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Cristal
elenus86
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WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

Pescar una Heredera

Julia Quinn


 

Cuando Roberta Trent es secuestrada por Diego Ravenscroft, ella no se esfuerza por eludir a este peligrosamente atractivo agente de la corona. Después de todo, pasa la mayoría de sus días huyendo de las propuestas matrimoniales no deseadas del imbécil hijo de su tutor. Sí, Diego piensa que ella es que una notoria espía llamada Carlotta de León, pero durante las seis semanas que faltan para que cumpla veintiún años, cuando obtenga el control de su fortuna, ocultarse en la excitante compañía de un misterioso y oscuro captor resulta conveniente... y romántico.
La misión de Diego Ravenscroft es llevar a "Carlotta" a la justicia, no enamorarse de ella. Su corazón se ha endurecido por años de intriga y la pérdida de su amada novia. Pero esta pequeña y tentadora mujer resulta de manera extraña encantadora y completamente besable, y de repente, lo impensable se vuelve posible... que esa pareja despareja pueda estar destinada a amarse.

 

A las que ya habiais empezado a seguir la novela os aviso que los nombres secundarios los he cambiado un poco para que me cuadren mejor:cara_yes:

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Cristal
elenus86
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

Capítulo 1

Con-tu-ver-nal (nombre). El que ocupa la misma morada, morada de compañeros, camaradas. El concepto de Iñaki Prewitt como mi camarada (my contubernal) provoca la rotura de mis esquemas.
Del diccionario personal de Roberta Trent.


Hampshire, Inglaterra
3 de Julio de 1814

Roberta Trent no pretendía disparar a Iñaki Prewitt, pero lo hizo, y ahora él estaba muerto. O al menos ella pensó que estaba muerto. Desde luego, había bastante sangre. Goteaba de las paredes, el suelo estaba salpicado, las sábanas estaban totalmente manchadas. Roberta no sabía mucho de medicina, pero estaba segura de que un cuerpo no podía perder tanta sangre y seguir con vida.
Ahora tenía un gran problema.
—Maldición —musitó. Aunque ella era una autentica señorita, nunca había tenido una vida demasiado fácil, y su lenguaje a veces, dejaba mucho que desear.
—Estúpido —dijo al cuerpo que había en el suelo—. ¿Porqué te pegaste a mi de esa manera? ¿Porqué no te hartaste de mi y me dejaste tranquila? Le dije a tu padre que no me casaría contigo, le dije que no me casaría aunque fueras el último idiota de Gran Bretaña.
Le faltó poco para dar una patada de frustración. ¿Porqué nunca la entendieron? —Lo que yo quise decir es que tú eres idiota —le dijo a Iñaki, quien, para nada sorprendente (obviamente), ni respondió.
—Y que no me casaría contigo ni aunque fueras el último hombre en Gran Bretaña, y… Oh, demonios. ¿Que estoy haciendo hablándote, de todas formas? Estás muerto.
Roberta gimió. ¿Qué demonios se suponía que debía hacer ahora? El padre de Iñaki, volvería en menos de dos horas y no se requería un título en Oxford para deducir que Pascual Prewitt no estaría encantado de encontrar a su hijo muerto en el suelo.
—Que fastidio tu padre —se agachó— éste es su defecto, si no hubiera estado tan obsesionado con pescarte una heredera...
Pascual Prewitt era el tutor de Roberta, o al menos lo sería durante las próximas seis semanas, hasta que cumpliera veintiún años. Había estado contando los días que le faltaban hasta el 14 de Agosto de 1814, desde el 14 de Agosto de 1813, cuando cumplió los veinte. Sólo faltaban cuarenta y dos días, cuarenta y dos días y por fin tendría el control de su vida y de su fortuna. Nunca quiso saber cuanto se habían gastado los Prewitt de su herencia.
Tiró el arma encima de la cama, colocó las manos sobre sus caderas y miró fijamente a Iñaki.
Y entonces... los ojos de él se abrieron.
—¡Ahhhhhh! —Roberta soltó un fuerte chillido, pegó un salto y cogió su arma.
—Tú b... —Comenzó Iñaki.
—No digas nada —le advirtió— todavía tengo un arma.
—No deberías usarla —dijo con un grito sofocado, tosiendo y asiendo su hombro ensangrentado.
—¡¡Perdone usted!! Pero las evidencias parecen indicar otra cosa.
Los delgados labios de Iñaki se cerraron fuertemente en una línea recta. Maldijo violentamente, y entonces dirigió su furiosa mirada hacia Roberta.
—Le dije a mi padre que no quería casarme contigo —silbó—. ¡¡Dios!! ¿Te lo imaginas? ¿Pasar contigo el resto de mi vida? Me volvería loco, si no me matas primero, claro.
—Si no querías casarte conmigo no deberías haber intentado forzarme.
Él encogió los hombros, entonces aulló cuando el movimiento le produjo un chispazo de dolor en su hombro. La miró bastante furioso y le dijo:
