo único que tenía que hacer era tumbarse y parecer que se acababa de despertar. No sabía por qué Justin quería dar esa impresión, ni a quién, pero una vez la había salvado de un marinero insistente, y ahora tenía que devolverle el favor.

             oyó la puerta de entrada y voces que subían desde el vestíbulo. Reconoció la de Justin y durante un instante fugaz se imaginó que ella le estaba esperando como si fuera su amante. El pensamiento no la asustó en absoluto; de hecho, su cuerpo empezó a reaccionar de forma rara y se asombró de sí misma.

Entonces, la puerta de la habitación se abrió y Justin  apareció acompañado de la morocha más bonita que ______  había visto jamás.

La joven tenía una mirada de deseo desesperado y la expresión de Biebs no era muy diferente.

¿Quién sería esa mujer? ¿Y por qué quería Biebs deshacerse de ella cuando se veía tan claramente atraído por la joven? ______  estaba tan confundida que casi olvidó jugar su papel.

 

–Hola, cariño–dijo ______ con voz de sueño.

 

Se estiró bajo las sábanas y bostezó delicadamente.

 

–Me he vuelto a quedar dormida–añadió con intención, y esperó la reacción de la morocha.

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Buee...aqui ermina el capitulo 1...

largo no???:burlon: 

espero que les guste...

mas tarde continuo-.!

espero que comenten.

:enamorado:

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jusbie
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Re: Como Buenos Vecinos~(JustinBieber y Tu)[ADAPTADA]

CAPITULO #2#

La reacción fue casi instantánea.

 

–¡Oh!

 

La mujer vaciló y se quedó petrificada en el umbral. Miraba a             con los ojos como platos, tratando a todas luces de encontrar las palabras adecuadas.

 

–Perdone, no sabía...

 

–No esperaba que estuvieras aún aquí,                –dijo Justin con una sonrisa forzada.

 

                 Jugó su papel a la perfección, cerrando los ojos con sueño.

 

–Lo siento si me he quedado más tiempo de lo conveniente.


 

–No seas absurda–replicó Justin–. No tenías que marcharte si no querías. Jasmine, ¿te importaría?–preguntó dirigiéndose a la morocha–. Hay un cuarto de baño para los huéspedes abajo.

 

–Yo... iré abajo, desde luego.

 

La joven parecía totalmente descontrolada.

 

–Perdóneme–susurró con un hilo de voz.

 

Se dio la vuelta y abandonó la habitación casi corriendo.

 

Justin cerró la puerta y abandonó la espalda contra ella, con el rostro inexpresivo y mirando a                  como si no la viera. Estaba realmente pálido.

                 saltó de la cama olvidando su atuendo.

 

–De acuerdo. ¿Por qué no me lo explicas? Te prometo que seré una tumba y parece que necesitas desesperadamente contárselo a alguien.

 

Justin apretó la mandíbula con fuerza. La miró fijamente y               pudo ver que hacía esfuerzos por controlarse.

 

–Esa es Jasmine–dijo por fin–. La mujer de mi hermano.–Después de una pausa continuó sin entonación alguna.–Él vendrá dentro de una hora aproximadamente; todavía está en una reunión.

 

                  recordó aquella ocasión en que Justin había mencionado a Chris y a Jasmine, y también recordó que rara vez hablaba de ellos. Ahora tuvo un ligero presentimiento del porqué. Mirando a Justin captó en sus ojos una profunda decepción.

 

–¿Cuál de los dos está detrás del otro?–preguntó sonriendo ante la sorpresa de Justin.–Creía que el plan era ahuyentarla a ella.

 

–No digas tonterías–murmuró Justin–. Lo que ocurre no es tan sencillo 

 

–¿Por qué no me lo cuentas?–repitió               suavemente.

 

Justin la miró pensativo como si considerara la posibilidad. Luego tomó aliento antes de empezar.

 

–Llegaron hace casi un mes porque Chris tenía que supervisar la construcción de un complejo turístico. Ha estado muy ocupado con las negociaciones y por fin está formalizando los últimos trámites–explicó.

 

–Continúa–le instó                al ver que se interrumpía.

–Jasmine ha estado muy sola todo este tiempo, y en vez de volverse a Oklahoma, yo la he estado entreteniendo.

Volvió a interrumpirse y luego continuó algo vacilante.

 

–Pero hace un par de noches el entretenimiento dio paso a algo más serio. Entonces la única posibilidad que vi de salir de terreno peligroso fue decirle que tenía relaciones contigo. Fue tu carta avisándome de que venías la que me dio la idea. Sabía que estarías aquí esta noche, así que preparé esta farsa para Jasmine. Lo que pretendía era que ella te encontrase en una situación comprometida e inequívoca, ¿comprendes?

