








cuando estoy contigo sento la magia...
eso significa que estamos hechos el uno para el otro...
por que yo tambien la siento
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Re: ωи ≿♥≾ Λɱσɾ ΗσƨƗϊƖ ≿♥≾ ɱ&ɰ ≿♥≾William Levy
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nancygrace
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11/7/09 08:40 PM
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—Pues entonces piensa en todo por lo que me ha hecho pasar a mí: fíjate en estos vestidos lamentables. Detesto hablar de forma poco caritativa de los muertos, incluso de esa alma vil, pero es por su culpa que llevamos estos vestidos tan espantosos. —La tía Eleanor tiró de la fina tela de sus hábitos de duelo—. No puedo vestir de negro durante un año entero. Y menos por él. No tengo ningún turbante a juego. Maite bajó la mirada hacia el vestido y arrugó el ceño. Su tía llevaba razón; no había nada que quedara bien con esa ropa tan horrible, no sólo un turbante. La tía Eleanor la miró de arriba a abajo con repugnancia. —Pareces un fantasma, tan descolorida. Maite suspiró y se rozó la mejilla con nostalgia, sabedora de que, a excepción de unas desafortunadas pecas esparcidas por el rostro, tenía la piel tan blanca como la leche. El vestido negro contribuía a que pareciera un fantasma. —No estamos en la ciudad, esto es Attingham —siguió diciendo la tía Eleanor—. ¿Quién nos va a criticar si sólo mantenemos el duelo… pongamos que unos tres meses? —Encogió uno de sus delgados hombros—. Todo el mundo sabe que tu matrimonio fue desagradable. Nadie nos recriminará esta pequeña infracción. —Mi matrimonio no tuvo nada de desagradable —Maite miró a su tía con severidad, molesta porque había mencionado que todo el mundo lo sabía. Si lo sabían, era porque su tía se había estado quejando por todo Attingham. —¡Si fue embarazoso el modo en que te desatendió! —Sólo te resultó embarazoso a ti —le recordó Maite con la expresión estoica que había llegado a perfeccionar con el tiempo. Había días en que casi lograba convencerse a sí misma de que todos esos años de abandono no le habían afectado, y normalmente eran los mismos en los que no estaba su tía. —Te dejó de un modo horroroso, no se puede describir con otras palabras —la tía Eleanor siguió embistiendo con la misma falta de piedad que si fuera un ariete—. Te puedo asegurar que no es lo que el conde tenía en mente. Puede que lo mejor haya sido que muriera sin tener que ver cómo te abandonaba su hijo. —Pues al final el conde tendrá el heredero que, sin duda, siempre quiso. —Maite se hundió en el sofá, los brazos le colgaban sin fuerza—. Sólo que será el hijo equivocado. —Tú tendrías que haber dado a luz al heredero. De haberse comportado como un marido, ya tendrías una docena de hijos. Mira que no haber ni siquiera consumado… —Por favor. —Maite levantó la mano para acallar las palabras que seguían. Algunos recuerdos eran demasiado amargos para ser expresados en voz alta y la noche que su marido se había negado a consumar el matrimonio y la había rechazado era uno de ellos. —Y ahora ese… hombre nos quitará Oak Run, cuando eres tú la que se ha estado haciendo cargo de todo… —la tía Eleanor contó con los dedos—: la casa, los sirvientes, los inquilinos, la granja lechera y las cosechas. —Ya lo sé, ya lo sé —la interrumpió Maite, que sentía que las lágrimas le ardían en los ojos—. No hace falta que me lo recuerdes. —Cerró los párpados con fuerza, porque no quería desmoronarse y que se le saltaran las lágrimas. Desde que supo que William Caulfield estaba vivo y que podía reclamar su herencia se había refugiado tras una fachada de calma de cristal. Si sufría el impacto de una piedra más, su frágil mundo se desmoronaría hecho pedazos. Había convertido Oak Run en la casa de sus sueños. Gracias a su intervención, la solariega casa isabelina volvía a resplandecer, desde el mobiliario hasta el jardín. No se podía permitir perderla, no sin antes haber luchado por conservarla. Además, también había otras personas en las que pensar. Tenía que cuidar de su tía y de su padre, de Maree y de Nels. Todos necesitaban que fuera fuerte, que se preocupara de ellos, que luchara por la casa. —No voy a perder Oak Run —prometió, y se acarició los brazos para infundirse ánimos—. Tiene que haber una solución. —Pues más vale que la descubras pronto —refunfuñó la tía Eleanor, que cargaba su destino sobre la espalda de Maite sin el menor reparo, como había hecho siempre—. Ya no podemos volver ni a la vicaría. Maite suspiró, le empezaba a doler la cabeza. La tía se levantó de la butaca tapizada con tela de flores y su esbelta figura se erigió tan elegante como la pincelada de un artista. Se dirigió con toda tranquilidad hacia el manto dorado. En un abrir y cerrar de ojos agarró uno de los caros bibelots de cristal que lo poblaban, y se lo guardó en el bolsillo. —¡Tía! —la amonestó Maite entre risas.