—Tu tienes dinero, pero, ¿sabes?, creo que no lo vales.
—Amablemente, se lo dije a tu padre —contestó bruscamente.
—Dijo que me desheredaría si no me casaba contigo.
—¿Y no pudiste hacerle frente, por una vez en tu patética vida?
Iñaki gruñó al ser llamado patético, pero en sus débiles condiciones, no estaba en situación de reaccionar.
—Podría ir a América —murmuró— seguramente los salvajes tienen que ser mejor opción que tú.
Roberta no le hizo caso. Iñaki y ella habían sido extraños desde que Roberta se había ido a vivir con los Prewitt un año y medio antes. Iñaki siempre estuvo bastante dominado por su padre y la única vez que mostró algún valor fue cuando Pascual abandonó su casa. Desgraciadamente, su valor era normalmente mezquino, pequeño, y en opinión de Roberta, bastante débil.
—Supongo que tendré que salvarte ahora —ella se quejó.
—Puedes estar segura de que no irás a la horca.
—Eres demasiado amable.
Roberta sacudió una almohada, y la sacó de su funda, dobló la prenda, notando la buena calidad del lino, probablemente comprada con su dinero, y presionó con ella sobre la herida de Iñaki.
—Tenemos que parar la hemorragia —dijo.
—Parece que disminuye ahora —admitió Iñaki.
—¿La bala te atravesó totalmente?
—No lo sé. Duele como el demonio pero no sé si duele más porque me atravesó o porque se quedó encajada en el músculo.
—Imagino que ambas cosas son bastante dolorosas —dijo Roberta levantando la funda que había usado y examinando la herida. Le dio la vuelta suavemente y miró su espalda.
—Creo que te atravesó, tienes un agujero detrás del hombro también.
—Ten en cuenta que me has herido por dos veces.
—Me atrajiste a tu habitación fingiendo que necesitabas una taza de té para calmar tu resfriado —contestó bruscamente— y entonces ¡intentaste violarme! ¿Qué esperabas?
—¿Por qué demonios llevabas un arma?
—Siempre la llevo —contestó—. La tengo desde... bueno, no te importa.
—Yo no iría disparando con ella —murmuró.
—¿Cómo es que me lo imaginaba?
—Bueno, tu sabes que nunca te he gustado.
Roberta presionó su improvisado vendaje contra el hombro ensangrentado de Iñaki, quizás con más fuerza de la que era necesaria.
—Lo que yo sé —escupió— es que tu padre y a ti siempre os ha gustado bastante mi herencia.
—Creo que tu herencia no me gusta tanto como tu me disgustas —se quejó Iñaki—. Eres demasiado mandona, no eres tan guapa, y tienes la lengua propia de una serpiente.
Roberta apretó su boca hacia dentro, en una línea severa. Si tenia una lengua afilada, eso no era un defecto. Había aprendido rápidamente que su talento era su única defensa contra el desfile de tutores horribles, a los que había tenido que soportar desde el fallecimiento de su padre, cuando ella tenía diez años. Primero había sido Hilario Liggett, un primo hermano de su padre. No había sido tan mal tipo, pero desde luego no sabía lo que hacer con una jovencita. Así que le sonrió una vez (solo una vez, por Dios) le dijo que era muy feliz por encontrarse con ella, y la llevó a una finca apartada con una niñera y una institutriz. Y entonces comenzó a olvidarse de ella.
Pero Hilario murió y la tutoría pasó a su primo hermano, que nunca tuvo relación con ella ni con su padre. Gastón Wickham era un viejo avaro y mezquino que veía una pupila como un buen sustituto de sirvienta, e inmediatamente le había dado una lista de tareas más larga que sus brazos. Roberta tenía que cocinar, limpiar, planchar, lustrar, fregar y barrer. Lo único que ella no tenía que hacer era dormir.
Gastón, de cualquier manera, se atragantó con un hueso de pollo, se le puso la cara de un color morado, y murió. Los juzgados ya no sabían que hacer con Roberta, quien con quince años parecía demasiado culta y adinerada para meterla en un orfanato, así que le pasaron la tutoría a León Prewitt, primo segundo de Gastón. León era un viejo verde, que había encontrado a Roberta demasiado atractiva para su tranquilidad, y fue entonces cuando comenzó su hábito de llevar siempre un arma encima. Pero León tenía un corazón débil, así que Roberta sólo tuvo que vivir con él durante seis meses antes de asistir a su funeral y despedirse para irse a vivir con su hermano pequeño Esteban.
Esteban bebía mucho y usaba sus puños, por lo que Roberta aprendió rápidamente a correr rápido y esconderse bien. Es posible que León la hubiese buscado a tientas muchas veces, pero Esteban era un pobre borracho y cuando la golpeaba, dolía. Llegó a ser bastante hábil oliendo licores dentro de una habitación. Esteban nunca levantó su mano contra ella cuando no estaba bebido.
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Cristal
elenus86
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