 

–Entonces mejor hubiera sido que me encontrase desnuda–dijo               alegremente tratando de animarle un poco–. Imagínate: yo tal y como vine al mundo entre tus sábanas de satén. Eso la hubiera impresionado seguro.

 

Por extraño que fuese, esa imagen aceleró el pulso de Justin. De pronto se dio cuenta de que nunca antes había pensado en             como en una mujer. Era tan joven, tan ingenua, tan confiada... Para él era como una hermana menor. Pero ahora, al mirarla con detalle, se dio cuenta con un escalofrío de que estaba realmente atractiva con aquel camisón y que sus pensamientos no eran en absoluto los de un hermano. Con un esfuerzo, volvió a la realidad y alzando los brazos, cogió a              por los hombros. Lo cual fue un error, porque sus hombros estaban desnudos.

 

              Se sobresaltó. No estaba habituada en absoluto a que Justin la tocase, y se sorprendió ante el placer que le producía sentir sus fuertes manos sobre su piel desnuda.

 

–Seguro que sí–murmuró Justin siguiendo con la broma–. Pero cambiando de tema, ¿por qué no nos acompañas a tomar una copa mientras llega Chris?

                 sonrió ante el tono casi desesperado de Justin.


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–De acuerdo. ¿Para qué están los amigos si no?–dijo de buen humor.

En su interior, se preguntó cuánto le importaba en realidad Jasmine  a Justin, y si el único motivo de toda la farsa era deshacerse de su cuñada. Quizá él también necesitaba ponerse una barrera contra sus propios instintos. Era difícil de saber; Justin no solía ser muy expresivo. Incluso a veces                se preguntaba si realmente le conocía. Frunció el entrecejo y buscó sus ojos oscuros.

 

–Biebs, ¿está enamorada de ti?

 

–Creo que ni ella misma lo sabe,             –respondió Justin, con un tono bajo y tenso–. Está sola y aburrida y quizá también un poco asustada. Chris  la deja sola demasiado tiempo. No estoy seguro de si está realmente interesada en mí o si sólo me está utilizando para llamar la atención de Chris.

En realidad, Justin tenía miedo de que Jasmine empezara a sentir algo por él porque ya tenía bastantes problemas simplemente para resistirse a sus encantos. Pero eso no podía admitirlo delante de                   .

                   no le pasó desapercibida la mirada pensativa de Justin. Apretó los labios.

 

–¿Nunca has tenido nada que ver con ella, quizá antes de lo de Chris?–empezó con cautela.

Él sacudió la cabeza.

 

–Ella tenía sólo dieciocho años cuando se casaron. Como Chris, en realidad–dijo encogiéndose de hombros–. Yo la llevaba once años, y además Chris la vio primero.

Justin  rió y luego de repente se puso serio.

–Al principio estaban muy unidos; era cuando Chris luchaba para hacerse un sitio en el mundo de los negocios. Pero ahora, después de años viviendo a todo tren y con la crisis del petróleo, el dinero ha empezado a faltar.

 

Frunció el ceño y la miró severamente.

 

–Es muy sencillo. Chris trabaja como un desesperado porque teme que Jasmine no le quiera si no le da el tipo de vida al que está acostumbrada. Y ella piensa que ya no la quiere porque dedica la mayor parte del tiempo al trabajo.

 

–Vaya una papeleta–dijo                  .


 
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–No hace falta que lo jures. Y adivina quién está en medio. Durante todos los años de su matrimonio, jamás les ha faltado nada. Jasmine solía amenazarle en broma con abandonarle si alguna vez se arruinaba; decía que no quería volver a ser pobre otra vez. Yo no creo que lo dijera en serio, pero Chris se toma las cosas demasiado al pie de la letra y además no hablan todo lo que deberían. De cualquier forma, yo le facilité unos proyectos aquí en Jamaica y por eso han venido. Chris ha estado ocupado día y noche y en las últimas semanas Jasmine se ha vuelto hacia mí; por aburrimiento, estoy seguro. Al principio sospeché que quería utilizarme para dar celos a Chris, pero ahora el asunto se está complicando.

Se encogió de hombros y sonrió sin ganas.

 

–Jas siempre ha sido una persona muy especial para mí, y yo soy humano; no sé si me entiendes. Pero no quiero herir a nadie bajo ningún concepto. Ahí es donde entras tú.

 

Deduzco que voy a meterme entre los dos, ¿no es así?

 

–Exacto. Por cierto, recuerda que has pasado los últimos meses en los Estados Unidos porque tuvimos una pelea. Pero ahora hemos hecho las paces y estamos más enamorados que nunca.

 

–Qué divertido–dijo             riendo–. Ahora le hablarás a Jasmine  sobre mis padres misioneros y con qué facilidad me llevaste a la vida del pecado.