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Re: ωи ≿♥≾ Λɱσɾ ΗσƨƗϊƖ ≿♥≾ ɱ&ɰ ≿♥≾William Levy
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nancygrace
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11/7/09 08:40 PM
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La tía Eleanor puso una mirada de inocencia. —Tenemos que empezar a cuidar de nosotras mismas, ¿no te parece, querida? Su tía siempre se las ingeniaba para levantarle el ánimo. Después de todo, ella era quien la había consolado la mañana después de su noche de bodas, cuando las tajantes palabras de Edmund todavía le resonaban en la cabeza, cuando aún pensaba que nunca iba a poder superar el hecho de que la hubiera rechazado. Se había dejado llevar por una lógica engañosa que le decía que la tenía que desear, porque, si no, no se habría casado con la hija, aburrida y pasada de moda, de un párroco. Su mente se posó en el recuerdo de la noche de bodas por un momento y salió huyendo, pues era una herida abierta que nunca iba a cicatrizar. Ya no era esa chica de dieciocho años de ojos húmedos, era más madura y sabia, había dejado de esperar al caballero de armadura reluciente. La experiencia le había enseñado que el mundo era un lugar duro, en el que, de un día para otro, era posible pasar de vivir rodeado de lujo a hacerlo en la calle. Ya no volvería a confiar en que un hombre acudiera a rescatarla, no volvería a pensar que el amor podía ser sencillo, al menos no para ella. ¿Y qué si su corazón se había encogido hasta quedar duro como una piedra? Al menos no se iba a romper. Pero podía sentir miedo. Como el de depender de la caridad de un desconocido que tenía el poder de echarla a la calle y dejarla sin un céntimo porque, al fin y al cabo, no eran de la misma sangre; William Caulfield no le debía nada. Si no tuviera a nadie más a su cargo, podría apañárselas trabajando de gobernanta o de dama de compañía, pero debía tener en cuenta a otras personas. Su padre, que Dios le bendiga, suponía cada vez una carga más pesada y asustaba a los sirvientes con su extraño comportamiento. El día anterior había atacado a la chica que limpiaba el piso de arriba cuando le estaba cambiando las sábanas de la cama, acusándola de ser una espía española que pretendía envenenarle. La pasión que había sentido toda la vida por la historia alimentaba su demencia: de vez en cuando se creía en el siglo XVI, rodeado de espías papistas que tramaban asesinar a la reina Isabel. El futuro se desharía de él como si fuera una plaga, ¿quién iba a querer tener por la casa a un hombre medio loco? Desde que estaba tan inestable, la mitad de los sirvientes habían dejado el trabajo, y sólo se habían quedado los más incondicionales, como Marie y Nels. No se podía considerar que fueran sirvientes convencionales, puesto que habían formado parte de una compañía de espectáculos itinerante, y ahora confiaban en ella y la necesitaban. Notó que le subía por la garganta una sensación de desesperación asfixiante, acida como el vinagre. Si hubiera podido heredar, si hubiera podido dar a luz al heredero de Edmund, lo tendría todo asegurado. Si… Maite se detuvo y sacudió un poco la cabeza. Siempre había deseado tener un hijo, pero la falta de él nunca había cobrado tanta importancia como en aquel momento. Se aproximó a su tía y, tras apoyar el hombro en la superficie dorada del mantel, expresó en voz alta lo que estaba pensando. —Lástima que no pudiera dar a luz a ese heredero. Su tía se dio la vuelta y la observó con perspicacia, con los ojos entrecerrados. Sintió que una espina se le clavaba en la nuca. La tía Eleanor sacó la figura del bolsillo y la puso de vuelta en el mantel, le dio una palmadita cariñosa y le preguntó con fingida tranquilidad: —¿Cuándo estaba fechada la carta? —¿Por qué? —Por curiosidad —musitó, mordiéndose el labio—. ¿De cuánto tiempo dispongo antes de que