Pero, desafortunadamente, Esteban raramente estaba sobrio, y en una de sus furiosas borracheras le dio una patada tan fuerte a su caballo que el animal le devolvió una coz. Justo en la cabeza. Por aquel entonces Roberta ya estaba acostumbrada a moverse de un lado para otro, así que, tan pronto el médico colocó la sábana sobre la cara de Esteban, hizo su equipaje y esperó a que los tribunales decidieran donde enviarla ahora.
Pronto se encontró viviendo con el hermano pequeño de Esteban, Pascual y su hijo Iñaki, el que en este momento se estaba desangrando. Al principio, Pascual le había parecido el mejor de todos, pero Roberta rápidamente se percató de que Pascual no la quería a ella sino a su dinero. Una vez que él descubrió que su pupila venía con una suma bastante importante, decidió que Roberta (y su dinero) no escaparían de sus garras. Iñaki era sólo unos años mayor que Roberta, así que Pascual les anunció que se casarían. Ninguno de los dos estaba conforme con este plan, y así se lo hicieron saber, pero a Pascual no le importó; provocó a Iñaki hasta que consintió, y entonces se dispuso a convencer a Roberta de que ella debía llegar a ser una Prewitt.
—Convéncete —se le imponía a gritos, la abofeteaba, la hacia pasar hambre, encerrándola en su habitación, y por último, le ordenó a Iñaki que la dejase embarazada y así ellos tendrían que casarse.
—Antes criaría a un bastardo que a un Prewitt —dijo Roberta entre dientes.
—¿Qué fue eso? —preguntó Iñaki.
—Nada.
—Tienes que irte —dijo bruscamente cambiando de tema.
—Esta claro.
—Mi padre me dijo que si no te dejaba embarazada el mismo lo haría.
Roberta por poco vomitó.
—¿Te tengo que suplicar el perdón? —dijo ella con voz inusualmente temblorosa. Incluso Iñaki era preferible a Pascual.
—No sé a donde puedes ir, pero necesitas desaparecer hasta que cumplas los veintiún años. ¿Que es... cuando...? Pronto, según creo.
—Seis semanas —susurró Roberta—, seis semanas exactamente.
—¿Puedes hacerlo?
—¿Esconderme?
Iñaki asintió con la cabeza.
—Tendré que hacerlo, ¿verdad? Aunque necesitaré dinero. Tengo algo de dinero suelto, pero no tengo acceso a mi herencia hasta mi cumpleaños.
Iñaki hizo una mueca de dolor cuando Roberta desprendió la prenda de su hombro.
—Te puedo ayudar un poco —dijo él.
—Te lo devolveré. Con intereses.
—Bien, tienes que irte esta noche.
Roberta echó un vistazo a la habitación.
—Pero... el desorden... Tenemos que limpiar la sangre.
—No, déjalo. Mejor decir que yo te dejé escapar porque tu me disparaste, que porque yo sencillamente arruiné el plan.
—Un día de estos tendrás que hacer frente a tu padre.
—Será más fácil cuando te vayas. Hay una chica estupenda dos ciudades más allá a la que tengo en mente cortejar. Ella es callada y obediente. Y no es tan flaca como tú.
Roberta inmediatamente sintió lástima de la pobre chica.
—Espero que todo te salga bien —mintió.
—No, no lo esperas, pero no importa. Realmente, no habrá ningún problema en cuanto te vayas.
—¿Sabes, Iñaki? ¿Que siento exactamente por ti?
Asombrosamente, Iñaki sonrió y por primera vez en los ocho meses desde que Roberta había ido a vivir con el sucesor más joven de los Prewitt, ella experimentó una sensación de afinidad por este muchacho que era prácticamente de su edad.
—¿Dónde iras? —preguntó él.
—Es mejor que no lo sepas. De esta forma tu padre no podrá fastidiarte para que se lo cuentes.
—Bien pensado.
—Además, no tengo ni idea. No tengo parientes, ya sabes. Por eso vine aquí con vosotros. Pero después de diez años de defenderme a mí misma contra mis “maravillosos” tutores, debería creer que puedo manejarme en el mundo durante seis semanas.
—Si alguna mujer puede hacerlo, esa eres tú.
Roberta elevó sus cejas.
—Iñaki, ¿por qué? ¿Era un piropo? Me dejas pasmada.
—No era ni lo más parecido a un piropo. ¿Que clase de hombre querría a una mujer que puede arreglárselas sin él?
—De lo que podría prescindir es de su padre —replicó Roberta.
Iñaki frunció el ceño cuando giró la cabeza hacia su escritorio.
—Abre el cajón de arriba, no, el primero de la derecha...
—¡Iñaki, estos son tus calzoncillos! —exclamó Roberta cerrando de golpe el cajón con repugnancia.
—¿Tu quieres que te preste dinero o no? Ahí es donde lo escondo.
—Claro, lo guardas ahí porque nadie querría mirar en ese sitio —murmuró ella— quizás si te lavaras más a menudo...
—¡Dios! —gritó él violentamente—. Estoy deseando que te vayas. Tú, Roberta Trent, eres la mismísima hija del demonio, una plaga, la peste, eres...
—¡Oh... cierra la boca! —volviendo a abrir el cajón de golpe, disgustada con sus palabras hirientes. A ella le disgustaba tanto Iñaki como a él le disgustaba ella, pero quién disfrutaría siendo comparado con langostas, mosquitos, ranas, la peste, y ríos manando sangre...
—¿Dónde está el dinero? —exigió ella.
—En mi calcetín, no... el negro... no, ese negro no... si, encima, cerca de... sí, ese es.
Roberta encontró el calcetín en cuestión y sacó algunos billetes y monedas.
—Dios mío, Iñaki, aquí debes tener unas cien libras. ¿Donde conseguiste tanto?
—He estado ahorrando durante un poco tiempo y le siso a mi padre una o dos monedas al mes de su escritorio. Siempre que no tome mucho, el no se entera. Roberta encontró esto difícil de creer. Pascual Prewitt estaba tan obsesionado con el dinero que ella se preguntaba como era posible que su piel no tuviera el color de los billetes de libra.
—Puedes coger la mitad —dijo Iñaki.
—¿Solo la mitad? No seas estúpido Iñaki, tengo que esconderme durante seis semanas, puede que tenga gastos inesperados.
—Yo puedo tener gastos inesperados.
—¡Tu tienes un techo sobre tu cabeza! —gritó ella violentamente.
—Puede que no, en cuanto mi padre descubra que te dejé marchar.
Roberta tuvo que darle la razón, Pascual Prewitt no iba a ser muy amable con su único hijo. Ella se deshizo de la mitad del dinero y lo volvió a meter en el calcetín.
—Muy bien —dijo, metiendo apresuradamente su parte en el bolsillo—. ¿Tienes tu herida bajo control?
—No serás acusada por asesinato, si es eso lo que te preocupa.
—Es difícil que me creas, Iñaki, pero no quiero que mueras; no quiero casarme contigo y seguramente no lamentaré no haber puesto nunca mis ojos en ti, pero no quiero que mueras.
Iñaki la miró extrañamente, y por un momento Roberta pensó que en ese momento él iba a decirle algo agradable (o al menos tan agradable como lo que ella le había dicho) en respuesta, pero él sólo soltó un bufido.
—Tienes razón, es difícil de creer para mí.
En ese momento, Roberta decidió prescindir de cualquier sentimentalismo que pudiera sentir y salió con paso decidido hasta la puerta. Con la mano en el tirador dijo:
—Te veré dentro de seis semanas, cuando venga a recoger mi herencia.
—Y me devuelvas el dinero —le recordó él.
—Y te devuelva el dinero, con intereses —añadió ella antes de que él lo hiciera.
—Vale.
—Por otro lado —dijo, principalmente para sí misma—. Es posible que haya un modo de llevar mis asuntos sin encontrarme de nuevo con los Prewitt. Podría hacerlo todo a través de un abogado y...
—Sería incluso mejor —la interrumpió Iñaki.
Roberta soltó un gran alarido muy enfadada, se despidió y salió de la habitación. Iñaki nunca cambiaría, era maleducado, egoísta, incluso aunque fuera dudosamente más agradable que su querido padre todavía sería un patán grosero.
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Cristal
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