Él gimió.

 

–No, por el amor de Dios; ni siquiera menciones a tus padres delante de ella. O al menos no le digas lo que hacen.

 

Espero que no me pida detalles ni me haga preguntas embarazosas.

 

–Trataré de no dejarte a solas con ella. Tienes que salvarme–añadió dramáticamente, aunque tras la broma se adivinaba un fondo de seriedad–. Chris y yo somos ahora más amigos que nunca. No puedo interponerme entre él y lo único que realmente valora en la vida.

 

–Muy bien. Te ayudaré. Pero tengo que volver a los Estados Unidos dentro de tres semanas, así que espero que se convenza pronto.

 

–Ellos se marcharán un día de estos; es probable que mañana. Eso espero, por lo menos. Porque si no, no creo que pueda soportarlo. Es una suerte que estés aquí.

 

–Sí, has tenido suerte. En principio no iba a volver hasta dentro de quince días.

 

–Seguro que no hubiera podido aguantarlo hasta entonces.

 

–Bueno, no te preocupes más. Te salvaré–le dijo                 .

Entonces frunció el ceño y se apartó de él, escapando del turbador contacto de sus manos.

 

–Ahora veamos, ¿dónde he dejado mi capa de Superwoman?

 

Justin  rió de buena gana.

 

–No te hace falta–dijo–. Cógeme de la mano.

 

                   Pensó que Justin  debía temer mucho a su cuñada para no querer enfrentarse a ella sin refuerzos.

 

–¡Ánimo!–le dijo alegremente–. Sé kárate, y si ella hace un solo movimiento, uno sólo, para desnudarte, defenderé tu honor con mi propia vida.

 

Él rió. Al principio su nueva vecina le había parecido una mujer realmente excéntrica. En realidad todavía se lo parecía, pero también podía ser una verdadera joya. Y ahora le estaba sacando de un apuro.

 

–Eres una chica estupenda–le dijo.

 

Ella hizo una mueca.

 

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jusbie
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Re: ~Como Buenos Vecinos~(JustinBieber y Tu)[ADAPTADA]

Bueno chicas...hasta aqui les dejo cap.

la verdad espero comentarios...quiero saber si les gusta 

la nove... yo era fantasma hasta hace

poco, por eso espero que se animen y comenten.

casi 50 visitas y ni un comentarioo  :triste:

bue... besoos... espero comentariooos.!!

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jusbie
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~Como Buenos Vecinos~(JustinBieber y Tu)[ADAPTADA]

-Muchas gracias. Tú también me gustas.

 

Se dio la vuelta, cogió sus ropas de encima de una silla y se dirigió al cuarto de baño.

 

-¿No te puedes vestir delante de mí?–le preguntó Justin  inesperadamente.

 

-No-confesó ella con una risita algo nerviosa-. No soy tan liberal como parezco. Yo... yo nunca me he desnudado delante de un hombre en toda mi vida, exceptuando al médico de la familia.

 

La confesión pareció sorprender a Justin.

 

-¿Nunca?-preguntó.

 

-Nunca-repitió               sabiendo perfectamente lo que estaba revelándole.

 

Él frunció el ceño. Siempre había sospechado por su reserva física que alguien le había herido en el amor de alguna manera, pero pensar que era virgen le desconcertaba.

 

-¿Por qué?-preguntó con su franqueza característica-. ¿Te ha pasado algo?

 

-Mi padre es pastor protestante, ¿recuerdas? Mi madre y él eran misioneros en Brasil cuando yo era niña. Imagínate el ambiente en el que crecí.

 

Justin estaba averiguando más cosas sobre ella en esos minutos que en los dos años anteriores. La estudió atentamente, fijándose en su cuerpo tan seductor bajo aquel camisón. Sus senos eran altos y firmes, la cintura estrecha, las caderas redondas y sus piernas largas y bien torneadas. Era una mujer realmente bonita. Pero ahora se daba cuenta de que su aire bromista y provocativo era a veces fingido. En realidad, siempre la había visto retroceder cuando los hombres se le acercaban. La miró pensativo.

 

-Nunca lo hubiera imaginado-murmuró.

 

-¿Qué?-preguntó                  .

-Bueno, siempre pensé que eras una mujer sofisticada-musitó pensando en sus flirteos ocasionales-. En realidad no actúas como si fueras virgen. Y sin embargo...

-¿Y cómo tiene que actuar una virgen?-le interrumpió                   -. ¿Tiene que tirarse al cráter de un volcán encendido en ofrenda a los dioses?