llegue William Caulfield, para propagar la feliz noticia de que mi sobrina está encinta del difunto conde? Maite se quedó unos instantes sin poder hablar y, cuando lo consiguió, lo hizo lenta y dolorosamente, como si estuviera enfrente de una criatura que no tenía mucho entendimiento. —Sería imposible, hacía años que no veía a Edmund y, además, nosotros dos nunca… nos conocimos. —Se ruborizó al tener que hablar de un tema tan delicado con su tía—. Al menos no en el sentido en el que deberían conocerse marido y mujer. —Estoy al tanto del tema, pero no lo sabe nadie más. Maite abrió los ojos con asomo cuando se dio cuenta de qué implicaciones tenía lo que había dicho. —No estarás pensando en… —empezó a decir, llevándose las manos a las mejillas que, a estas alturas, ya estaban ardiendo, sin atreverse a terminar la frase en voz alta.
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nancygrace
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11/7/09 08:40 PM
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—¿Acaso tienes una idea mejor para evitar que nos quedemos en la calle? No sé tú, pero yo, desde luego, no estoy hecha para ser pobre. —No, no la tengo, pero tiene que haber otro modo de hacerlo. Todavía no conocemos al nuevo conde, puede que sea… —¿Compasivo? ¿Generoso? —bramó con una falta de modales asombrosa—. Lo dudo, ten en cuenta que es pariente de Edmund. Me apuesto lo que quieras a que es igual de malvado que su hermano. —Es posible que nos deje quedarnos en la casa de viudedad. —Pero incluso ella se dio cuenta de lo huecas que eran sus palabras: ni por un instante podía esperar que el hermano de Edmund fuera tan compasivo, cuando el propio Edmund había demostrado que no tenía ni una gota de caridad en la sangre. Después de todo, la sangre es la sangre. —Lo más probable es que sea un avaro amargado que nos quiere poner a todos de patitas en la calle —la rebatió la tía Eleanor, que hacía menear el turbante de arriba abajo. —Puedes vivir en esa mentira, Maite. Si nos sirve de protección, es una mentira buena. «Una mentira buena». Sintió que tenía el pecho envuelto por una venda invisible que la oprimía y le dificultaba la respiración. —Supongamos que el nuevo conde es horrible, y que llevo adelante tu plan. —Maite inclinó la cabeza una sola vez mostrándose servil, para intentar que el humor de su tía mejorara un poco.— Cuando descubra que estoy fingiendo estar embarazada, me hará encarcelar. —¿Pero cómo lo va a descubrir? ¿Crees que te hará un examen médico él mismo? Maite cerró las manos en los costados para reprimir la tentación de sacudir a su tía para intentar inculcarle un poco de sentido común. —Piensa un poco en lo que dices, por favor. Por poca experiencia que tenga, imagino que tendrá que llegar el momento en que me deje de crecer la barriga y me salga el bebé, ¿y entonces qué haremos? La tía Eleanor se sentó y retomó la labor que había dejado apartada. Se encogió un poco de hombros y dijo: —Ya encontraremos un bebé. —¿Qué encontraremos un bebé? —repitió mirando estupefacta a su tía, que seguía trabajando con el hilo y la aguja. Estaba aturdida y sacudió la cabeza para preguntar con tono cortado: —¿Dónde, en el mercado? —Estoy convencida de que Nels y Maree se mostrarán dispuestos a ayudarnos, son personas con recursos. Evidentemente, tendríamos que contarles la verdad, pero son de confianza. —Miraba fijamente a Maite con sus ojos escudriñadores—. Si supieras cuántos huérfanos hay en este país te horrorizarías. Piensa que los orfanatos no son mejores que los asilos y que podríamos salvar a una pobre criatura de ese destino. Sería un acto de cristiandad. Ahora le tocaba el turno de bramar a Maite: —Estoy segura de que el Todopoderoso dibujará estrellas al lado de nuestro nombre en su libro por haber hecho esa buena acción. La aguja de la tía Eleanor se detuvo e inclinó la cabeza, pensativa. —Un