Salió corriendo por el pasillo oscuro y subió volando las escaleras hasta su habitación. Era gracioso que sus tutores siempre le dejaran la habitación en los áticos. Pascual había sido el peor de todos, relegándola a un rincón polvoriento con techos bajos y aleros profundos. Pero si lo que él quería era cambiar su carácter, se equivocó. Roberta amaba su acogedora habitación. Estaba más cerca del cielo, podía oír la lluvia contra el techo y podía ver las ramas de los árboles brotar en primavera. Los pájaros anidaban por fuera de su ventana y de vez en cuando, las ardillas correteaban por su alféizar.
Tan pronto metió sus más preciadas pertenencias dentro de una bolsa, se paró a echar un vistazo por fuera de la ventana. Era un día despejado y ahora el cielo estaba extraordinariamente claro. De algún modo, era de esperar que ésta sería una noche plagada de estrellas. Roberta tenía pocos recuerdos de su madre, pero ella podía recordar cuando se sentaba sobre su regazo en las noches de verano, mirando fijamente las estrellas.
—Mira esa —susurraba Alma Trent— creo que es la más brillante del cielo, y mira allí, ¿puedes ver el oso?
Sus paseos siempre terminaban cuando Alma decía:
—Cada estrella es especial ¿lo sabías? Creo que a veces todas parecen la misma, pero cada una es especial y diferente, como tú. Tu eres la muchacha más especial del mundo, nunca lo olvides.
Roberta era demasiado joven para darse cuenta de que Alma se estaba muriendo, pero ahora ella lo cuidaba como el último regalo de su madre. Pero no importaba lo sola y triste que se sentía (y los últimos diez años de su vida había tenido muchas razones para sentirse sola y triste), Roberta sólo miraba al cielo para tener un momento de paz. Si una estrella brillaba ella se sentía a salvo y reanimada. Es posible que no se sintiera igual que cuando era pequeñita y estaba sobre el regazo de su madre, pero al menos las estrellas le daban esperanza, si aguantaban, ella también podría aguantar.
Hizo una última inspección para cerciorarse que no se dejaba nada, echó unas pocas velas de sebo en su bolsa por si las necesitara y salió precipitadamente. La casa estaba tranquila, ya que a todos los sirvientes les habían dado la noche libre, probablemente, porque así no habría testigos cuando Iñaki la agrediera. Era la obligación de Pascual pensar por adelantado. A Roberta sólo la sorprendía que no hubiera intentado antes ésta táctica. Debió haber pensado en un principio que conseguiría casarla con Iñaki sin recurrir a la fuerza. Ahora que se aproximaba su cumpleaños, su desesperación iba en aumento.
Y así discurría la vida de Roberta, si se casaba con Iñaki moriría, y le daba igual lo melodramático que eso sonaba, lo único que podía ser peor que verle cada día durante el resto de su vida sería tener que escucharlo cada día durante el resto de su vida.
Ya se marchaba atravesando el vestíbulo que llevaba a la puerta principal, cuando observó el nuevo candelabro de Pascual majestuosamente colocado en la mesa que había al lado. Se había estado jactando toda la semana de esa pieza de plata auténtica, como él decía, la más fina artesanía, Roberta emitió un gruñido; Pascual nunca habría podido conseguir candelabros de plata autentica, antes de que le nombraran su tutor.
Verdaderamente, era irónico, ella hubiera sido feliz de dividir su fortuna, o regalarla incluso, si encontrara una casa con una familia que la amara y la protegiera; alguien que viera en ella algo más que un sirvienta con una cuenta en el banco.
Impulsivamente, Roberta cogió de un tirón las velas de cera de abeja del candelabro y las cambió por las de sebo de su bolsa; si necesitaba encender una vela en sus viajes, ella tendría el olor dulce que desprende la cera de abeja y que Pascual reservaba para él.
Salió corriendo, murmurando un pequeño agradecimiento por el buen clima.
—Menos mal que Iñaki no decidió atacarme en invierno —murmuró, mientras daba grandes zancadas en dirección a la calle. Habría preferido cabalgar un poco para salir más rápido de Hampshire, pero Pascual sólo tenía dos caballos, y en este momento se hallaban enganchados a su carruaje, y se lo había llevado consigo para ir a su reunión semanal de juegos de cartas, a la casa del patrón.
Roberta intentó mirar hacia la parte luminosa de la calzada y se recordó a sí misma que se escondería más fácilmente si iba a pie. Tendría que ir más despacio, aunque, si corría a través de los senderos...
Se estremeció; una mujer sola llamaría mucho la atención, y su pelo castaño y brillante, reflejaría demasiado la luz de la luna, incluso aunque la mayor parte lo hubiera escondido con prisas dentro de un gorro. Estuvo tentada de disfrazarse como un chico, pero no tuvo tiempo suficiente. Quizás seguiría por la costa hacía el puerto activo más cercano, no estaba muy lejos; podría viajar más rápido por mar, la llevaría lo suficientemente lejos para que Pascual no pudiera encontrarla en las seis semanas.
Si, tendría que ir por la costa, pero no podría ir por los caminos principales, ya que forzosamente alguien la vería; así que giró hacia el sur, y comenzó a abrirse camino a través del campo. Portsmouth sólo estaba a quince millas, si caminaba rápidamente durante toda la noche, podría estar allí por la mañana; entonces sacaría un pasaje en cualquier tipo de barco que la llevara a otra parte de Inglaterra. Roberta no quería abandonar el país, no cuando necesitaba reclamar su herencia en seis semanas escasas.
¿Pero que se suponía que debía hacer durante ese tiempo? Había estado aislada de la sociedad desde hacía mucho tiempo, ni siquiera sabía si estaría cualificada para algún trabajo sencillo. Pensó que podía ser una buena institutriz, pero lo más probable es que tardara seis semanas en encontrar ese puesto. Y entonces... Bueno, no sería justo conseguir un puesto de institutriz y dejar el puesto simplemente unas semanas después.
Sabía cocinar, y sus tutores se habían asegurado de que supiera limpiar; ella podía trabajar a cambio de una habitación y comida en alguna posada poco conocida y bastante fuera de su ruta. Asintió para sí misma, limpiar lo que ensuciaban desconocidos no era demasiado atractivo, pero parecía ser su única esperanza de supervivencia en las semanas siguientes. De cualquier modo, tenía que desaparecer de Hampshire y sus condados vecinos; podía trabajar en una posada, pero tenía que estar muy lejos de Prewitt Hall.
Así que aumentó su velocidad hacia Portsmouth, la hierba bajo sus pies era suave y seca, y los árboles la resguardaban de la vista del camino principal; no había demasiado tránsito a estas horas de la noche, pero una nunca era demasiado cauta. Se movía rápidamente, el único sonido eran sus pisadas al tocar el suelo. Hasta...
¿Qué fue eso?
Roberta se giró sobre sí misma, pero no vio nada; su corazón se aceleró, habría jurado que oyó algo.
—Sería un erizo —susurró para sí misma— o quizás una liebre —pero no veía ningún animal, y no se sentía tranquila—. Sigue andando —se dijo— debes llegar a Portsmouth por la mañana —y continuó su marcha; ahora iba tan veloz, que comenzó a respirar cada vez más deprisa, y entonces...
Volvió a girarse sobre sí misma, instintivamente, su mano buscó alcanzando su pistola. Ahora, definitivamente, había oído algo.
—Sé que estás ahí —dijo con un desafío en la voz que no estaba segura de sentir—. Enseña tu cara o quédate ahí como un cobarde.
Se oyó un crujido, y entonces un hombre salió de entre los árboles. Iba vestido completamente de negro, desde su camisa hasta las puntas de sus botas, incluso su pelo era negro. Era alto, y con unos hombros muy anchos. Era el hombre de aspecto más peligroso que Roberta había visto en su vida. Y tenía una pistola que apuntaba directamente a su corazón.