Justin no tuvo más remedio que reírse, y pensó que con                   se reía más de lo que lo había hecho en toda su vida. Al ser medio indio, su infancia no había sido fácil, siempre luchando entre dos mundos. La mayoría, de la gente no sabía que Chris y él no eran hijos del mismo padre. El de Chris se dedicaba al negocio de petróleo en Texas, y a su muerte había testado en favor de los dos muchachos por igual. El padre de Justin  era un indio apache y sus intentos por integrarse en la vida social de su mujer habían sido un fracaso total. Los matrimonios entre ricos y pobres podían ser un buen tema para las novelas, pero en la vida real no eran un asunto fácil. Un buen día el padre de Justin salió de una de las fiestas de su madre y nunca más se supo de él. Justin no le había vuelto a ver. Su madre se casó en segundas nupcias y cuando Chris  llegó a formar parte de la familia quedó poco cariño para el hijo mayor. Justin  tuvo que aprender a luchar solo muy pronto, y desde entonces se había pasado la vida haciéndolo. En cierto modo, todavía no había dejado de luchar.

 

-Casi nunca te veo reír-dijo                      sujetando la ropa contra su pecho.

 

-Pues lo hago a menudo. Contigo-dijo Justin-.Venga, vístete. Te esperaré aquí.

 

                le sorprendió una extraña expresión en su rostro. Allí había algo más que la lógica preocupación por el problema de su cuñada.

 

Se puso una de sus creaciones, un ceñido mono negro con cinturón rojo y escote de pico. Luego se cepilló el pelo suelto sobre los hombros. Probablemente nunca se hubiera puesto aquella ropa delante de otra persona que no fuera Justin. Otra de sus fantasías, pensó sonriéndose en el espejo. Se dio cuenta de que el lápiz de labios estaba en el bolso y volvió a la habitación a buscarlo.

 

-¡Vaya!-murmuró hurgando en el bolso delante de Justin-. Ahora no tengo lápiz de labios.

 

Levantó los ojos y se encontró con la mirada de Justin .

 

 


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jusbie
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~Como Buenos Vecinos~(JustinBieber y Tu)[ADAPTADA]

–Lo siento, pero yo no uso de eso–dijo él secamente–.

Realmente lo necesitas? –Tu preciosa cuñada seguro que se da cuenta si no me acicalo todo lo que se merece–bromeó . Él se acercó lentamente, deslizando su mirada con inusual descaro sobre el cuerpo de____ . –Si te hubieras pintado los labios–murmuró–,probablemente ya te hubiera quitado la pintura con un beso.

 

 

sintió que el corazón se le subía a la garganta al ver la extraña luz que había aparecido en sus ojos oscuros. Justin bajó la mirada a sus senos y de repente deseó que su escote fuera un poco menos pronunciado. Él no parecía haberse fijado en su cuerpo cuando llevaba el camisón, pero ahora no perdía detalle.

 

–No deberíamos hacer esperar a tu cuñada. Por primera vez, él la estaba poniendo nerviosa. Mirándole con desconfianza, trató de rodearle para salir. Como siempre cuando un hombre se le acercaba demasiado, trató de huir. Inesperadamente, él alargó un brazo y cogiéndola por la cintura la atrajo hacia sí. Aquella proximidad era nueva y le daba un poco de miedo.

 

–¿Qué haces?–le preguntó nerviosa. –Trato de enojarte un poco–murmuró Justin–.

 

Estás demasiado tranquila para salir ahí y convencer a Jasmine de que somos amantes.

 

–De acuerdo, ¿vale así entonces?–dijo alborotándose el pelo con la mano y poniendo cara de pocos amigos. –No es suficiente. Los ojos de Justin se posaron en sus suaves labios, y por primera vez desde que la conocía, se preguntó cómo sería besarlos. sintió que los dedos de Justin se crispaban un poco sobre su cintura. –Tranquilo, Biebs–le advirtió sin acritud–. No estoy en el menú, ¿recuerdas?

 

–¿Me tienes miedo?–le preguntó en un tono que nunca le había oído antes. Era un tono profundo y sensual; como la mirada en sus ojos oscuros y ligeramente burlones.


 

–Esto no entraba en el plan–replicó______–. No dejaré que me utilices. No voy a sustituir a tu cuñada, Justin.

 

La expresión de Justin se endureció.

–No recuerdo habértelo pedido–repuso soltándola.

–Bueno. Todo irá bien si queda claro que sólo es una actuación–dijo______ suavemente, aunque las piernas aún le temblaban a causa de la inesperada cercanía del cuerpo de Justin. La situación se había hecho demasiado íntima, y rápidamente trató de cambiar de tema.

–¿Se parece Chris a ti?–preguntó–. No le he visto nunca, ya lo sabes. Cuando yo venía siempre se acababan de marchar a Oklahoma. –No mucho–respondió Justin después de unos segundos. Pero ya lo verás por ti misma dentro de poco.