niño es la única solución posible, que pueda heredar. Una niña no cambiaría nuestra situación. —La aguja y el hilo volvieron a ponerse en marcha. Maite no podía discutir esa lógica, por mercenaria que pudiera parecer. Sintió que su resolución superaba un obstáculo e intentó interponer otra objeción. —Es que no sé nada de niños… —No seas tonta, ya aprenderás. Siempre has querido ser madre. Esta es tu oportunidad. —La tía Eleanor se estremeció, como si la idea de ser madre le revolviera el estómago. —Y es muy conveniente que sea así, pues tendrás que encargarte tú de todo. Los bebés son criaturas revoltosas, sobre todo los niños, y tendrás que estar por él. A Maite, la posibilidad de criar un hijo no le daba miedo, más bien al contrario, sólo con pensarlo sentía un calorcito en el corazón. El tema de engañar a un conde le cerraba el estómago, pero le parecía que no tenía más opciones, era eso o vivir hasta el fin de sus días modestamente pero con dignidad, soportando las crecientes exigencias de su caprichosa tía y de su padre enfermo. Maite cerró los ojos porque le martilleaba la cabeza. De repente se sintió pequeña, indefensa, como si la arrastrara una potente corriente. Los abrió para preguntar:
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Re: ωи ≿♥≾ Λɱσɾ ΗσƨƗϊƖ ≿♥≾ ɱ&ɰ ≿♥≾William Levy
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nancygrace
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11/7/09 08:41 PM
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—¿Y qué pasa si me descubren? La pena por estafar a un conde es muy alta. —No digas tonterías —dijo la tía Eleanor con solemnidad y, de repente, se le iluminó la mirada—. ¿Quién quieres que ponga en duda que estás embarazada? Es un plan infalible, Maite. Y entonces, como si ya todo estuviera arreglado, la tía Eleanor se levantó y se encaminó hacia la mesa. —Tenemos que escribir una carta a ese socio de Grimley. Con un poco de suerte, llegará antes que William Caulfield para que no tengas que enfrentarte sola a ese hombre espantoso. Imagínate qué disgusto se llevará cuando se entere de que no va a ser el próximo conde de Brookshire. —El brillo de los ojos de la tía Eleanor revelaba una decidida falta de preocupación—. Espero que no sea un hombre violento. Maite sintió que un temblor le recorría la espalda. Al igual que ella, su tía estaba pensando a quién dirigiría su ira, en caso de enterarse. La tía Eleanor blandió una hoja de pergamino y la aplanó en la mesa. Con la pluma de oca en la mano, apuntó a Maite con un dedo encorvado e inescrutable. —Vamos querida. Tú escribes mucho mejor que yo. Tendrás que redactarla tú. Maite se levantó para dirigirse al escritorio. Contuvo la respiración durante un largo momento y miró la hoja en blanco, esperando que el plan de su tía arraigara en su mente. Un plan nacido de la desesperación que la vincularía para siempre a la finca y al dinero de los Brookshire y le aportaría una seguridad de por vida. Cerró los ojos en un parpadeo prolongado y fortalecedor. Para conseguir esa garantía valía la pena casi cualquier cosa. Aunó valor y cogió la pluma con los dedos temblorosos, respiró hondo y empezó a escribir. Mientras recorría el pergamino con la pluma se encendió en su interior una pequeña chispa de esperanza. Seguridad de por vida.
Fin del Capitulo 1
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Re: ωи ≿♥≾ Λɱσɾ ΗσƨƗϊƖ ≿♥≾ ɱ&ɰ ≿♥≾William Levy
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nancygrace
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11/7/09 08:44 PM
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Viky...amix, q bueno a andas x aqui
besotes!!
Escrito por stars23:
Grace, me alegra muchisimo que hayas traido esta nueva web. Me gusto uchisimo el argumento. Esperando que subas el primer capitulo. Saludos VIKY
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