 

FIN DEL CAPÍTULO 1

 

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inlove33
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

plis continuala k esta buenisima.
Cristal
elenus86
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

Capítulo 2

Pug-na-cious (adjetivo). Dispuesto a luchar, dado al combate, luchador.
Puedo ser luchador (pugnacious) cuando estoy en apuros.
Del diccionario personal de Roberta Trent


Diego Ravenscroft no estaba seguro del aspecto que él había pensado que tendría la mujer, pero ciertamente no era éste. Había pensado que parecería dulce, tímida, manipuladora. En cambio, ella permaneció en pie, mantuvo sus hombros rectos y lo miró fijamente a los ojos.
Y tenía la boca más fascinante que jamás había visto. No sabía como describirla, excepto que su labio superior se arqueaba de la forma más deliciosa y...
—¿Cree que existe la posibilidad de que apunte con la pistola hacia otra parte?
Diego despertó bruscamente de su sueño, horrorizado por su falta de concentración.
—¿Le gustaría eso, verdad?
—Pues si, en efecto, les tengo un poco de manía, ¿sabe?, no entiendo muy bien las armas, precisamente; son buenas para algunos fines, supongo que para cazar y eso, pero no disfruto especialmente cuando me apuntan directamente a mí, y...
—¡Silencio!
Ella cerró su boca.
Diego la estudió durante unos minutos. Algo en ella no estaba bien, Carlotta De León era española... bueno, medio española por lo menos, y esta chica parecía inglesa por los cuatro costados; su pelo no podía decirse que fuera rubio, pero desde luego tenía un matiz claro de marrón, e incluso en la noche oscura pudo ver que sus ojos eran de un claro verde-azul.
Sin mencionar su voz, que tenía cierto deje con el acento inglés de la nobleza británica, pero él la había visto salir a hurtadillas de la casa de Pascual Prewitt, a altas horas de la noche, con todos los sirvientes de permiso; tenía que ser Carlotta De León, no había otra explicación.
Diego y el Ministerio de Defensa, en el que no estaba precisamente trabajando, pero le habían dado ordenes en referencia a una letra de cambio inusual, de un banco que había estado buscando a Pascual Prewitt durante aproximadamente seis meses. Las autoridades locales sabían desde hacía tiempo que Prewitt, hacía un importante contrabando desde Francia, pero había sido recientemente, que empezaron a sospechar sobre el enredo que les permitía a los espías de Napoleón usar su pequeño barco para llevar mensajes diplomáticos secretos junto con su carga habitual de coñac y seda; desde que el barco de Prewitt navegaba desde una cala pequeña al sur de la costa entre Portsmouth y Bournemouth, el Ministerio de Defensa al principio no le habían prestado mucha atención; la mayoría de los espías hacían sus travesías desde Kent, que estaba mucho más cerca de Francia. La aparentemente inconveniente ubicación de Prewitt, había sido una excelente estratagema, y el Ministerio de Defensa temía que las fuerzas de Napoleón la habían estado usando para sus mensajes más delicados; hacía un mes que habían descubierto que el contacto de Prewitt era Carlotta De León, medio española, medio inglesa y cien por cien letal.
Diego había estado en alerta toda la tarde, tan pronto como averiguó que todos los sirvientes de los Prewitt tenían la noche libre, un gesto nada común para un hombre tan notoriamente tacaño como Pascual Prewitt; sin duda algo se estaba tramando, y las sospechas de Diego fueron confirmadas, cuando vio a la chica salir furtivamente de la casa al abrigo de la oscuridad. Era tan jovencita que supuso que no la dejaría aparentar inocencia para disuadirlo; probablemente mostraría esa mirada de joven condenada. ¿Quién sospecharía que una jovencita tan encantadora fuera capaz de alta traición?

Su pelo largo estaba estirado hacia atrás en una trenza juvenil, sus mejillas tenían ese rubor, esa apariencia de limpieza, y...
Y su delicada mano estaba bajando lentamente hacia su bolsillo.
Diego finalmente se dejó llevar por los instintos, su brazo izquierdo se extendió con una velocidad sorprendente golpeando la mano de ella para cambiar su trayectoria al tiempo que se abalanzaba hacia adelante; chocó contra ella con todo su peso y los dos cayeron al suelo.
Ella sintió su suavidad debajo de él, excepto por supuesto, por la dura pistola de metal de su bolsillo oculto. Si él tenía alguna duda de su identidad antes, ésta se había esfumado. Enganchó la pistola y se la colocó en la pretina del pantalón, y se puso de pie echándose hacia atrás, dejándola a ella tirada en el suelo.
—Muy poco profesional, mi amor.
Ella parpadeó y entonces refunfuño.
—Vale, si, esto es lo que se esperaba ya que apenas soy una profesional en este tipo de cosas, aunque he tenido alguna experiencia con...
Sus palabras fueron apagándose hasta convertirse en un murmullo ininteligible y él no estaba totalmente seguro sí para él o para sí misma.
—He ido detrás de usted durante aproximadamente un año —dijo bruscamente y con esto atrajo su atención.
—¿Ha ido detrás de mi?
—No supe quién era hasta el mes pasado, pero ahora que la tengo, no la dejaré escapar.
—¿No me dejara escapar?
Diego la miró fijamente, irritado por la confusión. ¿Cuál era su juego?
—¿Cree que soy idiota? —escupió.
—No —dijo ella—. Acabo de huir de una guarida de idiotas, estoy bien familiarizada con esa raza, y usted es algo más que eso. De cualquier manera, espero que no sea un buen tirador.
—Yo nunca fallo.
Ella suspiró
—Si, me estoy asustando mucho; mire como estoy, ¿le molesta si me echo hacia atrás?
Él movió el arma menos de una pulgada, lo suficiente para recordarle que le estaba apuntando al corazón.
—En este momento, creo que prefiero su postura en el suelo.
—Presiento qué es lo que preferiría —murmuró— no creo que me deje seguir mi camino.
Su respuesta fue una risa perruna.
—Me temo que no, mi amor, sus días como espía han terminado.
—¿Mis días como qué?
—El gobierno Británico sabe todo sobre usted y sobre sus maquinaciones de traición, señorita Carlotta De León, creo que se dará cuenta de que nosotros no miramos muy amablemente a los espías españoles.
Su cara era un cuadro perfecto de incredulidad.
—¡Dios! Menuda era esa mujer, ¿el gobernador me conoce? —preguntó—espere un momento ¿conoce a quién?
—No se hagas la estúpida, señorita De León, su inteligencia es bien conocida aquí y en todo el continente.
—Ese es un piropo muy bonito, seguro, pero me temo que ha habido un error.
—No hay error. La vi cuando abandonaba Prewitt Hall.
—Sí, por supuesto, pero...
—Por la noche... —continuó— con todos los sirvientes de permiso, ¿no se dio cuenta que estuvimos vigilando la casa, verdad?
—No, no, por supuesto, no me di cuenta —respondió Roberta parpadeando furiosamente. ¿Alguien había estado vigilando la casa? ¿Cómo no lo había notado?— ¿Durante cuanto tiempo?
—Dos semanas.
Esto tenía explicación, había estado en Bath durante los últimos quince días, atendiendo a la solterona y enfermiza tía de Pascual, y acababa de regresar esta tarde.
—Pero estaba lo suficientemente lejos —continuó— confirma nuestras sospechas.

—¿Sus sospechas? —repitió.
¿Qué demonios estaba diciendo este hombre?
Si estaba loco, ella tenía un grave problema, porque él todavía le apuntaba con la pistola a la mitad de su cuerpo.
—Tenemos suficiente para acusar a Prewitt, su testimonio asegurara que lo cuelguen, y usted, mi amor, aprenderá a amar Australia.
Roberta sofocó un grito, sus ojos se iluminaron con encanto. ¿Estaba Pascual envuelto en algo ilegal? ¡Oh, esto era maravilloso! ¡Perfecto! Ella estaría en lo cierto de que no era más que un pobre estafador. Su mente iba a máxima velocidad; a pesar de todo lo que había dicho el hombre de negro, ella dudaba que Pascual hubiera hecho algo tan malo como para colgarlo. Quizás lo enviaran a prisión, o lo obligarían a hacer trabajos forzados, o...
—¿Señorita De León? —dijo el hombre de manera cortante.
La voz de Roberta era jadeante y muy emocionada cuando preguntó.
—¿Qué ha estado haciendo Pascual?
—Por el amor de Dios, mujer, ya he tenido suficiente de su farsa, se viene conmigo.
Dio un paso hacia delante con un gruñido amenazador y la cogió por las muñecas.
—Ahora.
—Pero...
—Ni una palabra a menos que sea una confesión.
—Pero...
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Cristal
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

—¡Eso es todo! —metió un trapo en su boca—. Tendrá tiempo de sobra para hablar más tarde señorita De León.
Roberta tosió y gruñó furiosamente cuando él ató sus muñecas con un áspero trozo de cuerda; entonces, para su asombro, puso dos dedos dentro de su boca y dejó salir un profundo silbido. Un magnífico caballo castrado negro salió haciendo cabriolas de entre los árboles, con pasos grandes y elegantes.
Mientras ella se quedaba boquiabierta observando al caballo, que debía ser el animal más tranquilo y mejor amaestrado en la historia de la creación, el hombre la levantó y colocó sobre la silla.
—Mmm fffl..... —gruñó, siéndole completamente imposible hablar con el trapo mugriento dentro de su boca.
—¿Qué? —él la miró por encima y desvió su mirada a sus faldas que dejaban las piernas a la vista.
—Oh, sus faldas, puedo cortarlas si usted puede prescindir de ellas con decoro.
Ella lo miró ferozmente.
—Fuera con el decoro, entonces —dijo, y empujó sus faldas hacia arriba para que ella pudiera montar en el caballo con más comodidad.
—Lo siento, no pensé en traer una silla de mujer, señorita De León, pero confíe en mí cuando le digo que tiene mayores preocupaciones que el hecho de que yo esté viendo sus piernas desnudas.
Ella le dio un puntapié en el pecho.
Él cerró su mano alrededor de su tobillo haciéndole daño.
—Nunca —le espetó— le dé un puntapié a un hombre que le esta apuntando con una pistola.
Roberta irguió la nariz y apartó la mirada. Esta tontería había llegado demasiado lejos; tan pronto como se librara de esta condenada mordaza, le diría a este bruto que nunca había oído hablar de su señorita De León, ella abatiría sobre su cabeza a las fuerzas del orden tan rápido que tendría que suplicarle por la cuerda para ahorcarse.
Pero mientras tanto, haría lo posible por hacerle la vida imposible; tan pronto como se montó en el caballo y se colocó en la silla detrás de ella, le empujó con el codo en las costillas, duramente.
—¿Qué pasa ahora? —dijo él secamente.
Ella encogió los hombros inocentemente.
—Otro movimiento como ese y le meto otro trapo en la boca, y éste estará considerablemente menos limpio que el primero.
“Como si eso fuera posible”, pensó Roberta furiosamente, no quiso pensar donde habría estado el trapo antes de estar en su boca. Todo lo que ella podía hacer era mirarlo ferozmente, y por la forma en que el le hablaba soltando bufidos, ella temió que no pareciera lo suficientemente furiosa.
Pero entonces él puso el caballo a medio galope y Roberta se dio cuenta de que mientras ellos fueran cabalgando hacia Portsmouth, se estarían alejando de Prewitt Hall.
Si ella no hubiera tenido las manos atadas habría dado palmas de alegría; no podría haber escapado tan rápido si hubiera planeado el viaje ella misma. Este hombre podía pensar que ella era alguna otra, “una criminal española, para ser precisos”, pero ella podía aclarar todo esto una vez que él la hubiera llevado lejos, muy lejos. Mientras tanto, estaría callada y tranquila, y le dejaría que llevara al caballo a galope tendido.
Treinta minutos más tarde un Diego Ravenscroft muy receloso desmontó delante de Seacrest Manor, cerca de Bournemouth, Dorset. Carlotta De León, que había elaborado toda clase de improperios, hasta para las uñas de los dedos de sus pies cuando la arrinconó en el prado, no había ofrecido la más mínima resistencia en todo el viaje a caballo por la costa, no había luchado ni había tratado de escapar; de hecho, había estado tan callada, que debido a su lado cortés, —él dejaba ver su lado más cortés demasiado a menudo—, estuvo tentado de quitarle la mordaza, solo por cariño.
Pero reprimió el impulso de ser agradable; el marqués de Riverdale, su mejor amigo y frecuente compañero en la prevención del crimen, había tenido relaciones con la señorita De León y le había dicho a Diego que ella era engañosa y letal. No le quitaría la mordaza y las ataduras hasta que estuviera bien encerrada bajo llave.
La hizo bajar del caballo, sujetando su codo con firmeza para que entrara en su casa. Diego solo tenía tres sirvientes en su casa, todos ellos de una discreción incomparable, y estaban acostumbrados a visitantes extraños a medianoche.
—Suba las escaleras —gruñó empujándola para atravesar el vestíbulo.
Ella asintió con la cabeza alegremente, (¿¡¿Alegremente?!?), y subió con cuidado. Diego la dirigió hacia el piso de arriba y la metió a empujones a un dormitorio pequeño pero amueblado confortablemente.
—Así no le dará la idea de escaparse —dijo ásperamente mostrando dos llaves— la puerta tiene dos cerraduras.
Ella echó un vistazo al pomo de la puerta, pero fue otra artimaña que tampoco causó reacción.
—Y —añadió— hay cincuenta pies hasta llegar al suelo, así que le recomendaría que no lo intentara por la ventana.
Encogió los hombros, como si no hubiera considerado en ningún momento la ventana, como una opción viable de escape. Diego la miró con el ceño fruncido, irritado por su indiferencia, ató sus muñecas a la pata de la cama.
—No quiero que intente nada mientras estoy ocupado.
Ella le sonrió, lo que era una verdadera proeza con el trapo sucio en su boca.
—¡Demonios! —murmuró él; lo tenía totalmente confundido, y no le gustaba nada esa sensación. Se detuvo para cerciorarse de que las ataduras eran seguras y comenzó a inspeccionar la habitación, asegurándose de no dejar falsos objetos que ella pudiera utilizar como armas, había oído que Carlotta De León era ingeniosa, y no tenía planeado ser recordado como el tonto que la había subestimado.
Se guardó en el bolsillo una pluma y un pisapapeles antes de sacar una silla hasta el vestíbulo; no creía que ella fuera tan fuerte como para romper una silla, pero si de algún modo la manejaba y le rompía una pata, la madera astillada si fuese un arma peligrosa.
Ella parpadeó cuando él regresó.
—Si quiere sentarse —dijo bruscamente— puede hacerlo en la cama.
Ella ladeó su cabeza de un modo encantador y se sentó en la cama; tampoco tenía mucha elección, ya que sus manos estaban atadas a la pata de la cama, después de todo.
—No intente hechizarme para que le ayude —le advirtió— lo sé todo sobre usted.
Ella se encogió de hombros.
Diego soltó un bufido con gran disgusto y se volvió de espaldas a ella, ya que había terminado su inspección de la habitación; finalmente, cuando él se convenció de que el cuarto sería una prisión aceptable, se puso de cara a ella y colocó sus manos firmemente sobre sus caderas.
—Si lleva algun arma encima, debería dármela ahora, porque después tendré que registrarla.
Ella se tambaleó hacia atrás mostrando su horror, y Diego agradeció que finalmente había conseguido ofenderla; quien quiera que fuera, era una actriz prodigiosa.
—Bueno, ¿no tiene ningún arma? Le aseguro que seré bastante menos amable si descubro que ha intentado ocultarme algo.
Ella sacudió su cabeza frenéticamente y estiró de sus ataduras, como si tratase de alejarse lo más posible de él.
—Yo no voy a disfrutar con esto —musitó. Trató de no parecer un completo sinvergüenza ya que ella cerró sus ojos fuertemente con temor y resignación. Sabía que las mujeres podían ser tan malvadas y peligrosas como los hombres (siete años de trabajo con el Ministerio de Defensa lo habían convencido sobre esto), pero nunca había realizado esta parte de su trabajo; lo habían educado para tratar a las mujeres como damas, e iba en contra de su moral el inspeccionarlas en contra de su voluntad.
Cortó y liberó una de sus muñecas para poder quitarlas de delante y procedió a vaciar sus bolsillos; no contenían nada interesante, salvo unas cincuenta libras en billetes y monedas, lo que le pareció una suma insignificante para una espía notable; entonces le llamó la atención su pequeña bolsa y vació el contenido sobre la cama. Dos velas de cera de abeja (solo Dios sabía para que quería ella eso), un cepillo para el pelo con el dorso de plata, una Biblia pequeña, un cuaderno con la cubierta de piel y algunas cosas de menos valor que no cogió para no mancharse al tocarlas. Supuso que todo el mundo merecía un poco de privacidad, incluidos los espías traidores.
Recogió la Biblia y pasó las hojas rápidamente asegurándose de que no había nada colocado entre sus páginas. Satisfecho de que el libro no tuviera nada adverso, lo volvió a tirar sobre la cama, notando con interés que ella se sobresaltaba mientras lo hacía.
Entonces cogió el cuaderno y miró en su interior, solo algunas paginas contenían algunos garabatos.
—Contubernal —leyó en voz alta— Halcyon, Diacritical, Titivate, Umlaut.
Levantó sus cejas y siguió leyendo; tres páginas llenas de la clase de palabras que aprendió en el primer curso en Oxford o Cambridge.
—¿Qué es esto?
Ella sacudió su hombro hacia su boca, señalando el trapo.
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Cristal
elenus86
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

—De acuerdo —dijo él con un movimiento brusco de cabeza, colocando el cuaderno cerca de la Biblia— pero antes de quitársela tendré que... —sus palabras se fueron desvaneciendo poco a poco, dejando salir un suspiro desdichado.
Ambos sabían lo que tenía que hacer.
—Si no opone resistencia, haré lo posible por terminar más rápido —dijo severamente.
Su cuerpo entero estaba tenso, pero Diego intentó ignorar su angustia conforme pasaba sus manos hasta llegar a sus piernas.
—Bueno, ya está —dijo malhumorado—. Debo decir que estoy bastante sorprendido de que no llevara ninguna otra pistola.
Ella lo miró ferozmente en respuesta.
—Le quitaré el trapo ahora, pero un ruido fuerte y se lo vuelvo a poner.
Ella movió la cabeza bruscamente, tosiendo cuando le quitó el trapo.
Diego se apoyó descaradamente contra la pared y preguntó:
—¿Bien?
—De todas formas, nadie me oiría si yo gritara.
—Eso es muy cierto —concedió. Sus ojos se desviaron hacia el cuaderno de piel y lo cogió.
—Ahora, supongo que me explicará de que va todo esto.
Ella se encogió de hombros.
—Mi padre siempre me animó a aumentar mi vocabulario.
Diego la miró fijamente en señal de incredulidad; entonces volvió a abrir las páginas otra vez, eso era algún tipo de código, tenía que ser eso, pero estaba cansado y sabía que si ella confesaba algo esa noche, no iba a ser algo tan peligroso como la llave de su código secreto, así que tiró el libro encima de la cama y dijo:
—Hablaremos de esto mañana.
Ella realizó otro de esos molestos encogimientos de hombros.
El hizo rechinar sus dientes.
—¿Tiene algo que decir de usted?
Roberta se frotó los ojos, recordándose que tenía que permanecer al lado de este hombre; parecía peligroso y a pesar de su evidente malestar por registrarla, ella no tenía duda de que la dañaría si consideraba que era necesario para su misión; cualquier cosa que hiciera.
Ella estaba jugando a un juego peligroso y lo sabía; quería permanecer aquí en esta agradable casa, tanto tiempo como le fuera posible, (ciertamente era más cálido y más seguro que cualquier otro lugar que ella misma hubiera conseguido).
Hecho esto, de cualquier manera, ella tenía que dejarle que continuara creyendo que ella era la tal Carlotta De León; no tenía ni idea de como hacerlo, no sabía español, y con seguridad, no sabía como se suponía que actuaba una criminal cuando la pillaban y la ataban a la pata de una cama.
Supuso que Carlotta intentaría negarlo todo.
—Se ha equivocado de persona —dijo, sabiendo que él no la creería y causándole un placer perverso por el hecho de que estaba diciendo la verdad.
—¡Ja! —bramó— seguro que puede sugerir algo un poco más original.
—Puede creer lo que quiera.
—Parece que actúa con mucha confianza para ser alguien que está claramente en desventaja.
Roberta tuvo que darle la razón en eso, pero si Carlotta era realmente una espía, ella tenía que ser una maestra en valentía.
—Ya no me importa el ser atada, amordazada, arrastrada por todo el campo, y atada a la pata de una cama; sin mencionar —afirmó— ser forzada y someterme a su registro insultante.
Él cerró los ojos por un momento, y si Roberta no lo hubiera conocido mejor, habría pensado que le dolía algo; entonces, los abrió y la volvió a mirar con una mirada dura e intransigente. Dijo:
—Encuentro difícil de creer, señorita De León, que haya llegado tan lejos en su profesión favorita sin que la hayan registrado todavía.
Roberta no sabía que decir a esto así que solo lo miró ferozmente.
—Todavía estoy esperando que hable.
—No tengo nada que decir —esto, al menos, era cierto.
—Puede que cambie de opinión después de unos cuantos días sin comida ni agua.
—¿Entonces planea matarme de hambre?
—Hombres más duros que usted han caído.
Ella no había considerado esto, pensó que él le gritaría, había pensado que él podría incluso golpearla, pero no se le había ocurrido que podría negarle comida y agua.
—Veo que no le entusiasma el panorama —dijo lenta y pesadamente.
—Déjeme sola.
Dio un golpe seco; necesitaba elaborar un plan. Necesitaba resolver quién demonios era ese hombre; más que nada, lo que necesitaba era tiempo.
Lo miró a los ojos y dijo:
—Estoy cansada.
—Estoy seguro de ello, pero no estoy particularmente inclinado a dejarla dormir.
—No necesita preocuparse por mi bienestar; no es probable que me sienta bien descansada, después de pasar la noche atada a la pata de la cama.
—Oh, eso —dijo él, velozmente y con un movimiento rápido de su muñeca la liberó.
—¿Por qué hizo eso? —preguntó desconfiadamente.
—Me agrada hacerlo; además, no tiene armas, difícilmente me puede vencer y no tiene forma de escapar. Buenas noches, señorita De León.
Su boca se abrió de golpe.
—¿Se va?
—Le di las buenas noches.
Se giró sobre sus talones y abandonó la habitación dejándola boquiabierta en la puerta. Oyó girar dos llaves en las dos cerraduras antes de recobrar la compostura.
—Dios mío, Roberta —se susurró a sí misma—. ¿En qué te has metido?
Su estómago retumbó y ella deseó haber cogido algo para comer antes de escapar esa noche. Su secuestrador parecía un hombre de palabra, y si le dijo que no le iba a dar comida ni agua, ella lo creyó.
Corrió hasta la ventana y miró afuera; él no le había mentido, había al menos cincuenta pies hasta el suelo; pero había una repisa, si ella encontrara algún tipo de recipiente, podría colocarlo fuera y recoger lluvia y rocío. Había pasado hambre antes, y sabía que ella podía manejar esto. Pero junto con la sed, era demasiado.
Encontró un recipiente pequeño, cilíndrico, usado para sujetar las plumas en el escritorio. El cielo todavía estaba claro, pero el tiempo inglés era como era; Roberta imaginó que habría un cambio decente, y llovería antes que fuera por la mañana, así que colocó el recipiente en el alféizar por si acaso.
Entonces cruzó hasta su cama y volvió a colocar sus pertenencias dentro de la bolsa. Gracias al cielo, su secuestrador no se había percatado del nombre del titular que estaba escrito dentro de la Biblia. Su madre le había dado el libro cuando murió, y seguramente él habría querido saber porqué el nombre de Alma Trent estaba escrito en la parte interior de la portada. Y la reacción de él a su pequeño diccionario personal... cielos, hubiera tenido problemas para explicar eso. Entonces ella tuvo una sensación muy extraña... se quitó los zapatos y se deslizó fuera de la cama, caminando en silencio, solo calzada con las medias, hasta que ella alcanzó la pared pegada al vestíbulo. Se movió pegada a lo largo de la pared hasta que alcanzó la puerta, inclinándose y mirando con curiosidad a través del ojo de la cerradura.
¡Aja! Justo lo que había pensado. Un ojo grande y gris también la miraba curiosamente a ella.
—¡Y buenas noches a usted! —dijo ella en voz alta. Entonces cogió su gorro y lo colgó sobre el tirador de modo que tapase el ojo de la cerradura. No quería dormir con su único vestido, pero seguramente no había forma de desnudarse con la posibilidad de que él estuviera viéndola.
Lo oyó maldecir una vez, y dos veces. Entonces sus pisadas resonaron dirigiéndose hasta cruzar el vestíbulo. Roberta se quitó su falda y se metió en la cama; miró fijamente al techo y comenzó a pensar, y entonces empezó a toser.

 

FIN DEL CAPÍTULO 2

 

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isidoralamejor
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

aqui estoy apoyandote amix con tus super web novelas hermosas preciodosas que nos pones, se ve que es muy buena, todavia no la has leido completa tu??
Te imagino en la distancia, llena de suspiros de amor y sosiego, con tu mirada perdida en la soledad y con un beso que desea escapar de tus labios hacia los míos
Cristal
elenus86
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

Hola Isi wapa que bueno verte por aqui.

No me la he leido entera. Es que en otro tema la dejaron colgada y una chica pedia que si alguien la tenia que la siguiera. Entonces yo le deje un mensaje diciendo que si la tenia y que la subiria. Pero la he empezado a leer hoy. Ahora mismo me he quedado en el capítulo 5. Me toca el 6 y te dire que de momento me esta gustando mucho:cara_yes: y es que me encanta esta autora.

Hace mucho tiempo me lei un libro que viene despues de este en el que el protagonista es el que aqui pondre como Giovanni y estaba bastante bien. La verad es que me rei bastante con ese libro. Ademas en ese libro sale un personaje que se llama Lady Danbury (tia de Giovanni) y que luego sale en otros libros de esta autora y es uno de mis personajes favoritos:cara_yes: Porque dice que al ser mayor se le puede permitir practicamente cualquier cosa:cara_bizco: y lo mismo le dice a un duque que es tonto que igual le dice a la hija de un conde cerebro de mosquito:cara_lenguazo: Y por ser tan directa es que me encanta este personaje:cara_risa:

Espero que te guste. Pero por hoy ya no pondre mas para dar tiempo a que algunas la empiecen a leer:cara_yes:

Besos wapa

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isidoralamejor
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

hay amiga mia me a encantado la novela, el otro mensaje  lo deje cuando lei la sinopsis, pero me dejaste plop!! :cara_bizco:, eres muy buena eligiendo novelas, me encanto el trama de esta, me encantaria saber si tienes msn o un correo para hablar contigo, pareces una chica muy simpatica ademas de inteligente, siguela porfavor, esperare hasta mañana y creop que te ira muy bien con esta web, besitos bella que duermas bien
Te imagino en la distancia, llena de suspiros de amor y sosiego, con tu mirada perdida en la soledad y con un beso que desea escapar de tus labios hacia los míos
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nanita44445
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

omg omg omg sigueleee me reencanta est aescritora ella es la escritora de la serie B!! q e smi serie de novelas de epoca favorita!!!!!!!!!!!!!!! omg omg omg mueroooo jajaja me reencantaa amix siguelaaaa!!!!!!!
Senior
duceangel16
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

Hola!!!

Ya empece a leer esta web, y se ve muy interesante!!!

mira q ahora se va hacer pasar por espia espa~ola!!! jaja!!!

creo q la otra web donde sale Lady Banbury es la de COMO CASARSE CON UN MARQUES,no????

porq si es, me va a encantar esta historia, porq me gustan mucho estas historias!!!!

bueno, espero y te vaya muy bien con esta web como con las otras!!!!

SIGUELA!!!

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Cristal
xchrisloka
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

OMG esta buenisiiima, yo creo que tambien voy a ser traumad por esta web....
me encanto de evrdad siguela pronto voy a esperar con las mismas ancias que espero la web boda imprevista, yo creo que va a ser buena pero la otra me encanta....
 
casi traumada por: pescar una heredera
 
PD: una consulta, tu estas webs tienes el libro y ls transcribes o que¿?
 
 
LoMejorDeEstarConTigo,EsQeSèQeSiempreEstaràsParaMi
Cristal
faurera91
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Re: WEBNOVELA*****PESCAR UNA HEREDERA (Julia Quinn)*****DyR

w0o0 esta web tambien me gusta mucho pero me gusta mas la de una boda improvista, ke pillada le a pegado roberta a diego.......jaja.....wno amix siguela pronto plis